La Trilogía de Eme Seguir historia

jvalboa Valboa

Eme y su hermano menor, Teo, han sobrevivido a la Peste Roja. Ahora es momento de que cambien la historia!


Post-apocalíptico Todo público.

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Juegos Pirotécnicos

La peste cayó en Valentis un jueves antes de la media noche. Ese jueves era la celebración anual del nacimiento de Riu Valenti. La población entera se reunía en plazas, colegios y campos abiertos, levantaban carpas y extendían mantas para recostarse en el césped. Una banda musical y algunos shows de magia abrían el espectáculo.

Desde muy pequeño el padre de Eme lo llevaba a una especie de campo de fútbol junto a la escuela de Valentis en la que un par de miles de personas se juntaban para celebrar el Natalicio del fundador del Gap, o eso decían, porque el mayor atractivo de aquella gran fiesta era el show pirotécnico que se preparaba justo a las 11 de la noche.

Ese jueves era imposible encontrar entre la multitud a una persona más emocionada por los fuegos artificiales que a Teo, el hermano menor de Eme. Seis años de energía contenidos en un metro y diez centímetros de carne y pelos revoloteando.

"Tú crees que hoy repitan la mariposa?" Pregunto a su hermano mayor.

"Eso creo, Teo, siempre lo hacen". Respondió

"Si! Vendrá después de las cuatro estrellas azules?"

Eme afirmó y continuó el camino hacia el campo de fútbol.

Mamá y Papá estaban ya acomodados en un lugar al que iba toda la familia. Primos y abuelos y sobrinos y nietos y uno que otro cuñado. Al llegar, los hermanos Robleazul se hicieron a sus sillas y buscaron una bebida en la heladera comunal. No pasó mucho tiempo para que Teo estuviera saltando aquí y allá junto con los demás chicos de la familia y los de otras familias. Así que Eme aviso a sus padres y fue a chequear la banda.

La pista de baile no era muy grande pero contenía una buena marea de personas que seguían el ritmo de la música. Eme se sumergió y con sigilo se fue acercando al banco de adolescentes que practicaban la indiferencia ficticia de bailar de forma que parezca que no le prestan atención a nadie pero esperan que todos les presten atención a ellos. Y aunque Eme se esforzaba por no prestar atención a nadie, le era imposible quitarle los ojos de encima a Florencia. Ella bailaba como ninguna otra en la pista. Hasta el cantante principal de la banda le había visto.

"Buena música" grito en dirección de Flore.

"¿Ah?"

"Dije que está buena la música"

"Ah si"

Florencia dio un giro y se fue con la corriente que iba hacia el escenario. Los ojos del vocalista no se despegaban de ella y Eme se decidió a perseguirla.

"¿Te acuerdas de la vez que entramos a la fábrica? ¿Fue la primera vez que nos vimos?" Dijo otra vez con un tono más indiferente.

"Aja" respondió ella y dio unos pasos más a la derecha.

"Me acuerdo cuando te vi. Pensé que eras una chica muy linda" dijo a gritos sin notar que la canción justo terminaba.

Florencia recuperó su compostura y con una pequeña sonrisa desabrida se despidió de Eme y camino hacia la parte de atrás del escenario en donde la esperaba su último compañero amoroso.

Eme entonces se embarcó en el camino de regreso. Su paso cansado y lento le daba tiempo para pensar en lo que pasó.

"No hubo suerte esta vez, eh?" dijo su mejor amigo que se le unió en el camino

"Ni está ni ninguna. Ya he perdido la cuenta." dijo Eme.

"Le das mucha importancia"

"No conozco a alguna mejor, Gio, ella es la mejor en todo lo que me gusta."

"Es especialista en rechazarte cuando no te necesita y en buscarte cuando está en problemas."

"Eso no es completamente cierto, y lo sabes. Recuerdas la vez que vino a la fábrica y me trajo las herramientas que había dejado en la cafetería"

"Esa misma tarde te pidió que le arreglaras su máquina para evitar que la coordinadora la reportara"

"Y como no iba a ayudarla? Ella me trajo mis herramientas!"

Gio encogió sus hombros y se despidió de Eme mientras se unía a los suyos. Eme por su parte retomo su asiento y alcanzo otra bebida de la heladera.

"¿Fuiste a buscar a a Florencia?" Preguntó Teo que volvía por un bocadillo

"Si"

"¿Y? ¿Te dijo algo nuevo?"

"No quiero hablar de eso ahora T."

"Ok. ¿Falta mucho para empezar?"

"¿Los juegos pirotécnicos?"

"Claro. ¿Que otra cosa?" Dijo el menor de los Robleazul

"Falta un poco más. Todavía hay mucha luz en el cielo. Debe estar muy oscuro."

"Ok. Nos vemos" dijo Teo y salió disparado a buscar a sus contemporáneos.

El cielo en Valentis era azul y rosa en los anocheceres. Una especie de seda nubosa lo cubría y las estrellas más atrevidas brillaban a lo lejos. La luna medio sonriente se ocultaba entre las nubes vaporosas. Una tarde increíble que daba paso a una noche inolvidable.

El anunciante despidió a la banda y con arengas preparó a la multitud para el show central. La noche ya acomodada proveía el lienzo perfecto para las luces coloridas que iban a adornarle. Eme y Teo se sentaron junto a sus padres en sus sillas plegables y todos como un nido se cobijaron bajo el mismo edredón de cuadros rojos y blancos que Mamá había cosido el verano pasado. Teo por primera vez en todo el día permanecía inmóvil viendo el infinito hasta que la primera bengala apareció en el horizonte.

"Wow" sonó entre la multitud
Una explosión amarillenta y escandalosa abrió el show y tras de ella decenas más. Teo, con tan solo seis años, conocía el programa de rutina.
"Tres pequeños círculos blancos, luego dos chispas azules." Susurraba.
Eme después de los primeros diez minutos se desconectó del espectáculo y se sumió en sus afanes. De cierto modo, el cielo cubierto de luces intermitentes y llamativas se parecía a sus ideas. Brillantes pero de corta duración. Eso de ir a buscar a Florencia en la pista, de hablar cuando todos callan, de estar siempre atento cuando los demás esperan indiferencia, de imaginar un mundo en el que brillamos con luz propia pero con el último propósito de iluminar el camino a los que aún no lo encuentran. Tal vez, pensaba, debería ser un poco más reservado con sus ideas y dejar a los demás resolverse por si mismos. Nada de ayudar a Mamá cuando no sabe cómo usar los intercomunicadores, o de resolver las tareas de Teo, o de llevarle comida a Gio y a su madre cuando no han comido por días. Que ellos se resuelvan, así como Florencia resolvió irse con el vocalista.

Y luego el silencio. Ese silencio absoluto lo sacó del remolino y vio de reojo que su hermano dormí en su silla. La Luz que quedaba luego del show era minúscula y hacia difícil más allá de sus propias narices.
"Teo, Teo" dijo Eme ,"Ya terminó el show"
El pequeño no se movía.
"Mamá, Teo se durmió otra vez. No se si se perdió el final. Mañana va a estar muy molesto si no pudo ver la mariposa."
No hubo respuesta.
Como pudo se salió de debajo del edredón y vio que Papá y Mamá también dormían. También el tío y la tía y el nieto y el sobrino y uno que otro cuñado. Todos dormían. Hasta Gio y lo suyos. Hasta el anunciador. Todos dormían menos Eme. Que deseaba en ese momento no estar despierto.

27 de Agosto de 2019 a las 04:56 0 Reporte Insertar 1
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