Junto a la luna Seguir historia

beatriz23 Micaela Flores

Un guerrero solo busca paz luego de tantas guerras. Y eso era lo que había logrado encontrar Eren luego de tanto sufrimiento causado por guerras y esa mujer en específico, pero todo su progreso se ve afectado por esa muchacha odiosa que lo único que hace es interrumpir en su trabajo. Aymee solo busca ser una mujer normal, sin herencias extrañas, sin inmortales deambulando sobre la tierra, sin responsabilidades que le podrían llegar a costar su vida. Solo quiere ir a la universidad y formar una familia en un futuro, quiere olvidarse de todo lo que sabe y ser ingenua como los demás, pero se le es imposible debido a la carga que lleva por ser una cazadora y no una cualquiera, si no que es la hija de los mejores y eso solo le suma más carga a sus hombros.


Paranormal Lúcido Sólo para mayores de 18.

#amor #dioses #sexo #258 #245
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Capítulo 1

Era una fría noche de junio cuando la volvió a ver, ella estaba sentada en aquella banca improvisada del aquel desolado lugar en donde se juntaban a fumar y apostar sobre quien ganaba la siguiente carrera, la siguiente pelea o simplemente cual de todas esas mujeres era la primera en desnudarse, lo que había comenzado como un simple lugar de reunión entre amigos terminó como un lugar de vicios y apuestas, el favorito de la policía. Había noches en donde solo estaban allí dos horas antes de que la policía llegue para llevarse las drogas, los coches, el dinero y algunos que otros idiotas que iban por primera vez y se quedaban paralizados al ser apuntados con un arma.

Ella seguía igual de linda, sus ojos azules le seguían robando la respiración y ver sus manos lo ponían a temblar como la primera vez que hicieron el amor, esa noche fue especial e incomparable. Luego de lo suyo él no volvió a sentir el mismo placer al acostarse con otra y en silencio él deseaba que ella también sintiera lo mismo, se diera cuenta de ello y volviera a buscarlo, pero ellos sabían perfectamente que su amor era imposible y lo supieron desde el primer momento y aun así siguieron adelante con lo suyo sin importarles nadie más que ellos dos y así fue por varios años hasta que todo termino muy mal. Y no solo para ellos.

Sus miradas se cruzaron por un micro segundo y él sintió como si le hubieran disparado para dejarlo morir entre las sombras de un callejón, así se sentía últimamente sus miradas y eso lo molestaba mucho, pero su enojo no era con ella, sino que con aquellos que hicieron de todo para que lo suyo no llegara a ser más de lo que ya es. Quería matar a todos ellos y se le notaba cuando los veía, su mente era una máquina de idear puras escenas de torturas desde el toro de Falaris[1] hasta la pera de la angustia[2]. No sabía si podían leer la mente, pero cuando el aparecía ellos se alejaban y eran muy pocos los que se animaba a mirarlo o hablarle.

Él quiso ir hasta donde estaba ella y tomarle de la mano, pero sabía que ella se alejaría tan pronto sintiera su presencia acercándose y lo último que quería era alejarla más. Prefería verla de lejos a no verla más.

Poniendo toda su fuerza en no acercase decidió caminar hasta la puerta oxidada pintada de negro, al llegar saludo a uno de los “guardias” y entro para despejar su mente con un poco de alcohol y juegos ilegales. Esta parte era solo para aquellas personas que desean apostar más de 100k sin miedo a perder todo o mejor dicho para aquellas que no se quejasen después por perder todo lo que tenía ya que en este lugar solo perdías y por esa razón había mujeres semidesnudas sirviendo tu vaso con whisky y dispuestas a sentarse arriba tuyo y hacer trabajos orales o manuales con tal de que te vayas un poco contento después de haber perdido hasta tu casa. Al menos no pensabas por un momento en cómo le harías para decírselo a tu esposa e hijos y eso era un punto a favor para Burak, su viejo amigo. Él comenzó con este imperio ilegal que construyó en un momento de aburrimiento, ya tenía demasiado dinero y quería más, y solo le apetecía ganárselo de forma ilegal. Era un maldito loco, así lo conoció y así seguiría, él es de esas personas que no cambia con el tiempo y menos por alguien.

Burak más que su mejor amigo era un hermano, pasaron muchos momentos juntos tantos buenos como malos y solo bastaba una mirada y una palmada para que todo vuelva a verse un poco mejor. Él lo apoyo en su locura amorosa con Anna, mantuvo el secreto y lo defendió ante los demás sin importarle las represalias, nunca lo abandonó y estaba muy seguro de que nunca la haría, solo por eso daba gracias a Alá por haber cruzado sus caminos en vida y a Zeus por haberlo cruzados en muerte.

— Mi querido amigo Eren, el mejor guerrero en vida y en muerte.

Burak llego a su encuentro gritando aquellas palabras frente a todos los humanos allí presentes, ellos solo creían que su amigo estaba borracho o solo era una broma interna entre ellos dos, ya no le hacían caso al escucharlo. Si los humanos supieran que todo es cierto, aunque a su parecer él no fue el mejor guerrero, pero bueno él siempre fue así, siempre se sentía menos que los demás, en fin si los humanos creyeran todo lo que sale de la boca de su amigo ahora mismo estarían en un laboratorio siendo las malditas ratas de prueba de todo tipo de experimento, pero por suerte en estos tiempos la mayoría eran tontos y creían que era mentira todo aquello que no salga de su propia boca. Solo ellos tenían la verdad absoluta de todo. Idiotas.

— Mi hermano ­– digo acercándome y abrazándolo – ¿Me extrañaste?

— No más que tú, mi amor.

— No lo creo, mi vida.

— ¿Otra vez con lo mismo, cariño?

— Perdón, pero el azul me pone así.

— ¿Está aquí? – pregunta por lo bajo.

— Si, está afuera. Yo me encargo, mejor que sea yo y no otro – camina hacia la salida y antes de cruzar se da la vuelta y me mira – ¿no es así?

Le tiro uno de esos besos al aire que tanto odia y me alejo para llegar a la barra y pedirme un buen vaso de whisky con hielo. Me siento a esperar a que se me acerque una mujer y me ayude a sacar esa mirada azul de mi mente y para mi buena suerte veo una hermosa rubia con atributos muy exuberantes caminando directo hacia mí.

— Hola guapo.

Su acento era extraño, le costaba hablar por su manera de mover la boca totalmente exagerada y si sus años no le engañaba esta chica debería de ser latinoamericana, ¿de qué país? No sabría decir, pero estaba muy seguro de que su idioma natal era el español y que estaba aquí en busca de un hombre con dinero lo suficientemente estúpido como para creer en su discurso de amor a primera vista y futuro juntos lleno de amor. Con ese cuerpo, antes de la llegada del sol conseguiría un candidato y para su mala suerte no sería yo de seguro seria unos de aquellos hombres casados dispuestos a dejar a su esposa por una más joven sin importarles ser la próxima víctima de la viuda negra.

— Hola hermosa.

Eren se levanta de la silla dispuesto a no invitarle un trago, pero si una noche inolvidable.

¿Cuánto faltaba para terminar? Ah, cierto, ni había empezado las clases y yo ya tenía ganas de irme a mi casa a comer chocolate y dormir un poco antes de empezar la universidad, pero no, no podía porque estaba atrapada en esta estructura gótica llamada complejo en el medio de la nada. Estaba allí sola, rodeada de desconocidos que la miraban como si fuera el objeto más preciado que habitaba en ese complejo, lo cual podría ser debido al alto cargo de sus padres en ese lugar, pero a ella le gustaba imaginarse que solo era un espectro y sus miradas traspasaba su cuerpo y terminaba sobre otra persona. Es un pequeño caparazón de defensa que usaba desde que aprendió a caminar y todos comenzaban a decir que sería la mejor y que sus pasos ya eran firmes. Solo tenía dos años de vida cuando aprendió a hacerlo bien y ya todos tenían sus miradas en ella, y por esa misma razón aprendió a combatir y neutralizar al enemigo de un solo golpe y todo con apenas cinco años.

Había días en los que ella iba a los lugares más concurridos por familias y veía a los niños jugar, saltar, correr, golpearse y ser mimados por sus padres por el más mínimo golpe o tan solo porque querían hacerlo, y cuando Aymee veía esas escenas se ponía a pensar en su infancia y algo en ella se rompía cada vez más. Sus padres no fueron amorosos con ella, no la llevaban a jugar, ni siquiera al colegio ya que tenía un chofer porque sus padres estaban los suficientemente ocupados en ser los jefes del complejo que no tenían tiempo en ocuparse de su hija, excepto en las clases de defensa porque ahí si estaban observando cada mínimo detalle para después hablarle de los fallos que tuvo y como hubiese estado muerta al instante si hubiese sido un enfrentamiento de verdad.

Si tan solo ella hubiese tenido el valor de decirles sus fallos como padres.

— Señorita, la buscan sus padres.

No pudo ver quien lo dijo, pero por su tono firme supo que era uno de los tantos ciervos que harían cualquier cosa por sus padres, hasta se quitarían la vida por tan solo el placer de ellos. Todos estaban últimamente muy locos desde que ellos asumieron tanto poder dentro del mundo cazador.

Con pasos firmes y la frente en alto se hizo paso entre todos los cazadores allí presentes demostrando que nada ni nadie la asustaba, excepto sus miradas esperanzadas de volver a tener en el campo a la unión de los mejores, pero ellos no tenían por qué saber eso.

Las paredes estaban hechas de mármol con algunos que otros detalles en oro, sus pilares eran altos y fornidos, el techo estaba decorado con detalles de esmeralda y oro, y una hermosa araña, que de seguro costaba más que todos los automóviles de su padre, colgaba del centro con velas gigantes que se encendían por las noches. Ella siempre quiso saber cómo se encendían cuando leyó sobre este lugar y eso aun la sigue intrigando, quizás algún día les pregunte a sus padres, aunque dudaba mucho de que tuviera una respuesta o un momento a solas con ellos sin que se tratara de trabajo.

Las puertas de roble que conducían al despacho de mi madre se me hicieron más inmensas que de lo normal, los detalles en la marera hacían el contorno de una cara que te miraban fijo y parecían transmitirte ese miedo que debes de tener por tan solo entrar a hablar con quien esté detrás de estas. Respiró hondo y entró sin golpear ya que eso solo haría gastar saliva a sus progenitores y retrasar un poco más lo que se avecinaba a su vida.

— Madre – digo mirando a la señora cuarentona de pelo gris y mirada oscura como el mismo carbón – padre – miro al hombre morocho y de ojos tan parecidos a los míos.

Los dos miran a mi dirección al mismo tiempo y sus caras sin expresión alguna me recuerdan que aquí no son mis padres, igual que fuera de este lugar.

— Siéntate – mi padre apunta hacia el sillón que se encuentra frente a otro, de lado a la chimenea.

Mi madre camina junto a mi padre y ella se acomoda en uno mientras que él se queda de pie a lado suyo, imito sus pasos y entrelazo mis dedos debido al nerviosismo que ahora mismo manejo y eso que me vengo preparando para esto desde que aprendí a caminar.

— Como sabrás se acerca tu cumpleaños número dieciocho y con eso llega tu salida al campo – mi padre comienza a darme el discurso que todo hijo de cazadores esperan con vehemencia, todos menos ella – y debido a esto pasaras mucho tiempo aquí entrenado con otros jóvenes que también saldrán al campo contigo y tu como hija nuestra debes de ser la mejor – agarra el hombro de mi madre y la mira por unos segundo y luego vuelve su mirada hacia mi – esperamos que no nos defraude ni dejes en vergüenza, tu único objetivo es matarlos no avergonzarnos.

— Recuérdalo – remata la voz de mi madre.

— Ahora Jeremy te llevara hasta la habitación que ocuparas en las alas de entrenamiento.

Y con esto me miran invitándome a salir, y eso mismo hago mirando al frente pensando en cómo será mi habitación, si será digna de una cazadora o una esclava, o pensándolo bien qué más da como será, lo único que puede importar en un momento así es si podrá sobrevivir a todas las pruebas que le pondrán por ser la hija de los jefes.

Se decía que los entrenadores odiaban a los padres de Aymee y no solo por ser los mejores si no que por ser los jefes y dictar leyes tan absurdas que a más de uno le costó su familia.

Todos allí esperaban con ansias a la niña de los jefes.

Jeremy es un chico muy lindo, y no solo para ella, sino que, para todas, sean lo que sean. Era un chico alto con un cuerpo lleno de músculos, veas donde veas, era el tipo de remedio que necesitabas cuando te sentías mal y solo precisabas de una buena dosis de abrazos, besos, mimos y buen sexo. Él simplemente era todo lo que estaba bien en un hombre, sus ojos negros y su pelo corto del mismo color le daba ese porte de chico malo que le quedaba muy bien y más en la cama, y Aymee da fe de eso. Ellos tuvieron un pequeño romance hace tiempo atrás, pero solo duro muy poco tiempo debido a su diferencia de edad, ella en ese momento tenía quince y él veintidós, un romance que los habría llevado frente a la justicia y no precisamente la del país. Ella por el bien de él decidió cortar con eso y seguir con sus vidas normales.

Jeremy aun sentía algo por ella, no sabía si era amor, pero si sabía que cada vez que se cruzaban le entraba ganas de besarla y llevarla a un lugar más privado, y eso sería mucho más fuerte ahora que la volvería a ver luego de dos años y la tendría cerca todos los findes ya que formaba parte del equipo de profesores.

[1] El toro de Falaris: consiste en poner a una persona en un toro hecho de bronce y encender fuego debajo de la estatua para así quemarla hasta la muerte.


[2] La pera de la angustia: consiste en un mecanismo con 4 hojas de metal que cerrada forma una pera, esta misma es puesta en el ano, vagina o boca de la persona y una vez allí se abre para causar dolor. Era utilizada en homosexuales, brujas y herejes.

23 de Septiembre de 2019 a las 20:38 0 Reporte Insertar 1
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