Búscame en el bosque Seguir historia

azale Sara García

Ayleen y su grupo de amigos deciden pasar un fin de semana agradable en la cabaña del bosque de sus padres, sin embargo, lo que parecía ser un buen plan se convierte en una escena terrorífica envuelta en sucesos paranormales. Ayleen necesita que la aconsejes bien, ayúdala a tomar una decisión [historia interactiva].


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13.

#theauthorscup #TheAlternativePath #InteractiveStorytelling
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Un largo viaje

El viaje hacia la cabaña había sido largo y agotador, habíamos hecho un descanso en la mitad del camino para poder estirar las piernas, y aunque tratara de tomarme aquella aventura como algo positivo, era difícil no frustrarse cuando Eliott se había pasado la mayor parte del tiempo quejándose como un crío: «cerrar las ventanillas que tengo frío», «Cooper, más despacio que aún nos vamos a matar», «en esta curva no hay cobertura», «¿cuánto falta para llegar?». Era difícil contenerse, pero conté hasta diez en varias ocasiones para evitar propinarle un fuerte golpe en la nuca. Era un milagro que hubiéramos conseguido adentrarnos en el bosque sin heridos, y sin duda alguna no había nada más satisfactorio que dejar de oír el sonido del motor del automóvil.

Suspiré aliviada cuando Cooper aparcó y rápidamente abrí la puerta para salir al exterior: olía a naturaleza, humedad y hierba. Sonreí con satisfacción y saqué un cigarrillo para tratar de olvidar el nerviosismo que me había generado Eliott a lo largo de todo el viaje. Lo encendí y le di una calada larga mientras Cooper habría el maletero para sacar todas nuestras pertenencias. Desvié la mirada hacia mi alrededor y contemplé los árboles que rodeaban la cabaña: el suelo estaba cubierto por pequeñas ramas y hojas secas, todavía se podían oír los cánticos de los pájaros y el cielo se había tornado rosáceo. El atardecer era precioso, pero lo sería más si no hubiera invitado a Eliott: me recordaba tanto a mi hermano pequeño que a veces me confundía y lo llamaba por su nombre. Sin duda alguna era agotador, pero me merecía descansar y despejar, dejarme llevar por la tranquilidad del paisaje que nos rodeaba.


—Oye, aquí no hay cobertura —bufó Eliott, alzando el brazo con el móvil en la mano, esperanzado por recibir los mensajes que seguramente le habían enviado a lo largo del camino—. Ayleen, ¿por qué no me avisaste antes?


Traté de ignorar sus palabras y agarré una bolsa que me entregó Cooper, llevando el asa hacia el hombro. Lancé el cigarrillo al suelo y lo pisé mientras le lanzaba a Eliott una mirada llena de rabia: me reafirmaba en la idea de que era peor que un grano en el culo.


—La cabaña es muy bonita —comentó Ariane mientras se desperezaba—. Dormiré demasiado bien esta noche, espero que no os molesten mis ronquidos —rió.


—Cuando entremos encenderé la chimenea, mis padres ya dejaron leña suficiente dentro —propuse mientras me dirigía a la puerta principal—. ¿Cogisteis todas las mochilas?


—Correcto —afirmó Cooper antes de cerrar el maletero—. Será un fin de semana interesante si conseguimos que Eliott deje de quejarse —rió mientras le propinaba un golpe en el brazo.


—Son dos días, Eliott, podrás sobrevivir sin el teléfono móvil —trató de animarlo Ariane mientras yo sacaba las llaves del bolso para poder abrir la puerta de madera—. Dudo que te echen de menos estos días, tu familia nos agradecerá este respiro —sonrió con malicia.


—Deberían de pagarnos por el favor —comenté en un tono de voz jocoso—. Espero que os guste la cabaña, tiene un baño, una habitación principal y un salón, es pequeña pero cómoda, me lo pasaba de muerte de pequeña —recordé con nostalgia.


Cuando abrí la puerta se me aceleró el corazón al creer divisar el cuerpo de una mujer en una de las esquinas del salón, cerca de la chimenea. Rápidamente encendí la luz y aquella imagen desapareció. Traté de calmarme creyendo que el viaje y el cansancio comenzaban a afectarme, y no queriendo preocupar al resto del grupo decidí ignorar aquella desconcertante aparición.


—¿Entras o qué? —exigió Eliott con impaciencia a mis espaldas.


—Eliott, como no dejes de ser un jodido amargado te juro que te daré una patada en los mismísimos huevos —lo amenacé enfurecida: se me había olvidado contar hasta diez.


Solté un ruidoso suspiro y me adentré en la cabaña. Dejé la bolsa sobre el sofá y me acerqué a la chimenea para encenderla antes de acomodarme. Sabía que si me sentaba o me tumbaba podría quedarme dormida en cuestión de segundos, por lo que mi idea era permanecer de pie un buen rato.


—¿Tenéis hambre? —preguntó Cooper, sacando cuatro bocadillos de una de las mochilas y dejándolos sobre la mesa de cristal que se encontraba en el centro del salón—. Los dejos aquí para cuando os empiece a rugir el estómago.


—Vale, gracias, yo voy un momento al baño antes de que me reviente la vejiga —comentó Ariane, desapareciendo de la escena.


La llama de la chimenea iluminó el salón y pronto se empezó a notar el calor que desprendía. Froté las manos frente a ella y deslicé la mirada hacia una botella de alcohol que Cooper estaba abriendo. Sonreí con malicia y me acerqué al sofá donde se encontraba sentado, me acomodé en su pierna y le planté un beso en los labios mientras le arrebataba la botella de cristal.


—Espero que el vodka me ayude a tener más paciencia contigo, Eliott —reí antes de darle un pequeño trago, sintiendo un calor en mi garganta y en mi estómago—. Cuando venga Ariane podríamos jugar a algún juego.


—¿«Strip poker?»? —propuso Eliott acercándose a nosotros y sentándose al lado de Cooper.


—Eres un pajero —le dijo Cooper con malicia, y yo reí—. No tenemos cartas de póquer, se nos olvidaron.


—¿«Verdad o atrevimiento»? —propuse—. Quien mienta o no acepte el reto tiene que beber un trago largo —sonreí con malicia—. Voy a avisar a Ariane y empezamos.


Me incorporé, entregándole la botella a Cooper y me adentré en el pasillo. Intrigada, contemplé la puerta del baño abierta y entré con cautela: Ariane no estaba allí. Extrañada, deslicé la mirada hacia el espejo que se encontraba empañado, allí pude leer: «búscame en el bosque». Sentí un corriente de aire y noté cómo se me erizaba la piel, y entonces una mano se apoyó sobre mi hombro.

Rápidamente me giré en una actitud defensiva, pero entonces me encontré con la sonrisa de Ariane. Reí con cierto nerviosismo y suspiré aliviada, seguramente se había escondido en la habitación principal.


—Qué graciosa, Ariane —la pelirroja alzó una ceja, confusa, y yo señalé el espejo del cuarto de baño, pero entonces ya había desaparecido aquella frase: el espejo ya no estaba empañado.

5 de Julio de 2019 a las 16:58 2 Reporte Insertar 2
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Tania A. S. Ferro Tania A. S. Ferro
¡Felicitaciones! Tu historia ha sido verificada.
16 de Julio de 2019 a las 13:34
Guille Guille
¿Donde consigues las portadas?
5 de Julio de 2019 a las 12:25
~

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