Quédate una última vez Seguir historia

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Jonathan IR


Sophie es una joven que no cree en el compromiso, pero si en la aventura, cuando se vea atrapada en su propio juego se dará cuenta de que siempre hay un amor para recordar.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.
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Sí tú no vuelves

Ya han pasado más de diez días desde nuestra pelea, recuerdo aún como arrancaste el auto y te marchaste con rumbo aparentemente desconocido, esperaba tanto que retornaras y volvieras hasta mi puerta, pero eso sería absurdo, yo te pedí que te fueras ¿Por qué te quedarías entonces? Como sea, he pasado los últimos días tratando de recordar lo que hemos vivido y lo escribo porque tal vez en algún futuro alguien más podría leerlo y entender que fue lo que paso, toda historia tiene su comienzo la nuestra fue aquel día de verano, yo estaba de compras en esa tienda, y tu parecía que te resguardabas del fuerte calor que hacía afuera por el maravilloso clima de agosto, me probé un sombrero de playa y cuando me veía en el espejo pude verte al fondo a través de él, contemplándome, quieto y sonriente como un niño cuando ve un dulce inalcanzable, cuando nuestras miradas se cruzaron tu no pudiste evitar sonreír mirando hacia el suelo apenado, yo me sonroje, y me fui del pasillo, cuando termine mis compras eche un vistazo por la tienda para ver si lograba verte entre la multitud, pero no fue así, entonces camine hasta la parada del camión, tuve que cubrirme con el sombrero porque el sol quemaba bastante fuerte, al llegar a la sombra el taxi se detuvo frente a mí, estire el brazo para abrir la puerta y aquella mano se me adelanto rosando la mía, fuiste muy sigiloso, después de todo ahí estabas y con cortesía abriste el coche y me hiciste una seña amable para que subiera, no podía dejar de verte, los segundos parecían ser tan largos y maravillosos, me perdí en tus ojos verdes y profundos, esa mirada tan coqueta y llena de luz, pero bueno nada es eterno, subí al taxi y tú te recargaste en la ventana estabas por decir algo cuando el auto emprendió marcha solo pude limitarme a verte por el vidrio trasero, te quedaste quieto y pasmado, cuando llegue a casa mire al cielo, el sol se había ido como lo habías hecho tú, ahora estaba nublado, pero yo estaba feliz, en mi mente solo habitaba una cosa y era tu rostro, tuve que apresurarme a entrar puesto que comenzó a llover, pensé que sería bueno tomar una ducha y relajarme un poco viendo la televisión, al salir del baño me secaba el cabello con la toalla pero no me lograba concentrar, me acerque a la ventana para ver las gotas de lluvia resbalarse, era un bonito día para ir por un café, tal vez eso me pondría de nuevo en mis cinco sentidos, así que no lo dude un segundo más, busque entre mi armario algo que me cubriera del agua y me apresure a cambiarme, tome el paraguas de la entrada y salí para disfrutar de la brisa, había tantos aromas tan increíbles en el ambiente, me detuve un instante en un puesto de pretzels horneados, un cachorro se acercó a mí y le di un pedazo, me movió la cola con agradecimiento, cuando llegue al centro mire entre a una librería, tal vez un buen libro y el café me ayudarían a estar más quieta y concentrada en casa, encontré uno que me llamo la atención por su portada de hermosos paisajes de Verona, lo pague y continúe mi camino, un Starbucks estaba cruzando la calle, ¿será prudente atravesarme? ¿Por qué no? Así lo hice, brinqué un par de charcos para no ensuciarme tanto y evitar el tránsito de los carros, había una larga fila así que mientras esperaba mi turno mire a mi alrededor, un par de chicos en los sillones con sus computadoras, una joven sentada en una mesa con un par de galletas y concentrada en su celular, otro hombre mayor al frente con su llamada telefónica, finalmente fue mi turno y por si no fuera poco justo tenían que cambiar al que atendía el mostrador así que tuve que esperar un mar de minutos más, analice los postres, ¿Tal vez un pastel de chocolate? No, ya me había comido el pretzel, una voz detrás del mostrador me saco de mis pensamientos. – Lo siento dame un segundo y tomo tu pedido, estoy buscando vasos. – decía agachado de espaldas hacia mí. –No hay problema. – Le contesté, entonces el joven se giró de frente hacia mí. - ¡Vaya! Creo que es mi día de suerte. – Susurró y de nuevo mostrabas esa hermosa sonrisa tan característica de ti.

13 de Julio de 2019 a las 18:25 0 Reporte Insertar 0
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