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Elizabeth

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Elizabeth - José Manuel El Sultán


"Elizabeth" Escrito por Paula Han.


Debiera de haber más mujeres como Elizabeth, caramba.


Elizabeth que no se dejó matar. Elizabeth que fue sobreviviente.


Elizabeth que también estaba enamorada.


Caramba, parece que a las mujeres nos cogen la vida cuando nos enamoramos. Cuantas de nosotras estamos atadas a una relación sin futuro.


Por eso hay que ser como Elizabeth. Hay que dejar a los hombres como Claudio, sentados oliendo donde se cuela el café.


Pero si es que yo me acuerdo los amoríos de esa gente. Claudio al principio parecía un príncipe azul. Le compraba flores semanalmente. Es más, le enviaba “Bouquets” de la floristería de la ciudad como cada quince días.


¿No supiste tú que hasta le cambió el teléfono? Claudio le compró uno de esos celulares modernos a Elizabeth. Estuvo ahorrando como tres meses y se lo compró completito, de un solo pago.


No, y eso que no llegaste a ver el apartamento que se compraron. Eso parecía un Pent-house.


Todo cambió el día después de que se casaron.


Comenzó ese hombre con unos celos, “que si tú estabas aquí” “que si estabas allí”. Poco a poco la convivencia se estaba volviendo un infierno. Yo los veía y Elizabeth calladita.


La mujer enamorada no habla mucho. Cuando el hombre es malo y la mujer lo ama de verdad, ella se enmudece.


De repente, ella no podía salir con amigas. Hasta yo la dejé de ver un tiempo. No venía al salón y tuvo que renunciar de su trabajo. El hombre la quería a tiempo completo en casa. ¿Para qué? Para luego menospreciarla, si es como me dijeron.


Empezó ella con unos celos. ¿Cómo no? A esa mujer se le había arrebatado hasta el derecho a la seguridad. Dijeron que me gustaba Claudio, ¿Y no vino Elizabeth con un puñal?


Ahí aproveché para verla. Estaba flaca, y llena de canas. Le digo, “muchacha siéntate, déjame teñirte esas canas”, le hice el trabajo gratis, me daba pena. Y a pesar de lo que pasó después, puedo decir que fue una suerte que se me ocurrió teñirla.


Cuando Elizabeth llegó a esa casa, ese hombre le dio una paliza. Pero una santa paliza, le dio el hombre. Dios sabe que no me alegro, yo no me alegro, no.


Tres semanas en el hospital duró Elizabeth y con eso le bastó. Desde el hospital llamó a la policía y levantó una orden de alejamiento. Le dejó todo en la casa, no se devolvió ni por un trapo.


El hombre está hecho un guiñapo, “Elizabeth vuelve” le dice. “No lo vuelvo a hacer”, pero ella no le hace caso.


Si la hubieses visto, muchacho. Esa mujer desde que se dejó de ese hombre ganó peso, se cortó el pelo, se renovó la figura. Entró al gimnasio, volvió para su trabajo, volvió a salir con sus amigas.


No había pasado un año bien y se volvió a casar Elizabeth, esta vez con un extranjero. Hombre que trataba bien a esa mujer, la tenía como una reina.


Ella por su parte lo trataba con la punta del pie, temiendo que si se desvivía le pasara lo mismo que con el otro.


Claudio se volvió loco, perdió el trabajo y vive bebiendo el día completo. Llama a esa mujer a cada rato, ella ni el favor le hace. Paliza que le salió cara, Elizabeth no lo quiere ver ni en pintura.


Por eso es que hay que ser como Elizabeth. Al hombre como Claudio hay que huirle. La mujer se queda en una relación, muchas veces por miedo, o por lo que tengan en común. Muchas veces en nombre del fulano amor se queda uno sufriendo lo que no debería. Hay que ser como Elizabeth y usar la cabeza en vez del corazón.


Debiera de haber más mujeres como Elizabeth.

17 de Junio de 2019 a las 19:27 0 Reporte Insertar 0
Fin

Conoce al autor

Paula Han Pasajera en el mundo, Ciudadana del cielo. Nativa de un lugar en el trayecto del sol. Mujer en el globo. Despierta, traviesa, medio rara, medio boba, medio inteligente. Impredecible. Creyente aprendiendo a ser paciente, lidiando con mi carácter, tratando de cambiar. Escritora compulsiva, lectora molestosa. Amante de reír y hacer reír. Loca pasiva.

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