DEJE IR AL AMOR DE MI VIDA Seguir historia

M
Macarena Gonzalez


Esta es la historia de María José*, una mujer que dejo escapar al amor de su vida por cobardía, o tal vez porque el destino lo quiso así, una mujer que amo, ama y seguramente seguirá amando a otra, esperando desde el fondo de su corazón aunque sin esperanza alguna su segunda oportunidad, convencida de que el karma por haber roto corazones llego para quedarse por mucho tiempo.


LGBT+ Todo público.
0
495 VISITAS
En progreso - Nuevo capítulo Todos los martes
tiempo de lectura
AA Compartir

MI HISTORIA

Hay un dicho popular, “existen tres cosas que nunca regresan, las palabras dichas, la flecha lanzada y las oportunidades perdidas”, y sobre eso último se trata todo esto, sobre cómo perdí la oportunidad de estar con quien tal vez sea el amor de mi vida, y de cómo con cada minuto que pasa después de tanto tiempo sigo reprochándome el por qué no me arriesgue, por que no hice cosas que seguramente habían cambiado el destino de las dos, por qué no fui valiente, demasiados “por qué” rondan en mi cabeza, seguidos de: y si hubiera hecho aquello o lo otro, que hubiera pasado si….. en fin.

Todo sería tan fácil si pudiéramos elegir a voluntad de quien nos enamoramos y de quien no, o simplemente ordenarle al corazón dejar de latir como loco por alguien que no te corresponde, si pudiéramos conectar nuestro cerebro con el corazón en vez de que sean dos órganos completamente independientes, todo seria mas fácil, pero no, para diversión de los astros o del destino, a veces nos deben romper el corazón y en este caso soy de los dos grupos, de quienes han roto el corazón y a quien se lo han roto, en las próximas líneas relatare como es que he roto corazones y cómo finalmente llegó alguien que me lo rompió.


Antes que nada, debo aclarar que todo lo redactado aquí es completamente cierto y verídico, dicho lo anterior, lo más cortés de mi parte sería presentarme, y siempre he querido cambiarme el nombre así que me llamaré María José, soy profesional pero omitiré mi profesión, digamos que prefiero el anonimato, tengo 25 años, papás, hermanas y hermanos, nací en un pueblito de Colombia, pero a los nueve años mis padres nos trajeron a otra ciudad de la cual estoy muy agradecida; nací y crecí en una sociedad y cultura machista, violenta, religiosa, conservadora, para colmo en el siglo pasado donde los derechos de las personas homosexuales ni siquiera se contemplaban en ese pueblo, además de que la información sobre el tema era nula casi que inexistente, tanto que ni siquiera sabía lo que eso significaba, lo que yo sabía a los 5 o 6 años era que me llamaban la atención algunas niñas de mi salón, pero que a la vez me gustaba otro niño también de mi salón, que puedo decir, un corazón grande no?, recuerdo que no me gustaban las muñecas, de hecho cada vez que me compraban una terminaba tirada o rota, en cambio mis juguetes favoritos eran los balones, las motos, los sets de doctora, las pistolas, etcétera, todas aquellas cosas que los adultos encasillan como “juguetes para niño”, aun así, jugaba con ellos mayoritariamente sola, y ni hablar de la ropa, siempre con pantalones, las faldas nunca llamaron mi atención, por más que mis padres y tíos se esforzaban en que me viera linda con moños y ropa color rosa nunca me gusto, así que terminaban vistiéndome con esa ropa que me dejaba poner, sumado a que era clima frío y servía mejor los pantalones para ello. En cuanto a cortes de cabello llegue a un punto en el que obligue bajo presión a mis padres (o tía) no recuerdo que me hicieran el corte “hongo”, ya saben ese corte ridículo que alguna vez todos tuvimos o por lo menos la gran mayoría.


Después de esta descripción se imaginaran mi apariencia actual como la clásica chica lesbiana que lleva pelo corto, camisas a cuadros, jeans y tenis, sumado a una gorra, y no estaban más alejados que eso, pues aunque no lo crean no me veo así, mi apariencia es más bien la de una chica del común que en ocasiones le gusta verse muy femenina y en otras no tanto, pero que la mayoría de veces se esmera por su apariencia física., eso sí, sigue sin gustarme el color rosa y las faldas.


Pues bien, como decía no nací en el mejor entorno posible para un niño sea cual fuere su género, y sumado a eso nací mujer para el infortunio de mi padre, que como era de esperarse quería un hijo varón, pues bien, nacer mujer en este pueblo implicaba que ya tenía mi rol asignado y los patrones a seguir completamente delimitados, es decir ser sumisa, dedicada a la casa, a cumplirle a mi marido, y procrear como conejo, no existía el Internet, los celulares inteligentes, nunca vi un computador allí antes de mudarme de ciudad y las llamadas telefónicas eran un lujo, si, estoy hablando de hace mucho tiempo.


Nunca pregunte si estaba bien o mal que me sintiera atraída por las niñas de mi salón, o que quisiera acercarme a ellas más de lo normal, o que a la vez me gustara un niño, pero creo que en el fondo sabía que no sería bien visto, era una niña desorientada, sin información, sin nada más que el ejemplo de quienes me rodeaban, y ese ejemplo era el de una pareja conformada por hombre y mujer, en el que el hombre tenía casi que derechos ilimitados sobre aquella que se presumía de su propiedad, su esposa, su mujer; ese era mi mundo, una niña confundida que no era como lo que se esperaba que fuera, que no sabía qué le pasaba, pero que tampoco preguntaba por ello, y menos mal no lo hice, en esa época me hubieran dado una golpiza de la que tendría aún el recuerdo vivo.

13 de Agosto de 2019 a las 23:07 0 Reporte Insertar 0
Continuará… Nuevo capítulo Todos los martes.

Conoce al autor

Comenta algo

Publica!
No hay comentarios aún. ¡Conviértete en el primero en decir algo!
~