EL TAXISTA Seguir historia

alejandro-echavarri1563301272 Alejandro Echavarri

Un taxista, en un día que parecía normal, entabla con una conversación con un pasajero extraño que lo hará replantear muchas cosas...


Cuento Todo público.

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EL TAXISTA

Mientras Jesús conduce su taxi, va mirando hacia la vereda por si algún cliente necesita que lo lleve, cada tanto mira al cielo despejado, como hacía tiempo no pasaba, venían de días con lluvias interminables que habían ocultado al sol, a pesar del frió, que seguía, el sol que entraba por su ventana lo hacía sonreír, todavía le quedaban varias horas de trabajo pero no le importaba, él sonreía.

Esquivaba las calles con grandes edificios ya que las sombras que estos producían sobre la calle le daban una sensación de oscuridad y frió que buscaba evitar. Con la música baja pero con canciones suaves, seguía conduciendo sin encontrar pasajeros. Sin darse cuenta, buscando calles donde haya luz solar se dio cuenta que se había perdido, no tenía noción de donde estaba. Cuando está por llegar a una esquina, un hombre de cuarenta años aproximadamente, de traje marrón oscuro y camisa a cuadros, daba la impresión que se había quedado en el tiempo, por su forma de vestir, levanta su mano y Jesús frena para que suba y así llevarlo, mientras sube, el conductor mira por la ventana la casa donde estaba el hombre y siente que le resulta familiar, como un dejavú recorre su cuerpo. Pero se le va cuando el hombre de manera cortés lo saluda

-disculpe, buenos días, ¿hasta dónde lo llevo? -dijo Jesús con su particular tonada.

El hombre le dijo el nombre del lugar, pero el taxista nunca lo había escuchado. Le dijo al chófer que no se haga problema que él lo iba a guiar, así que Jesús puso primera y salió rumbo a la avenida principal, tal como le recomendó el señor.

-Mi nombre es Antoño, un gusto conocerlo. Qué lindo día tenemos hoy, por suerte.- se presentó el señor, con una potente voz.

-la verdad que día más perfecto no puede haber, el sol radiante, sin contar que está bastante fresco, pero acá, en el auto no se siente, vio -respondió Jesús.

Siguieron conversando, el chófer apago la radio para prestarle total atención al interlocutor del momento.

Mientras esperaba en un semáforo una señora levanta su mano, acercándose al auto, este le señala que está ocupado

Pero la señora igualmente intenta abrir la puerta, la luz del semáforo se había puesto verde y arranco, haciendo que la señora suelte la manija rápidamente.

Por el retrovisor podía ver a la mujer insultando hacia él.

-vieja ciega, no vio que está ocupado. Disculpe pero tengo averiado el cartelito de libre, igual no entiendo como no lo vio, debería tener algún problema de vista.

- puede ser, usted maneje tranquilo. Y cuénteme. Que es de su vida, es de por aquí, le siento un acento diferente -pregunto el hombre, restándole importancia al incidente previo.

- Yo de pequeño viví en la ciudad hasta los cinco años, luego me fui a vivir con mis padrinos a córdoba durante 15 años y volví a la ciudad en busca de una oportunidad laboral, para terminar quedándome nuevamente aquí.

- Con razón esa tonada particular, y cuénteme de sus primeros años aquí, ¿no recuerda?

- La verdad que muy poco y nada, de mi padre tengo como una imagen, pero creo que es más inventada por mí que real. Mi madre nos dejó cuando nací y él se hizo cargo de nosotros. Hasta el día del accidente, él tendría, calculo yo, que 35 años cuando paso, la misma edad que yo ahora.

- Muy joven era, ¿sabe que le paso?

- Según mi padrino, en un accidente en el trabajo fue que murió. Mi padre tenía un auto Ford, que mi padrino cuando vino a buscarme me llevo en él, todavía se conserva, es el auto con el cual aprendí a conducir y desde ese día siempre quise conducir. Me llevaron a vivir con ellos, al principio era vacaciones, eso me dijeron, pero pasaron los días y mi padre no venía hasta el día que me contaron.

- Que fea situación habrá vivido. Le pido disculpas

- No pida nada, yo le estoy contando porque me hace bien hablar. Y parece que a usted escuchar

- Exactamente -dijo Antoño mientras retiraba un pañuelo de su bolsillo para limpiarse el sudor de la frente.- y perdone la curiosidad, ¿no intento ver qué fue lo que sucedió con su padre cuando volvió de grande?

- Nunca se me cruzo la idea ya que mis padrinos me trajeron a su tumba, pero a decir verdad nunca más volví a ir. Algún día iré a visitarlo nuevamente

- si deja pasar siempre el tiempo quizás él se canse de esperarlo y venga a verlo- comenzó a reírse levemente- disculpe a veces mi humor es inapropiado, en momentos incómodos me salen esos chistes.

- No se preocupe, ¿acá en la avenida que sigue doblo? contesto Jesús, serio.

- Siga derecho, y le pido disculpas nuevamente.

- Mire lo último que recuerdo de mi padre fue que siempre me decía que busque una mujer que me ame cada día, y yo a ella. Él era un “poeta amateur” así se definía. Me quedo un poema de él, que atesoro en mi memoria, todos los días lo recito para no olvidármelo y así tenerlo presente.

- Pues recítemelo entonces, ahora me intriga.

- Con gusto-dijo Jesús alegre, tomo aire para aclarar su voz y comenzó a recitarlo “algunas mañanas estarás solo, otras estarás acompañado, tú eliges con quien estar, a quien tener a tu lado. Una mujer puede irse, pero el amor una vez que lo encuentras tiende a quedarse. Quédate tranquilo mi niño, que si no la encuentras yo te ayudare a buscarle”

- Corto y potente, ¿se lo escribió para usted? - pregunto Antoño con intriga.

- No lo sé, fue el único poema que pude llevarme cuando mi padrino me busco, y lo tome de la mesa, seguro lo escribió la noche anterior al accidente.

- Muy linda historia, y se le nota que le brillaban los ojos cuando lo recitaba.

- Si, lo que tiene es que es muy personal para mi.- Jesús decía con su voz entrecortada.

- Bueno acá estamos por llegar, faltan unas pocas cuadras ya.

Iban pasando por una calle a velocidad suave ya que el camino era de adoquines, ven como otra mujer se acerca para subirse al auto y lo insulta por no detenerse.

- dios mío esta toda la gente loca esta tarde, vio cómo se vino encima.- pregunto Jesús a su cliente.

- Es verdad. Pero usted maneje tranquilo y vaya bajando la velocidad que está cerca mi destino.

- Correcto.

- Me puede decir, si tengo alguna mancha en la cara, tengo una reunión y no quiero causar mala impresión.-pregunto Antoño

Jesús se da vuelta para mirarlo y en ese momento siente un golpe en la puerta del conductor, mira instintivamente a su costado para encontrar una chica preciosa, como un atardecer de otoño, que había chocado con la bici contra su auto.

Baja para ayudarla y se queda en silencio mirando sus ojos. Era lo más bello que sus pupilas habían visto en su vida. Le pregunta si está bien y ella con una sonrisa le contesta que sí, le agradece por ser tan cordial y tan buen mozo. Se sacude la ropa y le pide disculpas.

-fue culpa mía, yo venía manejando la bici y te vi tan precioso en el taxi, como ibas lento, seguía a tu lado para ver si era verdad lo que mis ojos me decían, me parecía simpático verte hablando solo y cuando vi que miraste el asiento trasero, quise verte mejor y choque.

Jesús sorprendido por esa declaración, mira el auto y estaba vacío, con las puertas trabadas, no entendía que había pasado.

Invita a tomar a la joven un café, en la vereda de enfrente y comienza a contarle lo que le sucedió. Cuando cuenta la parte en que recoge al señor, se le viene a la mente la casa y se dio cuenta que no era ni más ni menos que su hogar de pequeño, esa casa que nunca más había vuelto a ver.

Un escalofrío le paso por su cuerpo al darse cuenta que al que acababa de leerle su propio poema no era otro más que su padre, y cumplió el sueño de ayudarlo a encontrar a la mujer de su vida.

Así fue porque desde ese momento en que Jesús y Elena se conocieron, siguieron juntos de por vida.

16 de Julio de 2019 a las 22:45 0 Reporte Insertar 1
Fin

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Alejandro Echavarri Escritor y guionista Argentino. Amo escribir y siempre conocer lugares e historias nuevas.

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