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El anciano desdichado

El anciano estaba sentado en el banco en medio del parque viendo a las familias conviviendo, niños corriendo con sus mascotas, grupos de jóvenes riendo a carcajadas y parejas acarameladas bajo la sombra de los árboles. La calidez que emanaba aquel lugar sólo le hacía sentir más profundo el vacío en su interior. Sentía envidia de todos ellos, porque a él le hubiera gustado hacer todas esas cosas... Ser amado por su familia, tener una mascota, hacer verdaderos amigos con quienes pudiera reír hasta que les doliera la barriga y establecer una relación con aquel chico del que estuvo tan enamorado.


Aún recordaba aquella noche en la que había terminado en su coche, estaban molestos porque sus compañeros de clase se habían puesto de acuerdo para ir juntos a una reunión en casa de Iris, Nathaniel se negó totalmente a irse con él, pero no sabía en donde vivía su compañera y el único que tenía espacio en su coche era Castiel. Así que ahí estaban, esperando a Lysandro fuera de su casa.


Castiel en el asiento del conductor y él en el copiloto, ninguno de los dos decía una palabra, pero había una obvia tensión entre ellos, Nathaniel pensaba que tal vez Castiel estaba ideando las formas de deshacerse de él antes de que Lysandro llegara. Él sólo podía pensar en que tenía mucho tiempo sin estar tan cerca de él.


Nunca pudo superar su enamoramiento por Castiel, no supo cómo surgió, ni por qué, buscó mil razones para convencerse de que era estúpido sentirse así por él y enumeraba cada día una lista de defectos que el chico tenía pero no funcionaba.


Perdido en sus pensamientos, bajó su mano y sintió la de él debajo de la suya. Ninguno se movió, Nathaniel vio por el rabillo del ojo a Castiel mirándolo de una forma que no pudo descifrar, y en ese momento, se armó de valor para encontrar sus ojos con los de él... Nathaniel sintió sus mejillas arder al pensar en lo hermosos que eran. Estuvieron mirándose a los ojos por unos segundos sin decir nada hasta que Nathaniel se volteó y apartó su mano de la del chico.


Durante el resto de la noche y en los días siguientes Castiel se comportó de forma extraña, cada vez que se encontraban en los pasillos de la escuela lo evitaba, en clases no hacía comentario sarcástico sobre él y si en algún momento sus miradas chocaban, él rápidamente apartaba la vista hacia cualquier dirección. Nathaniel no quería aceptar que de alguna forma le molestaba que lo ignorara.


- Eh, delegado -lo llamó en una ocasión al final de la clase de historia, después de que todos salieron.


- ¿Ah? ¿Es a mí? -preguntó sin poder evitar sonar cortante.


- No es como que haya otro estúpido delegado presente -Nathaniel hizo un ademán con la boca para contestarle pero Castiel continuó-, te veré atrás del instituto al final de las clases --sentenció sin mirarle si quiera y se fue.


No sabía cómo, pero estaba seguro de que Castiel no se presentaría, y de cualquier forma fue al lugar y lo esperó ahí hasta que anocheció, por supuesto que nunca apareció. Nathaniel estaba molesto, y durante todo el día siguiente no vio a Castiel por ningún lado, no quería preocuparse por él, porque lo había dejado plantado y porque era algo típico de él, se saltaba las clases con regularidad.


Ese mismo día tuvo que quedarse más tiempo en el instituto para ordenar papeleos en la sala de delegados, en realidad no le molestaba nada tardarse un poco más para estar menos tiempo en casa. Cuando estaba por salir de la sala, se encontró de frente con Castiel, chocando contra él, y al ser casi de la misma altura, sus rostros quedaron demasiado cerca.


Nathaniel sintió quedarse sin aliento por un segundo, pero cuando estuvo por recobrar la compostura para reclamarle que lo había dejado plantado, Castiel lo besó sin más y Nathaniel correspondió como si hubiera estado esperando por ello durante todo el día. Tal vez así era y no se había dado cuenta hasta ese instante. Entraron a la sala de delegados sin apartar sus labios del otro, Castiel cerró la puerta y Nathaniel entre besos susurró con la voz entrecortada: "Apaga la luz".


Nathaniel llegó más tarde de lo esperado a casa, siempre podía inventar que había tenido demasiado trabajo por hacer. Al entrar vio en el suelo de la sala una botella de cerveza vacía y temió lo peor. Su padre últimamente había estado bebiendo demasiado cuando su madre y su hermana no estaban presentes, eso quería decir que no estaban en casa, su padre estaba ebrio y él había llegado demasiado tarde...


El anciano se obligó a sí mismo a dejar de recordar en ese momento, suficiente había tenido con ese pequeño fragmento para sentirse desgraciado, si tan sólo hubiera dicho algo, si le hubiera contado a alguien lo que le pasaba en casa... Todo hubiera sido tan diferente.


Dirigió su mirada a una de las parejas que estaban por ahí, la chica sostenía un ramo de flores amarillas con cariño, como si fuera la cosa más valiosa que pudo haber tenido alguna vez. El anciano sonrió con pesar, él odiaba las flores porque era alérgico al polen, pero no negaba que le hubiera encantado sostener así un ramo él también, mientras Castiel lo abrazaba y le susurraba al oído.


Sabía que él había seguido su sueño de ser músico junto a Lysandro, consiguieron algo de fama y se mudaron a otra ciudad, escuchó que había conocido a una linda chica con la que había formado una familia, se alegraba de que por lo menos uno de ellos había encontrado la felicidad, después de eso, no supo nada más de él.


Todos los días se lamentaba en silencio porque no había tomado una sola decisión por su cuenta. Sus estudios y trabajo fueron seleccionados por su padre, incluso quería escoger a la persona con la que debía casarse, pero Nathaniel había logrado convencerlo de que lo mejor era centrarse en su vida laboral que en la personal, sólo porque prefería estar solo que casado con alguien a quien no amaba.


Había un momento que iba a su memoria con regularidad: la vez que decidió terminar con Castiel, ahora no podía recordar la razón de esa estupidez. Fue corto el tiempo que estuvieron viéndose a escondidas, se encontraban algunas veces al final del día y se besaban una y otra vez.


Lo curioso es que nunca aclararon nada. Ninguno confesó estar enamorado del otro, por lo que cuando Nathaniel le dijo a Castiel que debían terminar, éste le respondió que no podían terminar algo que nunca empezaron.


Nathaniel lloró por días, maldecía a Castiel, porque nunca supo si alguna vez sintió un poco de amor por él. Y se maldecía a sí mismo, porque había pensado que de esa forma le había transmitido todos sus sentimientos, porque nunca fue lo suficientemente valiente como para decirle de frente "Te amo".


Y aún se maldecía, porque era un patético anciano que soñaba con la vida que nunca tuvo porque estaba demasiado asustado para hacer algo para su propia felicidad.

4 de Octubre de 2019 a las 21:00 0 Reporte Insertar 0
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