17 Suspiros Seguir historia

grecia_tami Grecia Bonaventura

“—Con cada suspiro te pierdo… pero haré de estos diecisiete, todos míos. No voy a desperdiciar ni uno de ellos… ¿Estás listo? —Creo que voy arrepentirme de esto…”


Ficción adolescente Todo público.

#amor #destino #deseo #sacrificio #17
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“Primer Suspiro”

“—No, otra vez, no. —“ Cubro mis oídos con ambas manos, mi abuela, la mujer más dulce y cabrona del planeta tiene el radio grabador más alto que de costumbre. Perdió de nuevo los audífonos.

Desciendo por las escaleras, mi habitación es el altillo. Recuerdo con exactitud los once fracasos de pasteles de zanahoria que tuve que hacer para que mi preciosa viejita me diera su aclamado sí.

Hace ya cinco años que logre mi cometido, he transformado el altillo en mi propio pedacito de cielo.

— ¡Mierda! — me sujeto el pie, me sobo la planta del mismo. Que descubrimiento, el audífono de mi abuela. (Sonrió al tenerlo en mi mano)

— ¡Mi niña! — la oigo llamarme desde el interior de la cocina con su radio grabador al máximo.

El interior de mi cabeza hace eco de los compases de su maldita música.

— ¡Mira lo que encontré! — muevo los audífonos de manera pendular frente a sus ojos.

—Gracias, mi amor — me deleito en esos abrillantados ojos grisáceos.

Me paseo en pijama por la alacena buscando mis cereales y algo de leche.

Algo en el horno que se cocina a fuego lento detiene mi búsqueda, me vuelvo a mi viejita, continua ajustando sus audífonos.

— ¡Carajo! Que fuerte esta esto — le baja al volumen de su radio grabador al minino, ¡Gracias a Dios!

— ¿Es lo que creo? — le señalo tentada por su delicioso aroma abrirle la puerta del horno.

— ¡Quita tus manos de ahí golosa! — se pavonea en mi dirección con ese cuerpo rechoncho y esa sonrisa autentica, pura felicidad.

Me hago a un lado y la dejo colocarse la manopla y sacarla con un cuidado extremo a en efecto mi tarta de frambuesa, la mejor tarta del mundo.

—Tendría que estar en el libro Ginés, lo sabes, ¿No?—

—Solo me interesa el buen visto de mi jueza favorita — pellizca mi mejilla.

—Ya lo tienes por adelantado — beso su frente, una arruga más, con el paso del tiempo esas líneas llenas de vida se han revelado con más regularidad.

—Voy por una pinza para quitar ese vello de tu mentón — le digo, hora de embellecer a esta vieja.

— ¡Detente! ¿Puedes dejar a esta abuela desearle feliz cumpleaños a su pequeña?—

Asiento y me dejo cobijar por sus flácidos y cálidos brazos.

— ¡Feliz cumpleaños, hija! — me susurra al oído mientras peina mi cabello.

— ¡Gracias, Nona! — beso su mejilla y frente, se ríe a lo grande.

—Siéntate, te serviré el desayuno — me da la espalda y se pone a trabajar, ese es su modo operandi todo el tiempo, jamás descansa, nunca.

Miro por el gran ventanal hacia nuestro jardín, ese mérito es de ambas, me hizo amar las rosas y cuidar de ellas, no hay un lugar en ese prado verde que no la cubran las rosas.

—Pensaba cortarte una, pero no pude amor, lo siento — me sonrío sin contestar. Es algo muy de las dos, ni una ni la otra corta por la agasajada una rosa. Es ley.

— ¡Feliz cumple! —trae la tarta en sus manos con dos velas encendidas.

— ¿En serio vieja?—

— ¡Qué no me digas vieja en la cara! Dilo a mis espaldas, ¿no tienes táctica? — finge enfado.

—Y tú eres mala mentirosa — la acuso sonriendo.

—Me pareció original — señala al número que arde en mi tarta.

— ¿Te pareció original colocar mi edad en mi tarta favorita?

—No todos los días cumples 25 años—

—Exacto, cinco años más y tendré 30 —resoplo alborotando mi flequillo.

—Ya, no me lo arruines, sopla que quiero comer—

Le hago caso.

—No olvides los tres deseos—

—1…2…3…— abro los ojos y soplo suave, el fuego se extiende ahora como humo alrededor de las velas.

—Dime al menos que en uno de esos deseos pediste lo importante—

—¿No era que el abuelo te enseño que decir los deseos en vos alta no se cumplen? —

—Lo sé, pero al menos pediste sexo, por favor, ¡Alay!—

— ¡Abuela! —la reprendo poniéndome del color de un tomate maduro.

Se carcajea hasta los huesos, su barriga rebota y le saltan lágrimas de los ojos.

—No exageres — mastico su exquisita tarta mientras la veo serenarse.

— ¿Qué tal esta? — logra preguntarme en cuanto pincha con el tenedor una porción.

— ¡Excelente! — limpio los restos de miga de las comisuras de mis labios con la lengua.

—Lo mejor para la mejor—

— ¿Abuela?—

— ¿Sí, amor?—

—…Nada…—

No insiste como otras veces.

Siempre me pasa lo mismo, cada vez que quiero sacar el tema de mis padres, guardo silencio. No soporto verla tan triste, no puede hablar de ellos sin llorar, igual que yo.

— ¿Qué tienen planeado para hoy?—

—No lo sé, seguro saldremos a celebrar — me incorporo llevando conmigo mi taza al lava vajillas.

— ¿Tu qué harás?—

—Olga me invito al bingo, dice que hay unos guapetones — hace un gesto gracioso con los labios.

—Haber si consigues algo—

—No podría mi amor, Sebastián era el perfecto para mí—

—Amo esa historia — seco mis manos en el repasador y la miro desde el mármol frió de la pileta.

— ¡Halloween! — suspira.

—Las que decían ser tus amigas vaya par de zorras — me ofusco de solo pensar lo que le hicieron.

—Yo por el contrario, se los agradezco — se sonríe sin mirarme, es como si lo estuviera viendo.

—Él se quedó en ropa interior para cubrir tu disfraz roto—

—Todo un héroe — masajea sus manos, está intentando no llorar.

—Nadie se le comparara jamás — me inco a su lado, y busco esos preciosos ojos.

—Es que él no era mortal — lo dice con ese aire de misterio que la invade cada vez que habla de mi abuelo.

—Siempre custodiando a su damisela—

—A su dueña — me corrige. Se incorpora, me besa la mejilla y se dirige al lavadero.

Asiento sin decir una palabra más, mi abuela, mi Olivia y su eterno Sebastián.

— ¡Alay! — Me llama.

— ¿Si?—

—Avísame si se deciden hacer algo esta noche—

—Te llamara desde la universidad, te lo prometo—

……Diecisiete Suspiros…………

Corro escaleras arriba, mi teléfono esta abarrotado de mensajes.

¡Feliz, feliz en tu día! Dios, te estas poniendo… no diré vieja, más madura, estas más buena. Ten presente que no son los años, si no lo que hagas con ellos. Y yo, ya sé que are con los tuyos…

Sofí siempre tan original, todos los años lo mismo.

No le contesto, dentro de una hora nos veremos. Continúo leyendo.

¡Felices…tan... Años preciosa mía! Ya hable con sofí, la pasaremos genial.

Como lo sospechaba, Sofí está planeando algo, nos acompañara Paolo el hijo del decano de nuestra carrera.

Son los dos únicos mensajes que tengo, se de sobra que decir abarrotado es exagerado, esperaba algo más interesante en mi cumpleaños número 25. Pero amo que mis seres queridos lo hagan especial para mí.

……………………Diecisiete Suspiros…………………

Tomo la pashmina azul Francia y la enredo a mi cuello, le coloco un poco de esa esencia a rosa, y me doy un último vistazo al espejo.

Estoy satisfecha, mi pelo colaboro y luzco sensual pero inocente. Mi look habitual.

Tomo mi mochila y bajo para despedirme de mi abuela.

Esta al teléfono, Olga se había tardado en marcarle.

— ¿Podrías recoger el correo, amor? — me lo pide casi en un susurro. Asiento a su pedido, la última vez que salió por el correo, su cadera se disloco y hubo que operarla, mis amigos y yo fuimos su enfermera, cocinera y entretenimiento.

Salgo a una mañana irregular de octubre. Esta algo frió para ser la estación indicada del año.

— ¡Buenos días! — me saluda Carlos el cartero.

Levanto mi mano y me acerco a su lado, a pesar de todos los avances tecnológicos, y los correos virtuales, se las apaña para continuar con su legado de cartero montado en su bicicleta.

— ¡Buenos días, Carlos! — abrocho mi chaqueta. Esta igual que siempre con ese porte de gallardo tangero que a mi abuela le fascinan.

— ¿Cómo amaneció, Olivia? — Me pregunta tímidamente.

—Muy bien. — Le sonríe con algo de pena, el aun alberga la esperanza de que mi abuela le corresponda, si tan solo supiera de esa conexión tan sobre natural que mi Olivia tiene con su eterno Sebastián.

—Me hace feliz escucharlo — inclina su rostro y rebusca en su bolsa y extrae tres sobres irregulares y me los extiende.

—Me parece que en el día de hoy han sido muy solicitadas — me sonríe amable.

—Estoy de acuerdo — le devuelvo el gesto.

Reviso el correo antes de que se marche, el espera paciente. Ya nos ha pasado otras veces que nos ha entregado cartas para otros remitentes por equivocación.

— ¿Felices 17? — llevo mi mirada a la de Carlos que me observa como yo a él.

— ¿Hay alguna equivocación?—

—Claro que sí, esta carta lleva mi nombre y apellido… pero dice felices 17—

—Una broma, ¿Quizás?- me mira sin saber bien que decir.

—…Puede ser…- me vuelvo y mi abuela me mira sonriente…

26 de Junio de 2019 a las 14:23 0 Reporte Insertar 1
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