¡No sin mi cámara! Seguir historia

khbaker K.H Baker

Parodia que habla de una joven que vive enganchada al teléfono móvil. Esta historia, a pesar de tratar un tema de actualidad, es totalmente ficticia. Historia perteneciente al reto "El humorista" de la copa de autores.


Humor Sátira Todo público.

#theauthorscup #theothersideofthings
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Capítulo 1

1

La alarma sonó, como cada día, a las siete de la mañana y, para entonces, Shelly ya llevaba una hora levantada. Su rutina diaria era un caos total para alguien no entendido en la materia, sin embargo, para ella era lo más sencillo del mundo. Se pasaba el rizador de pelo, un poco de base en el rostro, polvos iluminadores, rímel y un poco de gloss… Un look natural a pesar de todos los potingues que se echaba en la cara. Totalmente despejada y, después de poner la cafetera, se volvió a tumbar en la cama, se tapó parcialmente con la sábana, dejando que la camiseta le cayese un poco para así mostrar uno de sus hombros y, entrecerrando los ojos como si se acabase de levantar, se hizo una foto en plano picado, justo desde arriba.

—Hashtag belleza matutina, hashtag recién levantada, hashtag sin filtros —enumeró mientras escribía las etiquetas en su publicación de instagram.

Después de hacerse una foto casual, se volvió a levantar de la cama y dejó que su móvil comenzara a sonar, recibiendo ya de buena mañana su primera decena de likes. Preparó la mesa como si fuese a recibir una visita especial, colocó un mantel blanco, un pequeño jarrón con unas margaritas de plástico y un platito blanco con algunos bollos. Después, colocó su taza con la frase ‘Toda buena historia comienza con un buen café’ y volvió a coger el móvil para enfocar con su cámara todo aquello que había preparado.

Cuando el objetivo del móvil captó la taza, dejándola en un primer plano, Shelly se dio cuenta de que uno de los bollos que había puesto en el plato estaba un poco hundido, por lo que, rápidamente y como si aquello fuese una urgencia que debía resolver de forma inmediata, lo quitó del plato y fue a coger otro de la bolsa. Sin embargo, cuando abrió el armario de la cocina donde guardaba los bollos, se dio cuenta de que no le quedaban más.

Aquella noticia parecía haberle afectado, a pesar de que no era nada grave, ella tenía una rutina bastante clara y los viernes tocaba café con bollos. Como si le fuera la vida en ello, cogió el móvil y telefoneó a su mejor amiga quien, después de tres tonos que a Shelly se le hicieron eternos, atendió la llamada medio dormida.

—¡Carol! —exclamó Shelly sin darle tiempo a su amiga a responder—. ¡Tengo un problema urgente!

—¿Qué te ha pasado ahora? —preguntó Carol, bostezando en mitad de la frase—. ¿Se te ha llenado la memoria del móvil?

—¡No! ¡Y no te burles de mí! —exclamó ofendida—. ¡Se me han acabado los bollos para el desayuno!

—¿Y eso es un problema? Ve a comprar más.

—¡Ahora está todo cerrado! —Se quejó Shelly.

—Entonces espera a que abran. De verdad, haces un drama de todo.

—¿Me quieres decir entonces como hago la foto de mi desayuno?

—Dime, por favor, que no me has despertado para esto… —clamó Carol.

—Para ti es muy fácil decirlo, Carol, tienes el instagram muerto de la risa, pero yo me debo a mis seguidores —explicó Shelly con retintín.

—Lo que tú digas. Te acuerdas de que hoy hemos quedado para ir a la cabaña del lago, ¿verdad?

—¡Claro que sí! Ayer hice un directo sobre todos los planes que haremos y lo bien que lo vamos a pasar… —hizo una pequeña pausa mientras paseaba por el salón—. Habrá cobertura, ¿verdad?

Hubo una pausa y Shelly tuvo que retirarse el móvil de la oreja para comprobar que su amiga no le había colgado.

—¿Carol?

—Sí, habrá cobertura, tranquila. Ahora, ¿puedo dormir un poco más?

—¿Pero qué pasa con mis bollos?

Carol colgó la llamada y Shelly resopló ligeramente molesta, después volvió a la mesa donde lo tenía todo preparado y se cruzó de brazos. Tenía que encontrar la forma de publicar su foto antes de que el café se enfriara, sino perdería el vaho que le daba a la foto una vivacidad increíble. Entonces, una idea fugaz cruzó su mente, desbloqueó el móvil e hizo la foto que tanto se había esforzado por que fuera perfecta. Cuando la miró, supo que le faltaba el platito al lado y que, de algún modo, así no estaba completa, sin embargo, se echó hacia atrás en la silla y compartió la fotografía en instagram.

—Viernes de café y bollos (sin bollos), hashtag soy una rebelde —susurró mientras escribía, antes de reír para sí misma.


2

Después de desayunar, y recoger todo lo que había puesto por en medio para hacer el desayuno, decidió que debía hacer un poco de ejercicio, o al menos, hacerse una foto para su red social preferida. A Shelly nunca le había gustado el ejercicio en exceso, pero ella poseía un cuerpo envidiable por lo que parecía que se pasaba el día entero cuidado de su figura. Cuando vio que los perfiles de fitness y rutinas de ejercicios tenían una cantidad desorbitada de seguidores, ella decidió que debía dedicar un apartado de su cuenta a hacer exactamente lo mismo por lo que, cada mañana, después del desayuno, subía a la terraza que había en su habitación, se ponía ropa de deporte que dejaba al descubierto sus muslos y su abdomen, extendía una esterilla de yoga en el suelo y se preparaba para la foto.

Esa mañana hizo exactamente lo mismo, adoptando la posición de la montaña o tadasana, la cual le brindó ni más ni menos que más de dos mil likes en tan solo una hora. Su entrenamiento no duró más allá de la foto, después se dio una ducha y escuchó música mientras preparaba la maleta para el día que le esperaba. Lo único que deseaba era que hubiese cobertura para seguir compartiendo sus hazañas.


3

Llegó tarde al restaurante en el que había quedado con su amiga para comer cuando, su móvil emitió una serie de pitidos seguidos que anunciaba que tenía nuevo seguidores. Después de revisar las notificaciones, entró en el local, Carol miraba el reloj con el ceño fruncido mientras tamborileaba las uñas contra la mesa. Al verla, le dirigió una mirada de pocos amigos y negó con la cabeza.

—Llegas tarde —dijo Carol.

—Lo siento, lo siento, de verdad… Es que he tenido una mañana muy ajetreada —se excusó Shelly.

—¿A esto lo llamas mañana ajetreada? —preguntó Carol mientras se metía en la aplicación que tan loca volvía a su amiga y comenzó a mirar las fotos de su perfil. En él se veían fotos de Shelly haciendo ejercicio, haciendo la maleta, exfoliándose después de ducharse, relajándose escuchando un vinilo en su tocadiscos antiguo y de un gato que se veía desde el balcón de su casa.

—Vamos, no te pongas así, sabes que…

—Que te debes a tus seguidores, sí —la interrumpió Carol—. Venga, vamos a comer cuanto antes, no quiero llegar tarde al punto de quedada.

Carol le hizo un gesto al camarero con la mano y él asintió, en seguida les tomaría el pedido pero, mientras esperaban, Carol le contó a su amiga que después de aquel último fin de semana de vacaciones entraría a la universidad y estaría menos disponible que lo que había estado el resto del año. Cuando llegó el camarero, Carol pidió una ensalada, ya que era lo más rápido que podía comer, y Shelly pidió una hamburguesa con patatas fritas.

—Más vale que engullas rápido —advirtió Carol cuando el camarero se fue—, porque en cuanto diga que nos vamos, si no has terminado de comer, me voy sola y pagas tú la cuenta.

Ambas comenzaron a reír ante aquel comentario, aunque Carol había hablado totalmente en serio. Quería mucho a su amiga, ambas se conocían desde que eran muy pequeñas, incluso sus madres eran muy amigas, pero no comprendía la forma tan obsesiva que Shelly tenía con el móvil y con publicar todo a cada paso que daba. Lo que le extrañaba era que todavía no hubiera hecho ninguna foto al restaurante aunque, como siempre, había hablado demasiado rápido. En cuanto llegaron los platos que habían pedido, Shelly sacó el móvil para hacer una foto.

—Déjame un momento eso —dijo Shelly, cogiéndole el plato a su amiga. Carol la miró enarcando una ceja. Cuando le hizo la foto al plato de comida, se lo devolvió y le dedicó una amplia sonrisa—. Una buena alimentación es importante.

—Lo dice la de la hamburguesa y las patatas —respondió Carol, riendo ligeramente.

—Sí, pero eso ellos no lo saben —añadió Shelly, llevándose el dedo índice a los labios, indicando silencio mientras con la otra mano tecleaba en el móvil—. Hashtag comiendo sano.

—Hashtag hamburguesa para el body —replicó Carol antes de comenzar a comer, intentando esconder una sonrisa mordaz—. ¿Qué vas a hacer cuando se te acabe la batería?

—Llevo el cargador en la maleta.

—¿Y si estamos fuera haciendo actividades y no hay un enchufe cerca?

—También llevo un cargador portátil.

—¿Y si te lo quito? —se burló Carol.

—Tendré una amiga menos que probablemente muera en el lago —respondió Shelly antes de sacarle la lengua.

Las bromas continuaron durante toda la comida, haciendo que tardaran más en comer y salieran más tarde del restaurante. A pesar de lo que Carol le había advertido a su amiga, no la había dejado sola, sabía que Shelly tenía un gran poder de persuasión e intentar discutir con ella era una tarea más que absurda.

29 de Julio de 2019 a las 21:36 3 Reporte Insertar 10
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ana hoy ana hoy
Felicitaciones! Muy buen cuento.
Tenebrae Tenebrae
¡Muy interesante! ya veremos en qué para tal obsesión de la chica por el celular... y sí, es algo irónico puesto que ahora mismo he leído y comento desde el celular xDD oh rayos...
30 de Julio de 2019 a las 02:38
Impur@ Pervers@ Impur@ Pervers@
Muy bueno
29 de Julio de 2019 a las 16:47
~

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