El Conjunto de Mandelbrot Seguir historia

ecco Erendira Corona

Un centro de investigación recibe la tarea de probar una nueva tecnología para realizar análisis ópticos más allá de las escalas hasta ahora posibles, sin saber qué nuevos descubrimientos podría permitir esto.


Ciencia ficción Todo público.

#fractal #cuento #ciencia-ficción #mandelbrot
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El Conjunto de Mandrelbrot

“Las nubes no son esferas, las montañas no son conos, los litorales no son circulares, y los ladridos no son suaves, lo mismo que los relámpagos no viajan en línea recta.”

- Benoit Mandelbrot


Eran casi las siete de la tarde, la luz naranja rojiza comenzaba a inundar la habitación a través de las ventanas. Julia apartó la vista de la computadora y cayó en cuenta de que era hora de salir, había estado tan inmersa escribiendo el reporte de su último análisis que se había olvidado de servir el café que había puesto hace ya más de media hora.

—¡Vaya! las siete ya, que rápido se va el tiempo cuando uno está concentrado- pensó, mientras se ajustaba el reloj en su mano izquierda y se quitaba los lentes para guardarlos en su cajón del escritorio.

Julia guardó sus cosas , y se apresuró a salir para no perder el próximo tren; le esperaban al menos 45 minutos de viaje antes de poder llegar a su departamento. Así que se dirigió a la estación más próxima que estaba a unas cuadras de donde se encontraba.

Ya en la ventanilla de boletos de la estación, metió la mano en el bolsillo derecho del abrigo y recogió un par de monedas para pagar el ticket. Tomó su maleta al hombro y subió al tren.

Una vez dentro echó una mirada a los asientos, no venían muy llenos ya que la hora pico había pasado. Cerca de la entrada estaba un niño jugando con un pequeño avión rojo de juguete mientras su madre le decía que tuviera cuidado de no dejarlo caer por la ventana. Más adelante había un par de adolescentes aún con uniforme escolar, se podía adivinar que venían de hacer tarea de alguna de las casas de ellos, se veían tan animados contándose anécdotas y riendo, que a Julia le dió un poco de nostalgia de sus días de estudiante.

—Qué sencilla que parecía la vida en esa época...- , pensaba para si misma.

Del otro lado, un señor al que Julia le calculó unos 60 años, sostenía un libro mediano de portada azul. Él se veía tan ensimismado en su lectura que a ella le pareció que debía ser un libro interesante, pero desde donde estaba no se alcanzaban a distinguir las letras del título. Después del rápido vistazo, avanzó unos pasos y se sentó en el lugar de la ventanilla, al lado de aquel señor.

Pasaban ya de las siete de la tarde y el sol estaba ya a medio camino de ocultarse. Ya en su asiento y un poco más relajada, Julia se rindió un poco ante el cansancio. Recargó su cabeza sobre la ventanilla mientras observaba, las estrellas comenzaban a divisarse en el cielo poco a poco con un brillo más intenso sobre el mar de colores azules y cobrizos. De pronto del otro lado de la ventana alcanzó a ver una formación muy curiosa; eran la Luna y lo que parecían dos estrellas. La forma que adoptaban le pareció tan familiar que se levantó la manga izquierda del abrigo, vio la formación en triángulo de sus lunares que tenía en el antebrazo y dejó escapar una sonrisa.

El señor que venía al lado, al verla, cerró un momento el libro y dijo.

—Asombroso verdad, cómo algunas cosas parecen replicarse desde dimensiones astronómicas a nuestros pequeños cuerpos, esos son nada más y nada menos que Venus y Júpiter. ¿Ha oído hablar de la nebulosa hélice? - Julia movió la cabeza indicando negativamente.

—¿Que tiene de especial esa nebulosa?- preguntó ella.

—Bien, pues nada, que pareciera que una especie de Dios de proporciones cósmicas nos está observando asombrado, mientras la teoría de la autosimilaridad se confirma ante él. Verá, este conjunto de materia celeste tiene una semejanza enorme con la figura de un ojo, tanto así que la gente le ha sobre nombrado popularmente como "el ojo de Dios"...- Explicaba el señor mientras una chispa de entusiasmo asomaba por su mirada.

—Por cierto disculpe mi torpeza, me llamo Roberto, no quise importunarle, es solo que pocas veces veo a gente como usted voltear a ver allá arriba y muchas menos sonreír después de eso. La mayoría de las personas ya no tiene tiempo para esa clase de cosas-. Dijo Roberto mientras pasaba de un estado de entusiasmo a un tono un poco decepcionado.

—Soy Julia...- Hizo una pausa y luego continuó.

—Me parece interesante el dato que me ha dado, la verdad no tenía idea de cuáles eran exactamente los nombres de esas estrellas, bueno, en este caso planetas. Y lo que comenta acerca de la autosimilaridad, ahora que lo pienso me vienen a la mente todos esos patrones de sinapsis neuronales que veo bajo el microscopio y tiene razón, asemejan bastante bien una imagen del universo. Normalmente me la paso analizando cosas tan increíblemente pequeñas en mis horas de trabajo que creo que por eso voltear a ver allá arriba de vez en cuando me da un respiro.

—¡Asombroso!, alguien como usted tiene el privilegio de poder apreciar la belleza de ambos mundos-. Exclamaba Roberto, mientras en el fondo se escuchaba el anuncio de la llegada a la próxima estación.

Julia, quien acababa de escuchar el anuncio en el altavoz se preparó para ponerse de pie y se excusó.

—Un gusto charlar con usted, pero me temo que he llegado a mi destino, ha sido un día largo y mañana me aguarda mucho trabajo del otro lado del microscopio.

—El placer ha sido mío señorita. Es más, tome el libro, se lo regalo para que siga cultivando su interés en el mundo de allá arriba- Dijo él, entregándoselo.

Julia sonrió en forma de agradecimiento y tomó el libro de la portada azul, se dirigió a la salida, y mientras esperaba que las puertas se abrieran alcanzó a leer en la contraportada la siguiente cita de Stephen Hawking. "Somos solo los custodios temporales de las partículas de las que estamos hechos. Continuarán liderando una existencia futura en el enorme universo que las hizo."

Ocho horas habían pasado ya, cuando se escuchó el despertador que hizo que Julia se pusiera en pie y se preparara para otro día de trabajo.

—Hoy será un día bastante ocupado, necesito llegar a tiempo a la junta que programaron- se decía a si misma, mientras tomaba su maleta al hombro y bebía apresuradamente un poco de café.

Llegando al lugar de trabajo, observó que ya habían comenzado a reunirse; así que solo dejó sus cosas en el escritorio y se aproximó hacia la sala de juntas.

Se deslizó silenciosamente dentro de la sala mientras observaba la expectación de todos sus colegas que se encontraban presentes y tomó asiento en uno de los lugares que todavía estaban libres.

Justo detrás de ella venía también entrando a la sala el jefe del departamento para dar inicio a la junta.
— Buen día a todos, cómo les había comunicado ayer, les he pedido reunirnos para darles a conocer los detalles del equipo que han hecho llegar a este centro de investigación hace un par de meses y para el cuál algunos de ustedes se han estado preparando, la instalación del equipo ha sido finalizada esta mañana-. Dijo el Dr. Svanzki.

—Excelente noticia, después de toda la capacitación y práctica que hemos invertido con el simulador por fin podremos comenzar a probarlo con datos reales- expresó otro de los presentes.

—Como saben el equipo es bastante especial, han implementado en él toda una nueva tecnología para poder realizar análisis ópticos con un rango de alcance que hasta hace un par de años no sabíamos que fuera posible-. Siguió Svanzki.

—¿De que nivel de resolución estamos hablando Dr.?, solo se nos había dicho que era tecnología nueva pero no se nos aclaró el alcance.

—Tiene razón Rogers- respondió Svanski y prosiguió.

—Los microscopios con los que contamos actualmente nos permiten realizar mediciones del orden de los picómetros. Hasta ahora hemos podido analizar células, bacterias, moléculas y átomos, pero esta nueva tecnología nos abrirá las puertas para poder explorar en una escala superior, estamos hablando de los yoctómetros, nada mas y nada menos que la cuatrillonésima parte de un metro-. Respondió dejando entrever cierta emoción.

Todos en la habitación hicieron gestos de asombro.

—¿Tendrá algo que ver semejante dato con el hecho de que no se nos comentara nada de inicio?.

—Así es, esta es una tecnología piloto aún. Es un tema delicado de investigación que nos ha sido asignado, así que durante los siguientes días los científicos de este departamento deberán trabajar con él y al final deberemos entregar los debidos informes de los análisis a la dirección-. Confirmó.

—El programa de pruebas está hecho, y se les haré llegar en este instante para que puedan avanzar con los estudios. Por cierto, también sus credenciales han sido habilitadas ya para tener acceso- Comentaba mientras se disponía a ponerse de pie.

Después de que Svanzki abandonara la sala, todos se movieron hacia sus lugares de trabajo.

Julia era uno de los científicos a los que había hecho referencia el Dr. Svanzki, así que al volver a su escritorio revisó el horario que le había sido asignado, de pronto cayó en cuenta de que sería la primera persona en tener la oportunidad de echar un vistazo a este nuevo dispositivo. Sin pensarlo dos veces tomó sus cosas y se levantó de su lugar.

Después de haber salido apresuradamente de la oficina y caminado por el largo pasillo que conectaba ambos edificios del campus, finalmente se encontraba frente a la puerta del laboratorio que habían habilitado en el ala oeste. De pronto se detuvo un momento mientras le invadía una sensación extraña, algo parecido a un Déjà vu .... abrió el cierre de la mochila y sacó su credencial de acceso; la deslizó por el dispositivo de seguridad y las puertas se abrieron.

Justo de frente a la entrada se encontraba el nuevo equipo instalado dentro de una cámara perfectamente aislada, el equipamiento completo ocupaba aproximadamente 16 metros cuadrados, un cuarto entero ya que debía tener protección contra interferencias electromagnéticas e incluso acústicas. Como lo habían visto a través de las simulaciones, para manipular las muestras tendrían que hacer uso de unos brazos robóticos que se encontraban dentro de la cámara y que podían ser manipulados desde fuera.

El centro de control estaba al lado de esa pequeña habitación, era una especie de púlpito con muchos botones y pantallas donde se podrían apreciar las variables que se debían monitorear y manipular para poder mantener el equipo funcionando, y también donde se desplegarían las imágenes que se revelarían.

Julia tomó su bata, recogió su largo cabello en un práctico chongo; sacó sus lentes de pasta negros y se sentó frente al centro de mandos. Estaba lista para ver por primera vez en la historia lo que aguardaba del otro lado...

23 de Junio de 2019 a las 03:10 0 Reporte Insertar 2
Fin

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