Porqué me enamoré de ti Seguir historia

byronsalva096 Byron Salva

Lautaro es un joven que ha vivido toda su vida bajo la sombra del temor a ser quien realmente es, privándose de querer, de amar, de respirar con libertad, hasta que Adrián aparece frente a sus ojos. Y le enseña lo que es enamorarse, pero también que a veces el amor dura poco, y se sufre de las maneras más crueles. Gabriel estará ahí para apoyarlo, como un gran amigo, amante de los abrazos, de caminar cogidos de la mano, de saludar de beso y estar dispuesto a todo por sacarle una sonrisa, pero bajo solo una condición: no enamorarse, porque él, es hétero. Lamentablemente, el corazón tiene razones que la razón desconoce, Íker lo sabe sabe bien, quien a leguas se nota, se le caen las babas por Lautaro, y bajo todas estas emociones, y las presiones de su corazón, este último tomará una decisión que le cambiará la vida, a pesar de todos los amigos que siempre estarán con él.


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Prólogo

La silla estaba fría, el aire seco y la habitación, vacía.

Salvo por Lautaro, claro. Por la tina con agua en que tenía sus pies y ese extraño aparato. Le dolían los brazos. Las agujas parecían puestas al azar.

—Comenzaremos —dijo una voz por un altoparlante al interior de la sala—. Echa un vistazo a las hojas, hijo.

En su regazo había una revista. El erotismo gay nunca le había llamado la atención pero, si el terapeuta decía que debía verlo, es porque en serio tenía que hacerlo. La verdad era que se veían un par de buenas…

Un calambre en sus testículos. Se le heló la espina y apretó levemente los dientes

—No eres gay, campeón —oyó por el altoparlante.

Seguía pasando las hojas. Había chicos guapos la verdad.

Los brazos le dolían.

—¡Dios! —dijo, al sentir ese frío gélido en los testículos de nuevo, levemente mayor que el anterior.

—Pero se puede curar —se dijo a sí mismo.

Seguía pasando las hojas, los músculos aparecían frente a mí, las erecciones, la sangre de su cuerpo que circulaba… —¡Aaah! —le estaba doliendo en serio.

—Tú no eres así, chico —decía el altoparlante—. Solo estás desorientado.

Sentía que el agua de la tina se calentaba más y más, y el vello de sus piernas se chamuscaba. Las agujas de sus brazos entraban cada vez más por sus venas y se arrastraba por su sangre esa cosa que le ayudaría a dejar de ser esta mierda de Maric… —¡AAAHHH! —Dios, me dolía.

—Tranquilo —me dijeron—. Si dejas de pensar en ellos, todo se acabará.

Los calambres en los testículos eran muchos. Le dolían. Pero tenía que seguir.

—¡No quiero! —dijo en un grito.

—Sí. Sí quieres —corrigió el señor del altoparlante.

Se balanceó de un lado a otro, intentando aflojar los cinturones. Una de las agujas se rompió y la sangre escurrió.

—No hagas eso —le ordenaron desde la sala de control.

—No quiero —dijo—. ¡No quiero! —gritó, tiritando en el asiento, soltando las correas y levantando los pies del agua, aunque los choques se hacían cada vez mayores.

Los golpes eléctricos que le daban en los testículos cada vez que pensaba en Gabriel le dolían hasta los huesos. ¿Por qué demonios amar a alguien tenía que doler tanto?, la verdad, y siendo sincero, las ganas de olvidarlo por ser hetero y querer ser como él, eran mayores, aunque reconocía también, que le dolía más admitir que nunca lo iba a querer como él. Esos malditos choques —¡AAAHHH! —gemí, llorando, arrancándome otra aguja de otro brazo.

—¡Amárrenlo! —ordenaron, cuando dos tipos de blanco y mascarillas lo volvieron a atar a la silla. Agregaron dos pinzas ahora en sus pezones y, el dolor prosiguió. La garganta le raspaba, la sentía arenosa y sangrienta. Los choques le presionaban el pecho, no sentía los testículos más que para recibir más y más choques eléctricos. El líquido de las agujas entraba en su cuerpo y, el frío le asechaba.

—Piensa en él —incitó la voz, pero negó con la cabeza, mientras lloraba y apretaba los dientes del dolor.

—¡HAZLO! —le gritaron— Dinos ¿qué sientes por él?

Volvió a negar con la cabeza. Si lo negaba, dejarían de darle electroshocks.

Se contuve.

—¡Contesta! —le dijeron mientras la corriente le retorcía el pecho y las piernas, mientras el agua hervía, mientras los brazos se le hacían jirones como cada jueves después de clases.

—Contesta —dijo el terapeuta—. ¿Qué sientes por Gabriel? —dijo.

Pero no lo soportó. Vomitó sobre su pecho, le escurrió por entre las piernas y, sin darse cuenta, también se había meado. Esa mezcla amarillenta manchó el agua.

—Eso es. Debe darte asco, muchacho.

Y así continuaron, por dos horas más.

22 de Julio de 2019 a las 02:46 3 Reporte Insertar 2
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Xabel Mind Xabel Mind
Bueno, ¿y este chaval cómo ha llegado ahí? o-o
22 de Julio de 2019 a las 08:05

  • Byron Salva Byron Salva
    El dolor a veces, nos obliga a tomar malas decisiones 🤷🏻‍♂️ 22 de Julio de 2019 a las 08:19
~

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