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Expediente del piso número 8

“Él no necesitaba tener pesadillas. Vivía entre ellas.”

Me encuentro en mi casa haciendo lo que mejor se me da, escribir. Ahora mismo estoy en un nuevo proyecto que me parece que va a tener mucho futuro, aunque últimamente he de decir que no encuentro toda la concentración que necesito. Hace ya un par de meses llegue a este lugar con ese objetivo, intentar encontrar mi yo creativo y sacar una buena novela como tantos de mis lectores ansían. Lo que no sabía es que iba a tener unos vecinos tan ruidosos. Noche tras noche discuten a gritos, hay veces que temo que alguna de esas discusiones acabe con un final malo. El resto del vecindario era distinto a los que tengo enfrente, eran vecinos normales. Además de ser escritor empleo el resto de mi tiempo a estudiar fenómenos paranormales, lo sé, hay que ser muy valiente para hacerlo ¿no? Que puedo decir, es un tema que me lleva atrayendo últimamente y algunas de mis últimas obras están muy relacionadas con este tema, de ahí que algunos de mis lectores pidan algo distinto, aunque las ventas a día de hoy siguen siendo mayores. Mis momentos de mayor inspiración son por las noches, en las que escucho a mis vecinos de enfrente discutir dificultándome muchas de las veces crear algo nuevo en mi nueva historia. Es algo que no soporto. Ellos son un matrimonio constituido por un padre, una madre y un joven de tan solo 16 años. No consigo acordarme del nombre de los padres, el del joven es Daniel. No sé por qué, pero ese muchacho tenía algo especial, a pesar de las continuas discusiones subidas de tono de sus padres el nunca se mostraba triste o asqueado, siempre se le veía con una sonrisa en la cara, una sonrisa que sin duda tenía que ocultar tristeza pues ningún hijo se siente feliz al presenciar como sus padres discuten una y otra vez. Del matrimonio lo único que sé es que la mujer era la que trabajaba mientras el marido estaba en casa, que por lo que yo se no tenia trabajo. No veía nada bien la relación de estas dos personas, al marido se le veía descuidado, llegaba borracho la mayoría de las noches acompañadas de las ruidosas discusiones típicas. Se acercaba el mes de junio y decidí tomarme unas vacaciones yéndome a mi pueblo de nacimiento. Allí pasé dos meses que me sirvieron para desconectar y a la vez abrir mi mente a nuevas ideas para continuar con mi nuevo proyecto.

Tras esos dos meses volví al piso de Madrid, sinceramente tenía curiosidad por volver a ver a ese matrimonio, al cual durante mi periodo de vacaciones bauticé como el matrimonio de las discusiones. Llegue pues al piso y la sorpresa me dio un impacto fortísimo al ver que en el portal aparecían las esquelas de los que conformaron el matrimonio de las discusiones. Tanto el marido como la esposa habían fallecido. En ese instante decidí preguntar a algún vecino qué había sucedido, me informaron de que el marido había asesinado a la esposa y justo después se había quitado el mismo la vida al darse cuenta de lo que había sucedido. Pregunté que ha sido del niño y me dijeron que desde el día de la muerte de sus padres no ha salido de la casa en ningún momento, pero, sin embargo, lo más sorprendente de todo esto fue cuando me dijeron que por las noches se escuchaba la voz del niño, el que siempre se mostraba alegre, llorando durante horas. Escuchaban también ruidos extraños provenientes de ese piso, golpes fuertes, oían al niño corriendo por los pasillos de su casa e incluso llegaron a pensar que estaba empezando a desarrollar la esquizofrenia, pero ningún vecino se dispuso a llamar a la puerta de la casa del chaval y echarle una mano. Después de mi vuelta en busca de información por las casas de los vecinos me dirige a mi piso, el número 7. Paso un par de horas y por esos momentos no escuché al chico. Tampoco escuche ningún ruido raro como alegaba el resto de los vecinos, pensé que a lo mejor estaría dormido o que por primera vez en ese tiempo habría salido de casa.

Eran las doce de la noche, yo estaba escribiendo las nuevas ideas que había desarrollado durante mi periodo de vacaciones cuando empecé a escuchar al chaval. Escuche exactamente los sucesos que me describieron los vecinos, se oía como Daniel corría por los pasillos de su casa, también se escucharon golpes, 3 en concreto como si estuviera llamando a una puerta. Pero esa noche algo distinto estaba ocurriendo allí dentro, se escuchaba como Daniel parecía que rezaba casi gritando, pero hubo un momento en el que los rezos se convirtieron en gritos seguidos de portazos y golpes. Empecé a temer por la salud de ese muchacho y atemorizado decidí llamar a la policía. Les informé de lo que estaba escuchando y les di la dirección de la casa, el piso número 8, me dijeron que llegarían lo más rápido posible. Sin embargo, la situación empezó a agravarse mucho más hasta el punto en que los vecinos decidieron salir a sus rellanos para intentar de alguna forma ayudar a ese muchacho. Yo no pude esperar más y ante la pasividad que los demás mostraban ante los hechos que estaban presenciando decidí yo mismo intentar entrar en el piso. Intenté llamar, pero pensé que no iba a conseguir mucho así que intenté abrir la puerta utilizando la fuerza. Mientras tanto ya se podía escuchar las sirenas de la policía llegando al piso. Golpee la puerta varias veces hasta que acabe con la cerradura y me dispuse a abrir la puerta. Los policías al escuchar lo que estaba ocurriendo subían a prisa por las escaleras mientras yo abría la puerta. Lo que vi en esos escasos instantes me heló la sangre, había una ouija en medio del salón en cuyas paredes había todo tipo de símbolos relacionados con temas de espiritismo, el resto del piso estaba destrozado, había cruces partidas por la mitad, otras estaban quemadas, había pequeños rastros de sangre incluso, pero lo más impresionante fue cuando la policía alcanzo la planta en la que me encontraba, pues en ese momento todas las puertas de ese piso se cerraron de golpe fuertemente y todo rastro de grito y sonido o suceso extraño desapareció. Cuando el grupo de policías volvió a abrir la puerta para registrar el apartamento llegó hasta la habitación de los padres de Daniel y lo que vieron quedó inmortalizado en los ojos de aquellos oficiales, pues presenciaron como el cuerpo de Daniel flotaba encima de la cama de los padres y después de unos segundos caía desplomado y sin vida. En la habitación del chico encontraron un diario en el que redactaba como estaba intentando contactar a través de la ouija con sus padres fallecidos, lo que nunca llegó a saber es que, en el intento, abrió una puerta que nunca debía de haber abierto y que acabó con la vida de ese pobre muchacho. El inspector encargado de la investigación de la muerte de Daniel lo catalogó como una muerte en extrañas circunstancias ya que en realidad no se llego a averiguar cual fue la verdadera causa de la muerte de Daniel. Lo único que quedó asegurado de ese caso fue que entró en la historia de España como el caso más paranormal, y sin resolver, que nunca se había visto en este país. Todos los habitantes de ese piso abandonaron sus viviendas para no volver jamás. Desde entonces ese piso está inhabitado debido al ´expediente del piso número 8´.

29 de Septiembre de 2019 a las 16:13 0 Reporte Insertar 0
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