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LA ASESINA DE LUIS SCOLA





Ravelia, la sanguinaria e implacable asesina de hombres conocida como La Quesona, deseaba asesinar a otro basquetbolista.

Su crimen anterior, había sido el de Fabricio Oberto al que había degollado con un cuchillo en forma de itaka, después de someterlo a varias clases de torturas relacionadas con el olor de sus propios pies.

Más atrás en el tiempo, a otro basquetbolista, a Andrés Nocioni, lo había estrangulado la media derecha y asfixiado con la media izquierda, mientras “jugaban” al olor a Queso con los pies.

A Emanuel Ginóbili lo ejecutó con una itaka. Pero repasando sus asesinatos se dio cuenta que la mayoría de los basquetbolistas a los que había asesinado los estranguló y asfixió de ese modo.

No solo a Andrés Nocioni, también Marcos Mata, Bruno Labaqué, Patricio Garino, Nicolás Brussino y Máximo Fjellerup habían sido asesinados de ese modo. Y entonces fijó su próximo objetivo: Luis Scola, un basquetbolista que medía más de dos metros y calzaba un cincuenta y dos, un Quesudo según su opinión. Sería su víctima con el número de pie más grande, en un record que la Quesona deseaba superar.

Luis Scola salía del entrenamiento del basquet cuando una chica lo sorprendió mientras se dirigía al estacionamiento.

Era una muchacha joven, muy bien vestida, Luis creyó reconocerla, era muy parecida a la modelo Valeria Mazza. Idénticas como dos gotas de agua. Aunque Scola sabía que no era Valeria Mazza, esta había sido asesinada por su amigo y colega, Carlos Delfino.

- ¿Me firmas un autografo, Luis?

- Claro, ¿Cómo te llamas? - el basquetbolista accedió con gusto

- Ravelia. Ese es mi nombre.

- Si Valeria Mazza no hubiese sido asesinada por mi amigo Carlitos Delfino diría que sos ella.

- Todos dicen lo mismo. Pero soy Ravelia. Diez años menor que Valeria Mazza, aunque nacida con la misma aspectación astral.

- ¿Querés un caramelo, Luis?

- Bueno, dale, te agradezco mucho.

La chica entonces lo convido con el caramelo. Luis sonrió, se despidió de la chica, mientras se alejó del lugar chupando el caramelo que su admiradora le había dado.

Al llegar al auto, se sentó, y empezó a sentir mucho sueño, demasiado sueño, parecía como que todo le daba vueltas, tanto, que cerró los ojos y se quedó totalmente desvanecido.

El basquetbolista perdió totalmente la noción del tiempo. Finalmente, cuando volvió en sí, para su sorpresa, estaba acostado en una gran camilla, como esas que usan los terapautas, con sus manos y piernas atadas.

Sus enormes pies – imaginemos Luis Scola mide más de dos metros y debe calzar un cincuenta y dos – estaban descalzos sobresaliendo de la cama. El basquetbolista intentó moverse y salir de ahí, pero no pudo, estaba totalmenta atado, no podía dar un solo movimiento.

De repente, frente a él, apareció Ravelia la Quesona. Una chica joven, muy bella, vestida de blanco, con unos guantes negros que le cubrían las manos. Luis intentó hablar pero no pudo, estaba amordazado. La que sí habló fue la chica.

- Buenas noches, Luis “el Quesudo” Scola. Soy Ravelia la Quesona, la temible e implacable asesina serial de hombres.

Sobre el costado de la cama, donde estaba atado Luis Scola, había un enorme Queso Parmesano, era una horma realmente gigantesca, muy grande.

La chica empezó entonces a chuparle, lamerle, besarle y olerle los pies al basquetbolista que tenían un apestante e intenso olor a Queso, propio de los que practican ese deporte.

- Sos muy Quesudo, dijo la Quesona.

La chica, la asesina, le dijo a Scola:

- ¿Te gusta el Queso, Luis?

Ravelia tomó el rallador de Queso y empezó a tirarle el Parmesano rallado y en hierbas sobre el cuerpo a Luis.

- Espero que te guste el Queso, Luis, deberás oler estos Quesos.

Ravelia entonces puso sus pies sobre el rostro de Scola. La chica le sacó la mordaza que tapaba la boca del basquetbolista.

La chica, pese a ser mujer, era muy patona, calzaba cuarenta y dos. Su olor a pies era muy fuerte, pero no olían a Queso, sino a perfume francés. Scola debió oler, lamer, besar y chupar los pies de la chica durante un largo rato, quedando como drogado ante el apestante, intenso y sofocante aroma que despedía la chica.

Luis quería liberarse, pero era imposible. Gritaba pero nadie lo escuchaba, atado, no podía hablar ni moverse.

- ¿Qué Queso te gusto más, Luis? ¡Ja, ja!

Cuando terminó de obligarlo a chupar los pies, Ravelia tomó una pluma y comenzó a hacerle cosquillas en los pies a Luis Scola. Lo torturó de esa manera durante un buen rato, haciéndole también cosquillas con sus dedos y uñas.

Ravelia empezó a extender las cosquillas a todo el cuerpo, pies, axila, panza, cuello, una y otra vez, solo que esta vez para hacer las cosquillas la chica empezó a usar también un cortador de pizza.

- Hay más, la diversión no termina aca. Ahora quiero probar otra vez tu Queso. Sos muy Quesudo. A ver si podes ser Requesudo, si lo sos te salvarás, de lo contrario, morirás, ja, ja…

Primero Ravelia empezó a chupar los pies de Scola, a lamer y besar una y otra vez los dedos y sobre todo el espacio que hay entre los dedos. Después de hacerlo, la chica tomó el rallador de Queso nuevamente y empezó a rallar literalmente los Quesos (o sea los pies) del basquetbolista.

Scola gritó desesperadamente de dolor, imaginen la secuencia.

- Tenés un olor a Queso muy rico, sos un Requesudo, pero igual ahora te ejecutaré, basquetbolista.

Luis contemplaba con terror y espanto, que la chica estaba dispuesto a ejecutarlo.

- Podría asesinarte con tus propias zapatillas, son tan gigantescas que con darte un golpe quizás quedes muerto. Pero no, tendrás una muerte lenta.

La chica tomó una bolsa transparente y la colocó sobre la cabeza de Luis Scola.

- Morirás asfixiado y estrangulado como Andrés Nocioni y los otros, Luis Scola, espero que los títulos de los diarios digan lo mismo que dijeron las veces anteriores, “Basquetbolista ahorcado por una mujer”.




La asesina tomó una cuerda y la pusó sobre el cuello del basquetbolista, empezó entonces a apretarle el cuello. El muchacho intentó resistir como podía, era muy difícil, maniatado y amordazado, parecía no tener escapatoria alguna, pero dotado de una gran fuerza, propia de alguien que mide más de dos metros y calza cincuenta, trato de luchar, pero no pudo.

Fueron muchos minutos, hasta que la asesina finalmente terminó su macabra tarea.

- Luis Scola #Queso.

Dijo entonces en voz alta la Quesona mientras tiraba el Queso sobre el cadáver de Luis Scola.

Para la Quesona era uno de los mejores crimenes que había cometido. Colgo el cadáver de Luis Scola como si fuera un ahorcado del viejo oeste y se fue del lugar donde cometió el crimen. Se llevó como souvenir las medias y las zapatillas talle cincuenta y dos de su víctima. La “Quesona” agregó así una nueva víctima a su larga lista de hombres asesinados.

17 de Junio de 2019 a las 21:56 0 Reporte Insertar 0
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