phoebewilkes Phoebe Wilkes

Oscar ha dedicado buena parte de su tiempo a leer novelas de romance en inkspired para luego poder criticarlas en su página web. Todo parece irle bien, puesto que cuenta con un gran número de seguidores que le apoyan, le hacen recomendaciones de lectura y se muestran encantados con su manera de ensañarse con las obras poco originales. Pero, ¿qué pasaría si, de repente, Oscar transmigrase a una de esas novelas que criticó? ¿Y si aterrizase justo en la peor de todas? No, más que eso... ¿Qué sucedería si reencarnase en la carne de cañón destinada a morir a manos del villano?


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#transmigracion #siglo-xix #comedia #historical #258
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Ocurrió durante una tormentosa noche de agosto. Aunque si le preguntaran, y él mismo pasó un buen tiempo meditando sobre esto, no sabría decir cuál fue el suceso que ocasionó semejante desgracia. Lo único que tenía por cierto es que en un momento se encontraba acostado en su cama, en un pequeño desván que sus abuelos habilitaron para cuando venía de visita en vacaciones y, al siguiente, había sido despertado como un pordiosero: a gritos y sobre un montón de paja en un lugar desconocido.

—Oscar, ¿otra vez haciendo el vago?

Claro que aquella molesta voz no podía referirse a él, ¿cierto? Es decir, él ni siquiera se llamaba así.

—No te vas a ganar el jornal si continúas durmiéndote por los rincones —insistió un hombre de expresión amenazante, acercándose—. Mira que me da igual si eres mi sobrino, ya tienes edad para cuidarte tú solo. Si el patrón tiene alguna queja, no seré yo quien dé la cara por ti. Ya va siendo hora de que cojas un poco de responsabilidad.

El mencionado “Oscar” decidió levantarse en ese instante, quizá asustado al percatarse de que ese individuo al que jamás había visto antes y que proclamaba ser su tío venía hacia él con rastrillo en mano, a saber con qué oscuras intenciones.

—Ahora mismo me pongo con… eh… con eso.

“Con lo que quiera que estuviese haciendo”, fue lo que pensó responder. Pero no le convenía que el extraño con cara de pocos amigos se percatase del estado de confusión en el que se hallaba. Aparte, había algo raro en él. Las ropas de aquel tipo se parecían mucho a las que podría haber visto en las fotografías de alguna exposición victoriana del rural. No, no solo eso, sino que las suyas también.

¿Qué carajo estaba pasando y por qué iba vestido como…?

—Déjalo, ya seguirás luego —El tío pareció calmarse al notar su repentina buena disposición, pero su tono autoritario no cesó al indicar—. Por lo pronto, sígueme.

Oscar hizo lo que le pedía, por la cuenta que le traía, mientras aprovechaba para echar un vistazo a su alrededor.

El sitio donde había recobrado la consciencia era un establo de escasas proporciones, que podría tener espacio para un máximo de tres o cuatro jamelgos. No había mucho que destacar en cuanto a decoración, nada que llamase la atención de un recién llegado como Oscar, que ni siquiera tenía mucha idea de hípica. En el exterior, las anchas calles de la ciudad de Edimburgo se habían desvanecido para conformar un paisaje mucho más agreste. Con una casa aquí y otra allá, amplias fincas separando cada propiedad, aquello se había convertido en un pueblito rupestre que semejaba la mar de apacible.

La fría noche veraniega, en algún punto, se transformó en una soleada mañana de primavera. Y Oscar estaba empezando a asustarse de verdad.

Sin duda, debió ser un error el birlar la botella de ginebra que su abuelo guardaba para ocasiones especiales. Pero dado que había aprobado los últimos exámenes del semestre y, habiendo encontrado por casualidad dicho recipiente, la decisión natural fue premiarse por su esfuerzo. Total, tampoco era como si la ginebra se consumiera en esa casa a menudo. De hecho, solo se hacía en ocasiones especiales. ¿Por qué no quedársela, pues? Sería nada más que por esa vez y, de todos modos, no creía que nadie fuera a notarlo.

Eso por no mencionar que, las escasas ocasiones en las que había probado bebidas alcohólicas en gran cantidad, demostró que tenía buen aguante. ¿Sería entonces que la ginebra estaba mala? ¡Esas alucinaciones que se presentaban ante él no eran normales!

Encima, ahora le había parecido ver cómo un carruaje se deslizaba por uno de los caminos que llegaban hasta la propiedad ante la que se había detenido junto a su falso tío.

Caminos… Esa era otra.

Las carreteras estaban todas sin asfaltar, como si aquella idea de renunciar a pertenecer a la Unión Europea hubiera traído consigo un efecto en cadena salvaje, a tal punto que el país hubiese retrocedido hasta el siglo XIX.

Oscar ni siquiera pudo reírse de semejante pensamiento ya que, cuando estuvo a punto de hacerlo, el carro que estuvo observando se detuvo a escasos metros de él. Entonces, tras saludar al cochero, el tío Gilito éste se adelantó para abrir una puerta por la que comenzaron a aparecer un total de cinco mujeres. Todas ataviadas con vestidos de época y con el cabello recogido en moños que debieron pasar de moda muchas décadas atrás.

El hombre mal encarado ayudó a bajar del carruaje a la que debía ser la señora de la casa. Después, hizo lo mismo con cada una de sus hijas.

¿Acaso era aquello un sueño a lo vintage?

Oscar todavía no se había decidido por una explicación factible cuando la mayor de las chicas le abordó:

—¡He logrado enterarme de la fecha! —exclamó, sin tener en cuenta que su madre la estaba observando con cierto matiz de desaprobación—. ¿No es estupendo, Oscar? ¡Ya podemos planear algo juntos! Porque vas a ayudarme, ¿verdad? ¡Me prometiste que lo harías!

—Madeleine, deja en paz al servicio —la reprendió la señora—. Acordamos que iríamos un rato a casa de los Tanner, pero todavía tenéis lecciones antes del mediodía. Ya tendrás oportunidad de hablar con Oscar cuando la Srta.Groves decida que ya habéis acabado.

—Pero madre, la Srta. Groves nos presiona demasiado con los deberes. Cuando terminemos la lección, será hora de almorzar. Y cuando terminemos de almorzar, esa mujer insistirá en que todavía nos queda por repasar el álgebra o alguna cosa inútil por el estilo, ¡y seguro no estaremos libres hasta la puesta de sol!

A pesar de que Madeleine había protestado de manera contundente, su madre no la escuchó. En cuanto hubo terminado de indicarle el resto de sus obligaciones para ese día, se dio la vuelta para preguntarle a una de las criadas si la institutriz había llegado ya; por lo visto, no solo ya estaba allí, sino que desde hacía un buen rato esperaba a las jóvenes en la habitación de estudio.

La señora de la casa suspiró, pensando en las palabras apropiadas para disculparse con la Srta. Groves por la tardanza. Cuando el cochero puso rumbo hacia los establos, el paisano con cara de mafioso le dijo a Oscar:

—No te quedes ahí parado, anda a ayudarme a desensillar a los caballos.

Oscar dio un paso al frente, de manera instintiva. Seguía sin saber quién diablos era este individuo, pero algo le decía que era mejor no hacerle enojar. En todo caso, no pudo acompañarle de vuelta a los establos como pretendía, porque Madeleine le agarró del brazo en ese momento y no daba la impresión de tener intención de soltarle.

—¿No podemos hablar luego? —inquirió él, preocupado por lo que pudiese pasar a continuación si ella no cedía.

Pero su preocupación era innecesaria, porque después de una simple advertencia por parte de la madre de Madeleine, tanto ella como el resto de sus hijas se encaminaron hacia una mansión cercana y no volvieron a mirar atrás. ¿Qué mierda les pasaba por la cabeza, dejando sola a la que debía ser la preciada primogénita de una familia acomodada con un insignificante mozo de cuadras?

—¡Tiene que ser ahora, si espero me moriré! ¡Y no querrás portar ese cargo en tu conciencia!

A Oscar le hubiera gustado replicar que le daba igual, que ni la conocía. Por ello empezó:

—Pero Madeleine…

—¿Por qué tan formal? ¡Llámame Maddie, como siempre!

—¿Maddie?

—No me digas que a estas alturas vas a empezar a hacerles caso a tus tíos y a tratarme de usted. Ese tipo de formalismos no son necesarios conmigo y lo sabes, ¿o acaso no llevamos compartiendo casa desde que éramos niños?

No, eso no era cierto, la lógica se lo decía. Aunque, para Oscar, todas aquellas piezas que conformaban un intrincado puzle estaban, poco a poco, comenzando a conectarse. El empleado de las caballerizas que clamaba ser su tío, la mención a una institutriz de nombre Groves, la dama de fino porte con sus cuatro hijas, una de las cuales llamada “Madeleine”… ¡Todo eso lo había escuchado en algún sitio! Bueno, no escuchado. Leído, sería la palabra apropiada.

—Ah, perdona —Pese a que Oscar todavía no estaba al cien por cien seguro de que su deducción era acertada, decidió seguirle corriente a aquella impulsiva chica—. ¿Qué era eso tan urgente que no podías esperar a contarme?

Alguien perceptivo hubiese instado a Oscar a contarle sus problemas, pero ese no era el caso de Madeleine, quien obvió por completo tal menester y procedió a explayarse sobre sus propios asuntos:

—¿Recuerdas que te comenté que Sophia había vuelto de Londres? Pues bien, ya que padre es un tacaño que no entiende la importancia de asistir a la temporada social cuando esta comienza, he tenido que pedirle a mi querida amiga que me mantuviese informada.

—Temporada social, dice… —repitió Oscar para sí, espantado.

Sabía bien que aquello consistía en un compendio de ostentosas celebraciones que organizaban los ricos en las grandes ciudades. Ahora bien, eso era cosa de un pasado lejano. De algún modo, era como si hubiese sido trasladado a una novela de época.

—Está a punto de acabar, me temo —corroboró Madeleine—. Por eso era importante que Sophia me pusiese al tanto de los bailes y las personas con las que se topó en la capital. ¡Me niego a pasarme anclada en este pueblo de mala muerte otro año más! Pero estuve de suerte, te digo: durante su estancia en Londres, Sophia estuvo hablando con unos conocidos suyos y averiguó no solo la fecha sino también el lugar donde se organizará el mayor evento de la temporada.

—Y supongo que querrás acudir, a pesar de lo que pueda decir tu padre.

—¡Obvio que quiero! ¿Sabes quiénes son los anfitriones? Oh, creo que te lo comenté cuando salieron en el periódico la última vez. Pero lo repetiré de todos modos, ¡son los condes de Summerfield, nada menos! Lord Summerfield ocupa un cargo importante en el Parlamento y su esposa siempre organiza los mejores bailes en todo Londres. ¡Si eres alguien en este país, no debes perderte su baile de fin de temporada!

—Pues me parece que tú vas a perdértelo, incluso aunque tu padre te diera su beneplácito. ¿Lores, dices que son? En tal caso olvídate. Seguro que necesitas una invitación para que te dejen entrar.

Madeleine mostró una radiante sonrisa.

“Ah, así que era eso lo que quería…”, pensó él, incómodo.

—Por favor, Oscar —pidió, aferrándose a su brazo de nuevo—. De no ser porque tú tienes una letra más bonita que la mía no te lo pediría, pero sabes que yo soy un desastre para estas cosas. No hay modo de que yo pudiese falsificar un documento y salir impune de ello.

—De modo que ese era el plan… Pero si lo hiciera, sería yo quien estuviese cometiendo un acto de escasa moral, ¿no crees?

—¿Escasa moral, por qué? Te limitarías a ayudar a una amiga en apuros, nada más.

—Y para ello tendría que colarme en el despacho de tu padre para conseguir el papel y los sobres necesarios.

—Puedes hacerlo cuando él no esté en casa. Si tienes miedo de que alguno de los otros criados entre mientras estás en ello, no te preocupes, ¡yo les puedo distraer!

—Luego está la parte del sello, ¿sabes cómo es el de la casa Summerfield? Si el sobre no lleva una perfecta réplica del mismo, nos pillarían en el acto.

—E-eso no importa. Mis padres no saben cómo es el sello de todos modos, con tallar algo similar bastará. Para cuando se den cuenta del engaño, yo ya habré ido y vuelto de Londres.

Oscar suspiró con hastío. No llevaba ni cinco minutos hablando con esta mujer y ya estaba aburrido.

—¿Y qué pasa con quienes estén guardando la entrada del edificio donde se celebrará el baile? Quizá puedas engañar a tus padres con una falsa misiva, ¿pero crees poder burlar a la gente que trabaja para los Summerfield?

—¡Ya pensaremos en eso! Ahora la prioridad es que mis padres se lo crean para que me dejen ir a la ciudad. Cuando estemos allí, ya veremos cómo solucionamos eso.

Llegados a este instante, él ya podía decir con total certeza dónde se hallaba. No estaba en una pesadilla de época y tampoco en una novela de Austen, ¡ya le gustaría! En realidad se encontraba sumido en la peor novela online que había leído en su vida. Una bazofia de vergonzoso título y personajes cuyos infortunios se podrían haber evitado si los mismos tuviesen siquiera media neurona.

Y lo que era peor, el tal “Oscar” no era sino un personaje carne de cañón que moría en el capítulo cincuenta y tres.

—¿Qué me dices? —inquirió la protagonista femenina de aquel cliché romántico—. Me ayudarás, ¿verdad?

En la novela, el Oscar original accedió a su petición sin dudarlo, pues estaba enamorado de ella y su rutina usual era la de concederle todos los caprichos, por irracionales que estos fuesen. Pero éste no era el Óscar original y, lejos de tener sentimientos de afecto hacia Madeleine, lo que sentía era una tremenda repulsión hacia todo lo que ella representaba.

Por tanto, no tuvo ningún reparo en negarse, sin importarle sonar cruel.

—Pero Oscar, ¿cómo no me vas a ayudar? ¿Ya no somos amigos? —Madeleine parecía estar a punto de llorar—. Siempre has estado ahí cuando te necesité, ¡no puedes irte sin más cuando estoy sufriendo!

—¿No puedo? Bueno, será mejor que te acostumbres, porque esta será la primera vez de muchas.

Tras decir esto, Oscar comenzó a caminar hacia los establos, ignorando la rabieta de una Madeleine que, como él supuso, era demasiado orgullosa para seguirle.

7 de Octubre de 2019 a las 19:21 10 Reporte Insertar Seguir historia
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𝐂𝐇𝐄𝐑𝐈𝐄 𝐀𝐑 𝐂𝐇𝐄𝐑𝐈𝐄 𝐀𝐑
¡Buenísimo comienzo! Lectora nueva. <3
Rosa Emilia Rosa Emilia
Desde hace mucho tenía ganas de leerla y veo que no me equivoqué. Ya de entrada me encantó y me parece muy buena.
Becca Blume Becca Blume
El psicoanalista es mi favorito hasta ahora :)
October 15, 2019, 02:28
Becca Blume Becca Blume
Wow! Apenas va empezando y ya quiero saber que más sigue xD está bueno este primer capítulo! Me encanta tu redacción, me atrapó, Y mira que es difícil!
October 08, 2019, 07:41

  • Phoebe Wilkes Phoebe Wilkes
    Me alegro de que te esté gustando. Muchas gracias por leerla :D Ah, me alegro de encontrar gente exigente por aquí (porque yo también lo soy) :´) October 10, 2019, 14:48
  • Becca Blume Becca Blume
    No es nada :) con gusto seguiré leyendo!! esperaré con paciencia cuando actualices XD jajaja si n.n es muy bueno encontrar buenas historias... A veces duro mucho sin leer porque nada me trae chiste xD October 11, 2019, 06:13
  • Phoebe Wilkes Phoebe Wilkes
    Yo no digo nada, pero esta novela la estoy subiendo a wattpad y allí ya llevo como 20 capítulos... :´) Me pasa como a ti para leer. Encima tengo gustos muy particulares (por ejemplo, las tramas centradas en un romance me aburren, y eso es lo que más abunda), así que me es difícil encontrar cosas que me gusten. Llevo tiempo que ya ni lo intento siquiera October 11, 2019, 13:40
  • Becca Blume Becca Blume
    Wow! Wattpad está repleto de historias raras xD es raro el escritor que se luce. No me gusta el romance. Así. Simple. Tal como dices, también me aburre xD Últimamente le tomé el gusto al género policíaco, John Katzenbach me encanta... Y he tratado de leer otras novelas de otros escritores pero.. wow enserio que no paso del primer capítulo :( October 11, 2019, 20:13
  • Phoebe Wilkes Phoebe Wilkes
    Tú eres de las mías pues. El policiaco es mi género preferido para leer (aunque nunca leí a ese autor, he de probar) ^^ October 14, 2019, 17:45
~

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