Nyctophilia ; SUGA Seguir historia

ateez Nathalie F.

"Me enseñó a amar la noche y yo aprendí a amarla a ella"


Fanfiction Bandas/Cantantes No para niños menores de 13.

#bts #suga #jimin #taehyung #nyctophilia
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Primer Día De Clase

Hace tiempo yo no sabía absolutamente nada sobre la verdadera oscuridad, esa que se encuentra en las noches y en la que se esconde su belleza, sus secretos, todo aquello que no es malo y lo que también puede serlo. Hace tiempo no conocía a Kenia;


Acomodé la mochila en mi hombro izquierdo y salí de mi habitación completamente exhausto, anoche no es que haya podido dormir del todo bien, llegué tarde a casa. Tuve unos cuantos problemas con la gente con la que trato, intento ganarme la vida, eso es todo.


Me observé a mi mismo en el espejo de la entrada, aún tenía el labio algo hinchado por lo de anoche, pensé que no sería nada, tal vez debía de haberlo desinfectado en el momento, pero soy tonto, realmente lo soy, hasta que no pase algo nunca actúo.


Suspiré y tomé mis llaves para salir dando un portazo, no me agradaba para nada salir tan temprano para ir a la escuela.


—Buenos días Yoongi— saludó la vecina de enfrente limpiando su portal a estas horas, era una señora de la tercera edad que de vez en cuando me hacía la comida. Ninguno de sus nietos le hacía caso y se enteró de que vivía solo así que empezó a cuidarme a mi.


—Buenos días, llego tarde a la escuela, la veo más tarde!— la saludé un poco con la mano intentando mostrarle una sonrisa.


No quería que me viera con la cara así, estaría horas dándome una charla de como cambiar mi vida, y en estos momentos no puedo permitirme el tragarme toda una charla así. La pude ver saludarme con esa sonrisa que le daba a todos, me despedí con un suave movimiento de cabeza y salí de ahí lo más rápido posible.


El cielo estaba bastante despejado, y para ser la hora que era también estaba todo muy iluminado, normalmente suele estar más oscuro, sacudí un poco mi pelo y volví a caminar con desgana en cuanto me encontraba lo suficiente lejos de mi edificio, realmente no sabía que hacía aquí;


Una vez me encontraba en la entrada de la escuela, empecé a mirar las caras de los demás estudiantes, todos parecían tener un futuro esperándoles, todos llevaban el cartel de <<mírame, soy hijo de un gran empresario>> pegado en la frente, no entiendo como he podido matricularme en una escuela así siendo yo lo menos parecido a un heredero de empresa millonaria, pero las cosas nunca suceden tal y como quieres ¿no?


Según tengo entendido, nada está saliendo como esperaba, pero a la vez voy muy bien encaminado. Por esto mismo voy a asumir que me va a tocar sufrir un poco —demasiado— este curso para poder conseguir lo que quiero.


—¿Chico nuevo?— sentí una voz muy cerca mío. Estaba seguro de que yo no era el único chico nuevo, pero por pura intuición supuse que se referían a mi.


—Eso creo...— respondí sin mucho entusiasmo girando la cabeza para encontrarme con un chico de mi misma estatura, más o menos, llevaba una sonrisa tonta pegada a la cara y tenía el pelo teñido a un rubio un poco grisáceo.


—Me llamo Jimin— dijo tendiéndome una mano que no tomé. —Soy el delegado y me informaron de tu incorporación al curso junto a la de otros compañeros y...— El discurso estaba bien, pero no tenía tiempo para ello.


—No gracias, no quiero conocer a otros nuevos para no sentirme de lado, gracias por el detalle— Asentí y le di un pequeño saludo antes de irme de ahí, o escapar, mejor dicho.


Este tipo de personas tan serviciales me ponen de los nervios, no digo que ese chico lo haga, pero me molesta que tenga que venir alguien a decirme como socializar, sobretodo cuando eso es lo de menos teniendo en cuenta que estoy aquí para sacar una nota, no para hacer amigos, ya de por sí es complicado meterme a una escuela en mitad del curso, hacer amigos en el mismo es peor, si no imposible.


Terminé de darme el paseo por los pasillos en cuanto encontré mi aula, más vacía que la biblioteca de mi ciudad natal. Realmente habían tan solo cinco personas, contando al maestro. No era una clase fea del todo, estaba bien decorada y amueblada, los asientos eran todos individuales —gracias a dios— y tenía estanterías llenas de libros y pequeños objetos que serían de exposición y algún peluche decorativo que sujetaba cartas de motivación en las que ponía en cursiva un <<sigue estudiando>>. —patético—.


—Buenos días...— saludé educado, me echaron de una escuela por mis modales, no tenia pensado meterme en otra, así que esta vez daría no lo mejor, pero absolutamente todo de mi.


—Buenos días alumno, su cara... es nueva. ¿Min?— Al escuchar mi apellido asentí sin más esperando a que dijera algo. —Bien, tu asiento es... ese de ahí—dijo señalando uno de los pupitres. —eres el número siete en la lista, al lado de la ventana— Asentí sin más, otra vez.


Un largo suspiro salió de mi una vez dejé las cosas, lo bueno era que no estaba completamente rodeado de gente, solo tenía un sitio vacío delante, y otros dos a mi derecha y a mis espaldas que estaban ocupados. La ventaja de sentarse junto a la ventana;


La clase no tardó en llenarse y el profesor ya estaba dando la clase. No hicimos mucho, yo realmente me la pasé escribiendo, como siempre, es lo único que me mantiene despierto. Esta clase era callada, algo que se agradecía.


—En lo que queda de curso, vamos a trabajar en un trabajo interdisciplinar que va a contener todos y cada uno de los apartados dados en clase— Acababa de llegar y ya me quería matar.


Soy nuevo, no estúpido, seguramente consiga ingeniármelas buscando en los libros de esta clase, pero estamos a mitad del curso, aunque para mí sea el principio... no tengo ni idea de lo que habrán dado ellos en clase.


—Los trabajos se harán por parejas— ya se escuchaban murmullos por el lugar.

Comprendo, no siempre suele agradar la idea de un trabajo en parejas. Lo verdaderamente jodido es si te toca con el tonto, el payaso, el vago o el inútil para todo.


Triste, yo perfectamente encajaba en esas categorías, si no en todas.


—Será en orden de lista y en estos cuadernillos pone todo lo que deben saber sobre el trabajo, espero que se esfuercen en él por que cuenta un ochenta por ciento de su nota final y se examinarán de todas las materias, y para aquellos que no consigan pasar el trabajo se les será concedida una última oportunidad en exámenes globales—


Me preocupa tener que trabajar en algo así. Nunca he hecho estos trabajos y creo que aquí todos parecían saberse el discurso del profesor de memoria.


—Espero no tener que ver a ninguno de ustedes por ahí— Cerró de golpe su libro y se levantó con los otros cuadernillos para dejárselo al chico que estaba en el primer asiento de la segunda fila, Jimin.


La clase transcurrió rápido, no estoy seguro de que materia acababa de dar, si biología o geografía, pero no me gustó ni un poco. El timbre sonó y fue cuando absolutamente todos se levantaron corriendo para acercarse a la mesa del maestro.


—Min, tu pareja es... —dijo mirando los asientos y contando— Esta chica —asintió con una sonrisa y me entregó el asqueroso cuadernillo— asentí y me alejé de la mesa y me dirigí al sitio de Jimin


—¿Cómo se llama?— Dije mirando al delegado, pero este ya se había ido a meter a ese grupito de gente, y yo ni de broma iba a meterme ahí. Suspiré y volví a mi sitio.


La chica estaba a mi derecha, y estaba tirada sobre su mesa, dormida. Me la quedé mirando un rato hasta que mi expresión fue cambiando de una neutral a otra que reflejaba asco y desprecio, me había tocado con la vaga, y mira que lo había pensado.


—Oye— digo como si nada y acerco mi mano a su hombro para poder despertarla, primero lo hice con cuidado, pero al ver que no reaccionaba tuve que hacerlo más fuerte. —¿Quieres despertar?— alcé la voz ahora molesto.


Aquella chica de pelo negro se levantó con pocas ganas y me miró apoyando su mejilla en la mano. Estoy totalmente convencido de que tenía tantas ganas de pegarme como yo ganas de salir de aquí.


—¿Qué quieres?— me contestó a malas soltando un bostezo. Tenía unos ojos maravillosos, no me esperaba esa mirada.


—Vamos juntos en un trabajo, guárdalo— Dejé de ver sus azulados ojos para poder soltarle el cuadernillo en su mesa. —Y no lo pierdas...— Me vi obligado a decir sin razón alguna, simplemente por puro presentimiento.


Se me quedó mirando casi como si intentara recordar si me conocía o no.

—Vaya... que pena.— dijo y tiró el cuadernillo al suelo con la mano y volvió a recostarse en su pupitre, donde permaneció el resto de las horas. No volví a cruzar palabra con ella.


Ese fue mi primer día de clase.


12 de Julio de 2019 a las 03:55 0 Reporte Insertar 1
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