Después del fin del mundo Seguir historia

camich--michi-cam Michelle Camacho

Todos le temen "al fin del mundo", pero ¿qué pasará después? Y sino pasas al cielo ni al infierno. ¿Qué será de esas almas que no son ni buenas ni malas?


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13.

#purgatorio
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Purgatorio

Me encuentro en lo que parece un baldío abandonado, sin ramas ni basura. Hay muchas personas aquí, bueno, para ser más precisa son almas. Algunos creían en el cielo y el infierno, yo personalmente era poco creyente, digo era no solo porque esté muerta sino porque estoy en lugar es oscuro, huele a humedad y parece no tener fin.

De repente una voz profunda suena por todo el lugar “Han llegado al purgatorio, sus almas no merecen ir al infierno, pero tampoco al cielo. Se les ha condenado a vagar eternamente en este limbo.” Todos callan. La verdad es que eso ya lo sabía, mi abuela solía rezar por las personas que habían quedado atoradas en el purgatorio, pero si todos hemos muerto ¿Quién abogará por nosotros?

Un niño pequeño se pega a mí, no debe tener más de cinco años, lleva un pijama adorable pero anticuado y tiene unos ojos verdes que brillan tanto que parece que lágrimas desbordarán sus ojos.

— Pequeño, está bien. Ya veremos cómo salir de ésta. — le digo lo más calmada posible.

—No es eso, ellos ya vienen— Me dice aterrorizado.

— ¿Quiénes vienen?—pregunto un tanto nerviosa ¿qué podría ser? Total, muertos ya estamos.

Sigo su mirada y veo que unas sombras totalmente negras se acercan, figuras amorfas que parecen sangrar; de ellas sale un hedor indescriptible. Pese a que todos podemos verlas, nadie se mueve. La sombra se acerca a una tierna anciana y la engulle; sus gritos de auxilio se escuchan por todo el lugar y el eco de sus últimas suplicas se escucha repetidamente “Me quema, alguien que me ayude”. Esa cosa la rodea y veo como su cuerpo empieza a carbonizarse, hasta desaparecer. No quedó nada de ella.

No sé qué hacer y me he quedado helada.

—Nadie puede ayudarla— me dice el pequeño— ven conmigo si quieres seguir existiendo.

Yo me dejo guiar, pues aun lo tengo de la mano. Me conduce por un laberinto, cada pasillo más oscuro que el anterior. Hasta que llegamos a una pequeña cuevita y nos escondemos ahí.

— ¿Qué son esas cosas?—le pregunto con la voz más baja que puedo.

— Son restos de otras almas, han pasado tanto aquí, que perdieron la cordura y se convirtieron en esos espectros. A todos nos espera ese final. — dice mi pequeño de ojos vidriosos. — se devoraron los recuerdos de esa señora, le arrebataron todo lo que alguna vez fue y para hacerlo la someten a las llamas del infierno, su alma arde hasta desaparecer. Por eso gritó tanto.

— ¿Cómo es qué un niño como tú está en un lugar como este?— me intriga saber más de él y quiero cambiar un poco la conversación. Estoy demasiado nerviosa para seguir hablando de espectros — cuéntame un poco sobre ti.

— Me llamo Alberto Antonio Álvarez Montes, tengo cuatro años. Vine a parar aquí porque la niñera estaba golpeando a mi perrito y pues yo…— dice lo último tan despacio pues está tan nervioso para seguir su historia. Tomo su mano para que se sienta en confianza — la empuje por las escaleras, pero ella me tomó del brazo antes de caer, así que ambos fallecimos en la caída. Quería enseñarle una lección por meterse con los animales, algodón era apenas un cachorro y no le había hecho nada malo. Ella merecía morir.

Me quedo en silencio. Yo también he entrado en campañas para el respeto hacia los animales, pero jamás maté a nadie.

— Ahora es tu turno ¿por qué estás aquí?— me dice levantando la cara y viéndome fijamente. Ya encuentro hasta hermoso ese brillo en su mirada a causa del miedo y de la angustia.

— No sabría decirte, no era nadie importante. Solo una chica común y corriente. Copié en varios exámenes y mentía a menudo, pero nada grave — dije sin mucho ánimo.

Un espectro pasó cerca de nosotros, se paró justo en la entrada de nuestra cueva. Siento a mi corazón latir deprisa, mi respiración es entrecortada y sino estuviera muerta diría que estoy a segundo de un infarto.

— Ahora que sé que no eras “nadie” podré devorar tu alma sin cargo de conciencia— a medida que pronunciaba esas palabras su piel pálida comenzaba a tornarse negra y gotas de sangre empezaron a caer de su pequeño cuerpo, un hedor salía de él y su sonrisa…fue la más tétrica que vi jamás.

20 de Junio de 2019 a las 22:18 1 Reporte Insertar 1
Fin

Conoce al autor

Michelle Camacho Soy una mujer de viente años, estudiante de Gestión empresarial, amante de la lectura y la escritura. Mis obras son variadas. Espero les gusten mis amores.

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Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
Una idea muy interesante, te deja pensando... los espectros están bien descritos, da miedo imaginarlos.
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