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La isla en la que vivo

La vida suele ser usualmente cruel. Pero de ese aforismo a experimentarlo se hace áspero, incluso menos soportable que aquella frase saliendo de los labios.

Los días pasan con una velocidad-lentitud que desespera, es una controversia deliciosa que altera y amarga a la vez.

No entiendo nada de lo que sucede a mí alrededor, estoy atrapada en un cuerpo que busca gritar con todo, pero sus labios son sellados. Sus modales están programados para no causar daño a nadie y si lo hace disculparse como es debido.

Nunca creí que en algún momento mis sentimientos se amortiguarían, o lo harían en este cuerpo.

Disculpas. Siempre que me detengo a observar una de esas escenas en las películas se sienten tan reales, hasta provocan que mis lágrimas salten. Pero, en la vida real, es tan diferente.

Me he disculpado más veces que un sentenciado a muerte.

Ya no se siente nada, no se parece nada a las escenas de alguna película. Aquí solo sirve de pase para que el dolor amengüe y la guillotina se aleje de quienes más amas.

Lo malo de ser bueno, es que aunque tu cuerpo se fortalezca para resistir, tu talón de Aquiles, siempre el golpe dolerá más allí que en cualquier parte del cuerpo.

El perdón, se ha vuelto algo revalorado en estos momentos, en la cárcel que habito no es algo que en verdad signifique mucho, solo es una salida temporal del cubículo, como un paraguas en medio de la tormenta, solo te cubre un instante pero la tormenta continuara salpicándote, y si tu talón permanece a la vista, no engañara el hecho de que lo ocultes.

Tarde o temprano llegan a él.

El cuerpo que habito es tan insulso que por momentos me apena, me duele y siento compasión por él.

Una libertad que añora por años, aun no pierde la fe de alguna vez obtenerla.

El vivir complaciendo a las personas se disfraza como libertad, pero no lo es. Siempre se lo susurro al oído.

El amar demasiado te hace débil, me contesta cada vez que hablamos de lo mismo.

No lo entendía al principio, pero ahora que lo veo, cada vez que le obsequio un momento para respirar lo experimento, lo encuentro real.

Aun así, no evito que ame más.

Lo hace, aunque su cabeza pende de un hilo cuando alguien se hace de un lugar en su tierno corazón.

La conozco, en ella existen islas con diversos habitantes, es peligrosa como el veneno de un escorpión del desierto, y al mismo tiempo en mi propia isla, observo como su tierno corazón lucha por curar cada dosis de veneno.

La pregunta que siempre me hago cada vez que soy testigo de esa lucha, ¿Hasta cuándo aguantara sin ser contaminada?

¿Podrá soportar?

No hay amor suficiente que sea capaz de reparar tanto dolor.

Por siglos creí que el dolor solo era experimentado por pobres que suplican un pedazo de pan con ahínco.

Cuan equivocada estaba.

Lagrimas recorren sus mejillas en esa habitación, espacio de cuatro paredes que cambia de lugar como un maldito cubo mágico.

¿Quién se siente libre en un encierro? Ella lo hace.

Una voz suave como la brisa la acoge con un amor tan puro que me siento una intrusa cuando observo sus manos luminosas reparar, mimar y renovar las piezas de esta máquina que comienza a fallar.

Es hora, nunca me interiorizo por las emociones, pero es momento.

Es un cuerpo, yo habito en él.

Soy yo.

26 de Junio de 2019 a las 14:16 0 Reporte Insertar 1
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