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azale Sara García

Consejos para escribir una historia romántica sin promover la desigualdad de género.


No-ficción Todo público.

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Romance libre de machismo

Como buena amante del género «romance» puedo asegurar que he leído cientos de historias en las que los protagonistas se juraban amor eterno. Es una de las categorías que más me atraen, aunque con el paso de los años y a medida que crecían mis conocimientos sobre género me percaté de que la mayoría de las historias promovían la desigualdad entre mujeres y hombres. Aunque muchas de ellas sean novelas ficticias, esto no garantiza que los lectores y lectoras no normalicen comportamientos y creencias machistas; por lo que me parece sumamente importante comprender qué es lo que hacemos mal como escritoras y cómo podemos cambiarlo. Sin más dilación, procederé a comentar algunos de los errores más frecuentes con la intención de que podáis corregirlos en vuestras actuales o futuras historias románticas —específicamente en relaciones heterosexuales—.


  • La personalidad de los protagonistas: después de analizar varias historias en diferentes plataformas comprobé que en la mayoría se repetía un mismo patrón con respecto a la actitud del personaje masculino y el personaje femenino. Frecuentemente se suele asignar al personaje masculino una actitud distante y fría asociada a un aura impregnada de misterio. Puede llegar a ser mezquino y arrogante, también «mujeriego» —entendiéndolo como algo atractivo en contraposición a la virginidad o la falta de experiencia en el ámbito sexual—. Ese carácter duro e incluso agresivo en determinadas circunstancias es acompañado por los celos —gestionados de la peor manera posible— y la posesividad que proyecta hacia la protagonista. Se suele excusar su comportamiento en un pasado duro que lo sigue atormentando, motivo por el que la protagonista trata de ser comprensiva y de ayudarlo —cumpliendo el rol de psicóloga—. En cuanto al personaje femenino se refiere, podemos encontrarnos con dos variantes. La primera de ellas se trataría de una joven dulce, cariñosa, comprensible, empática y sensible; se muestra como un ser indefenso, en ocasiones lleno de complejos —que desemboca también en celos—, y virgen o poco experimentada en las relaciones sexuales. La segunda se trataría de un intento por salirse de lo común, una joven que podría contar con algunas de las características principales de los personajes masculinos. Rebeldes, con un carácter fuerte, arrogantes y experimentadas en las relaciones sexuales. El mayor error de estos perfiles es que a medida que avanza la historia y su relación sentimental con el personaje masculino, se «desinfla» como un globo. Ante la actitud del protagonista termina reaccionando de una manera dócil y más calmada, perdiendo su carácter inicial. En conclusión, se terminan asignando determinados roles de género, pero se puede corregir fácilmente.
  • La posesividad y los celos: es algo muy frecuente en las historias románticas, y bien es cierto que se puede escribir sobre personajes con estas características: no es un delito. Sin embargo, muchas veces se cae en el error de normalizar y romantizar estos comportamientos en las relaciones sentimentales entre los protagonistas. Escribir sobre la posesividad y los celos de una manera objetiva: bien; hacer de esta actitud algo deseable: mal. Frecuentemente se extiende la creencia de que los celos es una muestra de amor hacia la otra persona, uno de los fundamentos principales del amor romántico. Sin embargo, cualquiera que los haya sufrido —bien sea porque es una persona celosa o porque su pareja lo sea—, entenderá que pueden desembocar en situaciones realmente desagradables para ambos. Lo mismo pasa con la posesividad, hacer románticas frases como «eres mía». Deberíamos centrarnos más en la libertad individual en las relaciones sentimentales, entender que aún estando en una relación cerrada no «eres de nadie», porque ser somos sólo nuestras. Aclaro que si vuestra intención es reflejar precisamente los celos y la posesividad en uno de vuestros personajes es totalmente lícito, pero nunca normalizando este comportamiento. Si se narra en primera persona seguramente el propio lector o lectora termine siendo consciente de lo negativo de esta actitud, si se narra en tercera persona se aprovechará la objetividad para hacer entender que se trata de un comportamiento indeseable y tormentoso. Dependiendo de la trama y el estilo de narración puede ser más o menos complicado tratar de corregir este error, aunque también se puede recurrir a personajes secundarios que actúen como «jueces de lo moral».
  • La agresividad en el personaje masculino: una de las posibles características del personaje principal. Nuevamente se romantiza la agresividad masculina en determinadas escenas, y por lo tanto, hay que tener cuidado en la narración. Agresiones físicas a personajes secundarios o incluso una agresividad más sutil hacia la protagonista: empujar, zarandear o besar sin consentimiento serían algunos de los ejemplos —entendámoslo en un contexto concreto y sin justificación—. Si vuestra intención no es la de reflejar una relación de maltrato físico o psicológico os recomendaría que no os complicarais y os olvidarais de posibles escenas con tintes agresivos. Una pelea con personajes secundarios que desemboque en agresiones físicas puede ser comprensible, sin embargo, recurrir reiteradamente a escenas en las que el personaje masculino zarandea o agarra con brusquedad a la protagonista porque se levantó con el pie izquierdo o porque está celoso pienso que ya está fuera de lugar —repito: a no ser que queráis centraros en una relación sentimental tóxica—. De ser el caso, pienso que es fácil reflejar el sufrimiento que puede padecer el personaje ante este maltrato, aunque desgraciadamente sobran historias románticas en las que se normalizan las agresiones e incluso las violaciones.
  • Estereotipos en personajes secundarios: a los personajes que tienen un papel secundario también les salpica el machismo, me centraré precisamente en personajes femeninos que actúan como «rival» de la protagonista. Un error fácil de corregir, pero muy frecuente aún hoy en día. Intuyo que las películas adolescentes americanas nos calaron hondo, y me gustaría que os imaginarais a la típica joven rubia cuya mayor aspiración es ser la mejor entre todas las animadoras. Así son algunos de los personajes secundarios femeninos que las protagonistas desprecian: rubias —algunas teñidas, otras naturales—, carentes de inteligencia, malvadas, sin sentimientos y sin empatía, incluso en ocasiones con los pechos operados —haciéndolo ver como algo malo—, y experimentadas —demasiado— en las relaciones sexuales. Sí, suena bastante ridículo, pero os sorprenderíais si enumerase todas las historias que cumplen con este horroroso cliché. ¿Solución?, trabajar mejor la personalidad de los personajes secundarios. Aunque esto no es todo, algo preocupante y en relación con lo mencionado anteriormente es la rivalidad entre los personajes femeninos en las historias románticas. Los personajes masculinos lo solucionan todo en una sola escena en la que uno le propina un duro puñetazo al otro, y fin. Normalmente se hace más énfasis en la rivalidad entre los personajes femeninos —protagonista y secundario—, como si de una competición se tratase. Quizás si el personaje masculino tontea con otra joven lo más razonable sea culpabilizarlo a él y no al personaje secundario con el que coquetea —aunque me reitero en la idea de que depende siempre del contexto y del enfoque que queramos darle a nuestra historia—.
  • Relación amor/odio: otra de las manías de muchos escritores y escritoras es centrar las relaciones sentimentales en una dinámica insana y tóxica, en una relación de amor y odio. No siempre es inadecuado centrar la trama en un tira y afloja entre los protagonistas, porque puede llegar a ser entretenido para los lectores y lectoras, y soy la primera a la que le fascinan las complicaciones generadas por una causa concreta en una trama de una historia romántica. Sin embargo, debemos de entender que si realmente se trata de «odio», y esta parte se refleja con una actitud agresiva por parte de uno de los protagonistas —o incluso de ambos—, es necesario tener cuidado para no normalizarlo —volveríamos al punto de actitudes agresivas—. No entendamos «agresividad» tan sólo como agresiones físicas o sexuales, sino como un concepto más amplio en el que se llevan a cabo acciones indeseadas. Buscad una razón coherente por la que se produzca este «tira y afloja» y no caigáis en lo básico: un odio irracional.

Aunque se podrían tratar más errores, estos son los más genéricos y frecuentes, y suelen abarcar la mayoría de deslices con los que conseguimos normalizar y romantizar la desigualdad de género. El primer paso es ser consciente del problema, el segundo sería corregirlo con paciencia y dedicación: es importante aprender continuamente para mejorar, y también estar abierto a ello. Hay que entender que a través de las historias se puede educar a los lectores y a las lectoras, eso sí, de una manera sutil, pero no deja de ser inmenso el poder que tienen las palabras: no podemos olvidarnos nunca de ello. Es fundamental innovar a la hora de crear una trama, la originalidad es algo que caracteriza a los mejores escritores y escritoras, y para ello debemos alejarnos de los clichés, sobretodo si estos fomentan los roles de género, el machismo y la misoginia. Enfocaros en una trama concreta, elaborar con cariño la actitud de vuestros personajes principales y secundarios, y crear escenas maravillosas que nunca antes se hayan leído. No sigáis el esquema que muchas personas utilizan a la hora de escribir una historia romántica.


5 de Julio de 2019 a las 21:48 6 Reporte Insertar 7
Fin

Conoce al autor

Sara García Educadora social y escritora en mi tiempo libre. ¡Sígueme en Instagram: @azale___ !

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Gerhard Wolf Gerhard Wolf
Entiendo tu punto de vista. Pero seamos francos en que algunas de las cosas que expones son aceptadas por el publico femenino (que es el mayor consumidor de las novelas románticas) Y no es algo de ahora, tiene años de ser así. Por lo tanto es aunque a muchos les duela, algo que funciona. Por eso se siguen haciendo de esa forma.
Daria GL Daria GL
Soy primeriza en esta app y tengo en mente escribir relatos, historias, cuentos.. Precisamente a referencia de lo leído, hay que tenerlo en cuenta para escribir. Gracias
18 de Julio de 2019 a las 15:19
Ramon Guiardinu Ramon Guiardinu
Un tema bien polémico, aunque no logré entender el primer punto logré alcanzar a visualizar los demás y preguntarme a mi mismo si podía mejorar en algo. Creo que aún quedan muchas otras formas de machismo un poco más complejas y que tal vez he cometido el error de emplear, pero no tengo claro cómo podría arreglarlas. Te ánimo a que sigas profundizando en el tema, voy a seguir este libro.
9 de Julio de 2019 a las 00:31
Tomás Bravo Gutiérrez Tomás Bravo Gutiérrez
Buenas, leyendo detenidamente tu capítulo he podido pensar en varios puntos. Uno de ellos; y pongo la mano en el fuego al decir que más del 80% de las personas que consumen este tipo de historias "machistas" ( por llamarlas de alguna forma ) son mujeres. Esto significa que; hay mujeres que consumen este tipo de contenido (películas/ historias) y no solo eso sino que al consumirlo aceptan/permiten el rol que "juega" la mujer en dichas historias ( 50 sombras de Grey ejemplo perfecto ). Además, y aventurándome mucho en mi opinión, el problema radicalmente no es un problema machista. Más bien el problema es que el hombre no es absolutamente nada de lo que se nos hace ver en las pantallas e historias. Quizá no solo sea degradante para ti, sino que nosotros no nos identificamos con una especie de machote masoquista misterioso al que las mujeres se le rinden como en los cuentos de Disney. Ni machismo ni feminismo. Simplemente la pura realidad. Que somos diferentes y eso nos hace especiales.
5 de Julio de 2019 a las 18:16

  • Tomás Bravo Gutiérrez Tomás Bravo Gutiérrez
    Con todo ello es muy interesante la reflexión. Espero haber podido hacerte ver mi punto de vista. Un cordial saludo Te animo a leer ( Las tierras del este ;) ) 5 de Julio de 2019 a las 18:18
~