La falsa bruja Seguir historia

nels-smith Neus Luna

Son muchas las personas que afirman haber encontrado un mundo más allá del bosque en el que no existe la muerte ni la vejez. Un reino extraño dominado por la magia y gobernado por siete terribles emperatrices que lo dirigen con mano de hierro. Cuentan las leyendas que un dia, una joven extranjera cruzó la linde del bosque junto a su perro para tratar de usurpar el trono vacío de una emperatriz desaparecida, proclamando como propio un poder robado. Son muchas las personas que afirman que de la alegre Cassandra, nunca se volvió a saber más.


Fantasía Todo público.

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Prólogo: La chica que soñaba al borde del infinito

Para cuando puedes darte cuenta de cómo funciona el mundo ya no tienes oportunidad de cambiarlo. El tiempo ha pasado como arena entre tus dedos y los cabellos han ido cayendo, cada vez más blancos, mientras la vida seguía rodando sin parar sobre tus espaldas.

Durante todo el tiempo que estuvo tumbada sobre aquel colchón que ya conocía tan bien, la idea del tiempo devorando a sus hijos no dejó de rondar la cabeza de Marina. Las horas, los minutos, las pequeñas eternidades perdidas entre las agujas del reloj... ¿Cuánto faltaba para que viniera La Muerte a buscarla? El hombre siguió empujando, sudando sobre la piel morena, sobre la chica que miraba al infinito con la mirada perdida. Al principio había sido emocionante. Un profesor enamorado de su alumna, un hombre mayor que ella pero aún joven, interesado en lo que tenía que decir, en lo que tenía que ofrecer. El primer beso, dulce y secreto bajo el sol del mediodía, le había sabido a gloria y a pecado. Las caricias le quemaron los hombros y la cintura, marcando a fuego en su memoria el recuerdo durante semanas antes de su segundo encuentro.

Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, la emoción comenzaba a gastarse. Él ya no parecía tan atractivo ni tan inteligente. El ángel del conocimiento, transformado en un cerdo jadeante que se movía mecánicamente sobre ella, realizando una y otra vez la misma danza siniestra que solo explotaba de placer en una de las dos orillas del río.

Mientras pequeñas gotas de saliva escapaban de su boca él le decía que su cabello rojo era hermoso, que sus ojos azules contrastaban sobre su piel canela, que era la chica más inteligente de la clase, que era irresistible.

Y al principio ella, se sentía halagada.

Pero luego miraba a sus compañeras de clase. Estudiaban como ella. Soñaban, gritaban, lloraban, se enamoraban de quien no debían. ¿Cuál era la diferencia entre ellas?

¿Por qué solo una podía ser la favorita del profesor?

Marina siempre fue diferente, pero no solo por su físico. Cualquiera que estuviera cerca de ella unos instantes podía notar como una parte del mundo orbitaba sobre su cabeza. Algo se movía cuando ella se movía; algo fuera de ella latía cuando su corazón palpitaba. Y ahora, en la adolescencia, esta diferencia que le había permitido vivir cosas que parecían imposibles la estaba desgarrando por dentro.

La hora de destapar ese algo que la maravillaba y la atormentaba a partes iguales había llegado.

Una noche, después de uno de sus encuentros furtivos con el profesor, Marina tuvo lo que algunos llaman un sueño profético. La voz de una chica llamando a su perro la despertó de un profundo letargo en el lecho del bosque. Descalza, caminó sobre la hierba hasta el río, donde un monstruo gigantesco trataba de devorar a otra persona. Temiendo lo peor, quiso echar a correr para ayudarla, pero no pudo moverse. Sus pies, clavados firmemente en la tierra, habían comenzado a tornarse oscuros. Antes de que las fauces de la bestia se cerraran sobre su víctima, escuchó una melodía elevarse hasta el cielo, procedente de todos los rincones del bosque. Al prestar un poco más de atención pudo distinguir el mensaje de una canción. La voz era hermosa pero extraña, tan sublime que hasta el mismísimo Cerbero se había detenido para escuchar.

Parches, Parches, Parches...

¿Así de llamaba aquel animal?

Marina cerró los ojos para tratar de entender la canción y sintió que algo más la llamaba a lo lejos, desde la oscuridad.

La lengua húmeda y caliente del profesor destrozó el encantamiento para poseerla, alejándola de su sueño, alejándola de todo lo que la invitaba a adentrarse en el país de las maravillas.

Pero esta vez era importante. Tenía que concentrarse.

Una mujer sonriente, de cabello largo y negro la miró a través de los hilos de un telar. Sus ojos castaños parecieron encontrarla a través del tiempo y del espacio, detrás de la cortina del ensueño. Un hombre algo mayor, con una característica barbilla puntiaguda y una sonrisa enorme abrazó a la mujer repentinamente, sobresaltándola. Luego miró también hacia Marina, pero sus ojos no pudieron encontrarla. Le escuchó preguntar que a dónde estaba mirando pero no tuvo tiempo de escuchar la respuesta.

Una espada atravesó el pecho de Marina, manchando de sangre la escena que tenía ante sus ojos. Al mismo tiempo, la mujer del telar comenzó a desaparecer poco a poco, deshaciéndose como un papel quemado por las llamas. El hombre de la barbilla trató inútilmente de agarrar los últimos pedazos de ella hasta que sus gritos volvieron a convertirse en la hermosa canción de antes. Supo que el bosque había ardido, que el perro se había perdido, que la música había empezado a perderse en la nada.

Dolorida, tratando de no mirar ni tocar lo que atravesaba su pecho, Marina giró la cabeza para ver quién la estaba matando. Pero solo vio una máscara negra perderse entre las sombras antes de despertar.

—¿Estás bien? —preguntó el hombre que dormía a su lado, con cara de angustia.

—Estoy bien. Solo ha sido un mal sueño —respondió ella, tratando de restar importancia a la situación.

—Estabas gritando como una loca —comentó él, encendiendo la luz de la mesita.

Marina no había recordado gritar ni una sola vez en su sueño, pero sí notó que tenía la garganta reseca.

—Da igual, serán locuras de las mías. No te preocupes.

—¿Estás ansiosa por pasar la noche en mi apartamento? Entiendo que todo esto...

—Estoy bien —repitió ella, algo cortante.

—Bueno, mañana volverás a casa. Tus padres llevan mucho tiempo creyendo que estás en casa de una amiga de todas formas. Olvida los malos sueños, mi vida. Mañana será otro día.

***


Pero Marina no pudo olvidar. En todos los reflejos la veía a ella, la mujer del telar, mirándola a través de sus propios ojos como si estuviera dentro de su cabeza. Pasó unos días así, creyendo que se volvería loca hasta que una noche, volvió a soñar.

Esta vez era un chico de cabello blanco el que la miraba. Los ojos violetas transmitían cierta melancolía, quizá algo de ira, pero también una bondad especial. Ese tipo de bondad que a ella le sacaba de sus casillas. El perro de la otra noche parecía dormir profundamente a los pies del hombre, hecho un ovillo. Le sorprendió como una fiera podía cambiar tanto de un momento para otro.

—Por fin te encuentro—le dijo el chico, sonriendo.

La muchacha quiso responder, pero de su boca no salió ninguna palabra.

—¿No me contestas? ¿Qué te pasa? —preguntó él, algo triste.

Ella trató de hablar nuevamente, pero algo no iba bien. Marina se llevó las manos a la garganta y quedó horrorizada. Allí donde antes había piel ahora había madera. Todo su cuerpo había comenzado a agrietarse y retorcerse, transformándola poco a poco en un algo que ya no era humano.

Alargó la mano para pedir ayuda y sus dedos crecieron y se enroscaron sobre sí mismos.

—¿Por qué ya no me hablas? —preguntó el chico de cabello blanco.

Ya no tenía boca para hablar, no podía contestarle ni gritarle las palabras de angustia que se arremolinaban en su pecho. Dos lágrimas cayeron de donde solían estar sus ojos y en un bosque, en algún lejano bosque de algún lejano planeta, una fina lluvia comenzó a llorar sobre las copas de los árboles.

5 de Octubre de 2019 a las 22:58 0 Reporte Insertar 0
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