Las Crónicas de Plartzagón Seguir historia

noahsynd Noah Synðgjárð

Néydan, un joven universitario y Ràlek, su pareja, verán como sus vidas dan un repentino giro de 180º por culpa de un suceso que nadie jamás habría esperado.


Ciencia ficción Todo público.
2
764 VISITAS
En progreso
tiempo de lectura
AA Compartir

I

Desperté por los delicados rayos de luz que se colaban bajo la persiana de la ventana, por lo tenue que era supuse que serían sobre las 8 de la mañana. Estaba en mi cama, me revolví un poco entre las sábanas, intentando estirarme, y me di cuenta de que algo me agarraba suavemente por la cintura. Una templada y lenta respiración golpeaba mi nuca y podía sentir el calor de su cuerpo, abrazándome y apoyándose en mí. Al girarme le vi, Ràlek aún dormía plácidamente. "Quién iba a ser si no" pensé en ese momento, mientras reía de forma estúpida.

Me mantuve en esa posición para no despertarle, además de que estaba disfrutando del momento. No soy alguien muy dado a recibir el afecto de otras personas y el contacto físico no es algo sencillo para mí, pero estando con él un reconfortante sentimiento me invade y me siento muy bien, acogido y querido.

Aparté su brazo de mi con cuidado y me senté en el borde de la cama, buscando mis zapatillas. Aún mis párpados pesaban y cuando fui a ponerme en pie Ràlek me agarró de la muñeca.

— Quédate un rato más, anda - Dijo Ràlek cariñosamente con una voz tosca y más grave de lo normal, denotando así que recién se había despertado. — Es sábado, no tienes porque levantarte tan pronto y además... Esta es la primera vez que dormimos juntos... — añadió mientras el volumen de su voz descendía a un tono suave y algo decaído.

Me quedé mirándole por unos segundos, en silencio... sin saber muy bien que decir, me había quedado en blanco, literalmente.

Entonces Ràlek me agarró de la cintura, me echó encima de su pecho y me abrazó con fuerza. Me quedé mirando al techo, me sentía raro... supongo que por mi poca costumbre de recibir cariño de otras personas, más tampoco era algo incómodo, incluso, con el avance de los minutos, se volvía algo sencillamente maravilloso. Mantuvimos esa pose unos minutos, supongo que ambos estábamos muy cómodos y a gusto así.

Tras un rato así, él dijo:

— Anda, Néydan, voy a ir a preparar el desayuno, arreglate que tenemos planes para hoy. — Dijo Ràlek esbozando una cálida sonrisa en su cara mientras se levantaba.

— Buenos días por cierto. — Dije dándole un beso en la mejilla antes de que se marchara hacia la cocina.

Entonces, ya habiéndose marchado, me volví a estirar y a voltear en la cama, y tras este momento, fui a ducharme y seguidamente a vestirme y arreglarme. Cuando acabé y me dirigí a la cocina. Ràlek ya se había arreglado. Entonces tras hablar un momento sobre dónde ir, decidimos aprovechar en día para ir de picnic.

Salimos de casa y nos dirigimos a la estación de tren donde cogimos el tren que lleva a los campos y bosques que rodean la urbe. Una vez en el tren nos sentamos y nos quedamos abrazados en el tren. Había casi una hora de trayecto así que algo teníamos que hacer. Mientras más tiempo pasaba notamos que la gente nos miraba raro, como con desprecio.

— Para que luego digan que no hay homófobos en Plartzagón. — dije algo molesto.

— Si... a pesar de que los medios se esfuerzan en normalizarlo y hacer ver como si este tipo de comportamientos ya no existieran en la población siguen muy presentes actualmente...

—Deleznable... lo que hay que aguantar por culpa de la intolerancia de algunos.

Mientras seguimos charlando de otros temas irrelevantes nos fijamos en que un señor de unos 40 años nos miraba. Este estaba rodeado de una panda de chavales, jóvenes. Nos miraban con recelo y odio y creo que estaban escuchando o intentando escuchar nuestra conversación. No parecían amigables, hacían gestos muy agresivos y, porqué no decirlo, amenazantes.

No sabemos si fue intuitivamente pero Ràlek y yo nos levantamos y nos bajamos para evitar un posible problema con ellos, porque no decirlo, nos daba miedo, un sentimiento amedrentador se apoderaba de nosotros, y no es algo realmente agradable y desgraciadamente es algo bastante común. Obviamente tuvimos que esperar al siguiente tren para poder continuar el trayecto. En este, por desgracia, fuimos más cautelosos y no estuvimos abrazados durante el trayecto ni nos dimos muestras de cariño entre nosotros ni nada por el estilo.

Al rato llegamos a Droòklûnd, el pueblo que acoge la estación de tren donde nos bajamos. Este está situado en la base de un profundo valle. La diferencia del paisaje aquí y en Plartzagón —siendo aquí prácticamente rural, y en Plartzagón futurista e industrial— se debe a que una montaña separa la ciudad y este pueblo. No nos paramos mucho en el pueblo, no había nada que ver o hacer allí así que empezamos a caminar hacia el bosque donde, en un claro, nos pararíamos a comer algo, que era para lo que habíamos venido.

Caminamos durante media hora aproximadamente, cogidos de la mano y observando la naturaleza que nos rodea. Difiere tanto del paisaje estándar de la inmensa metrópoli... aquí el aire es limpio fresco, una leve, suave y agradable brisa acaricia nuestros rostros mientras una sensación de plenitud y libertad se apoderaba de nosotros. En cambio el Plartzagón el aire es denso y pesado, templado más bien, a pesar de que hay muchas medidas medioambientales y zonas verdes, eso no remedia mucho, la verdad.

Entonces llegamos a una zona despejada. Esta daba a un acantilado con vistas al valle. Era un paisaje grandioso, de exorbitante belleza. Pocas veces se veía algo así, puesto que la vida urbana es bastante estresante y ocupada. Las grandes cimas coronadas de blanco creaban una sierra de picos nevados y rocosos increíble. Bajo estas, las pinedas se alzaban orgullosas y entre ellas riachuelos y torrentes de agua pura y cristalina se cruzaban y caían hacia la bruma y las bajas nubes que yacían en el fondo del valle lo que hacía desaparecer todo esto para dejar paso a la imaginación y la infinitud.

Tras contemplar el paisaje unos minutos y hacernos unas fotos juntos y al paisaje, nos sentamos, dejamos las mochilas en el suelo y nos dispusimos a sacar los bocadillos y un par de tuppers que habíamos preparado. Tras dejarlo todo preparado sobre un pequeño mantel que habíamos traído empezamos a comer en completo silencio.

Pasó como una media hora hasta que acabamos. Aún ni siquiera había empezado a caer el sol del ocaso así que aún teníamos tiempo. Recogimos un poco todo lo que habíamos traído, sin dejar restos de basura ni nada, y nos fuimos a caminar por la zona. Paseamos entre los pinos y demás tipos de árboles de la zona durante un rato, parandonos a observar todo a nuestro alrededor, insectos, pájaros, y por supuesto el paisaje que desde cada punto del lugar era fantástico. Habían todo tipo de insectos interesantes, desde arañas, de varios colores y tamaños, con telarañas de muchas formas y tipos, vimos escarabajos, mariposas, polillas enormes de exuberantes colores y algunos ciempiés de vivaces tonos carmesíes también.

Todo aquello era algo único. Jamás antes, en el corto periodo de vida de ambos, habíamos visto algo así. Ni siquiera sabíamos hasta hace poco de la existencia de este valle. Ir allí valió mucho la pena.

Pasaron las horas y el sol empezó a ponerse así que descendimos de nuevo hacia el pueblo. De camino hacia el pueblo nos paramos en un punto, escondidos, al ver como unos coches negros, de apariencia muy siniestra, emergieron de un camino por el que se marcaba que el paso estaba prohibido. Al acercarnos al camino, cuando los coches ya marcharon, vimos a lo lejos, entre la maleza una especie de edificios blancos y cilíndricos. Al intentar avanzar vimos como otro coche apareció en la senda en dirección hacia nosotros por lo que nos fuimos por miedo a que nos vieran, no parecía muy de fiar.

Al llegar al pueblo, ya bastante cansados de toda la travesía, fuimos directos hacia a la estación de tren donde cogimos el primer tren hacia Plartzagón tras estar esperando un largo rato. Nos sentamos en el último vagón con la esperanza de no encontrar a nadie, y por esta vez, tuvimos suerte ya que estábamos en este. Nos sentamos en el último asiento, él colocó su brazo sobre mis hombros y me apoyé en él. Ambos estábamos cansados y teníamos casi una hora hasta llegar a nuestra parada así que, ambos, cerramos los ojos con la esperanza de que nos despertara el aviso que suena antes de llegar a nuestra parada. Entonces, rendido del cansancio, caí dormido.

De repente me encontraba en una playa. El cielo era de un fulgurante color carmesí, y el viento soplaba con una fuerza sobrenatural, aún que, a pesar de esto, es como si no me afectara, no me movía ni un milímetro de mi sitio. Al rato, cansado de contemplar el inmenso océano, me puse en pié y me dispuse a ver que se encontraba tras de mí.

Al voltear vi un bosque y me dirigí a él. Mientras más me acercaba el cielo se iba tornando a un tono verdoso bastante frío. Empezó a hacer frío y donde antes había arena y agua ahora hay una colina desolada de tierra estéril y ennegrecida, muerta. Mientras más avanzaba más oscuro se tornaba todo, pero entonces una luz y una voz familiar sonaba de fondo...

¡¡Néydan!!...

Resonaba en todo el ya yermo paraje y la sensación de irrealidad se volvió muy grande...

¡¡Néydan despierta!!

De repente todo se tornó negro. Empecé a abrir los ojos pesadamente, me costaba. Seguía en el tren. Ràlek me estaba llamando.

—Dime... — dije costosamente aún adormecido.

— Estamos a punto de llegar, venga, despierta.

Me agarré del reposabrazos y me puse derecho como buenamente pude. Vi que había más gente en el vagón, lo que explicaba porqué Ràlek no estaba abrazándome y evitando mostrar demasiado afecto entre nosotros, lo que era una verdadera pena.

Pasaron los minutos y llegamos a nuestra parada. Nos bajamos y nos dirigimos a la salida. Una vez fuera vimos que ya era de noche. Todas las luces de la ciudad estaban encendidas y había poca gente por la calle. Fuimos caminando hasta mi casa, la cual no queda muy lejos de la estación. Al llegar cenamos un poco y nos dirigimos directos a la cama, donde, rendidos, caímos ambos en un profundo sueño.

2 de Octubre de 2019 a las 00:45 0 Reporte Insertar 2
Continuará…

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~