El nahual Seguir historia

oscar-cortazar1568667224 Oscar Cortazar

Una historia sobre el famoso y legendario nahual mexicano


Cuento Todo público.

#fantasía #misterio
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El nahual

Como en todas las regiones de rico folclor, en la Mixteca abundan los seres extraños, fantasmas y otros fenómenos. En las narraciones populares abundan los duendes, las brujas, el charro negro, la llorona, los nahuales y muchos otros. Algunos, como los duendes -criaturas traviesas pero también maliciosas- son una versión de los elfos europeos; otros, como el nahual, es símbolo de desgracia. A él se refiere nuestro cuento.

Una tarde había reunión en el rancho. Se hablaba de espantos cuya simple mención estremecía a todos, menos a Chucho, un compadre incrédulo y muy valeroso. Uno de los presentes nombró al nahual.

-¿Qué es eso? -preguntó Chucho.

-Un animal -replicó el otro. Lo que pasa es que hay personas que hacen rituales de brujería para volverse animales. Luego salen de noche para espantar a la gente y chupar la sangre de los niños chiquitos.

-¿O sea que es parecido a un monstruo? -preguntaron.

-No, pero es muchas cosas. Puede ser un animal de cuatro patas, ya sea un perro, caballo o chivo. Cuando estaba chamaco a mi papá lo asustó un nahual. Le dio fiebre y andaba con toda la boca seca. Se puso tan mal que lo tuvieron que llevar con tía Severa para que lo curara de espanto. De puro milagro jamás volvió a ver al nahual aunque anduviera solo en el monte o en el río.

-¡Payasadas! -exclamó Chucho.

-Que se muera mi mamacita si te estoy contando mentiras. Incluso los viejitos de antes nos contaban que cuando iba a nacer un niño regaban ceniza o cal afuera de la casa, para ver que animal había dejado su huella. Y que ese animal iba a ser su protector y guía para toda la vida.

-No creo nadita de eso -remató.

Se despidió la reunión. El incrédulo se fue para su casa. Por el camino lo iba venciendo una modorra indefinible. A su pesar creía percibir una cosa extraña. La temperatura veraniega lo venció y al llegar al patio de su casa se sentó en la mecedora para tomar un descanso tardío. Lo dominaba cierto malestar pesado, angustioso.

Llevaba un rato dormitando cuando se levantó sobresaltado. Abrió los ojos y vio a un coyote que lo miraba amenazante con sus ojos malignos y amarillos. Se sacó la pistola que traía en el cinto dispuesto a liarse a balazos con el.

-¡Canijo animal! -gritaba, al tiempo que quitaba el seguro de su arma.

Aparentemente el animal quiso huir, pero Chucho fue implacable con su arma. Tres balazos impactaron en el lomo del animal, tal que huyó malherido dejando tras de sí un rastro de sangre. Cuando acabó la faena se limpió el sudor de la frente, con el arma todavía empuñada.

Al otro día cuando rayaba el mediodía, uno de sus chalanes se le acercó:

-Señor ¿ya supo que acaba de fallecer don Justo? Hoy en la mañanita lo encontraron muerto en el jacal abandonado, el caso es que lo balacearon y estaba todo desangrado.

-¡Con un carajo! ¡Si era cierto!

16 de Septiembre de 2019 a las 21:07 0 Reporte Insertar 0
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