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exetroid Leonardo Rojas

La historia de un hombre que intenta encontrar su camino en la vida


Suspenso/Misterio Sólo para mayores de 18.

#terror #psicologico #drama #suspenso
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Emancipación de un Fracasado

En aquella hermosa mañana de otoño me encontraba deambulando por el camino próximo a mi hogar, absorto en mis propias tribulaciones, pensando en el reciente fallecimiento de mis padres, en como termine heredando su fortuna y el negocio familiar, en como aun después de la muerte, mi padre encontraba nuevas formas de poder seguir haciendo mi vida miserable, no solo dejándome a cargo de su compañía, la cual no me sentía calificado o deseoso de dirigir, sino que también se había llevado a mi madre también, que siendo del tipo sensible, su corazón no pudo soportar el dolor de la perdida, sumiéndose en un letargo del cual no volvería a despertar jamás.

Siempre había deseado ser un hijo del cual mi madre estuviera orgullosa, y ser lo suficientemente competente como para que mi padre me dejara en paz y no me hiciera sentir como un inútil con sus ponzoñosos comentarios. Para mi desgracia, la realidad era distinta, nunca sentí que pudiera ser lo suficientemente bueno, mis padres me habían dado la mejor educación que pudieron pagar y yo no pude darles sino más que resultados promedios. No podía saber lo que ellos pensaban de mi porque jamás cruzábamos palabras a excepción de la cena, momento en el cual me preguntaban cómo estaban yendo mis estudio, pregunta a la que tenía mucho miedo por lo que pudieran llegar a decir de haberles dicho algunos de los problemas que se me presentaban en dichos estudios.

Jamás me atreví a darles una respuesta negativa a sus inquisiciones, además me limitaba a dar solo respuestas cortas y concisas, también a no hacer demasiadas preguntas, pues eran gente impaciente e intolerantes con la ignorancia; y al no saber lo que pensaban o como se sentían, mi mente iba a lugares oscuros, siempre considerando lo peor, aquellos momentos lo único que brindaban era una gran tristeza en mi corazón.

Deseaba escapar, no confrontar esta horrible realidad de mediocridad a la que me encontraba sometido, una existencia vacía, en la cual no sabía lo que deseaba.

¿Cuál era la razón por la que seguía vivo?

Ahora que los únicos que podían decirme algo o les importara aunque sea un poco mi existencia, estaban muertos y no podía ya escuchar sus exigencias excepto en mi propia mente, en forma de fantasmas creados para atormentarme a cada segundo de mi vida, mientras observaban como mediocremente llevo el único orgullo de la familia a la ruina y yo no haciendo más que aguantarlo todo, incluyendo la responsabilidad y rutina que no elegí por mí mismo.

Aquella no era forma de vivir, era lo único de lo que estaba seguro, ya no desea pensar o respirar, solo quería olvidarme de todo hasta el momento en que inevitablemente debiera volver a la realidad.

Con aquellas ideas en mi cabeza, envenenándome lentamente, comencé a correr, mientras lágrimas corrían sobre mi rostro, ¿Porque me tenía que hacer las cosas más difíciles no conformándome con lo que se me impone? Vivir la vida que otro me impone sería lo mejor, después de todo solo soy un niño que no conoce nada mejor, pero por alguna razón, todas las ideas que mis padres me decían me generaban rechazo, muy a mi pesar. Odiaba sentirme así, solo quería hacer las cosas más fáciles para los demás, pero solo estaba creando más problemas con mis estúpidas emociones y mi mediocridad.

No dándome cuenta, entré en un trance de odio propio y me olvide por completo de la ruta que estaba siguiendo o adonde me dirigía, pero debí de haber corrido una considerable distancia por que cuando mi cabeza se enfrió y me detuve a recuperar el aliento, no podía reconocer el lugar en el que me encontraba, el pasto había sido reemplazado por arena, no había ninguna señal de vida en millas y el camino de tierra que seguía había desaparecido, siendo reemplazado por más arena.

Quede estupefacto por aquella situación digna de una novela de fantasía, que me olvide por completo de mi situación tan precaria, pero cuando entre en razón, me dispuse a volver sobre mis pasos. Aunque a pesar de todos mis esfuerzos, el paisaje se veía tan uniforme e inalterado, era como si no hubiera avanzando en lo absoluto, si bien mi cuerpo contaba una historia diferente con la fatiga que me hacía sentir, por la gran cantidad de tiempo que llevaba caminando sobre la suave y hundible arena bajo el rayo del sol, igualmente había que tener en cuenta que no estaba acostumbrado a este tipo de actividades físicas pues pasaba la mayor parte del tiempo sentado.

Pero cuando estuve a punto de rendirme, por el horizonte pude vislumbrar una especie de estructura. Con fuerzas renovadas corrí hacia aquella estructura, claramente diseñada por el hombre, con la esperanza de recibir algún tipo de ayuda, pero a medida que fui avanzando, aquella estructura empezó a develarme su verdadera naturaleza. Cuando llegue me encontré frente a frente con la estructura más extraña que haya visto jamás en mi vida, parecía ser una enorme base de arcilla similar a las pirámides aztecas y mayas, con un estilo que recordaba a los antiguos babilónicos y hebreos, de una forma salvaje, pero igual de refinada. Tras las columnas de arcilla se podían vislumbrar cientos de ventanales que daban a dimensiones de infinita oscuridad y en el centro de todo, yacían unos gigantescos escalones que conducían al pico de aquella imponente estructura.

Aquella situación en la que me encontraba, solo, perdido en medio de un desierto y parado enfrente de aquella extraña edificación, más antigua que cualquiera de las civilizaciones que pisaron alguna vez la tierra, no podía evitar sentirme paralizado, con las piernas tiritándome como si estuviera en pleno invierno, pero todo aquello me provocaba una inmensa curiosidad.

Los nervios y el cansancio que sentía por todo lo que estaba pasando y por haber recorrido tan largas distancias, me hacían desear poder reposar un momento para recuperar fuerzas de mi mente y cuerpo que ya se encontraban al límite del colapso, además que tenía que cubrirme del sol, y no creía que aquel lugar pudiera seguir estando habitado, considerando que no hay forma de que nada vivo pudiera mantenerse en aquel valle donde solo muerte podía sobrevivir.

Lentamente haciendo uso de las pocas fuerzas que me quedaban, fui avanzando por las escaleras de aquella obra de proporciones ciclópeas, la cual había pasado la prueba del tiempo. Cuando finalmente llegue a la cima, mis ojos se toparon con el templo del blanco más puro y bello que haya visto en mí vida, no pude contener mi emoción y a pesar de mi cansancio fui corriendo hacia él para poder apreciar su perfecta belleza más de cerca. Aquel templo parecía ser más joven que la base de la media pirámide que la elevaba hacia el cielo, su estructura y diseño hacía pensar en los templos romanos por excepción del diseño del techo, que parecía ser plano con ligeras depresiones en los costados, y las inmensas columnas estaban esculpidas con un estilo y detalle digno de los griegos.

Con la velocidad que mis agotadas piernas me permitían, hice mi camino hacia el interior del templo, el cual era igual de impresionante que el exterior, con las columnas, paredes y pisos del mismo color blanco limpio y puro del exterior, como si el tiempo no pudiera hacerle mella a aquella creación divina separada del tiempo y el espacio. En las paredes se podía vislumbrar unos inmensos vitrales, como las ventanas de las clásicas iglesias cristianas aunque estas tenían un diseño más fundamental y no tan complejo pues no se hallaba presente la figura de ningún santo importante para la religión a la cual rendía tributo aquel templo.

El resto del lugar consistía en un inmenso salón principal cuya área estaba rodeada por paredes de columnas. A ambos lados de la habitación se podía vislumbrar varias entradas hacia distintas habitaciones, además de una entrada secundaria hacia el templo en el lado derecho, aunque me detuve a explorar las habitaciones, las mismas estaban completamente vacías y sus diseños eran muy similares salvo en dos instancias, ya que dos de las habitaciones eran más largas que lo normal y parecían estar divididas en dos por un gran muro, aquellas daban la impresión de haber sido las habitaciones de los sacerdotes.

La otra instancia era una habitación que sobrepasaba en tamaño a cualquiera de las anteriores, solo siendo rebasada por el gran salón principal, considere que aquel debió haber sido el lugar de reuniones, pero no me detuve mucho tiempo a analizar los cuartos, ya que lo que más capto la atención de mis ojos, fue la inmensa estatua que yacía al frente y al centro de la sala principal.

Sentada en su enorme trono blanco con las piernas juntas, movidas a un costado en forma diagonal, mostraba su delicadeza y su dignidad como fuerza de autoridad, yacía pues lo que yo consideraba debía ser la deidad que adoraban en aquel templo, su cuerpo esculpido con gran precisión y cuidado, daba la impresión de que se evaporaría en cualquier momento con la más mínima brisa, tenía el rostro duro e inexpugnable digno de una diosa que infundía respeto, sus enormes ojos negros parecían perforar mi propia alma con su mirada vacía y muerta.

Sacudiendo mi cabeza, fije mi atención en la tribuna que había frente a la estatua, la idea de acercarme a ella era tentadora, pues con su postura gentil desplegaba un aura de paciencia y gentileza muy cálidas, aunque el ambiente ominoso del lugar no ayudaba en aliviar la intranquilidad de estar en un lugar ajeno a mí. Pero todo eso no importaba, deseaba acercarme a la estatua de aquella diosa desconocida era una necesidad imperiosa, nacida de lo más profundo de mi alma. Deseaba suplicar que me perdonara por mis actos patéticos de inmadurez, que seguramente fueron los responsables de ponerme en esta situación en un primer lugar. Si me disculpaba y corregía mi manera de vivir seguramente encontraría la respuesta al porque aquella diosa me había convocado a su encuentro en ese lugar y tal vez podría conseguir una respuesta a la razón por la que me había dado la vida, o eso consideraba. Valía la pena arriesgarse, si es que eso me daba la más mínima posibilidad de que obtuviera las respuestas a aquellas interrogantes.

Dubitativamente puse una pierna frente a la otra, y poco a poco fui construyendo el coraje para seguir avanzando, pasando de largo la tribuna, como en un trance, mi mente no podía pensar en otra cosa que en aquella estatua, como un niño suplicante aferrándose a los pliegues del vestido de su madre buscando apelar a su amable corazón, así me encontraba yo mientras posaba débilmente mis mano temblorosas sobre las de la estatua y elevando mi mirada para conocer la suya, con ojos arrepentidos intentaba hallar en su bello rostro una señal de perdón o ira, vislumbrar el más mínimo indicio que alguien me escuchaba, que no había sido abandonado para pudrirme en aquel lugar.

Estuve en ese estado por lo que parecieron ser horas por que en un punto ya casi no podía sentir mis piernas o el suelo en el que estaba apoyado y mi vista estaba fallando hasta el punto en el que no entendía lo que pasaba a mi alrededor. Era como si estuviera flotando en la nada misma.

Esa sensación de vértigo fue tan aterradora que intente alejarme pero con mis torpes movimientos tropecé cayendo al suelo, o eso pensé pues cuando mi vista se aclaro parecía que mi cuerpo estaba flotando levemente por encima del suelo y una luz del blanco más puro emanaba de la estatua, intente resguardar mis ojos con las manos y mirar al suelo, pero parecía inútil, no podía mover mi cuerpo y a mi alrededor el escenario estaba siendo engullido por aquella luz, dejando todo cubierto por un manto blanco que se parecía extender hasta el infinito.

Ni mis fantasías más salvajes me habían preparado para aquella experiencia contra natura, por lo que entré en un gran pánico al darme cuenta que estaba flotando en medio de la nada, sin poder moverme, sin saber cómo había llegado ahí o porque, ahora verdaderamente creía que no podría salir de allí, o si podría alguna vez volver a vislumbrar mi hogar, o perecería en ese mundo luminoso de terrible blancura.

Estaba al borde de las lágrimas y un colapso nervioso, pero gracias a esa desesperación que me lleno de adrenalina o tal vez por intervención divina, fui capaz de mover mis entumecidas piernas y al intentar erguirme no fui capaz de tocar ninguna superficie solida o siquiera dar un paso, pero había comprobado que, efectivamente, estaba varado en un gran océano de luz.

Y de pronto, como por arte de magia, toda mi tristeza, ansiedad y temores se fueron como pulgas huyendo del agua, lo cual me hizo preocuparme más sobre lo que sea que estuviera tras aquella luz, que poseía el poder para privarle a alguien de sus propias emociones contra su propia voluntad.

Con creciente paranoia empecé a observar mis alrededores, que estaban constituidos por una luz que irradiaba paz y que extrañamente ya no hería mis ojos, aunque eso no aumento mis posibilidades de hallar a alguien o algo. La estatua ya no se encontraba en ningún lado, y lo que fuese que me hubiera traído a ese “lugar” seguía sin dar la cara. Pero cuando estaba llegando a términos con mi hallada soledad absoluta, todo mi cuerpo empezó a sentirse raro, como si cada parte de mí estuviera experimentando un enorme calambre, o un rayo hubiera caído sobre mi cabeza. Mi visión se hizo más borrosa, respiraba con gran dificultad y mis sentidos se habían adormecido.

Estaba desapareciendo.

Fusionándome con aquella luz que más que ser un faro de paz solo me trajo dolor y miseria.

Cerré mis ojos nuevamente, o al menos eso creo haber hecho, ya que todo se volvió oscuro de un segundo a otro, no podía ver o sentir mi cuerpo, mi cabeza o mis parpados, era como si hubiera muerto, pero aún estaba ahí, mi mente estaba ahí, completamente inundada en el pánico pues no podía formar un pensamiento con claridad, estoy seguro que si me hubiese podido sentir respirar, si estaba respirando aun, mis pulmones habrían explotado.

Lo único que podía sentir con claridad era el pasaje del tiempo, el cual me daba tiempo a pensar, y mi mente no podía evitar irse a esos lugares oscuros que tanto reconfortan cuando estamos en los peores momentos. Pensando que aquella deidad la cual encontraba un placer morboso en torturarme, seguiría moviéndome llevándome a estas horribles y solitarias locaciones, brindándome más dolor físico y mental, hasta que inevitablemente se aburriera de mi, para desecharme al eterno y helado vacío de la muerte. Y en esos momentos, ese destino final no se veía tan mal. El problema era resistir hasta que dicho momento llegue, pero ¿Cuánto debía esperar? ¿Cómo sucedería? ¿Qué haría conmigo aquel ser para lograr terminar con mi existencia?

Pero antes que la ansiedad y anticipación pudieran hacer su camino hacia mi alma, toda la oscuridad que me rodeaba, desapareció.

Ahora me encontraba recostado en una pradera rodeado por el olor a pasto y flores primaverales. Mi fatiga se había curado por completo, mi cuerpo se sentía como si hubiera renacido, asombrado por el lugar tan pacifico y refrescante, comencé a tener un halo de esperanza de que todo hubiese terminado, y con algo de reluctancia como si con cualquier movimiento brusco que hiciera, podría romper el frágil velo ilusorio que protegía mi visión de las horribles verdades del mundo, entonces intente incorporarme lenta y cuidadosamente, pues mi cerebro no podía procesar que mi cuerpo se hubiera recuperado del todo de aquella experiencia.

Me detuve una vez parado en mis dos piernas a apreciar mejor el panorama que me rodeaba, pero a pesar que podía oler las flores, no vislumbraba ninguna en aquella pradera verde, que parecía extenderse hasta donde llegaba la vista, aunque eso no me importo tanto ya que por lo menos estaba en un lugar donde podía sentir o ver las cosas, como el pasto, o el cielo lleno de nubes blancas. Aunque algo de aquella pradera me daba escalofríos, el júbilo que sentía por recuperar todos mis sentidos y mi capacidad motora, lograr sentir mi cuerpo, mi corazón latiendo, escuchar mi acompasada respiración, era indescriptiblemente maravilloso.

Al cabo de un tiempo, que utilice para reponerme y asimilar los hechos, llegue a la conclusión de que esto debía ser nada más que una enorme alucinación, alguien me maldijo o estoy soñando y esto es solo un producto de mi imaginación y no es culpa de nadie más que mía, y mi obsesión e impaciencia por descubrir para que sirvo o que debería hacer con mi vida. Sí, eso debía ser, todo esto debe ser por mi propia culpa en mi deseo de castigarme por ser tan estúpido y creer que una existencia como la mía tiene propósito alguno. Aunque todavía estaba la posibilidad de que todo esto en verdad fuera obra de Dios o una entidad maligna, pero he vivido tantos años desilusionándome gracias a la negligencia del mismo, que retire esas sospechas inmediatamente, ya que la hipótesis del sueño comenzaba a sonar más lógica, Dios no perdería su tiempo en alguien como yo, un ser humano normal sin ningún talento y una historia de mediocridad y fracasos a su nombre, nada especial podía ocurrirle a alguien como yo. Esto está confirmado por los acontecimientos en aquel extraño y ominoso templo con aquella estatua divina, la cual se negó a darme más que un espectáculo de tortura solo porque podía o no deseaba ser perturbado en ese momento.

De todas formas no importaba nada de eso, ahora deseaba explorar el lugar y ver si habría una forma de escapar, aunque después de haberlo reflexionado por unos momentos parecía mejor alternativa quedarme en aquel lugar en vez de volver a casa, si es que a eso podía llamársele como tal, pues nadie allí esperaba con ansias mi regreso, con mis abuelos y padres muertos, solo me esperaba ese trabajo que debía aceptar obligadamente, y en ambos lugares solo podía ver como fuerzas ajenas a mí, elegían que hacer con mi vida y como debía seguirla viviendo, ya sea mi inconsciente en el caso de este sueño, deidades exteriores o mi familia.

Pero si me permitiesen elegir a mi algo sobre mi vida, hubiera preferido quedarme en aquellas praderas infinitas y vacías donde al menos hubiera estado rodeado de paz y el dulce aroma de las flores, pues esa era mejor que la alternativa y si una deidad o lo que fuere, un día se despertara con ganas de asesinarme, o moría de hambre, sed o si me volviera loco por la inmensa y aplastante soledad, verdaderamente no veía el inconveniente, pues, o estaría muerto y ya no importaría pues me privarían de una existencia aburrida y sin sentido, o estaría tan loco que no entendería siquiera donde estaba parado.

Decidido pues, comencé a explorar mi nuevo hogar con renovados ánimos, y al igual que el desierto, el panorama no cambio en todo el tiempo que había caminado, tiempo que ya no podía medir con seguridad pues el sol no mostraba indicios de haberse movido de su posición (la cual parecía marcar el inicio del mediodía) desde que había iniciado la caminata. Como no mostraba indicio alguno de agotamiento y no tenía nada mejor que hacer, seguí avanzando hasta que pasado algún tiempo (o al menos suponía que el tiempo seguía moviéndose en aquel extraño lugar) comencé a divisar una figura en el horizonte, emocionado por el descubrimiento, apreté el paso. A medida que me acercaba a dicha figura, esta comenzaba a hacerse más nítida, hasta que pude finalmente divisar lo que era, un árbol hecho de cristal, que brillaba con una hermosa luz blanquecina, en la cual podían vislumbrarse brillos ambarinos y en el centro de las hojas se podían observar extraños y llamativos manchones negros.

Aquel árbol, cuyas ramas y hojas parecían haber sido talladas a mano, despertó en mi interior una marea de emociones, nostalgia, rechazo, odio y una opresiva tristeza. Decidí pues, dejar el árbol y continuar con mi camino por otro lado pues, ya no soportaba mas verlo, pero al darme vuelta pude notar que alguien estaba parado detrás de mí, desde hace cuando que estaba allí aquel ser, no sabría decirlo con exactitud, pero parecía concentrar toda su atención en mí, mirándome con unos ojos que reflejaban gran incredulidad, como si no esperase verme en aquel lugar.

Quien estaba frente a mí era una mujer que no podía medir más de 5 ft, poseía unos hermosos y sedosos cabellos dorados que caían como cataratas sobre sus hombros, un vestido blanco de una pieza y sandalias de estilo romana constituían su vestuario. Pero su rostro era lo que había robado por completo mi atención, con sus bordes suaves, facciones infantiles, y su inocente mueca de sorpresa, eran como verle el rostro al más puro de los ángeles.

Cuando la sorpresa de encontrarse con otro ser vivo se desvaneció, su expresión fue reemplazada por una gran sonrisa de oreja a oreja y lentamente como para no asustarme se acercó hacia mí, alzo sus brazos posándolos alrededor mío, aferrándose a mí como si fuera el objeto más delicado y valioso de todos, después de un rato que se sintió eterno, nos separamos un poco, y con sus manos sosteniéndome de los brazos, ella comenzó a observarme directo a los ojos, lo cual me hizo sentir extremadamente incómodo y tuve que apartar la vista, esto parecía ser la reacción que esperaba pues sonrió levemente con satisfacción y luego me dio un beso en la frente, pero cuando sus labios entraron en contacto con mi piel todo se volvió oscuro de nuevo.

Desperté en mi habitación sudando y con una gran agitación. Al comienzo pensé que había tenido razón y todo fue un simple sueño, pero a medida que iba avanzando el día, comencé a tener una extraña sensación, como si alguien o algo estuviera observándome, y por más que intentara, no podía sacarme esa sensación de encima, además de los constantes susurros que sentía alrededor mío, al principio creía que estas sensaciones provenían de las criadas y mayordomos del hogar, pero siempre que volteaba hacia atrás, no podía encontrar a nadie, una inspección más minuciosa me reveló que este sonido podría estar proviniendo detrás de las paredes.

No sabría definir qué es lo que podría estar causando estos eventos pero sabía que debía estar vinculado de alguna forma al sueño que había tenido, era demasiada coincidencia para no estar conectado, tal vez finalmente abrí mis ojos a la presencia de dios, o me había vuelto completamente loco.

Pero habiendo sido criado por devotos cristianos, que hallaban paz y seguridad en los confines simplistas de su existencia profesional sin cuestionarse nada o pensar demasiado en cosas que no fueran de la índole laboral, fui criado para seguir sus mismos pasos, habiéndome sido remarcado a este como el mejor y más inteligente de todos los caminos. Después de todo, de que serviría cuestionarme estas cosas, esas cosas no traen dinero a la familia.

Decidí pues, darle un fin a mis pesquisas infantiles, determinando que todo lo que estaba sintiendo en ese momento era un efecto de mi rechazo a aceptar estas responsabilidades, una mera fantasía de una mente pobre.

Afronte mi destino como heredero de la compañía y apellido de mi padre, en esa posición me mantuve por al menos 3 años y odie cada momento de ellos, pues en todo ese tiempo, las miradas me acosaban a donde sea que fuera, los murmullos me perturbaban con sus malignas y despectivas palabras intentando romper mi moral, hasta que mi voluntad sucumbiera para convertirme en una sombra de lo que alguna vez fue un humano funcional. Pero las noches eran el peor momento, pues rodeado en la espesa tiniebla nocturna que ocultaba a los ojos humanos aquellas depravadas existencias, las cuales al igual que los mas insidiosos de los depredadores, se quedaban al acecho, observando fijamente los movimientos de su ya debilitada presa, esperando el momento perfecto para asestar el golpe final, y yo, acurrucado en mi lecho, escuchando el silencio romperse por las voces, a veces juraba que podía ver figuras al lado mío, cerca de la ventana o de la puerta de mi habitación observándome pacíficamente, con una quietud espectral.

Por estas causas no podía conciliar el sueño si no era con la luz de mi habitación encendida, e instruyéndoles a los criados que tocaran dulces serenatas arrulladoras.

Luego de batallar por horas con la ansiedad y la sensación de ser observado, lograba al fin convencerme que eran tonterías mías, y felizmente cerraba los ojos, escapando de mi prisión mental para entrar en una prisión onírica, para escapar al mundo de los sueños en los cuales podía olvidarme de mi vida consiente aunque fuera por unos instantes, pero en algunas ocasiones se me presentaban sueños tan lucidos, que se sentían como si me hubieran transportado a otra realidad, a veces aparecía como un fantasma, otras veces como una persona real que experimentaba el mundo del sueño, adquiriendo en aquellas instancias información sobre el mundo en el que me encontraba y todo sobre la vida de la persona cuyo cuerpo habitaba, pero nunca podía moverme acorde a mi voluntad, solo en los confines que el sueño me permitiese, como una prisión onírica.

Estos sueños me mostraron secretos, que solo el mundo de la fantasía y la imaginación podían saber, observe la creación del cosmos, pude ver el nacimiento de dioses y la razón por la que nos crearon. Pero a pesar de estas terribles revelaciones mi mente nunca me despertaba no importa que tan asqueado, horrorizado o alterado me hallase, no podía escapar, jamás lograba despertar, me encontraba forzado a ver la conclusión de aquellas impías obras como si no tuviera control sobre mi propia mente.

Odio dormir, pues ya no había sueños de paz y alegría, o las tranquilas noches donde los sueños jamás llegan y lo único que puedes observar es un vacío oscuro que provoca una sensación de inexistencia, relajante y salvador. Ahora aquellos alivios habían sido reemplazados por la tortura que era lograr dormir con las sombras y las voces acechando, siempre observando cada uno de mis movimientos y aquellas horribles visiones, implantadas en mí para que no pueda sentir un momento de descanso.

Odio estar despierto, pues debo atender a mis deberes y responsabilidades como cabeza de la familia Ánradh, continuar el legado de mi padre y estar a la altura de las expectativas que ambos tenían sobre mí. Y a pesar de las decisiones que tome, estas presiones no se hicieron más ligeras en mis hombros, si no que empeoraron aun más, pues en los tiempos vacíos, mi mente, como cómplice secreto de aquel torturador invisible, me dirige a involuntarios y oscuros pensamientos traídos para destruirme por dentro.

Ya no poseía un lugar al cual huir, todos eran mis enemigos, todos eran conspiradores, que deseaban acabar conmigo.

Mi vida se había convertido en una tortura digna del mismísimo Satanás o tal vez incluso Dios, para castigarme por la vida que había llevado, pero en la realidad, no tenía a nadie a quien culpar, más que a mí mismo, pues era yo quien se estaba torturando con fantasmas y maquinaciones que ultimadamente yo había creado pues sentía a una existencia como la mía, como una falla, indigno de vivir en paz.

Habiendo alcanzado la meta deseada, mi mente se canso y cedió, no dejándome levantarme de la cama, negándome si quiera una gota de energía para sentir que valía la pena seguir intentando. Pase al menos una semana en ese estado encerrado en mis aposentos comiendo lo mínimo indispensable. Deje que todo se fuera al infierno, los criados me avisaban de las numerosas visitas del personal de la compañía minera, pero ya no me interesaba.

Las voces se hacían más fuertes.

Las sombras cada vez se acercaban más a mí.

Me estaban robando la energía, lo sabía, puesto que cada vez me sentía más y más débil.

Pero, a pesar de que ya me había rendido, cediendo mi vida a quien deseara arrebatármela, todavía seguía ahí, respirando, inhalando ese pútrido aire, ese veneno. Sin embargo, no podía dejar de respirar, así como tampoco podía acercar el cuchillo a mi garganta.

Era un mortal forzado por sí mismo a experimentar como se sentía la maldición de la inmortalidad. Inevitablemente, mi enfermiza mente comenzó a preguntarse cuál era la razón de mi existencia, condenado a vivir, sin el valor necesario para tomar la última decisión ¿Que debía hacer? ¿Por qué la providencia no me enviaba de una vez al infierno?

La respuesta vino a mí tan claramente como si hubiese estado frente a mis ojos, a pesar de que el valor de mi vida se había reducido nuevamente a la de un parásito, seguía teniendo aquellos sueños, a los que mi mente, cansada y aburrida, por la falta de estímulos, a consecuencia de mi precario estado tanto emocional como físico, comenzaba a adquirir una ligera atracción morbosa.

Inicie pues, a analizar cada uno de los sueños que tuve y que estaba teniendo, fue tan doloroso e inaguantable como me lo esperaba, pero mi mente se tenía que concentrar en algo, en lo que fuera, para evitar perder la cordura, de la que ya sentía que me quedaba poca; pero aquel malestar jamás se fue, la sensación de culpa siempre presente en mi interior, aunque comencé a notar patrones, y la base de muchos de ellos se sentían muy vinculados a experiencias propias. Eran tales las relaciones entre sueño y realidad, que sentía revulsión al verlas era como si aquellos sueños se metieran en lo más hondo de mi alma y me mostraran toda la oscuridad que en ella habitaba.

No deseaba seguir viendo, pero no podía parar ahora, cada sueño mostraba algo de mi ser, con cada sueño me lograba entender mejor, gracias a las penurias de los personajes, gracias a su dolor, lograba ganar una luz para mi camino egoísta. Tal vez esta era la forma en la que me intentaba ayudar a mi mismo a poder lograr reencontrarme, saber cuál es mi objetivo. Con cada personaje sacrificado, estaría más cerca de lograr hallar la respuesta al valor que mi vida posee.

Entendiendo esto, logre ver que mi vida en vigilia solo me estorbaba, lo que yo mas deseaba no se encontraba en la realidad sino en el plano onírico, con eso en mente, me dispuse a vender la compañía de mi padre y la casa, solo dejándome con la fortuna familiar, las pocas ropas que necesitaba, algunos libros esenciales de la vasta biblioteca de mi madre, además de un cuaderno de viaje, en el cual anotare todos mis sueños, como prueba de la persona que fui y en la que me convertiré, para probar el valor que tuvo mi existencia.

Y con el corazón latiendo con una fuerza capaz de destruir mi pecho, una respiración agitada, la cara ardiéndome como si estuviera prendida fuego y las piernas temblando sin control, pero con los hombros más ligeros, me dispuse a seguir mi camino, dando mi primer paso hacia un futuro desconocido.

11 de Octubre de 2019 a las 21:47 0 Reporte Insertar 1
Continuará… Nuevo capítulo Cada 30 días.

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