Tempestad Seguir historia

aylenzunino Aylen Zunino

Nada es más oscuro que la venganza y Evelyn Harden está a punto de descubrirlo, ya que deberá pagar por todos los platos rotos que ha ido dejando su familia en el camino. No hay lugar donde esconderse, no hay donde correr. Para poder salvarse Evelyn deberá adentrarse en el pasado y descubrir los secretos que todos protegen tan celosamente.


Suspenso/Misterio Sólo para mayores de 18.

#misterio #drama #amor #suspenso #mentiras #secretos
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Capítulo I

TURBULENCIA
(primera parte)

El cielo estaba despejado y las estrellas brillaban de una forma especial aquella noche. En medio de todo el caos encontró paz, calma.

Hacía años que no veía el cielo, que no sentía la tierra húmeda después de las lluvias bajo sus pies, ni el viento helado congelándole los huesos.

La libertad sabía exquisita.

Ahora era libre de hacer lo que quisiera, buscar a su familia, empezar de cero, conocer a alguien y ser feliz... o tomar el cuello de esa malnacida Ivette Higgins y apretarlo hasta que la vida se extinga de sus ojos.

Sin embargo, eso sería demasiado piadoso para una mujer como ella. Quería destrozarla, quería lastimarla, que se sintiera tan impotente, desesperada y desgraciada como ella se había sentido cuando la abandonó para morir en aquel lugar siendo una niña.

Tarde o temprano Ivette le importaría morir. Su destino estaba sellado.

Tomó dos bocanadas grandes de aire y jaló de la cuerda que llevaba en la mano izquierda. El hombre, en cuyo cuello se encontraban el otro extremo, cayó de rodillas al suelo.

- Ya no voy a seguirte, mátame si quieres.

Ella se volteó, caminó hasta donde se encontraba el hombre y se hinco frente a él.

Hacia no más de dos horas el doctor Peter Graham andaba ergido, con su cabello rubio corto limpio, su cara sana al igual que su cuerpo y se mostraba tan petulante, engreído y brutal igual que siempre. Pero ahora, de rodillas ante ella, no se veía tan amenazante, ni siquiera había luchado contra ella cuando lo golpeó hasta cansarse. El rostro de Peter estaba cubierto de sangre y algunos moretones, los demás le saldrían en unas cuantas horas. También le faltaban un par de dientes en su asombrosa sonrisa perfecta.

- Ya sabes Graham - dijo ella sonriendo - de un sádico a otro, no es divertido solo matar.

El hombre agachó la cabeza e intentó mover sus manos atadas pero fue inútil.

- Por favor, Leticia.

- Suplica todo lo que quieras, Graham, si no caminas te llevaré a rastras por el camino menos suave. - lo amenazó - Solo estoy demostrándote que tienes opciones, una mala y otra peor.

Ella frunció el ceño.

- ¿Cómo lo llamaste tu? - preguntó viéndolo a los ojos - ¿Terapia de alto impacto?

Ante aquellas palabras el hombre comenzó a llorar y se puso de pié como pudo. Comenzaron a caminar y al poco tiempo se perdieron entre la maleza del bosque.


...


El verano pasado había sido una completa porquería para Evelyn y se prometió que este estaría de película.

Como todos los veranos su madre escogía una playa para vacacionar. El verano pasado eligió Mar del Plata. Siempre iban ellos tres, Vincent y Julia Harden y su hija Evelyn. Sin embargo ese verano Evelyn llevó a su novio Marck con quien ya llevaba un año de relación. Las últimas semanas Marck desaparecía misteriosamente del hotel, de la playa, del bar. Evelyn sospechaba que estaba engañándola pero se guardo sus sospechas para la vuelta del viaje.

La mañana en que tenían que tomar su vuelo curiosamente su madre y Marck no aparecían en ninguna parte, Evelyn fue en busca de su madre a su habitación y entonces los vio.

Su madre en cuatro patas sobre la cama y su novio montándola.

Sacudió la cabeza para quitarse esa imagen pero no funcionó.

Se paró frente al espejo, para examinarse. Luego de aquel incidente se mató en un gimnasio e hizo una cantidad de dietas impresionantes. No que lo necesitara, Evelyn siempre había sido muy hermosa, solo lo hizo porque necesitaba sentirse bien consigo misma.

Con el cuerpo que lucia ahora ningún imbécil se atrevería a cambiarla por su madre, o por ninguna otra.

Se pasó por la cabeza una remera blanca deportiva, se puso una pollera corta con tablillas y unas zapatillas blancas también deportiva. Peino su largo cabello rubio platino y lo ató en una cola alta. Aplicó un poco de mascara para pestañas y solo un toque de delineador que hacia que sus ojos verdes parecieran enormes y luminosos.

Estas serian las primeras vacaciones sin su padre. De hecho, había sido todo un año sin él. Simplemente se borró de la faz de la tierra y la dejó en manos de lo que Evelyn llamaba "un monstruo con complejo adolescente".

- Apresúrate Evelyn - gritó una mujer desde la planta baja.

- Hablando del diablo - dijo Evelyn.

Tomó su teléfono celular y buscó sus audífonos.

- Vamos, tenemos reservaciones para el almuerzo - gritó nuevamente cuando ya no aguantó ver girar las manecillas.

Una joven esbelta, de cabello rubio tirando a blanco, bajo corriendo las escaleras vestida con una pollera de tenis, una camiseta, zoquetes y zapatillas deportivas, todo blanco inmaculado.

Evelyn rodó los ojos.

- ¿Desde cuando importa eso? - dijo - Somos los dueños.

Julia se cruzó de brazos.

- Sabes que yo no puedo hacer nada - le recordó con un sabor amargo en la boca.

La muchacha sonrió, esa era la respuesta que estaba buscando.

- Cuando dije nosotros, me refería a papá y a mi - aclaró, tomando su raqueta de las manos de su madre.

Evelyn y Julia nunca se habían llevado bien. Sin embargo la guerra se ha vuelto mucho más violenta y hostil desde que Vincent Harden se marchó sin mirar atrás.

Luego del incidente de Mar del Plata, Evelyn rompió con Marck y le contó a su padre lo que su perfecta y hermosa madre hacía a sus espaldas, pero solo empeoró las cosas. Después de una discusión a puerta cerrada su padre tomó sus cosas y salió por la puerta, maleta en mano, sin despedirse.

Ella evaluó a Julia, cabello negro, ojos verdes, piel bronceada. A pesar de que iban a jugar tenis llevaba puestas sus alajas de oro y ropa nueva. Su madre quería dejar un mensaje y ese era que ella podía vivir sin su marido, que no le hacía falta.

Ambas salieron al jardín principal y frente a ellas ya había un Mercedes negro, último modelo, esperándolas.

- Al club, Rupert - indicó Julia al chófer apenas entraron en el coche.

- Claro, señora Harden

Se pusieron en marcha y nadie dijo una palabra más. Mientras Evelyn revisaba las publicaciones en Facebook de su némesis y mejor amiga Kendra Sheppard, quien estaba pasando su verano en las playas del Caribe con su nuevo novio de turno al que, por cierto, Evelyn ya conocía de una forma muy íntima, Julia revisaba sus e-mails y Rupert que era el chófer de la familia hacía ya diez años, no despegaba la vista del frente excepto quizá las veces que miraba por el retrovisor a la enfadada Evelyn que manejaba el celular con furia.

Llegaron al club y Rupert se detuvo en la puerta a esperar que ellas se bajaran.

- Disfruta de tu día libre Rupert, Evelyn y yo caminaremos a casa - le informó Julia.

Rupert asintió.

"Perfecto" pensó Evelyn "Dale el día libre a Rupert así puedes hablar mal de papá en el camino de vuelta. No eres más que una sucia arpía manipuladora. Tal vez papá por fin se dio cuenta y por eso se fue... sin mi."

- Vamos - dijo Julia a su hija, pasándole un brazo por los hombros - cambia esa cara, ya veras que la pasaremos bien.

"Realmente lo dudo"

Se deshizo del brazo de su madre y se volteó hacía la entrada del club, dos rejas enormes con una gigantesca H en medio rodeada de flores.

En cuanto las vio el guardia abrió la reja y las dejó pasar.

- Buen día señoritas Harden - dijo sonriendo - hacía mucho que no las veía por aquí.

- Decidimos pasar el verano en casa este año - dijo Julia también sonriendo.

Caminaron juntas hasta la cancha de tenis, aquella que usaban siempre, la más cara. Sacaron las raquetas de su estuche, calentaron y comenzó el juego.

- Aunque pensándolo mejor cariño - dijo Julianne, quien iba ganando - hiciste bien en no cambiar la cara ya que voy a destruirte.

Esas palabras hicieron que Evelyn se enfureciera muchísimo. Saco todas las pelotas que iban a su campo y para cuando acabo el primer tiempo le sacaba una cantidad considerable de puntos a su madre.

- Un descanso - pidió Julia, agitada.

Evelyn se volteó y vio a Vladimir West, el chico que trabajaba en las cocinas del club, hablando por teléfono cerca de la cancha en la que ellas jugaban.

- Muy bien - concedió la muchacha - cinco minutos

- ¿¡Cinco!? - exclamo su madre con los ojos cuadrados

- Si - afirmo Evelyn - es todo el tiempo que necesito para preguntarle a qué hora termina su turno.

Le guiñó un ojo a su madre que hizo una mueca, y luego corrió en dirección a Vladimir. Él sonrió al verla llegar.

- Te hablo después - dijo a quien fuese que estuviese del otro lado de la línea - debo volver al trabajo.

Colgó el teléfono y lo guardó.

- Que hermoso baile le estas dando a tu madre - comentó

Él era muy hermoso, cabello negro, ojos color avellana muy profundos, un cuerpo extremadamente trabajado y una sonrisa hermosa. Su andar despreocupado y su habilidad de percepción fueron lo que llamó la atención de Evelyn.

Vladimir era el mejor chico con el que Evelyn había estado jamás. Y, aunque no quería admitirlo, casi llegaba a sentir cariño por él.

- Lo sé, mi revés es muy bueno - dijo ella.

- Yo podría darte ese baile con los ojos cerrados - dijo Vladimir

Evelyn rió.

- Vamos Vlad, tú no sabes jugar tenis

Él se acercó más a ella, hasta que sus rostros estuvieron a tres centímetros de distancia.

- No hablaba del tenis, hay otros... deportes en los que soy realmente bueno - explicó, mirándola directo a los ojos y sonriendo con malicia.

Ella comprendió a que se refería, sonrió y lo beso con fuerza. Sintió sus manos subiéndole por la espalda, mientras ella se aferraba a él del cuello de su camiseta roja del uniforme.

- Así que - dijo Evelyn separándose de él - ¿A qué hora terminas aquí?

Vladimir no podía evitar sonreír cuando estaba cerca de ella, ni tampoco podía evitar la ligera aceleración de corazón que su presencia le causaba.

- A las ocho - frunció el ceño - ¿Que tienes en mente?

Ella puso expresión pensativa, luego se le iluminaron los ojos y sonrió.

- ¿Qué te parece si reservo la suite del club? - propuso - Tú, yo, cena romántica y una enorme cama.

A él le brillaron los ojos de deseo, pero eso no sirvió para alejar el sentimiento de humillación. Vladimir sabía que no lo hacía a propósito, pero cada vez que se veían se sentía menos, un gigolo

- Yo pago la cena - dijo él, tratando de recobrar su dignidad.

Ella dudó de que Vladimir pudiera pagar los platillos tan caros que ordenaba. Sin embargo, entendiendo como se sentía no replicó.

- Muy bien - le dio un rápido beso en la mejilla - aquí a las ocho.

- No tendré tiempo para cambiarme - replicó él

- No te preocupes por la ropa, no la usaremos mucho tiempo.

Evelyn se paró de puntitas y le dio un largo y profundo beso.

- Me vuelves loco Evelyn Harden - susurró en su oído.

- Eso no es nada nuevo Vladimir West - dijo ella riendo.

Él volvió a sonreír.

- Todos dicen que romperás mi corazón - comentó.

- Tal vez deberías escucharlos - murmuró Evelyn.

El rostro de esta se puso sombrío y aguantó la respiración a la espera de su respuesta.

- Lo hago, Evelyn - respondió - pero no me interesa, tal vez yo te robe el corazón o quizá tú rompas el mío. No importa.

Evelyn soltó todo el aire de golpe, sonrió y lo besó.

- Aquí a las ocho

- Aquí a las ocho - repitió Vladimir con una boba sonrisa en el rostro.

Le dio un beso rápido, giro sobre sus talones y comenzó a caminar en dirección a la cancha de tenis donde estaba su madre.

Vlad era consciente de quien era Evelyn y de que tarde o temprano aquello imperfecto que tenían acabaría. No podía decir que estaba listo para el final, pero sí que pese a cualquier cosa que pasara entre ellos él jamás se apartaría. Entró al juego sabiendo las reglas, así que no podía quejarse.

Cuando Evelin volvió a la cancha su madre estaba conversando alegremente con un hombre alto, de hombros anchos y hermosas facciones, cabello negro y unos ojos azul profundo y junto a él se hallaba un joven alto, de cabello castaño y ojos marrones.

- Hija estábamos esperándote - exclamó su madre al verla acercarse - Mira, él es Bruce Mayer - presentó, señalando al hombre de hombros anchos, quien le tendió una mano que Evelyn estrecho con una sonrisa.

- Encantado de conocerla señorita Harden - dijo el hombre con una voz gruesa que le encantó.

- Y él es Jack, su hijo - presentó su madre nuevamente, pero esta vez señalando al chico junto al señor Mayer.

Evelin le estrecho la mano a este también y, a diferencia de su padre, él no dijo nada. Se limitó a mirarla embobado y a sonreír mucho.

- Le decía a tu madre que todas las canchas están ocupadas - dijo el señor Mayer - Y le pedía permiso para jugar con ustedes

Bruce Mayer miro de pies a cabeza a Julia Harden, y sonrió ampliamente.

"¿Quién no iba a quererla?" se dijo Evelyn "esas piernas largas y bronceadas, su cintura perfecta y su abdomen plano, su busto pronunciado, su cabello negro azabache, largo y lacio, contrastaba con su piel bronceada al igual que sus ojos verdes. Era perfecta."

- Pues no se mi madre, pero tienen todo mi consentimiento - dijo Evelyn con una sonrisa depredadora.

- Claro que tienen mi permiso - corroboró su madre.

Armaron tres equipos para jugar tres partidos. Primero los chicos contra las chicas, luego los adultos contra los jóvenes, por último la mamá de Evelyn hizo equipo con Jacke y ella con Bruce.

Jack era callado y no parecía muy interesado en jugar, pero estaba muy interesado en seguir con la mirada todos los movimientos de Evelyn, quien al darse cuenta de que éste la seguía atentamente, hacía movimientos mucho más gráciles y de vez en cuando le guiñaba un ojo o le sonreía.

El equipo de Evelyn ganó el primer partido, gracias a ella y a sus artimañas para mantener a Jack distraído. Luego perdió cuando le toco hacer equipo con el chico y gano cuando hizo equipo con su padre.

Bruce era excelente con la raqueta, sus movimientos eran agresivos y exactos.

Evelyn se pasó gran parte del juego viendo como se movía. Le parecía fascinante aquel hombre. Misterioso y atrevido. La mayoría agachaba la cabeza cuando veía pasar a su madre, le pareció sorprendente que le hablara. Tal vez un poco de sangre nueva haría que estas aburridas vacaciones se pusieran un poco más interesantes.

Una vez agotadas todas sus energías, el cuarteto se dirigió a la mesa en donde estaban las botellas de agua mineral.

- ¿La enorme H de la entrada y la de tu apellido tienen algo que ver? - preguntó Jack acercándose a Evelyn.

- Supones bien - respondió ella tomando una de las botellas y abriéndola - Mi padre es el dueño.

- ¿Y no las acompaña?

- Nunca antes los vi por aquí - comentó Evelyn, cambiando el tema.

- Estamos de vacaciones - dijo Jack - Bruce se cansó de New York.

Ella asintió.

- La ciudad de la locura - agregó - con razón eres un asco en el tenis

- Tu podrías enseñarme - sugirió este llevándose la botella a los labios.

- No creo que aprendas mucho con una profesora que esta tan buena - replicó ella sonriendo.

Él estuvo a punto de escupir el agua que acaba de meter en su boca. Trago y dijo:

- Que vanidosa eres

Ella se acercó más a él.

- Eso es lo que piensas tú, si no creyeras que estoy buena te habrías concentrado en los partidos y no en cómo se mueven mis piernas, en cómo me agacho, en la forma en que boto la pelota, como la golpeo con la raqueta...

- Oye - dijo Jack avergonzado por haber sido tan obvio - siento haberte incomodado.

Evelyn se sintió orgullosa de sí misma, y su ego creció un poco más, si es que era posible.

- No me incomoda que me observen - susurro ella acercándose otro paso a él.

Jack sonrió.

- Ya entiendo - dijo - eres de esas chicas.

- ¿Esas... chicas?

- Claro, de esas que creen que todo mundo les debe reverencia debido a su hermoso rostro y su cantidad incalculable de riqueza.

- Así que piensas que soy hermosa - dijo ella sonriendo.

Jack rodó los ojos.

- Creo que deberíamos volver con los demás - dijo él dando un paso atrás

- ¿Por qué? - ella se acercó otro paso

- Porque no tengo intención de ser una más de tus conquistas.

Sin decir más, se volteó y se marchó, dejando a Evelyn con la boca abierta y un poco avergonzada, cosa que odiaba admitir.

No se sintió ofendida, sino desafiada. No podría tener a Jack de la manera en que tenía a Vladimir, pero lo quería, y ella conseguía todo lo que quería.

Tomó un poco de agua y siguió a Jack hasta donde su madre y Bruce Mayer conversaban.

- ¿Qué les parece si almorzamos todos juntos? - propuso ella en cuanto se acercó lo suficiente.

- Evelyn - dijo su madre abriendo mucho los ojos.

Bruce sonrió.

- Esta bien, Evelyn - dijo él - agradezco tu oferta pero no deseamos incomodar.

Evelyn rió.

- Por favor, señor Mayer - insistió tocándole el hombro - Es de mala educación rechazar la invitación de la dueña.

Le guiño un ojo y él sonrió.

La entrada al restaurante se encontraba frente a las canchas de tenis, eran dos puertas enormes de metal con cristales. Una vez que entraron Jack soltó un "guau" bastante apropiado según pensó Evelyn.

¿Quien no se quedaría pasmado ante aquella vista?

Enormes ventanales apostados en cada muro del lugar, cortinas de seda negra y una hermosa alfombra de terciopelo rojo cubría el suelo. En medio de la habitación colgaba una araña muy grande de color dorado. La mantelería, también de seda, se veía exquisita junto a la vajilla de plata, porcelana fina y vidrio.

- Busquen una mesa linda - dijo Evelyn - en lo posible junto a algún ventanal.

- Pero...

- ¡Ya basta Julia! - exclamó la chica, cansada de escuchar a su madre objetar - Yo pagaré el almuerzo, tu sigue cuidando tus fondos limitados.

Julia se puso roja como un tomate pero no dijo más y encabezó la búsqueda de una mesa linda.

Una vez que se deshizo de sus invitados Evelyn se volteó hacía el recepcionista que, como era de esperar, era Marck.

- Buenas tardes señorita Harden - dijo este con una sonrisa totalmente sarcástica en su rostro - usted tiene reservación para dos, no para cuatro, señorita.

Evelyn respiró hondo.

- No necesito que me digas lo obvio, Patterson. - dijo ella imitando su sonrisa - Cambia mi reservación - demandó.

- Eso es algo que no haré.

Se acercó tanto a Marck que ya le era imposible ignorar su hedionda colonia barata y sus pequeños puntos negros en la nariz.

- Escucha pedazo de basura - susurró - la única razón por la que tú y tu padre aún conservan su trabajo es porque yo hable con el imbécil de mi padre. Cambia esa maldita reservación o puedes ir a recoger tus cosas.

Marck estaba que echaba humo por la nariz. A regañadientes tomo su bolígrafo y allí donde decía "Harden, 2 personas" puso un cuarto sobre el dos.

- Eso es - dijo ella volviendo a sonreír.

- Fue un placer - dijo él apretando los dientes.

Dejó atrás a Marck y se enfocó en encontrar la larga y brillante cabellera negra de su madre.

No fue muy difícil, conociendo a su madre escogería una mesa en la que pudiese ser el centro de atención, en donde todos pudiesen ver lo bien que estaba pasándola sin su marido. Y no se equivocó. Estaban sentados a la mesa que se encontraba en el centro del lugar.

Me senté frente a Bruce, entre medio de mi madre y Jack. Las mesas redondas se veían mucho más estéticas que las cuadradas y parecía haber menos distancia entre las personas.

- Tu madre estaba contándome sobre la remodelación del lugar - explicó Bruce.

- ¿Y que te contaba exactamente? - preguntó Eve.

- Pues que ayudaste mucho a tu padre con la decoración - respondió.

Evelyn suspiró.

- Yo no ayudé a mi padre, señor Mayer. - aclaró - Él me contrató para que me encargara de la parte estética de su club. El restaurant, las habitaciones, los quinchos, la piscina, la entrada. Incluso mi casa esta diseñada, pintada y amueblada por mí.

- ¿Cuantos años tienes Evelyn? - preguntó Jack de improviso, frunciendo el ceño.

- Diecisiete, Jack.

- Es impresionante - reconoció - veo que realmente tienes talento.

- Yo ayudé un poco - mintió Julia.

- Claro - dijo volviendo su rostro hacia Jack - Julia me dio todas las malas ideas que me llevaron a las buenas cuando tenía una especie de bloqueo artístico.

- Tal vez deberíamos contratarte para arreglar el mal gusto de nuestra casa. - bromeó Bruce.

- Estaría encantada.

- ¿Tu cuantos años tienes Jack?

- Veintidós, señora Harden.

- Solo Julia, Jack.

En cuanto les trajeron las cartas la conversación se volvió en torno a Julia y su vida, así que Evelyn dejó de participar. No tenía ánimos para desmentir a su madre, ni siquiera para reírse de las locas historias que inventaba.

Esa era la razón por la que amaba sentarse junto a algún ventanal, hacia más sencillo su trabajo de ignorar las conversaciones tontas y aburridas. Desde donde estaba no veía mucho a través del ventanal que estaba frente a ella, tras Bruce.

Eventualmente su mirada se desvió hacia el resto de los comensales. Había familias, esposos infieles, esposas espiando a sus esposos, enamorados, recién casados disfrutando de su luna de miel, pero su mirada se detuvo en una mujer parada junto a la cortina del ventanal.

Era alta, muy delgada, su cabello castaño sucio y demasiado lacio, su piel pálida y sus ojos ojerosos. Tenía tan mal aspecto que le hubiese sido imposible pasarla por alto debido a como desencajaba del lugar. La mujer también la miraba fijamente.

- Evelyn

Ésta parpadeo y se volteó hacia Jack.

- ¿Tu que me recomiendas? - preguntó el joven.

- El pato a la naranja es la especialidad de Joseph.

- Muy bien - dijo asintiendo.

Volvió la vista hacia la cortina pero la mujer había desaparecido.

Al poco tiempo les trajeron la comida, dos patos a la naranja, una sopa de camarones para Julia y un plato de paella para Bruce.

Comió en silencio con Jack observándola en todo momento. Luego el muchacho puso una mano en su pierna, sintió un cosquilleo en la espalda baja y sonrió.

- Tu servilleta se caía - murmuró

- Claro - dijo ella - mi héroe.

Miró sobre el hombro de Jack y allí estaba nuevamente la mujer junto a las puertas de la cocina.

La forma en que clavaba la mirada en Evelyn le sugería que no buscaba hacer amigos, sino todo lo contrario.

- Yo voy a esperarte afuera - dijo a Julia y se levantó de la mesa.

Sea quien fuese, Evelyn no estaba de humor para escenas de celos de novias o ex novias violentas.

Jugó con su teléfono hasta que por fin Julia volvió.

- Por Dios Julia, cuánto te has tardado - se quejó Evelyn cuando su madre se reunió con ella en el estacionamiento.

- Discúlpame - dijo su madre sonriendo - estaba conversando con Bruce.

- Conversando - repitió Evelin, guiñando un ojo.

Su madre pegó un saltito y abrazó a su hija.

- Los invite a cenar - confesó

Julia rebosaba de emoción y Evelyn se moría por destruir aquella cena, reventarle la emoción. Pero se encontraba en una encrucijada. O iba a la suite y cenaba con Vlad un chico increíblemente tierno y salvaje, o iba a casa y cenaba con Bruce y Jack dos dioses griegos y de paso, como matando dos pájaros de un tiro, humillaba a su madre.

Antes siquiera de pensarlo la decisión ya estaba tomada.

- Muy bien - dijo Evelin - solo déjame ir a hablar con Vlad.

- ¿El chico de las cocinas? - pregunto su madre, haciendo una mueca de asco.

A Evelyn le hirvió la sangre en las venas. Cómo ella, de entre todas las personas en el mundo, se creía capaz de criticarla.

- ¿Quieres que hagamos una lista de todas las lacras con las que has estado? - dijo ella cruzándose de brazos - El jardinero, que no era ninguna belleza, el amigo de papá que tenía cerca de 100 años, ese tipo del bar que estaba ebrio y te vomitó el vestido...

- ¡Ya basta! - exclamó frunciendo en ceño - ¡Haz lo que tu quieras, pero no esperes que yo lo apruebe!

- No necesito que lo hagas, Julia - dijo Evelyn apretando los dientes - A diferencia de ti, lo que puedan o no pensar de mi me tiene totalmente sin cuidado. Pero yo en tu lugar me preocuparía más por lo que pueda llegar a oídos de mi padre, no vaya a ser que haga algo más que irse de casa.

Su madre pareció herida, pero solo por fuera, ya que realmente no se arrepentía de nada. Julia sabía que tenía a Vincent en la palma de su mano así que eso tampoco era algo que le fuese a preocupar.

- Tienes razón, lo siento mucho - se disculpó.

Julia se hizo a un lado y le dio el paso a su hija que irradiaba enojo e ira.

Si tenia que ser sincera, Julianne a veces le temía a Evelyn. Era tan calculadora y controladora. Tenía siempre las palabras justas para romperte en pedazos pero antes de eso hacía que te sintieras especial, fuerte, indestructible y entonces ¡Boom! Te destruía por completo en un abrir y cerrar de ojos. En eso se parecía a ella, pero era lo único.

Tantos años de convivir con un monstruo como Julia venían bastante acompañados.

Evelyn volvió al restaurante y zigzagueo entre las mesas hasta llegar a la puerta de la cocina. Tomó varias respiraciones profundas antes de entrar sin pedir permiso como era la costumbre. Vladimir la miraba con los ojos muy abiertos.

- Pensé que nos veríamos a las ocho - dijo él confundido

- Si - murmuró Evelyn - pero...

- Pero apenas son las cinco - dijo el joven - ¿Qué pasa?

Ahora que estaba tan enojada necesitaba que Vladimir la calmara, le pusiera los pies bien sobre la tierra. No quería cancelar a Vlad, pero tampoco quería cancelar una muy probable guerra con su madre. Así que se le ocurrió otra forma.

- Pensé que podíamos adelantar nuestra cena - dijo ella emocionada.

Él asintió.

- Pero yo estoy trabajando - replicó.

- Hablaré con tu jefe, y yo te pagare el día de hoy - se acercó un paso a él - o la semana - dio otro paso - o el mes - sus bocas casi se tocaban - o el año. Haría todo por estar contigo.

Lo besó, pero él no respondió a su beso y la aparto. Y pensar que fue justo esta mañana cuando estaba preguntándose cuanto tiempo tardaría ella en romper su corazón ¡Pero qué ironía!

- No - dijo Vladimir - Tal vez podrías cenar con el moreno que tocaba tu pierna durante el almuerzo.

Ella frunció el ceño.

- Pensé que no había compromisos entre nosotros - murmuró

- Que no los haya no significa que no me afecte verte con otro tipo, Evelyn - dijo él apretando los dientes.

- Solo... cena conmigo ahora y hablaremos de esto

- No

- ¿No? - repitió

- No, no soy tu juguete - él sintió como su corazón se rompía y ella como su enojo se acrecentaba.

- Jamás te traté como un juguete Vlad - murmuró Evelyn, porque si usaba un timbre de voz más alto perdería la cabeza.

- Sí, soy un muñeco para ti - recriminó - Si no te gusta donde estoy simplemente me cambias de lugar, si no te gusta la ropa que llevo me compras ropa nueva. Me das atención cuando necesitas consuelo y cuando ya deje de serte útil compraras un nuevo muñeco con tus encantos y yo pasare al olvido. Si...

La mano de Evelyn cortó el aire y se estrelló en la cara de Vlad, dejándolo sin habla. Nunca nadie la había humillado tanto. Por lo general era ella quien dejaba a los chicos, no al revés.

Aprovechando la confusión Evelyn se volteó y salió de las cocinas echando chispas y con la cabeza en alto.

Una vez que estuvo en casa y el enojo se le pasó se dio cuenta de lo que había hecho. Había perdido al único hombre que realmente se interesaba por ella por una riña con su madre.

Fue una completa imbécil y no había forma de negarlo.


...


El sonido de la puerta abriéndose le llegó acompañado por las risas de dos hombres. Se colgó su cámara al cuello y se escondió en un armario de toallas que había en el vestuario.

- No puedo creer lo fácil que ha sido - dijo el chico emocionado.

- Y cual de las dos está más buena - comentó él

Ambos rieron.

- La chica, obviamente - respondió el muchacho

- Es cierto. Evelyn Harden, una preciosura ¿Quien lo diría?

Todo su cuerpo tembló dentro del armario. Esperaba haber oído mal. Deseaba que él simplemente se hubiese equivocado.

- Su madre no está nada mal

- Claro que no, hermosas piernas, muy amable, pero recién separada.

- ¿Y que tiene?

- Son todo un tema Jack - explicó - De esas que aún piensan que su esposo volverá al nidito de amor que alguna vez construyeron.

- Entiendo - murmuró Jack - una negadora crónica.

- ¿Así que 22?

- No aparento mis 25 años, ni siquiera llego a aparentar 22.

- ¿Entonces porque no dijiste que tenías 19?

- No lo sé, tal vez a Evelyn no le gusten los niños. Se le nota un poco en la cara.

Los hombres se quedaron en silencio. Bruce y Jack Mayer. El primero no había cambiado en nada, y el segundo solo se veía mucho más alto y con menos cara de niño.

Tomó un par de fotos de Bruce mientras este se desvestía, de su torso poderoso desnudo, de su cabello negro como la oscuridad, de sus deliciosos y provocadores labios, y de sus preciosos y cautivadores ojos azules.

Esto era lo más cerca que había estado de su familia en muchos años. En contra de su voluntad se le escapó una pequeña lágrima que secó con rabia. Todos los sentimientos encontrados que le producía estar tan cerca de su padre y no poder decirle que estaba viva, o algo parecido, estar tan cerca de su hermano y no poder abrazarlo, toda la tristeza, impotencia y desesperación que sentía una parte de ella hacia que la otra se llenara más de odio, de ser eso posible. Le encontraría un buen uso a las fotos, le encontraría un buen uso a todo y una vez que hubiese acabado con todas y cada una de las personas que la hicieron sufrir entonces volvería con su familia.

Esperó hasta que se fueron y entonces salió.

- Alayssa

Se volteó y allí estaba el muchacho que la había ayudado a entrar.

- Ya voy - murmuró esta y salió de los vestidores como si jamás hubiese entrado.


...


Julia odiaba pensar en la vejez. Odiaba las arrugas, las canas y la piel muerta. No le temía a la muerte, claro que no. Le temía a la fealdad, a la inutilidad de un cuerpo avejentado y una mente insana, le temía a lo que la fuerza de la gravedad podría hacerle a todo aquello que siempre tuvo firme.

Era egocéntrica y obsesiva. Solo tenía una imperfección en su cuerpo y era aquella pequeña cicatriz que apenas lograba verse, alguien que no conociese su existencia no sabría que está ahí.

Decidió dejarse esa cicatriz como un recordatorio de lo que sucedía cuando una vida era arrebatada. Porque aquello no fue una casualidad, cargar con una criatura muerta en su vientre durante nueve meses fue un castigo, el peor que le podría haber tocado.

La decepción en el rostro de su marido y el dolor que cargaba de todas sus ilusiones rotas fueron demasiado para Julia. Entonces entendió que cuando se hacía un mal este se se devolvía por triplicado.

Se esmeró mucho en su atuendo para la cena. Se probó todos sus vestidos y ninguno le gusto, pensaba que la hacían lucir un poco vieja, gorda y apagada.

Al final termino yendo a buscar el atuendo adecuado al guardarropa de su hija, solo por sentirse más joven. Eligió un sencillo vestido blanco con algunos apliques en la cintura y otros en los hombros. Se dejó el cabello suelto y no se maquilló.

Estaba ansiosa y nerviosa, sentía que las horas no pasaban más. Era como un niño esperando un juguete, o un cazador a su presa, aunque los cazadores tienen mucha más paciencia y son mucho más inteligentes que Julia.

Su teléfono vibró en la cama. Era un mensaje de texto de un número desconocido:

"Toc toc. ¿Quien es? Se lo que hiciste el verano pasado. O más bien un invierno hace unos 18 años."

El teléfono resbaló de las manos de Julia y cayó al suelo, pero no le importó. Sus manos temblaban y eventualmente el temblor se esparció a todo su cuerpo.


...


La propiedad Harden abarcaba un pequeño bosque que bordeaba los alrededores de la casa. Evelyn sabía correr por el bosque cuando sentía que ya no podía más.

Después de su padre, Vladimir era el único hombre que se había interesado en ella por quien era. No por su dinero, o su belleza, o lo que podía hacer en un cuarto a puertas cerradas. Él la vio en sus peores momentos y aún así no se alejó.

Ahora lo había perdido y eso dolía. Perder a su único amigo en el mundo entero era algo que le dolía profundamente. Así que en cuanto cayó en la cuenta de lo que había hecho cambió su ropa por una menos blanca y salió al bosque a desahogarse.

Corrió alrededor de dos horas y media, hasta que tropezó con una raíz. Se cortó el muslo con una piedra bastante filosa, se raspo la rodilla y aquel golpe en su brazo izquierdo pronto sería una enorme magulladura.

- ¡Maldita sea! - exclamó.

Se puso de pie con dificultad y se recargo contra un árbol. Al alzar la vista se encontró con aquella mujer, la del club, que la miraba con ese mismo odio a unos cuantos metros

- ¡Oye! - llamó alzando la voz.

Dio un paso en falso y su pierna adolorida por el golpe le falló y volvió a caer. Se levantó rápido, asustada, pero la mujer ya no estaba allí. Miró a su alrededor intentando no parecer atemorizada. Pero estaba en medio del bosque, herida y con una extraña acechando ¿Cuando eso había salido bien en la tele? Nunca.

Tomó valor, olvidando que tal vez estaba en potencial peligro y corrió nuevamente a la casa. Volvió sucia, cubierta de tierra y sangrando, pero al menos había conseguido distraerse de lo sucedido con Vlad a costa del miedo que le provocaba aquella mujer.

No le prestó atención a los gritos de preocupación de Ivette, su niñera, cuando pasó como un rayo a su habitación.

Se desvistió con ansias y se metió bajo el chorro de agua tibia.

Lloró un poco por lo que le había hecho a Vlad, por lo sola que se sentía ahora y por como había arruinado su plan de un verano perfecto y lloro aun más cuando se percató de que sin Vlad, Julia era todo lo que le quedaba. Eso sí que era triste.

Salió de la ducha mucho más desahogada de lo que había vuelto del bosque. Se envolvió en una toalla y salió del baño. Ivette estaba esperándola sentada en la cama con el ceño fruncido.

- ¡Dios mío! - exclamó al verla salir.

Evelyn siguió la mirada de Ivette y encontró una mancha de sangre en la toalla blanca, justo donde tenía el corte en el muslo.

- ¡Mírate, niña!

Ivette llegó hasta donde Evelyn estaba parada y le subió la toalla. Casi se cae de espaldas cuando vio tanta sangre.

- No es tan grande como parece

- ¿Cómo te has hecho esto? - señaló la herida.

- Corría en el bosque, me tropecé con una raíz y caí al suelo - explicó con desgana

- ¿Cuántas veces voy a tener que decirte que no corras en el bosque? - dijo frunciendo aún más el ceño - Cualquier cosa podría pasarte...

- Lo sé mamá Ivette, lo sé.

Evelyn le dio un abrazo a la mujer y esta, impresionada, correspondió.

- No es nada que un poco de alcohol y muchas vendas no solucionen.

Ivette curó a Evelyn lo mejor que pudo.

- Pensé que un día entero con tu madre haría que tu cabeza explotara - comentó mientras ponía el último vendaje alrededor de su muslo.

- Su nombre es Julia, mamá Ivette. Y no es mi madre.

Ivette no volvió a tocar el tema.

- Escuché que tenemos invitados esta noche

- Sí, los conocimos hoy en el club. Julia pasó de perseguir pobretones horribles a conquistar millonarios muy apuestos. - dijo Evelyn recostandose en la cama.

- ¿Así que los invitados son dos millonarios apuestos?

Ivette se recostó también.

- Bruce y Jack Mayer. Millonarios y apuestos.

- ¿Y qué vas a ponerte?

Evelyn guardó silencio.

- Si deseara opacar a mi madre ¿que vestido me recomiendas?

Ivette se puso de pie de un salto y entró al guardarropas de Evelyn. Este era tan grande como la habitación de la niña, la ropa estaba acomodada por prenda y color, del más claro al mas oscuro. En medio habían dos torres llenas de pares de zapatos. Era el sueño de cualquier mujer.

Tomó un vestido azul Francia escotado, ceñido y con una abertura en la falda del lado derecho, y unos zapatos negros básicos. Una vez que Evelyn se probó el vestido se dio cuenta de que la abertura de la falda dejaba ver su venda.

- Podrás robarte toda la atención - explicó Ivette al ver como Evelyn escrutaba la falda.

La chica sonrió y se calzó los zapatos.

Evelyn salió de su habitación cuando escuchó el timbre. Se encontró en el recibidor a dos hombres apuestos vestidos de etiqueta. Bruce llevaba una camisa roja, con corbata, saco y pantalones de vestir negros. Jack, por otro lado, lucia una camisa azul Francia, como su vestido, un poco desprendida y unos jeans negros.

También estaba Julia. Con un vestido blanco que había robado de su armario. Evelyn sonrió, debía admitir que tenia buen gusto.

- Que puntuales - dijo Evelyn mientras bajaba las escaleras llevándose las miradas de los tres.

- No podíamos hacerlas esperar

Llegó hasta donde estaban y Jack aún no podía cerrar la boca. Bruce le propinó un ligero codazo en las costillas.

- Tiene una hermosa casa señora Harden - elogió Jack

Al ver la sonrisa de suficiencia que se extendió en el rostro de Julia, Evelyn no pudo soportar más.

- La casa es del señor Harden - aclaró ella con una sonrisa mucho más grande que la de Julia.

- En efecto - reconoció Julia - Una casa en la que ya no vive, una esposa a la que ya no ama y una hija a la que ha abandonado.

Luego de cruzar miradas asesinas ambas sonrieron a sus invitados.

- Pasemos al comedor - dijo Julia.

Bruce y Jack la siguieron de inmediato, pero Evelyn se quedó un poco atrás. Aquel comentario le había dolido, no porque saliera de la boca de Julia sino porque era cierto.

Durante meses guardó esperanzas de recibir una llamada, un mensaje o una visita, pero jamás sucedió. Le dolía tanto admitir que su padre la había abandonado que fingía que estaba de viaje de negocios y pronto volvería. El hecho de que alguien más dijera aquella verdad en voz alta la volvió más real de lo que habían sido todas sus mentiras.

Cuando entró en el comedor se hizo evidente que el ambiente se había puesto muy tenso. Su madre estaba sentada en la cabecera de la larga mesa, Bruce se había acomodado a su izquierda y Jack estaba sentado junto a Bruce.

Cruzó la estancia y se sentó a la derecha de Julia.

- ¿Jack siempre fue tan bueno y educado como lo es ahora? - preguntó Julia a Bruce.

Bruce sonrió.

- Claro que no. De niño solía arrojar piedras a las ventanas de los vecinos porque odiaba su acento. - todos rieron excepto Evelyn - Gracias a Dios todos los niños se convierten en hombres con rapidez.

- Evelyn nunca fue una niña tierna, desde bebé estuvo dispuesta a causarnos pequeños tormentos.

La chica ya sabía lo que venía a continuación. Un montón de anécdotas que la dejarían en ridículo, pero esta vez no iba a contraatacar. La mención del abandono fue un golpe bajo que le sacó la mayoría de sus fuerzas.

- No creo que...

- Claro que sí Bruce. Nos volvía locos, ni siquiera su nana supo domarla.

- Si no lo logró su madre - dijo Jack - qué posibilidades podía tener una nana.

Julia apretó los labios y Evelyn sonrió, una sonrisa que Jack correspondió.

- Y luego de un par de años se volvió completamente indomable. - continuó, como si el comentario de Jack nunca se hubiese dicho - Quizá mi esposo se cansó de luchar con ella y por eso me dejó.

Evelyn contuvo las lágrimas, pero Jack no pasó por alto sus ojos húmedos y colorados.

- Disculpe ¿Dónde se encuentra el baño? - quiso saber Jack

- Evelyn te lo mostrará, cariño.

"Genial" pensó la muchacha "Simplemente genial"

- Anda, sígueme - ordenó Evelyn, levantándose de la mesa.

Guió a Jack a la planta alta y le mostró el baño de invitados, pero este se entretuvo en la puerta.

- Tu madre definitivamente te odia - comentó.

- No más de lo que yo la odio a ella. ¿Vas a entrar o no?

- No.

Jack sonrió y Evelyn notó que se le marcaban los hoyuelos.

- Era un burdo ultraje para estar a solas - bromeó

- No - repitió Jack - creí que necesitabas rescate.

- ¿De Julia?

- No, de la situación. Siento lo de tu padre, se que no murió...

- Ojalá lo hubiese hecho.

Dejó a Jack juntó a la puerta del baño y se sentó en la escalera. No pasó mucho tiempo hasta que él se sentó a su lado.

- Siento haber tocado el tema

Evelyn suspiró.

- No tienes que disculparte, Jack. Yo no lo llevo nada bien.

Jack pasó un brazo por sus hombros y la atrajo hasta su pecho en un intento de abrazo. Ella cerró los ojos y dejó que la confortabilidad la invadiera por completo.

- Se que no es de mi incumbencia, pero... - comenzó Jack - ¿Qué te pasó en la pierna?

Evelyn sonrió.

- Me caí en el bosque.

Jack pasó suavemente su mano por el muslo de ella, haciéndole sentir un leve cosquilleo. Alzó el rostro y él la besó. Un tibio beso, suave y reconfortante. Nada existía para Evelyn más que ese momento, casi olvidó que sus padres estaban ahí, que había una cena, incluso olvidó donde estaba.

Tomó al joven de la mano y lo condujo a su habitación. Una vez allí empujó a Jack hasta su cama sin dejar de besarlo. Se subió a su regazo y las manos de éste recorrieron su cuerpo como un explorador destinado a conquistar cada una de sus curvas, cada rincón de su piel. Jack besó su cuello y Evelyn gimió en si oído. Ella se quito el vestido y Jack la tumbó en la cama, se puso de pie y la contempló. Se veía ansiosa, deseosa, y tan perfecta. Llevó sus manos a la bragueta de su pantalón y entonces se detuvo.

Parecía haber visto un fantasma.

- ¿Qué sucede?

- Vístete - murmuró arrojándole el vestido - Esto no está bien.

- ¿Qué? - dijo frunciendo el ceño.

- Hazme caso Evelyn, este no es el momento.

Evelyn no hizo preguntas, se colocó el vestido, se peinó un poco el cabello y volvió a pintarse los labios. Le tendió a Jack una toallita desmaquillante para que se sacara el labial de la cara y el cuello.

Después de unos instantes, ambos ya estaban sentados a la mesa, la comida se había servido y Evelyn cambió su copa de jugo por una que contenía vino.

Jack se veía tan patán, con esa sonrisa de imbécil, pero Evelyn se veía totalmente indiferente, pero se había sentido tan humillada, tan despreciada, que su humor se había ido por los suelos. Nunca antes alguien le había dicho que no, nunca la habían humillado así.

Tenía ganas de gritar, de romper cosas, de arrojarle todo el vino de su copa a su madre, a ver si de ese modo cerraba un poco su bocota. En lugar de eso, se mantuvo callada, llenando su copa cada vez que el vino se acababa, comiendo de vez en cuando un bocado de la carne que tenía enfrente y amargándose cada vez más.

Cuando llegó la hora de despedir a los invitados, Evelyn a penas conseguía poner un pie frente al otro manteniendo el equilibrio.

- No te preocupes - le dijo Bruce a Julia - Es solo un poco de vino.

Tomó a Evelyn en sus brazos, la llevó a su habitación y la acostó en la cama.

- Yo podría haber llegado sola - mintió.

- Tal vez - dijo Bruce sentándose junto a ella - pero hubiese sido menos divertido. No debiste tomar tanto vino Evelyn, y si ibas a tomar por lo menos hubieses comido un poco más.

- Claro que comí.

- Claro que no, no puedes mentirme, estuve observándote la mayor parte del tiempo.

Con esfuerzo se sentó en la cama y se acercó tanto al hombre que sus bocas casi se tocaban.

- Huya mientras pueda, señor Mayer - le advirtió

- ¿A qué te refieres? - este frunció el ceño.

- Mi madre no es lo que parece.

- ¿Y qué es entonces?

Evelyn acarició el cabello enrulado del señor Mayer.

- Un monstruo.

Volvió a acostarse en la cama y cerró los ojos. Bruce se quedó allí, contemplándola. Realmente era hermosa y se parecía tanto a ella, que era casi como tenerla de nuevo. Acarició el sedoso cabello rubio de la niña y cuando se inclinó para besar su mejilla ella corrió la cara y lo besó.

Cuando se alejó, Evelyn sonreía. Totalmente consternado, abandonó la habitación de la joven.

Julia lo esperaba en la puerta.

- Ha sido una gran noche - mintió Bruce.

- Lo fue

- ¿Desayunamos juntos mañana?

El corazón de Julia dio un pequeño brinco.

- ¿A las diez en el club?

- Suena magnífico.

Antes de marcharse besó a Julia, fue un beso ligero pero eso bastó para que a ella se le acelerara el corazón.

- Nos vemos mañana.

Julia cerró la puerta y una vez en su habitación se quito los tacones y el vestido. Tomó su móvil, volvió al mensaje que le habían enviado unas cuantas horas atrás y tecleó con furia.

"¿Quien eres?"

No tardó en recibir una respuesta.

"¿Qué crees que dirá Evelyn cuando se entere de tu sucio secreto? "

Estaba a punto de responder cuando el timbre sonó. Decidió que los empleados se encargaran de quien fuese que tocase a esta hora, pero aún así, se asomó a la puerta cuando escuchó pasos subiendo las escaleras.

- ¿Quién era? - preguntó a Ivette en cuanto esta pasó por su puerta.

- Un hombre trajo un paquete para Evelyn

Julia le arrancó el paquete de las manos a Ivette y esta, furiosa, la siguió dentro de la habitación.

- ¿Qué crees que haces?

Tomó una pequeña navaja y abrió el paquete. Dentro no había mucho, un cuadro de vidrio con una foto. En ella aparecían dos niñas una de cabello negro y otra de cabello rubio, abrazándose rodeadas de pasto y árboles. La niña rubia sonreía mientras que la morena miraba hacia otro lado con fastidio.

Volteó el cuadro y vio que la foto tenía una inscripción, aunque Julia no la necesitaba para saber quienes eran las niñas de la foto.

"Julia y Margaret, 1978"

En un ataque de ira, Julia arrojó el cuadro al suelo y este se hizo añicos.

Ivette se apresuró a levantar los cristales, entonces vio la foto y quedó boquiabierta.

- ¿Quien más lo sabe, Ivette? - preguntó apretando los dientes.

- Yo... me aseguré de que nadie más lo supiera.

- ¿Entonces tengo que pensar que este es uno de tus juegos?

- ¿Acaso eres estúpida? - escupió - ¿Por qué me esforzaría tanto por mantener toda tu mierda bien oculta y le enviaría algo así a la única persona que no deseo que se entere?

- No lo sé

17 de Septiembre de 2019 a las 03:42 0 Reporte Insertar 1
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