Ángel roto Seguir historia

coyote17 COYOTE 17

PRÓLOGO "Hemos creído durante años que los príncipes azules existían. Hemos visto en cientos de películas que ellos llegan en un caballo blanco a salvarnos. Y pelean contra dragones para rescatarnos de la torre más alta del castillo más lejano. Ni yo quería un príncipe azul ni quería que me salvaran. ¿Cómo iba a hacerme mal alguien que cuando sonríe se parece tanto a un ángel? Supongo que no lo supe hasta muy tarde. Conocí a Alex Stone un viernes cualquiera de mucho calor. Él y yo éramos tal para cual, sólo que él se dio cuenta muy tarde". OBRA REGISTRADA EN SAFE CREATIVE 1712022605147


Romance Todo público.

#desamor #angelroto #amistad #amor #258
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Capítulo 1

“Se ha escrito en las estrellas esta noche que dos ángeles harán el amor por toda la humanidad. Por los que han olvidado lo que significa amar, por los que han perdido el amor. Por los que en vez de amar, odian con locura, se dice que su amor es tan grande como el mar que rodea la tierra y tan puro que solo puede provenir de las alturas. Somos tú y yo, amor mío, y esta noche salvaremos el mundo”.

Anónimo.

Prólogo

“Hemos creído durante años que los príncipes azules existían. Hemos visto en cientos de películas que ellos llegan en un caballo blanco a salvarnos. Y pelean contra dragones para rescatarnos de la torre más alta del castillo más lejano. Ni yo quería un príncipe azul ni quería que me salvaran.

¿Cómo iba a hacerme mal alguien que cuando sonríe se parece tanto a un ángel? Supongo que no lo supe hasta muy tarde.

Conocí a Alex Stone un viernes cualquiera de mucho calor. Él y yo éramos tal para cual, sólo que él se dio cuenta muy tarde”.

“Y una vez que la tormenta termine no recordaras como lo lograste, como sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa si es segura. Cuando salgas de esa tormenta no serás la misma persona que entro en ella. De eso se trata esta tormenta”

Haruki Murakami.

Capítulo 1

Los días en el Aguantadero eran siempre divertidos. Paris se paseaba con su delantal azul arreglando todo tipo de vehículos de dos y cuatro ruedas. Siempre con las manos engrasadas y con una sonrisa en el rostro. Sus compañeros, conocidos y amigos de su difunto padre, decían que Paris era la mujer sucia más sensual del planeta. Dicho que a la mujer de cabello oscuro como el agua en la noche y ojos azules como el cielo le resultaba gracioso. Paris había decidido llevar adelante el taller que su abuelo había puesto en las calles de Brooklyn hace ya muchos años. Tomó esa decisión por respeto a su papá, a su abuelo y porque realmente estar ahí le gustaba y mucho. Esos hombres que estaban en su día a día eran tan parte de su familia como su mamá Helena y su hermano Logan. Pensar que cuando su padre murió, cuando Paris tenía 17 años sabia muy poco de mecánica, lo básico y fundamental y fue con la ayuda de Billy y Joe que lograron repuntar al Aguantadero, el Harley’s de Neva York como le llamaba Billy. Él y Joe eran dos hombres de cincuenta años aproximadamente que comenzaron a trabajar con apenas veinte años para el abuelo de Paris, es decir que ambos conocían a los hermanos Parker desde que nacieron. Eran grandes amigos de M, como Paris llamaba a su padre cariñosamente y si bien M se dedicaba al arte siempre tenía un rato para ir con sus hijos al taller. El Aguantadero había sido apodado por Helena hace muchos años atrás cuando se percató de que era un lugar de concurrencia de hombres y niños y un lugar donde pasar el rato aquellos que aun no querían volver a casa. Mucho queda de esos momentos, y es que el taller es ampliamente reconocido por los vecinos del barrio.

Por qué Paris iba a sospechar que un día cualquiera, específicamente un viernes a las ocho de la noche en una de las noches más calurosas de Julio un hombre iba a entrar en el taller arrastrando una moto y ese día iba a ser el principio de algo completamente nuevo para la chica de ojos azules de veinticuatro años vestida con un delantal azul, unos shorts rotos unos borcegos marrones, top deportivo negro y sobre todo cubierta de pies a cabezas de grasa de auto.

Un Billy fastidiado le anuncia al señor de la hermosa Harley que estaban cerrando, que podía venir al día siguiente a las ocho que era el horario que abrían. Billy no era justamente de esas personas que son amables con la clientela.

Entre decepcionado y molesto por no poder hablar el recién llegado ve salir de abajo de un auto a una muchacha con una llave inglesa en la mano para observar al hombre que Billy estaba por echar. Es que sinceramente a ella no le gustaba perder clientes o posibles clientes.

- Ey, hombre. Yo voy a ver tu moto. Solo déjame cinco minutos que odio dejar las cosas por la mitad. – Paris dejo ver su mejor sonrisa. Que el hombre le devolvió al instante girando para ver a Billy. Éste levanta ambos hombros y dice:

- La jefa ha hablado.

Cuando Paris se incorpora totalmente mira al hombre que por una extraña razón llevaba unos lentes negros y a su hermosa moto. Si todo hubiese sido una caricatura a Paris le hubiese llegado la mandíbula al piso. Cree que nunca se va a terminar de asombrar de ciertas motos y es que realmente las amaba. Y este señor en particular tenía una Harley de colección del 85 en perfectas –demasiado- perfectas condiciones.

-Señores, creí que no iba a estar viva para ver una moto así. Por trabajar después de hora la vida me recompensa con una Harley de colección. Discúlpenme pero este es mi día de suerte. Vayan en paz. Nos vemos mañana temprano que me traerán un Mustang y un Volvo para que revisemos. –Repuso Paris a los hombres que la rodeaban.

- ¿Vas a estar bien sola querida Paris?-, pregunta Joe lavándose las manos.

- No se preocupen caballeros. Pocas personas se meten con una mujer armada con una llave inglesa en mano. Todos rieron para luego terminar de cambiarse y abandonar el lugar.

Paris se acerca al hombre que encontraba la situación algo divertida ya que muy pocas veces se encuentra a una mujer en esas circunstancias, engrasada de pies a cabezas con una llave en mano hablando de motos y autos. Si que se había llevado una sorpresa en ese taller.

El hombre la observaba detenidamente mientras la joven de ojos azules tomaba agua. No le daba más de veinticinco años, su piel estaba curtida por el sol del verano. Su pelo era negro como la noche y si bien estaba bastante sucia podía notar unos ojos muy azules. Parecía radiante y despampanante.

Cuando por fin terminó de saciar su sed, Paris giró sobre sus talones mirando detenidamente al hombre de unos cuarenta años que aun seguía sobre su moto.

-Cariño, dudo mucho poder revisar tu moto si sigues sentado ahí.- El hombre se para caminar hacia no sabe donde cuando la muchacha lo interrumpe burlonamente

-Si la luz del sol te molesta tanto puedes optar por sentarte más alejado mientras reviso esto.

-Muy chistosa, cariño. Dijo enfatizando la última palabra. De la misma forma que había hecho la ojiazul minuto antes

-Touché, -dijo Paris girando para ver la moto. ¿Qué sucedió? -Paris estaba intentando averiguar por qué el hombre había llegado arrastrando la moto. Pero a simple vista no pudo obtener mucha información.

- No sé. Simplemente me bajé a comprar algo en la farmacia y cuando subí a la moto nuevamente, no arrancó. Comencé a desesperar hasta que pregunté y me hablaron de este taller, que por suerte estaba cerca. El muchacho del market me dijo textual: anda ahí, es seguro que te lo van a ver ahora. Pregunta por Paris que es la dueña y la mecánica más linda de todo el estado de Nueva York. Ahora lo entiendo. –La última frase la dijo haciendo señas con las manos.

La risa de Paris fue descomunal y muy sonora. El chico de la farmacia, o Nicholas como realmente se llamaba, trabajaba ahí desde hace un año y cada vez que Paris entraba a comprar algunas pastillas, bebida o cigarrillos el se quedaba atónito mirándola y no podía articular palabra. A tal punto que a Paris le resultaba gracioso y le pasaba la mano por la cara. Se ha llevado algún que otro chocolate gratis gracias a eso.

- Nicholas tiene veinte años no es parámetro de mucho. - Dijo terminante mientras seguía riendo y se limpiaba las lagrimas de los ojos.

- Los borrachos y los niños dicen la verdad dicen. Y este es un crío. Y créeme que ni diciendo eso te hacia justicia.- El hombre se encontraba de brazos cruzados en la pared, a unos cinco metros de Paris.

Paris levanta la mirada y lo observa y pudo percatarse que el hombre, si bien bastante mayor que ella, era mucho más guapo que el promedio de hombres que suelen visitar el taller. Y mucho más limpio también.

Le guiña el ojo. - Voy a tomarlo como un cumplido, vaquero. Bueno, tenés poco aceitada las bujías. Vas a tener que darme diez minutos que para ir a buscar aceite abajo. Pero antes abre esa heladerita que tienes al lado tuyo. Hace mucho calor y hay cerveza. Excelente combinación. Toma una para vos. Brindemos por la hermosa compañía que me trajiste esta noche. El arreglo va por cuenta de la casa, cariño. -Gira sobre sus talones y se va.

El hombre se queda viendo el lugar a su alrededor. Los cuadros con fotos que decoraban el muro. En una se ve una multitud de hombres, de mediana edad y una nena muy sonriente en el medio, sonrisa a la cual le faltaban los dos dientes de adelante. Reconoció que era Paris. No solo por el pelo negro sino por los ojos azules de la nena. Un hombre la tenía sobre su regazo y pensó que él podría ser su papa.

Una voz femenina interrumpe sus pensamientos. Cuando se voltea se encuentra a Paris abriendo la lata y dando largos sorbos. Se quedo pensado en sus movimiento, delicados, y de alguna manera suaves. Que ella rompía todo el estereotipo de gordo mecánico con barba de unos cuantos días.

- ¿Que tanto miras? No debo ser la única mecánica en el país. -Dijo mientras sonreía

- No solo que debes ser una de las pocas sino que dudo que haya una mecánica tan linda como vos.- Los aires de galán de Alex estaban intactos, y es que era un rompecorazones nato. - No me presente, mi nombre es Alex. Extendió su mano y Paris no tardo en corresponderle. La muchacha no se había percatado, y ni siquiera se puso a pensarlo hasta el momento que el contacto ceso de la electricidad que le produjo en todo el cuerpo ese simple apretón de manos.

Cuando hizo rugir la moto una sonrisa de satisfacción le apareció en el rostro. Deseaba con todas sus fuerzas poder manejarla pero no iba a pedírselo a Alex. Conocía al hombre hacia unas horas.

- ¿Quieres conducirla? Alex se había percatado de cómo disfrutaba Paris tocando y escuchando los ruidos de su moto. Como si hubiese leído sus pensamientos.

- ¿Vas a pensar que estoy loca si te pido ir a dar una vuelta? Si me dices que no, lo entenderé perfectamente. En ese momento Paris uso su as bajo la manga. Puso su mejor cara de cachorro triste, esa que usaba cuando Logan la regañaba cuando hacía algo indebido. Y pareció funcionar. Alex rió y negó con la cabeza.

- Solo si yo también voy y si me aceptas una cerveza decente. Por las molestias del arreglo.

- ¡Ey!, entendí la indirecta. ¡No serán las mejores cervezas pero hay que abaratar costos y son muchos hombres! Se defendió la mujer de pelo negro alzando las manos en forma de rendición. Déjame cambiarme la remera. Yo elijo el lugar ya que si lo elijes tu probablemente me nieguen la entrada y llamen a la policía diciéndome que un vagabundo quiere entrar a su bar exclusivo. Y créeme que hoy no tengo paciencia para que me echen de ningún lado.

Una vez cambiada y poniéndose la campera de cuero salió del pequeño cuarto que usaban como vestuario Paris observó de lejos a su compañero de esta noche. El pelo un poco largo, brazos marcado y una cara muy, pero muy familiar. No se había puesto a pensar de donde podía llegar a conocer a ese hombre. No es el típico hombre que entra al taller todos los días. Tenía la piel bronceada y muy cuidada y su ropa hacía creer que había venido de una sesión de fotos para Vogue. Paris se miro en el pequeño espejo y rió con ganas al verse reflejada. Eso llamo la atención del hombre.

- ¿Que es tan gracioso mujer?

- Pues mírame. Y mírate a ti. Parece que me encontraste en la calle y me estas llevando a comer. Tú pareces salido de una revista y yo simplemente parezco salida de debajo de un auto.

- Deja de decir estupideces y sube. No solo tengo sed ahora. Tengo hambre y estas retrasando mi horario de la cena.

Una vez subida a la moto y habiendo apagado las luces del taller Paris le explica que lo iba a llevar al mejor lugar de hamburguesas de todo Brooklyn

- Luego me agradeces.

- Ah, perdón si no te avise antes. En tu lugar me sujetaría fuerte.

- Por qu…

Paris no lo deja preguntar; ya había arrancado a toda velocidad para salir por el portón que comenzó a cerrarse para dejar al Aguantadero inmerso en la oscuridad.

La sensación del viento en su cara y las manos del extraño rodeando su cintura es todo lo que necesitó Paris para determinar que ese había sido un día extraño. Cada vez que aumentaba la velocidad y sentía las manos de su acompañante apretando su cintura, a Paris le asomaba una sonrisa rebelde.

Al fin llegaron al bar de Billy. Un antro que de afuera tenía el aspecto de casa abandonada. Alex espero a que su compañera bajara para bajar el también. Miró a Paris que estaba con una gran sonrisa. -Bienvenido a Norman’s. No te guíes por el aspecto. Adentro es lo mas cool de esta zona de Brooklyn. -Le guiño el ojo para luego encarar a la entrada.

Una vez que entraron un hombre pasado los cincuenta años divisa a Paris y camina hacia ella para abrazarla y alzarla en brazos.

- ¡Ratita! Cuánto tiempo que no te veía por acá.- El hombre mayor tenía una mano en cada hombro de Paris.-Cada vez que te veo siento que estoy más viejo.

- Eres un exagerado Norman. Vengo todas las semanas desde hace ya muchos años. ¿Recuerdas que me vendías cerveza cuando era menor de edad? Los años te afectan la memoria, viejo.-El hombre rueda los ojos y observa al desconocido elegante detrás de la muchacha.

- Así que acompañada, ¿eh? Afortunado muchacho. No suele suceder todos los días esto, así que la primera ronda de hoy corre por cuenta de la casa.

Le estrecha la mano al señor que sin motivo aparente llevaba aun los lentes de sol puestos.

- Norman. Dueño de este lugar que alberga a Paris desde antes de poder caminar. Testigo de todas sus aventuras amorosas y los corazones rotos que dejó en el camino. Un gusto.-

Paris rió. Alex rió. Y Norman también. Se estrecharon las manos.

- Alex Stone. Un placer.

Norman lo miró extrañado. No quería arruinar la noche de su amiga pero le recordaba a alguien, de la tele quizás. Luego de las presentaciones Norman los llevó a un apartado y antes de que Alex se sentara, Norman le susurra al oído

- Voy a estar vigilándote, no hagas pasos en falso.-y dicho esto le da un fuerte apretón en el hombro.

- ¿Lo de siempre, Parker?

- Lo de siempre. Para arrancar un whisky on the rocks para mí y para el Sr…

- Una cerveza está bien.-

- Luego seguimos con las hamburguesas. Espero que Eric este inspirado y se esfuerce para las hamburguesas. Las promocioné todo el viaje.-le dice con una sonrisa radiante que el viejo no dudó en responder.

- Sabes que Eric siempre esta inspirado, querida. Ya regreso.-

- ¿Un whisky on the rocks no es muy fuerte para alguien... de tu edad?- Alex la mira por unos segundos con las cejas alzadas y Paris simplemente se encoje de hombros mientras saca de su campera una cajetilla de cigarrillos. Él observaba cada uno de sus movimientos. Cuando la muchacha se percata que lo está mirando hace un ademán con la mano para sacar el humo de su primer calada.

- Es zona de fumadores. Norman siempre me tiene reservada una mesa aquí.- Explica la pelinegra. -Toma uno con confianza. No muerden.-Alex niega con la cabeza divertido y saca de sus bolsillos un paquete de Marlboro Box y enciende uno con el encendedor de Paris. De reojo vio que tenía una L gravada.

Luego de la primera calada Alex mira divertido a Paris y para cortar con el silencio para nada incómodo le suelta de pronto.

- ¿Así que corazones rotos? Claro. Era de esperarse. Como si lo tuvieses tatuado en la frente.-

- Esta vez la muchacha ríe con ganas. Actitud que hace sonreír de lado a Alex ¿Es que esta mujer no paraba de sonreír nunca?

- Paris. Como la ciudad. Me gusta, P – el sobrenombre era cómodo, corto y fácil. A Paris le gusto al instante. Pensó un segundo como responder a esa pregunta tácita que el hombre le estaba haciendo. ¿Por qué Paris?

- Mis padres fueron de luna de miel a París, dicen que es la ciudad del amor y ¡claro que ellos se amaban! Querían tener una nena, y nació Logan. No pensaban tener dos hijos pero las ganas de llamar como la ciudad del amor a una nena era el mayor deseo, me buscaron a mí. Y llego Paris al mundo hace un poco más de veinticuatro años.

La mujer era descontracturada para hablar, restándole importancia a una historia tan importante como lo es la de su nombre. Paris era ese tipo de personas que transmitían paz cuando hablaban y te revolucionaba cuando reía. Ciertamente se le achinaban los ojos y su azul penetrante se perdía en la inmensidad del universo.

Habían pasado unas cuantas horas desde que estaban ahí. Casi por las cuatro de la mañana decidieron que tenían que volver luego de haberse abstraído de todo el mundo por un rato. Y todo estaba bien, todo estaba muy bien para ambos

9 de Octubre de 2019 a las 21:29 0 Reporte Insertar 0
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