Alma coraza Seguir historia

deanneal Agustin Cernotto

Tras cientos de estímulos constantes forjamos una coraza cada vez mas pétrea. Nos encerramos en nosotros mismos abandonando todo sentimiento de empatia con el otro. ¿Qué necesitas ver para despertar? 👉 Puedes aportar al arte aquí: https://www.patreon.com/tipthewriter


Cuento No para niños menores de 13.

#alma #corazon #Coraza #Psicologia-social
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Alma coraza

I

- ¿De qué me arrepiento? - Pregunté como cuando uno escucha y no sabe bien qué responder.

- Aja. - Soltó.

Tras unos segundos respondí:

-De nada, y de muchas cosas. He vivido ciego en mis estructuras tanteando las paredes del laberinto sin esperanza de encontrar la salida, es verdad el dicho, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Transité la vida como si no fuera la única y jamás supe ser grato. Cuando me encontraba en una situación donde debía de actuar me he quedado congelado sin poder hacer nada. Viví siempre mirándolo todo bajo mi conveniencia y esto me llevó a ser un gran egoísta. De esto me arrepiento, de haber vivido para y por mi cada minuto sumergido en la indiferencia.

Mi conciencia se retuerce bajo la omnipotencia del subconsciente que me retrotrae a un sueño que se repite y se repetirá hasta el final de mis días. Ni aun despierto me libero del peso ya que el recuerdo de aquella noche es vivido y tristemente perfecto. -Musité las últimas palabras aún hundido en el recuerdo, suspire e inspire profundamente para volver a hablar.

-La tarde estaba hermosa y hacía varios días que no nos veíamos, era un momento perfecto. Los primeros colores pintaban el gris de la ciudad y los árboles lucían inertes golpeados por un viento inexistente, el sol entibiaba nuestro atardecer incendiado en colores y destellos. La gran ciudad se vislumbraba más hermosa que nunca reflejando los rojos y naranjas de las nubes en las ventanas de los tristes rascacielos donde se apreciaban las sombras de una bandada de aves negras que rozaban las nubes en forma de V.

Nos encontramos por el boulevard de la 6ta y tras un beso íbamos sonriendo hasta mostrar los dientes, con los ojos brillosos, perdidos en nosotros mismos. Nos creíamos imparables e íbamos atropellando a la vida entre risas, besos y abrazos. Éramos tan tiernos. Íbamos charlando sobre la casualidad que nos unió en aquella velada donde el amor a primera vista nos partió los huesos como un rayo, Alma iba hablando casi susurrándome al oído mientras caminábamos sin rumbo bajo las ramificaciones de los palos borrachos.

Mi atención en ese momento fue robada y la deje de mirar para observar a un extraño que venía caminando en dirección contraria a la nuestra; era un personaje raro de pies a cabeza, vestía una bermuda manchada, camisa naranja y unas zapatillas rotas con las medias hasta la rodilla. Tenía la mirada enfermiza y cruda. Se acercó hasta unos pocos metros, donde entre dientes soltó unas palabras que no alcance a oír, por lo que achiqué los ojos en gesto de confusión. Luego pasó por el lado de Alma y la cogió de los pelos, desde atrás, robándosela de mi brazo izquierdo que reposaba en su hombro.

Mi confusión era completa y no llegue nunca a reaccionar… fue tan rápido todo. Nadie reaccionó. Acto seguido le abrió el cuello de punta a punta con una navaja y corrió fugaz, esquivando la gente que pululaban por la vereda, y ni yo ni la gente de alrededor hizo nada. Mi mente colapsaba y mi cuerpo caía al piso arrodillado, rendido con el corazón hecho añicos. Escuché gritos de horror y luego todo fue silencio y, por unos segundos, el mundo frenó: los coches dejaron de andar, la bandada de pájaros se congeló en el cielo y el bullicio de la ciudad se pausó por primera vez en cien años.

El frío silencio perduró, su rostro estaba frío, aunque la sangre emergía aún caliente como lava, su mirada estaba perdida en mis ojos y juro que noté cuando la chispa de la vida se apagó de golpe. En este exacto momento sentí un crujido en mi corazón, se me partió. No llegue a hacer ni decir siquiera una palabra. Me arrebataron de las manos toda mi vida, mi corazón y mis años.

Las sirenas rompieron con el silencio y un policía me aparto del cuerpo sin vida. No recuerdo qué sucedió exactamente después de esto, lo omití por completo. Pero todo lo anterior lo recuerdo como si hubiese sucedido ayer y no lo puedo olvidar ni, aunque quisiera, como te dije, los sueños y los recuerdos me taladran el alma. Aquella noche no solo la perdí a ella, sino que me perdí a mi mismo.

¿Por qué no le dije te amo, antes de que la vida se extinguiera? ¿Por qué me gobernó el silencio? ¡¿Por qué?! -Grité con la voz quebrada y las lágrimas recorrieron el laberinto de mis arrugas. Luego un terrible silencio invadió la habitación y este perduró hasta que ambos salimos con las caras largas y la esperanza hecha añicos.

II

- ¡Última comanda de la noche muchachos, sale un tartar de entrada y dos risottos! Es para el tano así que háganlo bien y nos vamos de este infierno. -Vociferó la mesera y pego de un manotazo la comanda a la cinta.

- ¡Marcha! -Grité enseguida. Ese maldito tano viene todos los lunes y siempre tarde, pensé.

- ¡Oído! -Rugió mi equipo al unísono.

Eran las tres de la tarde y veníamos renegando desde las siete de la mañana y lo peor de todo es que acabado el servicio había que enfriar, almacenar y etiquetar cada producto. Luego lavar los últimos platos y sartenes quemadas, limpiar todas las mesadas de trabajo y por último fregar los pisos. Eso para mi equipo, luego yo debía quedarme haciendo el stock completo y archivando las facturas de los proveedores. Al fin despachamos la última comanda y tuvimos tiempo de almorzar nosotros.

Mientras comíamos comentábamos cuanto nos hicieron correr en el servicio y que por momentos todo fue un auténtico desastre: los mozos cantaban mal las comandas y algunas no las pegaban en la cinta, aparte esa tarde el restaurante ocupó toda su capacidad dos veces, y la producción de la mañana no alcanzó y tuvimos que empezar de cero algunos platos. Uno de los cocineros se quemó los dedos de la mano agarrando una placa caliente del horno -El repasador francés siempre seco, le gruñí-, el otro derramó aceite en el piso haciendo todo más complicado - ¡Vamos muchachos, ¿Justo ahora?! Renegué- y encima sin previo aviso el bachero no vino a laburar.

Luego de unos minutos se sumaron los mozos a la comida del personal y presentaron una realidad diferente a la nuestra: todo resultó de maravilla según informaba mi jefe de salón, tuvo que hacer malabares un rato, pero todo marchó bien. Al terminar la comida felicite al equipo entero y les pague el sueldo ya que era fin de mes. Se repartieron las propinas. Antes de irnos yo y mi jefe de cocina diseñamos durante un rato la nueva carta para el mes que viene.

Por suerte los siguientes dos días eran feriado y teníamos tiempo para comunicarnos con los proveedores quienes siempre respondían urgente a nuestros pedidos. Me los había comprado tras invitarlos en varias ocasiones a comer al restaurante y claro que me reservaban los mejores productos. Aunque sé que pensaban que era un loco, quería que cada materia prima que compraba sea perfecta no solo organolépticamente, sino que desde la siembra de la semilla fueran alimentos orgánicos, con un control de crecimiento hasta la cosecha. Necesitaba lo mejor para poder dormir en paz.

Luego de hacer el stock y archivar las facturas rápidamente, guardé mis cuchillos en el estuche y por fin me fui a cambiar. Se hizo tarde pensé, son las cinco cuando por lo general salimos a las tres y media o cuatro. Los horarios en la cocina son así y es real que nunca me habían pagado las horas extras en toda mi carrera, tal vez en otros países modernos si funcione como debe, pero aquí nunca sería así. La diferencia es que era dueño de ese restaurante y nadie me pagaba. Y claro, no hacía justicia con mis empleados tampoco, ¿Cómo hacerlo con tantos impuestos y papeleos? Uno entiende ciertas cosas cuando se pone en las botas del otro.

Salí a la calle y la luz de afuera me encegueció por unos instantes. Caminé unos pasos y noté que el clima estaba agradable. Comenzaron los ruidos y el bullicio; la ciudad estaba más viva que de costumbre. Lo primero que vi al salir fue una parejita de ancianos que caminaba de la mano. Me pareció tierno y pensé si llegaría hasta esa edad con Alma. Era hora de volver a casa, hoy tenía la tarde y noche libre así que empecé a caminar hacia la parada de tranvía contento. El sol que se colaba entre los grandes edificios entibiaba mi cuerpo y me motivaba a seguir caminando entre tanta gente, tenía que ir esquivándolos por la vereda y cada tanto tenía que bajarme a la calle para poder avanzar por algún corte de obra o acumulación excesiva de gente. Decidí cruzarme a la acera del frente, espere a que el semáforo cambie a rojo y cruce, casi no llego vivo porque un imbécil cruzó en rojo tras bocinazos e insultos. Me podría haber dañado, pero por suerte reaccione rápido.

Seguí algunas cuadras por la principal y luego como atajo caminé por una callecita pequeña alterna, siempre pasaba por ahí ya que era parte de mi ruta hacia el trabajo, era un callejón muy under con sus paredes viejas y grises repletas de grafitis, y manchas de aceite en el suelo. Las veredas estaban siempre rotas y los cableados le rozaban la cabeza a uno, como de costumbre había dos o tres vagabundos tirados en el suelo. Pasé por el costado esquivándolos y sentí un olor nauseabundo. ¿Cómo pueden vivir así?, me pregunté indignado. No hacen nada por su vida y están allí tirados muriendo de hambre y frío en la mugre de la ciudad con ratas y cucarachas. Uno de ellos me pidió una limosna susurrándome algo que no entendí y le dije que vaya a trabajar si quería dinero.

Apure el paso y seguí caminando ya por fin libre de ese olor asqueroso. Faltaban dos calles más ya por un barrio más tranquilo y al fin llegaba a la parada, el sol se iba poniendo en el horizonte lentamente y los pájaros empezaban a irse hacia los nidos que tenían en los árboles de los bulevares y plazas. Era una armónica escena cual me transmitía mucha paz en medio del caos. Doblé a la izquierda, luego a la derecha y llegué a la parada que estaba atestada de gente, hora pico. Por suerte llegaron dos tranvías vacíos uno detrás del otro, pero a pesar de esto la gente empezó a empujarse los unos con los otros para entrar primeros y una señora delante mío se cayó al piso y no pude hacer nada porque tenía los brazos sin movilidad por la presión de la gente empujándose. Alguien de atrás la ayudara a levantarse. Entre por fin, y me senté en un asiento que encontré en el primer vagón.

Al relajarme noté que el clima dentro del tranvía estaba frío, siempre sucede esto, pero esta vez era bueno porque estaba atestado de gente. Todos los asientos estaban ocupados y había mucha gente parada entre ellos niños, jóvenes, adultos y algún que otro anciano. Comenzó a andar y me puse los auriculares para desconectarme un rato de la ciudad, en sólo veinte minutos estaría en casa al fin solo y relajado. Mire hacia la ventana y note que estaba sucia, pero aun así podía ver cientos de casas, edificios, gente, autos por doquier, las luces de los locales, el estadio provincial, las plazas y los árboles gigantes. Sentí una comezón en el hombro derecho y me rasqué, mirándolo. Al subir la vista vi que al lado tenía una panzona enorme de una embarazada que estaba parada al lado de mi asiento que daba al pasillo. Parecía que estaba de varios meses ya. ¿Sera varón o mujer? me intrigué. Venía con los auriculares así que no me atreví a preguntarle. Miré el reloj y me di cuenta que faltaban aún cinco o siete minutos para llegar por lo que cerré los ojos del cansancio y me perdí en mis pensamientos durante un ratito.

Me bajé del tranvía, llegue a casa y luego de relajarme un rato me bañe y salí para ver a Alma. Teníamos planeado encontrarnos en el boulevard de la sexta, pasear un rato observando el atardecer -era una bella costumbre que nos prometíamos- y disfrutar del momento.

Nos encontramos por el boulevard de la 6ta y tras un beso íbamos sonriendo hasta mostrar los dientes, con los ojos brillosos perdidos en nosotros mismos. Nos creíamos imparables e íbamos atropellando a la vida entre risas, besos y abrazos. Éramos tan tiernos. Íbamos charlando sobre la casualidad que nos unió en aquella velada donde el amor a primera vista partió los huesos como un rayo, Alma iba hablando casi susurrándome al oído mientras caminábamos sin rumbo bajo las ramificaciones de los palos borrachos. Mi atención en ese momento fue robada y la deje de mirar para observar a un extraño que venía caminando en dirección contraria a la nuestra...

16 de Octubre de 2019 a las 20:47 3 Reporte Insertar 2
Fin

Conoce al autor

Agustin Cernotto Soy el entre. Aquella transición entre un instante y el otro dictada por infinitos ciclos regidos bajo la ley de los binomios. Por ende soy aquella esencia cambiante que perdura en el tiempo. Bienvenidos al aposento donde en libertad descansan mis mejores ideas.

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Tania A. S. Ferro Tania A. S. Ferro
Tu historia se encuentra en revisión. Para poder ser verificada, es necesario corregir los detalles de puntuación y acentuación que requiere. Responde este comentario cuando haya sucedido y pasaré a revisarlo de nuevo. Buen día.
17 de Octubre de 2019 a las 11:02

  • Agustin Cernotto Agustin Cernotto
    Hola ya esta corregido en puntuación y acentuación! 21 de Octubre de 2019 a las 12:02
  • Agustin Cernotto Agustin Cernotto
    Hola me gustaria que verifiquen la historia, ya esta corregido repito. 2 days ago
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