Cuento corto
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Tierras oscuras

Tobías había ingresado a la casa del tío Alberto, era lejano de la familia, no le gustaba hablar ni salir; era un ermitaño. Pero ahí estaba él, visitándolo, porque según sus padres, estaba mal dejarlo aislado. ¿Pero qué podía hacer? Eso era lo que el viejo había elegido; no cambiaría de opinión.

Sabía poco y nada, destacaba que, en sus tiempos de juventud, era más amigable y pintaba cuadros junto a un dibujante bastante reconocido. Hasta que un día, sin más, dejó de ser amigable. Se oscureció.

El chico se detuvo en un pasillo, frente a un cuadro en tonos grisáceos, era un bosque, de noche. Se sintió atraído por esa pintura, amaba los tonos oscuros.

Pasó la yema de sus dedos por el lienzo; y se sintió mareado, como si hubiera caído en un pozo profundo. Miró a su alrededor y el pánico lo cubrió. Estaba en el bosque de la pintura, árboles frondosos, oscuridad y sonidos extraños, seguramente de animales. Miró hacia lo alto, y lo único que pudo apreciar era la luna llena, que iluminaba la estancia.

Un chillido agudo rompió con la poca tranquilidad que le quedaba, no deseaba conocer qué clase de criaturas habitaban el lugar, comenzó a caminar, cauteloso; mientras pensaba si su tío realmente había creado eso, y cómo lo había hecho.

Oyó pisadas y un movimiento de malezas, y su sangre se heló.

Un par de luces turquesas se veían entre las matas. De pronto, las luces comenzaron a ascender; y comprendió que eran dos ojos, que en un parpadeo, se convirtieron en un color rojizo.

Sus piernas respondieron y comenzó a correr, no sabía dónde iría, pero debía huir de esa cosa. Gruñidos se escuchaban por el lugar, y sintió el llamado de la muerte cuando resbaló en el lodo.

La bestia se puso sobre él, tenía el tamaño de un oso, pero el cuerpo de un lobo. El detalle más loco, era que su pelaje era azul con tonos verdosos. ¿Qué clase de persona había creado algo así? La criatura abrió su boca, y un hedor a putrefacción provino de su interior. Tobías comenzó a desesperarse, jamás creyó morir en las fauces de algo de un lugar inexistente, fantástico.

Sintió un rasguño en su abdomen y gritó, cuando de pronto sintió un vacío. Abrió los ojos, y se encontraba en el pasillo del cuadro. Una muchacha se encontraba arrodillada frente a él, de ojos verdes y cabello castaño. Un talismán rojo se encontraba en su mano. Lo miró seria.

–Jamás vuelvas a entrar allí; la próxima no estaré para salvarte el pellejo–dijo, brusca.

No alcanzó a pronunciar sus dudas, que ella ya le había tocado en la sien, dejándolo inconsciente.

Abrió sus ojos, y estaba de pie frente a la pintura. Miró el reloj al fondo del pasillo, el tiempo no había pasado. Todo le pareció una absurda alucinación.

Pero en el fondo, estaba fascinado.

Como dicen, la curiosidad mató al gato; ya que al cuadro, volvió a ingresar.



M.B. Grade

2 de Agosto de 2019 a las 14:19 0 Reporte Insertar 2
Fin

Conoce al autor

Marisol Grade Argentina, 18. Amante del café, los animales y la buena lectura. Espero que puedas disfrutar mis obras :)

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