Cazador de Historias Seguir historia

lukagarces Luka Garces

Cuando recorres el mundo te encuentras con diferentes historias, las agradables, las tristes, las amargas y sin sentido, las apasionadas y romanticas... todas son simplemente el sentir de aquellos que viven y que desean que su huella no se olvide. One-shot de diferentes parejas. Disclamer: Los personajes no me pertenecen son de distintos mangakas, o autores de libros con excelentes historias.


Fanfiction Anime/Manga No para niños menores de 13.

#amor #lgtb #fanfiction #343 #de-todo
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El Cazador

—Buenas noches —saludó el hombre pasándome la carta para que solicitara algo de comer. Estoy cansado pero llevo casi 24 horas sin probar alimento, así que decido suplir una necesidad para poder disponerme a complacerme con la otra.

Por costumbre veo los precios incluso más que los nombres de los platos que los tienen, mi bolsillo debe soportar hasta la próxima quincena y si las cosas siguen como hasta ahora, puede bien ser a mitad de mes o al final de este.

Con una sonrisa le pido lo más económico que encuentro, no sé ni como se pronuncia, pero desde que llene un poco mi estomago, estará bien.

Saco mi celular y observó los mensajes de mi jefe, es una rutina que se repite cada vez que se acerca la fecha de publicación.

«Nuestro estilo de vida» recapacito, uno al que ambos nos hemos acostumbrado. Igual tendrá su historia antes de la fecha límite y yo mi sueldo unos días después de lo acordado.

El mesero me sirve algo que por lógica se que es mucho más costoso de lo que pedí. Lo miro y me preparo para hacerle el reclamo, escribe la factura y me la pasa marchándose rápidamente.

Leo el papel esperando que no arranque todo lo que tengo en mi cartera, sonrío y lo guardo en mi billetera, una que en ocasiones pienso debería apodar "papelera".

Tomo la servilleta de tela y la ubico en mis piernas, doy gracias por mis alimentos y me dispongo a comer con gusto, más porque esa noche ya se quien será mi narrador.

El cazador


Relato 1. La historia de Alec.

Me senté a esperarlo en la parte de afuera del restaurante para agradecerle por la atención de la cena. Al salir me extendió un caliente café, sin hacerme de rogar lo tome para poder comenzar a caminar hacia donde se dirigía.

Su apartaestudio era de dos ambientes, aunque pequeño se veía acogedor. Me ofreció ocupar el cómodo sofá mientras iba por una manta.

Me miró como un niño pequeño tratando de descifrar el truco de un mago. Suspire y rebusque mi mochila mi objeto de trabajo, colocándolo sobre la mesa que nos separaba encendí la grabadora.

—Bien, te escucho.

📷

Subió al coche después del susto que me había dado.

No todos los días algo parecido a la chica del aro golpea la ventanilla de tu auto y casi te mata tras aparecer de la nada en medio de la carretera. Arranque tan pronto escuche los gritos y ladridos, no sé de quién escapaba, pero lo cierto es que yo no me iba a quedar ahí para ser linchado con mi ahora pasajero.

Fueron los cincuenta minutos más largos de mi vida, descansé cuando vi un hotel en el camino. Necesitaba bajar del vehículo, entre el cansancio y el maldito olor que desde hacía rato percibía, me estaba mareando.

No me detuve a preguntar, solamente me desvié y parqueé para abrir la puerta e indicarle que debía descender. Fue la primera vez que oí su voz.

—Necesitamos seguir, yo...

—Yo necesito descansar, llevo casi veinticuatro horas sin dormir —respondí de manera brusca— si quieres marcharte puedes hacerlo.

El aire me relajo. Ingrese seguido del que ahora sabía era un hombre un poco más bajo que yo y cuya ropa parecía una o dos tallas más grandes a la propia. Pedí una habitación con dos camas, pregunte si aún había servicio al cuarto y solicite algo para comer. Haciéndole una seña lo vi seguirme por las escaleras sin pronunciar palabra.

—Mi nombre es Mikhail, si necesitas algo puedes pedirlo sin problema. Por ahora te aconsejo tomar un baño. Lo necesitas.

Afirmó con la cabeza. Se veía bastante sucio y advertí que el olor provenía de él.

En lo que entró al lavabo, llame a mi casa para informar que volvería para el amanecer del día siguiente.

No estaba tan lejos, pero tampoco podía decir que me encontraba en un hotel con un fugitivo, y por el cansancio lo más posible es que dormiría hasta mediodía.

Escuché los golpes en la puerta, recibí el pedido que consistía en unos emparedados, papas a la francesa y dos refrescos. Devoré el mío y dejé su parte en la mesa. Se demoraba, tal vez debía darle espacio y tiempo. Me cambié, entre al baño y recogí su ropa para depositarla en la bolsa para la lavandería. Observe la cama con ansia y sin mucho problema me lance como un crío en medio de las cómodas cobijas, en cuestión de segundos quede dormido...

El olor a chocolate y vainilla me envolvió por completo, sobre mi pecho pude sentir el roce de unos dedos. Abrí los ojos para encontrarme con la visión más hermosa del mundo.

El joven se levantó para despojarse de la bata blanca que dejaban en algunas de las habitaciones de estos hoteles de paso. Solo pude tragar con dificultad e incorporarme con lentitud para quedar recostado por la presión que hizo su cuerpo sobre el mío.

El negro cabello era el complemento de toda su constitución, su piel era clara y el cuerpo estaba magníficamente esculpido. Tomo mi mano para que recorriera su pecho y abdomen, era firme, pero tenía que aceptar que demasiado sensual. Lamí mis labios para con vergüenza buscar su rostro. Los ojos marrones envueltos en las largas pestañas y las finas facciones de verdad que me deslumbraron.

Dejando caer su cabellera de lado, coloco su mano sobre mi rostro deslizando sus dedos hasta mis labios. Al diablo cualquier prejuicio, lo atraje hacia mí y con el mayor de los deseos lo besé.

Nunca había probado un cuerpo más delicioso, cada gemido me enloquecía y me hacía querer más de él. El cansancio se fue por completo, solo pensaba en quien tenía debajo, encima, al lado de frente y de espaldas mío.

¿Podía alguien ser tan sensual? La pregunta era otra, ¿podría volver a estar con alguien después de tenerlo?

Caí a su lado totalmente rendido, ahora si necesitaba descanso, pronto amanecería y debía estar lucido para poder manejar. Así que acomodándolo entre mis brazos bese su hombro para decirle que descansáramos.


Los golpes en la puerta me indicaron que debía levantarme. Abrí los ojos para encontrarme solo y desnudo en la cama.

Pedí que esperaran. Al salir me avisaron que tenía una hora para hacer el registro de salida y querían saber si me quedaría o si entregaría la habitación. Respondí que la segunda, pregunté por la ropa que había dado a lavar la noche anterior. La camarera me dijo que si había encontrado el empaque pero que no había nada dentro.

Pensé que era una broma de mal gusto, pero en la habitación no había rastro de mi acompañante. El baño estaba completamente seco, la bata doblada perfectamente y el segundo plato de comida sin tocar.

Me vestí y recogí mis cosas. En la recepción el mismo hombre que me había dado la bienvenida se hallaba detrás de la barra.

—¿Vio salir al chico que venía conmigo anoche?

—Usted llegó solo señor. —La respuesta me dejó sin palabras. Coloqué las llaves sobre el mesón y retrocedí para salir y dirigirme al auto.

No podía ser un sueño, yo lo había visto, lo bese, lo ame...

Antes de llegar a la puerta un anciano que se presentó como el dueño del lugar, me detuvo.

—No está loco, él lo eligió para ser su amante, esta es su época de celo— si antes no entendía, ahora menos.

Lleve mis ojos hacía donde su dedo indicaba, era una vieja pintura de un dragón y mi bello...

—Feilong.


Regrese al hotel donde un año atrás me había bajado a pasar la noche más extraña de mi vida.

Nada parecía ser lo mismo. Pregunte por el dueño. En la medida que lo esperaba busque la conversación con el joven de unos veintitantos años que atendía la recepción. Pocos minutos después un hombre de aspecto desagradable se acercó presentándose como el propietario.

Con una sonrisa le hable del anciano que dijo serlo meses atrás, la respuesta grosera me mostró que parecía un orate. Disimuladamente me dejó advertir el arma en su cintura, con una reverencia me disculpe diciendo que tal vez me había equivocado.

Me despedí encaminándome a la puerta seguido por ambos, fue cuando lo vi. El cuadro de aquel día. Solicite permiso para aproximarme y nuevamente pormenorizarlo. Mi cara se lleno de regocijo al notar el cambio en la pintura.

Con tal de que me marchara accedieron a que le tomara una fotografía.

No necesitaba volver más a ese lugar... tan pronto llegara a mi destino imprimiría el regalo de mi dragón: Mi hijo.



Relato 2. Dos viajeros.

Mi última visita fue agradable, Alec resulto ser un buen muchacho.

El bus se detiene en una estación que prácticamente parece sacada de una película de terror. Entro en el baño y tropiezo con un hombre alto de cabello castaño, sus ojos son almendrados y pide disculpas incluso antes de que yo lo haga. Me siento apenado porque yo fui quien cometió el error, no obstante, me pide que al terminar lo acompañe como desagravio por lo ocurrido. Sin saber porque asiento.

Ahora me encuentro frente a él y a un hermoso hombre de ojos azul grisáceo. Casi en un impulso pido permiso prendiendo la grabadora de sonido de mi celular.


📷

Llegó con toda la intención de conseguir el contrato del siglo. Si podía hacer que él firmará la propuesta que llevaba para poder promocionar sus películas en Hokkaido, sería un éxito personal y para su padre.

Cuando ingresó al salón, sonrió al ver el lujo y las caras conocidas y admiradas durante sus años de adolescencia y actual madurez, para su infortunio la clase y el dinero contrastaban con la sencillez con que iba vestido. Se arrepintió de no haber alquilado el esmoquin, pero ya no había nada que hacer.

Cerca de la media noche, la puerta del lugar se abrió para dar la entrada a un hombre de cabello castaño, con visos rubios y unos hermosos ojos color miel. Ese era su objetivo, el CEO de Films World Empire. Los presentes lo vieron pasar entre ellos para saludar afablemente a cada uno de los debutantes y los profesionales.

Yokozawa Takafumi procuró tomar fuerzas para poder hablar tan pronto tuviese el espacio. Pensó que no podría tener los años que decían, ya que no aparentaba ni siquiera tener cuarenta.

Apuró la última copa de vino y se encaminó hacia el hombre que felizmente charlaba con los productores del anime de moda.

—Señor, ¿podemos conversar? —el hombre lo miró sin borrar la sonrisa de su rostro. Girando completamente para quedar frente a él, preguntó provocando la burla de los demás.

—Y tu ¿de dónde saliste? —la pregunta lo llenó de ira pero no era el momento ni el lugar para perder los estribos, así que sacando su tarjeta, se la ofreció con una venia. El castaño la recibió y leyó en voz alta.

Sus acompañantes negaron conocerlo, el CEO devolvió el papel procediendo a jugar un poco con él. Claro que sabía quién era, desde que por casualidad lo había visto al ingresar esa noche a la compañía, se sintió atraído por la fuerza y la sensualidad que irradiaba aquel joven.

Más por la desesperación de perder lo que con tanto esfuerzo había logrado y escuchar las frases de lastima de sus familiares, Yokozawa sujetó la manga del traje del anfitrión.

—Por favor... Solo un momento.

El CEO arqueó una de sus cejas, y accedió a la conversación. Hacía años que nadie le llamaba la atención y ver la inocencia en los ojos de su invitado logró hacerlo.

Entraron al privado, al cerrar la puerta lo detalló. Era un poco más bajo que él, llevaba un traje común, pero que ajustaba perfectamente en donde debía hacerlo. Invitándolo a sentarse, apoyó sus codos en la mesa para entonces colocar encima de las manos entrecruzadas su mentón. Fue agradable ver cómo el hombre mordió sus labios y sentir el acelerado golpeteo de su corazón, la sangre fluyendo por las venas que se tensaban por los nervios y el temor al rechazo. Relamió sus labios procurando no lanzarse encima de quien sin saber se ofreció como su presa.

Ajeno a la inspección de la que era víctima, Takafumi terminó de sacar los papeles que le interesaba presentar, para comenzar el discurso de vendedor. El castaño siguió sus movimientos y procuró no perder interés en su charla, pero realmente se quedó absorto en los ojos gris azulados y en el negro petróleo del cabello que bien parecía el plumaje de un cuervo. Sintió curiosidad por saber si la piel debajo del traje era del mismo color de la que escasamente se mostraba en su cuello y brazos. Cansado de divagar, decidió concluir con el discurso.

—Si aceptó ¿qué obtendré a cambio? —Yokozawa buscó en la carpeta y le mostró el presupuesto. El CEO negó con la cabeza. Desorientado el vendedor no entendió el sentido de la pregunta.

El castaño sonrío, no sabía si lo que tenía al frente era la mejor actuación vista en años o si el hombre era tan despistado que no había comprendido la forma como dijo sus palabras.

Rodeando la mesa, se colocó al lado de Takafumi que no pudo evitar percibir incomodidad por la mano que se deslizó por su rostro, por instinto se echó para atrás y lanzó un manotazo. La risa del CEO hizo que se levantara y recogiera todos los documentos, había perdido el tiempo.

—Ya que lo entendiste, entonces piénsalo —el desconcierto en los ojos azules le hizo querer tenerlo de inmediato. —Acepta pasar esta noche conmigo y en recompensa, yo, Kirishima Zen como CEO de Films World Empire, te daré la franquicia para comercializar todas las películas de la compañía, con un porcentaje de representación 15% para nosotros.

—¿Me asegura que no es una trampa? —soltó sin ser consciente de la pregunta.

La franquicia total y una ganancia mayor a la esperada. Takafumi aceptó que era una propuesta irresistible... La voz en su oído y la mano alrededor de su cintura concluyeron con su indecisión.

—Irresistible no Takafumi... —palideció ante la solo idea de haber sido descubierto en sus pensamientos— aceptar mi propuesta para ti es inevitable...

Su cara fue tomada por los largos y suaves dedos del representante legal de la compañía, percibió como sus labios eran presionados y como su boca se abrió dándole paso a una experta lengua que se paseó con total sensualidad.

Solo la falta de aire hizo que se separara, no mucho, porque ya el otro lo tenía prácticamente recostado en la mesa, las ágiles manos fueron despojándolo de su saco y corbata de manera rápida. Decir que no se estaba dejando llevar era mentira, pero no por el dinero, sino por la magnífica sensación de deseo que nadie jamás le había transmitido. Ese goce suministrado por quien ansia la unión con el ser de su gusto.

El CEO, al que ahora podía dar un nombre, pasó su mano por sus músculos abdominales. Sintió vergüenza por la mirada lasciva que Kirishima le brindaba, el hombre abrió la bragueta de su pantalón y solo bastaron unos minutos para quedar completamente desnudo. La vergüenza por la facilidad con que había caído en su juego lo sonrojo aún más que el gemido soltado cuando la mano del castaño apretó su miembro. Solo en ese momento pensó si valía la pena llegar a ese punto por un contrato... un doloroso pensamiento le paralizó ¿si como amante no era suficiente? Nunca supo cómo actuar en esas situaciones, solo esperaba que las cosas se dieran con naturalidad; además, los recuerdos pasados de las noches que compartió con su expareja, mantenían como constante su estado de ebriedad.

—¡Ahh! ¡Mmm! —los labios del hombre en su falo lo hicieron volver a la realidad. Puso su mano sobre su boca para evitar ser escuchado, cada quejido que daba era ahogado mientras su respiración se hacía más irregular. Arqueó la espalda cuando el intruso dedo ingreso en su esfínter, y apretó con fuerza por la extraña sensación.

Kirishima continuó estimulándolo mientras esperaba que estuviese lo suficientemente preparado para recibirlo. Subió a la boca de Yokozawa quitando la mano que la cubría y gozando de un nuevo beso que atrapó el grito propio de la penetración. Hubiese querido decir que no estaba tan embelesado como su presa, pero en tantos años de goce pagano, corazones puros como el del ojiazul eran difíciles de hallar. Por eso no pudo evitar reír cuando el hombre enredo sus piernas sobre su cintura y empezó a empujarse por sí solo buscando mayor placer.

—Deja de ser tan malditamente sexi —susurró a su oído obteniendo un gimoteo más alto que no dejó que cubriera. Escuchar su voz hizo que las embestidas fueran más rápidas, más fuertes, y su deseo de alimentarse mayor. En el punto máximo de su aventura hincó sus dientes saboreando el elixir que el hombre bajo él le ofrecía.

Takafumi lo dejó beber sin reservas, su cuerpo palpitaba llevándolo a un nuevo éxtasis con cada succión. Realmente ya no fue consciente si lo hacía por la oferta económica o por el simple deleite que le brindaba el CEO de la compañía que quería representar.

Las lamidas en su cuello le indicaron que había terminado. Al levantarse la fría expresión le hizo bajar la mirada, era un estúpido por creer que podía competir en un mundo como ese.

Procuró vestirse con rapidez siendo observado atentamente por el otro. Cuando creyó que podía marcharse, la voz del hombre le confirmó su temor...

—Voy a tener que retirar la oferta...

Apretó los puños y pidió no llorar, por lo menos quedar con algo de dignidad. Volteó para encontrarse con la pícara sonrisa del CEO...

—No quiero que sea una noche... sino por toda la eternidad.



Relato 3. Amigos... amantes.

Estoy en Rusia, años de no venir a esta ciudad, y ahora me envían de la revista para poder cubrir un evento deportivo.

En la pista veo a un rubio moverse al ritmo de la música fascinado por las notas que el joven DJ que parece colocar las pistas únicamente para él.

Por más que desee ignorarlos algo me impulsa a seguir observando la pareja. A medianoche el turno de quien está en la tarima concluye y baja recibiendo a quien salta sobre su cuerpo y le besa en la mejilla como si fuera una mascota.

Mis pasos se dirigen a ellos y con una sonrisa felicito al hombre presentándome para hacerle una entrevista y darlo a conocer por medio de un artículo. Es cuando los reconozco, los años no pasan en vano, delante de mí se encuentra la pareja que desde hace unos meses no dejan de ser noticia en las redes sociales: El Héroe Kazajo y la Hada Rusa.

📷

Cerré la cafetería, nuevamente estaría a solas con el gato callejero que se había mudado a mi casa desde que llegue a la ciudad. Lástima que al igual que tantas cosas en mi vida era un pasajero que me abandonaba cuando le daba la gana. Sabía su nombre por el collar que entre tanto pelo pude encontrarle, pero de ahí, nada.

Esa noche llovía, me coloque los audífonos y comencé la mezcla, me fascinaba imaginar que el Tigre de Hielo se movía al compás de ellas, que al escucharlas entendería lo que desde hacía tiempo sentía por él. Tantos años habían pasado desde ese día en Barcelona, que ya podíamos declararnos como desconocidos.

El dolor de la platina en mi cadera hizo que desistiera de la labor, la fractura que me alejó de las pistas en días como este se hacía tan presente como el vacío de no tenerle.

Cargue a Potya y entre las cobijas pase a revisar las redes sociales de mis antiguos compañeros. La causante de mi desgracia lucía feliz en las fotografías, y bajo de estas los comentarios de una infidelidad de meses, de cómo Yuri Plisetsky se convertía en una burla... no quise saber más, el cansancio me venció en la medida que entre sueños percibía una de las canciones que escribí para Yura, mi Yura...

En un abrir y cerrar de ojos llegó el fin de semana y con este mi trabajo de DJ, el que más gozaba pero que me agotaba por completo. Abrí la puerta del apartamento recordando la ironía que la vida me hizo presenciar, ella de la mano de su amante exponiendo con arrogancia sus planes: «Un año, su dinero y luego tu y yo por siempre».

La voz que sonó en la oscuridad me colocó en alerta, allí en el alfeizar con el cabello rubio suelto sobre la chaqueta de cuero que le regale el último cumpleaños que pasamos juntos, se encontraba aguardándome.

—Casi muero cuando no la halle en casa, salí y fíjate lo curioso, Potya me trajo hasta ti... Otabek —suspirando preguntó— ¿Lo sabías al igual que el resto?

—Te dije que no te convenía.

Yuri bufó, una manera de aceptar que incluso el día del accidente se lo repetí porque la había visto besarse con "el Rey".

—¿Por qué me dejaste solo?

—No lo hice, tu fuiste quien jamás llamó —me arrepentí por la brusca respuesta, pero el dolor de su abandono salio sin darme cuenta.

—Hasta mi gato fue más inteligente para buscarte, ¿puede ser alguien más patético?

Mis pasos avanzaron hacia él sin pensarlo, te veías tan hermoso, pero tan solo, si pudiera convencerte que el dolor se ira, que mañana tendrás otra ilusión... una que sé no seré yo. Paso con miedo mis brazos por tu cintura, eres mi pequeña Hada Rusa, no sabes del autocontrol al que tengo que recurrir para no besarte.

—Beka prométeme que todo será mejor mañana, y que estarás a mi lado.

Tomo tu rostro entre mis manos para con suavidad limpiar las lágrimas, con una sonrisa, repito lo que desde hace diez años mantengo en silencio:

—Nunca te dejare, porque te amo.

Fue justo en ese momento cuando tu sonrisa me hace entender que fui un imbécil, que mi silencio te alejo y que eso hizo que te perdiera. Di un paso hacia atrás, pero con tus palabras frenaste mis deseos de huir, era verdad, tan solo había que dar un paso hacia adelante...

—Por fin te decidiste, ¿Cuánto más pensabas hacerme esperar?


Relato 4. Recuerdos.


Quise detenerme pero mi parte de fan brotó de manera exagerada cuando lo tuve frente a mi.

Amaba su obra, y tenerlo ahí frente mío buscando como cualquier vecino de barrio que hamburguesa escoger, hizo que toda mi cordura se fuera al piso. Puedo jurar que de mis ojos salían corazones.

Finalmente al ver que parecía querer marcharse, me atreví a hablar como gran conocedor que era de ese restaurante.

—Si aún no sabe porque decidirse, le aconsejo el combo de la Italiana —el hombre me observó como si me hubiese salido otra cabeza, ¿se puede devolver el tiempo?. Deseaba que sí, porque nunca me sentí tan fuera de lugar.

—Poco soy de salsas, pero si tiene otra sugerencia tal vez me anime.

Eso fue suficiente para mi. Pidiéndole permiso terminamos compartiendo la cena, el reloj marcaba las siete. Con un gesto de desilusión me miro y me entregó el paquete que cargaba.

—Gracias por la compañía, aunque no creas la necesitaba.

Observe la dirección y supe de inmediato que correspondía a un cementerio en Londres.

—Leela y si piensas que puede servirte, publícala. Con el retrato haz lo que desees.

Desde algún lugar de Europa..., 24 de Diciembre de ...

Hola Dorian.

Imagino que cuando abras esta carta y sepas su remitente, tu sorpresa solo podrá igualarse con la mía el día que abrí mis ojos nuevamente a la vida. Cómo ves el regalo que años atrás te di, de alguna forma también me afectó...que más podría pasar si fui quien mezcló las mágicas pinturas que dieron forma a tu retrato.

Estoy en... no vale la pena decirlo, ¿para qué? Nunca tendré la fortuna de saber si vendrías a buscarme, pero si la seguridad de que me buscarías para matarme...con tus manos o por las de cualquiera que caiga en tu red, así como lo hizo aquel que gracias a Dios no me baño en ácido para desaparecer mi cuerpo.

Nada está oculto entre cielo y tierra querido Dorian. Por eso...tal vez, hoy te escribo. Además, porque considero que nada sería más noble que decirte que tu primer crimen no fue concluido. Lógico, el primero por tu mano, porque la pobre Sybil fue la que inicio tu caída.

Desde que te vi por primera vez pensé que eras lo más bello que mis ojos observaron. Tenías esa hermosa candidez que permitía que te deslumbrará con cualquier tontería...fuiste alguien que quise admirar, pero no tocar, no me hubiese perdonado el corromper tu alma... ¡ja! ¿qué tan estúpido puede volverse quien ama?

Me río porque el único ingenuo fui yo. Te amo...aún lo hago...demasiado.

Los hermosos cantos de navidad siempre traen nostalgia a mi alma. Soy un amante del dolor de estas fechas. El frío, la soledad y el desamor.

Veo el árbol que adorna mi piso, ¿sabes? Desde aquí puedes ver la perfección de un río congelado. Me ha ido bien en estos años...muchos en realidad...cambio constantemente de lugar porque no quiero que sospechen de mi eterna juventud.

Tengo un regalo para ti. La Navidad es para eso, al fin y al cabo.

Es un retrato...uno hecho de tu recuerdo, de la primera vez que nos vimos. Dirás que es una tontería, ya te hice uno y me culpaste de tus desgracias, pero yo no fui quien te lanzo por el despeñadero en que se convirtió tu vida. El único responsable de sus pecados es uno mismo Dorian, eso no te lo enseño Lord Henry.

Pero dejemos de hablar de cosas molestas. Este regalo tiene una particularidad Dorian, es una nueva técnica –yo y mis experimentos, dirás riendo– tu bella sonrisa sigue calentando mi alma, pero en mi pintura, en tu cara no se encuentra ese suave rastro de fragilidad.

Odio seguir siendo tan sentimental, pero no puedo a pesar de tantos años sacarte de mi cabeza y tampoco de mi corazón. Ha sido diferente para ti porque nunca estuve en él. Un enamoramiento unilateral...

La nieve comenzó a caer, ahora la chimenea calienta mi hogar, este sitio lleno de lujos que mis cuadros y mi maestría ha podido convertir en el espacio que siempre desee tener en Londres. Actualmente el arte no necesariamente significa pobreza... hubiese querido saber eso años atrás, de pronto así te habría arrebatado de las garras de Henry Wotton.

Me gustaría verte desenvolver mi obsequio, su marco es dorado envejecido, se que amas este color. El óleo desprende ese olor característico que embota los sentidos casi hasta drogarte...como ves recuerdo cada una de las frases dichas por ti al azar cuando apreciabas mi obra.

Sin embargo, sé que cuando la veas tu rostro cambiará, porque no será lo que esperas. Es otra época mi querido Dorian, mi bella ilusión, y para no morir en el arte, tienes que innovar y así lo he hecho.

De verdad desearía que me dijeras que piensas de él y al igual que el día que termine tu primer retrato hicieras una petición pasando como una caricia tus dedos sobre el lienzo... una caricia que desee para mí, pero que bien sabía que nunca tendría, y aunque pienses que es extraño y un poco ridículo, siempre creí que sería un sacrilegio poder recibirla.

Nunca sabré si mi declaración provocaría una burla de tu parte, pero en tantos años debo exorcizar mis demonios, y el más terrible de todos eres tú, por eso, hoy escribo esta carta.

Tomó el sobre para marcarlo y me doy cuenta de lo irónica que es la vida...

Por último, y sabiendo que nunca podrás leer ni ver mi despedida, solo quiero decirte que en esta Navidad deseo que tu alma descanse y poder cortar por completo cualquier lazo de ella con mi existencia... finalmente y antes de que me dirija a dejar el paquete, quiero decirte, mi querido Dorian, que te perdono, así como espero que antes de morir tú lo hayas hecho conmigo.

Siempre en mi corazón, pero nunca tuyo.

Feliz Navidad. Basil Hallward.


Relato 4. Amores.

—Lo siento.

La voz de Akihiko sonó cálida a pesar de la situación que se estaba presentando. Era consciente que si Misaki estaba ahí era por su culpa, pero Haruhiko sabía que también era responsable.

—No tienes porque, yo soy el verdadero culpable.

Se sentaron frente a mí con miedo a preguntar quién era. Misaki me contacto poco antes de caer en la inconsciencia, una feliz coincidencia que me hizo avisar al dueño de la casa. Al menos el hermano mayor de Usami había actuado rápidamente y ahora estábamos allí tratando de salvar su vida.

El medico salió avisando que estaba fuera de peligro, pero debía mantenerse en observación. Pedí pasar a su habitación, los dos hombres no se opusieron eran conscientes que ninguno merecía estar a su lado.

Sus ojos tristes me recibieron en la medida que dibujaba una sonrisa de agradecimiento, me aproxime para tomar su mano.


📷

La sala estaba a reventar, aunque Isaka era un hombre bastante abierto a todo lo que le equivaliera dinero, esta declaración en público de la homosexualidad de Akihiko no le convencía por alguna razón.

La rueda de prensa dio inicio con toda la calma que un anuncio así permitía, los fotógrafos y periodistas oyeron la noticia, nervioso al lado de Aikawa, Misaki apretaba los puños esperando el llamado de su pareja.

—¿Podríamos saber quién es el afortunado?

—Soy yo —los presentes giraron para ver al hijo del afamado escritor Ryouichi Sumi.

El castaño observó a su senpai subir al estrado y besar apasionadamente al escritor que aturdido correspondió en medio de los aplausos.

La muestra de cariño fue captada por las cámaras, Misaki se perdió en medio del torbellino de gritos y preguntas quedando relegado en el fondo del salón, Usami se había olvidado de él.

Esperó pacientemente a que el alboroto terminara, lo vio bajar de la tarima, y sin siquiera fijarse en su presencia, abandonar el lugar. Se quedó allí en silencio, no supo por cuanto, solo reaccionó cuando la fuerte mano de un pelinegro levantó su rostro. Abrazándolo lloró en sus brazos ¿qué había pasado?

Un mes escondido en la mansión Usami le dieron el tiempo para conocer más de las costumbres de Haruhiko, aunque los primeros días no quiso salir de la habitación, entre él y Tanaka lograron que al menos fuera al jardín y poco a poco interesarlo por algunas de las actividades del lugar. Pero cuando quedaba solo en su cuarto volvía a pensar en Usagi-san.

No tenía ni idea si lo había tratado de contactar, apagó el celular para finalmente guardarlo en algún lugar del escritorio. No obstante, ya era tiempo de volver a existir. Conectó el equipo para colocarlo en la mesa de noche. Fue algo ridículo, más cuando en cada noticiero escuchaba y veía como Keiichi se lucía al lado de Usami como una feliz pareja ¿dónde se había ido el amor que juró le tenía?

Los golpes en la puerta dieron paso a su cuñado quien como cada noche traía su comida. En esos días por costumbre cenaban en la salita de la habitación que le asignaron.

El cómodo silencio fue roto por la llamada que el de gafas recibió. Con un claro gesto de disgusto pidió permiso para retirarse. Misaki una vez más se sintió sobrando. Cayó en cuenta que no se había comunicado con Takahiro, que su hermano debía estar preocupado por el silencio, marcó con calma. Su cuñada al escucharlo grito de la alegría.

La conversación giró sobre su trabajo y el cambio de residencia. Manami le comentó de las llamadas de Akihiko y de lo preocupado que estaba, quería decirle la verdad, pero en ese momento era inoficioso, así que inventó un viaje repentino y que le habían robado el celular por eso su silencio.

La conversación se extendió unos veinte minutos más, al final su cuñada le dijo que contaba con ella sin importar nada. Entendió el mensaje, y de nuevo mintió: «no te preocupes, terminamos hace cerca de un mes», al colgar volvió a sentir el escozor en sus ojos y sin más se tendió en la cama para enterrar en esta su tragedia. Tal vez debía ir con su hermano a Osaka, un cambio de aire y poder conversar con alguien que pudiera decirle las cosas de frente, alguien externo.

Salió del cuarto para hablar con Haruhiko de lo que pensaba hacer. El grito en el estudio lo detuvo:

—¡¿Cuánto tiempo?! —la voz del pelinegro se escuchaba alterada— ¡Dilo!

—Amo a Misaki ¿por qué es tan difícil aceptarlo?

Era Akihiko, había venido por él. Sonrió, tomó el pomo para poder entrar a verlo. Lo amaba, era lo único que quería saber.

—Te repito la pregunta ¿Cuánto tiempo?

—¡Cinco días! ¡En cinco malditos días me caso con Keiichi! ¿Contento?

Su mano se aferró al frío metal cuando escuchó la frase, se casaba con su senpai y decía que lo amaba. No era lógico, no entendía.

—Haruhiko todo es más complicado de lo parece, yo amo a Misaki, es mi vida, pero debo hacerlo...

Takahashi sintió su corazón apretarse, si esa frase fuera verdad se estaría casando con él y no con Sumi.

Los hermanos escucharon el estruendo en el corredor. Haruhiko comprendió la razón, pero salir corriendo equivalía darle a entender a su hermano que en todo ese tiempo lo había mantenido oculto en la casa.

—Akihiko ojalá no te arrepientas.

Misaki recordó cada instante de su vida hasta ese día, no iba a rogarle que se quedara a su lado, conocía al ojimatista y por mucho que le dijese, al final haría lo que deseaba. Lo perdió por completo, se enlazaría con Sumi, lo olvidaría... simplemente lo abandonó a la deriva.

Se quedó allí abrazando la almohada, no podía hacer nada, no entendía porque Akihiko le hacía esto. El peso de alguien sentándose a su lado lo hizo aparentar estar dormido.

Haruhiko lo abrazó procurando transmitirle cada uno de los sentimientos que tenía hacia él, sin embargo, era tan difícil, como si fuese un sueño la boca de Misaki se deslizó sobre su cuello dejando pequeños besos húmedos. Debía detenerlo, sabía que estaba equivocado, pero el castaño se aferró aún más a él.

—Si me amas demuéstralo —susurró mordiendo el lóbulo de la oreja del de gafas.

La mano de Haruhiko se colocó en el cuello de Takahashi para atraparlo en un beso que lo ahogó de inmediato.

El pelinegro sentía que nunca en su vida podría olvidar esos minutos. Tantos años deseándolo y ahora estaba a su lado, libre y sin la atadura de su tonto hermano.

Los dedos del castaño se enredaron en su cabello y liberándose de los demandantes labios, lo atrajo hacia él recostándose en la cama. Haruhiko se quitó el saco y la corbata, quería probar su piel. Su manos se movieron por debajo de la camisa del menor para detenerse en los botones erectos del pequeño pecho bajo sí. En la medida que escuchaba el jadeo del ojiverde, los dedos del mayor de los Usami tocaron la entrada de quien era su obsesión.

Bajó el interior para poder lubricarlo adecuadamente, empero cuando posó su boca en el falo del ojiverde, todo se fue al demonio.

—Aki...akihiko...más.

Se levantó para ver la imagen más hermosa que pudo presenciar, tomó sus prendas y se marchó. No podía hablar, no ahora que su voz se ahogaba por la rabia de no tener su corazón.

Misaki se quedo quieto en la cama, lo había herido. Estúpidamente alejó al único que le tendió la mano. Conocía de los sentimientos de Haruhiko, y aunque se había hecho a un lado, él esa noche logró que cruzara la barrera invisible que dibujo entre ellos.

Se dirigió al baño pero antes revisó el celular. Quería enviar un mensaje a su hermano, no pretendía que Takahiro pensara que esto era el resultado de los enfrentamientos y las bromas de Usagi-san.

En la pantalla vio el nombre de uno de sus amigos, depositó el aparato en el mueble para con serenidad abrir el frasco de calmantes, era momento de iniciar lejos de ahí... tomar una decisión.


Relato 5. Amores II.

Recuerdas la frase "Los amigos son como la sangre", pienso que se aplica a mi relación con Misaki.

Lo conocí recién ingreso a la universidad, el chico y yo compartíamos varios intereses lo que hizo que la cercanía aumentara. Ahora por un desafortunado accidente estaba cuidando de él.

Destape la lata de café para volver a la pieza de mi amigo; el cómodo sofá me esperaba y por más que mi espalda no lo resintiera, le había prometido no separarme de su lado. En la medida que bebía el negro líquido comencé a recapacitar sobre la posibilidad de pedirle a Misaki que trabajara conmigo. La revista necesitaba personal y el chico podía ejercer o bien su profesión o fungir como editor, fue cuando lo vi en la puerta, quise detenerlo, pero mi cuerpo solamente me dejo llegar para escuchar desde afuera lo que Takahashi quería...

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Misaki percibió la colonia que tanto añoraba, por simple instinto dio vuelta quedando su rostro en dirección contraria a la puerta. Si era verdad que él estaba allí no quería que sus lágrimas lo traicionaran, no deseaba verse rogando por una explicación sin sentido que lo llevaría a una nueva depresión.

La voz de Usagi-san le provocó el mismo estremecimiento de siempre, la fría mano se deslizó por su cabeza en la medida que las palabras brotaban alentando su tristeza, pero era consciente que lo necesitaba, lo mejor era poder entender por qué lo abandono.

«Agradezco que estés dormido porque así no tengo que mentirte para que me odies, para que me saques totalmente de tu corazón y si me recuerdes como un mal sueño que duró demasiado.

Te amo Misaki, negarlo sería negar mi existencia... aprendí a vivir cuando llegaste a mi lado, cuando comprendí que los sentimientos surgen de la nada y si son sinceros se corresponden sin forzarlos, y, aun así, en este momento debo dejarme llevar por la presión de algo que se salió de control.

Mañana me caso y diera mi vida porque quien estuviese a mi lado firmando esos papeles fueras tú, algo con lo que soñé desde que legalmente fue posible... pero la vida no siempre nos da lo que queremos amor, a veces debemos sacrificar nuestros sueños por la felicidad de otro, y aunque sé que mi felicidad está a tu lado, hoy debo decirte adiós y dejarte libre... libre para que puedas amar a alguien que te merezca más que yo... alguien que no sea débil y que definitivamente no cometa errores que tarde o temprano se reviertan en su contra.

Por eso, con el corazón en la mano y sintiendo que se rompe más con cada palabra que digo, te pido que rehagas tu vida... ojala fuera con alguien que te aleje de lo tóxica que puede ser la familia Usami.

Nunca vuelvas a cometer ese error Misaki, yo no merezco tu vida. Siempre existe otra solución ya que la muerte de esa manera es simplemente una forma de rendirse ante los problemas. Jamás lo vuelvas a intentar...

Mi tiempo se agota y con él mi esperanza de estar a tu lado. Te pediría que esperaras por mi, que me dieras los meses que debo cumplir mi condena, pero la verdad es que no puedo exigirte que aceptes mis circunstancias. En este instante, aunque no me oigas, deseo que el calor de mis sentimientos te llegue y sepas que te amo y por eso debo dejarte libre...perdóname».


Misaki una vez cerró la puerta quedó sumergido en la oscuridad de no solo la habitación sino también de sus pensamientos, mañana terminaría para siempre su historia de amor.

Usami los vio aproximarse por el blanco pasillo sin percatarse del joven a su espalda. En silencio se detuvo frente a ellos para evitar una escena en el lugar. Asiéndolo por uno de sus brazos el más alto lo arrastró hacia automóvil de quien era la causa de su desgracia.

—No debiste venir a visitarlo, además si Keiichi se hubiese enterado...

El gesto en el rostro del peliplata llenó de rabia Ryouichi Sumi. Era consciente del amor que el escritor tenía por el castaño hospitalizado, pero no podía negarle a su hijo la posibilidad de ser feliz, por eso recurrió al chantaje.

Una a la que solo le dio importancia cuando Keiichi presentó los mareos y los dolores de cabeza, un desmayo los llevó de urgencias al hospital y fue cuando le diagnosticaron lo irreversible. Un cáncer que lo apartaría de su lado definitivamente.

Esa noche cuando pensó que dormía, lo escuchó orar a su madre fallecida, su único deseo era poder tener al amor de su vida a su lado. Que le brindara al menos las migajas del sentimiento que le profesaba su kohai.

Por eso, después de meses de intentar que Akihiko se fijara en su muchacho, encontró fortuitamente la información que requería. Espero pacientemente a que quedara solo y cuando pudo entró al apartamento del escritor. Su charla no fue amable, pero le hizo entender que iba en serio.

La sorpresa de que Akihiko le había ofrecido matrimonio sorprendió a Keiichi, pero más el saber las razones, con tristeza aceptó al igual que su amor imposible las condiciones impuestas por su padre.

Nunca Sumi-sama contaría a nadie como su hijo una y otra vez se negó a actuar en ese montaje.

—Es por poco tiempo. Te prometo que tan pronto entre en la fase crítica yo mismo anulare el matrimonio y podrás correr a los brazos de tu pequeño.

Akihiko lo miró con lastima. Procuró entender lo que motivaba a actuar así a un padre.

—Sumi-sensei, yo permaneceré al lado de mi esposo hasta que muera. Keiichi no recibirá de mi un amor a medias, y menos en sus últimos días.

El mayor apartó la cabeza, de manera amable el hombre frente a él le había dado una lección de vida. Haciendo una señal a su guardaespaldas este le paso un sobre a su futuro yerno.

—Su sacrificio no será en vano, puedo asegurarle que cuando Keiichi nos deje, Misaki-kun lo estará esperando. Por ahora solo le puedo decir gracias.

4 de Octubre de 2019 a las 21:43 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Luka Garces Soy bióloga marina, pero escribo desde que estaba en el colegio. Me gusta leer todo género, aunque ahora me he dedicado a descubrir las obras de LGTB+ en el formato yaoi principalmente. Adoro el buen terror, el suspenso y el misterio. Un buen drama romántico es inspirador.

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