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Programa de Cocina

Tuvo dudas por un momento, intentando saber si lo que estaba haciendo sería visto como algo correcto. Él considera que sí, siente que es un derecho inalienable. Por lo tanto, nadie tendría motivos para juzgarlo. Entonces, y sólo entonces, ¿por qué los presentes lo veían con asco y una total repulsión a su decisión? Cada individuo sobre esta tierra tiene derecho a comer lo que más le plazca. Aunque parecía bastante ilógico (realmente lo es), aquel chef de televisión, cuyo programa siempre había sido considerado uno de los mejores, ahora es visto como un maldito lunático.

Pasado el momento de impresión e incomodidad, el chef se dispuso a probar la comida. Todos en el público sintieron náuseas, algunos llegaron al vómito inmediato.

—Tiene un gran sabor—explicó el chef—. Incluso me confiaría de decir que su sabor es parecido al cerdo.

El presentador del programa decidió encender una segunda hornilla, la dejó calentar por unos minutos. Cuando vio que ya estaba lo suficientemente caliente, fue hacia su depósito de carne. Dentro del enorme frigorífico, se vio el cuerpo inerte del dueño del canal.

El chef cortó un trozo de su estómago, percibiendo su contextura y color. Apreciando lo que considera una maravilla, la puso en la sartén combinada con aceite.

Percibió el olor, se relamió los labios con ello. Dentro de sus pensamientos, se sentía orgulloso por este logro. Había encontrado el punto perfecto para cocinar a ese hijo de puta, lo tenía bastante claro.

Su audiencia no logró entender su gran punto de vista, ni mucho menos saber por qué lo hizo. Sólo se limitaron a juzgar sus acciones, sin pensar un momento qué lo llevó a eso.

Si supieran que ese mismo hombre le había arrebatado a su pequeña niña, la cual había muerto para cumplir con el fetiche de ese monstruoso hombre... Ya nada importaba, estaba hecho. La policía pronto llegaría por él, acabaría en una prisión, donde ya nadie más le haría daño.

Donde ese maldito hijo de perra no lo volvería a molestar, donde por fin descansaría en paz.

Para concluir con la transmisión del día, se ubicó en la parte central del set. Acto seguido, dio sus últimas palabras:

—Espero que hayan tenido un agradable día en la cocina, nos veremos en el Infierno, queridos televidentes. Hasta pronto.

Hizo un gesto con la mano, dando una señal de despedida.

Finalmente, tomó su cuchillo de cocina y se lo clavó en el cuello. La sangre manchó su uniforme blanco, además del suelo reluciente.

Ninguno de los presentes pudo consumir o tan siquiera probar el sabor de la carne luego de eso.

5 de Octubre de 2019 a las 19:24 0 Reporte Insertar 0
Fin

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