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LA ASESINA DE MARCELO TINELLI



No sabemos como llegaron ni donde, tampoco porque, pero imaginemos que Marcelo Tinelli y Ravelia Zamas estaban los dos solos, en una habitación en algún lugar de lujo acorde a lo que estas dos personas exigen y requieren.

Marcelo estaba acostado, totalmente desnudo, sobre la cama, con sus dos enormes pies talle cuarenta y cuatro sobresaliéndole de la misma. Ravelia también estaba totalmente desnuda.

Sobre una mesa, muy cerca, de la cama, había una enorme y gigantesca horma de Queso Emmenthal, que sobresalía por sus grandes y voluminosos agujeros.

- ¿Por qué este Queso, Ravelia? – le preguntó Marcelo a Ravelia.

- Es parte del juego – le aclaró Ravelia – te dije que nos vamos a divertir mucho, ya vas a ver.

- ¡Pero este Queso tiene una baranda, che!

- No, Marcelo, el olor a Queso viene de tus pies, y de los míos. Vos sos un Queson y yo una Quesona, ja, ja.

- ¿Un Queson, yo? – se rió Marcelo – Ja, ja, para ser Queson hay que llamarse Carlos, yo me llamó Marcelo, que Carlos ni Carlos.

- Bueno, quizás vos no seas un Queson, apenas un Quesudo, pero yo sí soy una Quesona.

- ¿En serio?

- Sí, mirá Marcelo, olé mis pies...

Ravelia Zamas, que calza cuarenta y dos, puso sus pies encima del rostro de Marcelo, este comenzó a olerlos, chuparlos, besarlos y lamerlos, una y otra vez. Los pies de Ravelia Zamas no olían a Queso, sino a un perfume francés muy intenso. Marcelo quedó extasiado por el olor de los pies de Ravelia.

- ¿Y te gustaron mis Quesos, Marcelo?

- Huelan a perfume francés.

- Y si, soy muy limpi.a

- Yo creía que eras muy Quesuda, que diga Quesuda, una Quesona, una Requesona...

- A ver los tuyos, sí huelen más que los míos...

Marcelo, sin dejar de estar acostado en la cama, extendió sus enormes pies hacia la cara de Ravelia, que permaneció apoyada de rodillas.

Ravelia entonces tomó una pluma y empezó a hacerle cosquillas en los pies a Marcelo, que no paró de reírse y de emitir carcajadas tras carcajadas mientras la chica lo cosquilleó. Le pasó la pluma por encima de las plantas de los pies, y después por cada dedo con sumo detalle.

Cuando terminó, Ravelia empezó a oler los pies de Marcelo. Sintió una profunda decepción. Olían a Queso, un Queso muy fuerte, pero Ravelia sintió que era un Queso de segunda mano, no era el Queso que ella imaginaba.

- ¿Y te gustaron, Ravelia?

- No, Marcelo, no te voy a mentir. Creía que tenías Quesos más ricos.

- Te lo dije, Ravelia. Soy Quesudo, pero no soy Queson.

- Sí, ya me dí cuenta, Marcelo.

- ¿Y ahora?

- Y ahora viene lo mejor...

Ravelia agarró un enorme cuchillo y se acercó a Marcelo, que la veía aterrorizada, la chica descargó una puñalada con furia, ante el horror de Marcelo, pero la puñalada impacto en una de las almohadas...

- ¿Creías que te iba a matar? ¡Ja, ja!

Marcelo respiró algo aliviado, pero ahora Ravelia agarró una almohada y la pusó sobre la cabeza de Marcelo, tapándole la vista.

- ¿Qué haces loca, ahora? – le dijo riéndose Marcelo a Ravelia.

- Ya vas a ver, te va a gustar, quedate así, con los ojos cerrados.

Sin que Marcelo la viera, dado que tenía una almohada sobre su cabeza, Ravelia se puso guantes negros en sus manos y sacó de una cartera, un revolver largo con silenciador. Se acercó a Marcelo, y se pusó frente a él, le apuntó entonces hacia la cabeza.

- ¿Y Ravelia? ¡Estoy esperando!

La respuesta de Ravelia no fue ninguna palabra, sino un disparo que efectuó hacia la cabeza de Marcelo, que obviamente no la veía. El disparo fue muy efectivo y todo indicaba que había dado en la cabeza de Marcelo, cuyo cuerpo permanecía inmóvil.

La asesina entonces volvió a guardar el revolver, y siempre con guantes en la mano, agarró el Queso y lo tiró sobre el cuerpo de su víctima, que seguía con el almohadón sobre la cabeza.

- Marcelo Tinelli. #Queso – dijo en voz alta la asesina.

Ravelia Zamas era una asesina de hombres, una asesina serial o una asesina a sueldo (lo que el lector prefiera o imagine), que solía llevarse como trofeo los zapatos o las zapatillas de cada uno de los hombres que asesinaba. Por eso, buscó los grandes zapatos talle cuarenta y cuatro de Marcelo Tinelli, los agarró y los guardo en sus pertenencias.

Antes de irse del lugar, la asesina contempló el cadáver del hombre que había asesinado, con el Queso encima

Su víctima permanecía con el almohadón sobre la cabeza. La Quesona decidió contemplar el rostro del hombre al que había asesinado y retiró el almohadón, y dijo en voz alta otra vez el nombre de su víctima:

- Marcelo Tinelli. #Queso.

Y ahora sí, la Quesona abandonó el lugar. Con este crimen había redoblado la apuesta, sabía que la estaban buscando por todos lados, pero ella seguiría asesinando.

17 de Junio de 2019 a las 22:37 0 Reporte Insertar 0
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