Antropofobia Seguir historia

eljuglar Leonel Insfrán

Una pequeña viajera descubre el miedo en su máxima expresión.


Cuento Todo público.

#miedo #animales
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Antropofobia

Era muy pequeña y ya conocía la desesperante sensación de estar perdida. Siempre se sintió libre de ir y venir, con las precauciones pertinentes, por supuesto; no ignoraba que el mundo era un lugar peligroso, lleno de depredadores. Lo aceptaba, ella era parte de esa cadena. Los gatos, los perros y algunas aves eran una amenaza constante para la diminuta lagartija, como ella lo era para los mosquitos o las pequeñas hormigas. A las arañas ya las había superado, las respetaba dependiendo del tamaño, pero les había perdido el miedo, incluso se comía alguna de vez en cuando.

La vida era simple, huecos donde esconderse, sol para calentarse, insectos para alimentarse. Era posible que un día fuera ella el desayuno, pero no le parecía algo descabellado, tampoco injusto, era una ley que los regía a todos por igual, un día eras cazador y al otro cazado.

Soñaba con llegar al fin del mundo, pero este parecía no tenerlo. Había perdido la cuenta de cuanto había caminado y trepado, siempre había más para caminar y más para trepar. Los huecos de los humanos, esos seres enormes e imponentes, parecían no acabar nunca, había millones, estaban por todos lados, y se preguntaba qué depredador los atacaría a ellos, para tener la necesidad de escondites tan grandes. No les temía, le daban la sensación de ser amigables, estaban rodeados de gatos y perros, fáciles de cazar para ellos y sin embargo no se los comían, es más, los alimentaban. Les temía solo a sus pisadas, a su andar distraído... hasta esa tarde.

Había trepado hasta la cima de un gran muro y desde allí vio con horror el comportamiento de tres cachorros humanos que habían atrapado a una de su especie. Lo lógico, pensó, hubiera sido que se la comieran, sino... ¿para qué atraparla? Pero no. Los cachorros colgaron a la pobre, clavándole las patas a un panel blanco que se deshacía con facilidad, y alejándose a cierta distancia, comenzaron a arrojarle rocas con algo que llamaban "resorteras"; eran como ramas de árboles que se dividían en dos, con una especie de soga que se estiraba y al soltarse se contraía con fuerza, dándole a las piedras una velocidad y potencia que hasta allí jamás había contemplado. Una tras otra las rocas impactaban en su compañera en desgracia, que aún viva luchaba por escapar vanamente. Con horror vio separarse sus miembros, desgarrarse su carne, brotar su sangre, mientras los humanos reían a carcajadas y se festejaban la puntería al tiempo que despreciaban la vida. Finalmente, un proyectil dio en la cabeza de la pobre lagartija prisionera y terminó con su vida, pero ellos siguieron con su juego macabro riendo con algarabía, porque no conformes con su falta de respeto a la vida, tampoco respetaban la muerte. Era la primera vez que veía algo así, el sadismo, el matar sin sentido, sin necesidad, por diversión. No pudo recuperarse.

Comprendió que el mundo no solo era un lugar peligroso, era escalofriante. Desde entonces huye, aunque no sabe a dónde. Busca un mundo sin humanos, pero siempre hay más y más madrigueras, parecen aterradoramente infinitas. Esta mañana creyó que su viaje había llegado al peor final, cuando escapando por un muro fue descubierta por una familia humana. Con terror vio acercarse una hembra, y con pánico imaginó el dolor al que someterían su cuerpo. Si los cachorros humanos eran capaces de la atrocidad que presenció, ¿a dónde llegaría la maldad de los adultos? La familia entera la rodeó, uno de los adultos sacó un arma con el cual le apuntó concentrado unos segundos. Imaginaba su cuerpo despedazándose, desintegrándose en medio de un insoportable dolor, cuando oyó el disparo... pero no hubo dolor, dos o tres disparos más, y ella seguía viva. "¿La tenés Pa?", escuchó que preguntaba un cachorro y corrió como nunca en su vida, hasta salir del alcance de sus depredadores, pensando en lo afortunada que había sido por la mala puntería del humano.

— ¿Pudiste sacarle la foto Pa? —insistió Santiago mientras su papá revisaba la calidad de las fotos en el celular.

—Mmm... no son tan buenas, se ven borrosas, era muy rápida. Pero creo que esta es rescatable —dijo Leonel mientras les mostraba las fotos.

— ¡Era re chiquita! —agregó Alma.

—Parecemos turistas japoneses sacándole fotos a las mariposas... pero era linda —comentó Daniela riendo, mientras todos retomaban el camino al supermercado.

Mientras tanto la lagartija huía, como huye ahora y huirá mañana, impulsada por el miedo; soñando encontrar el fin de las casas, sintiéndose desdichada y asustada, porque le tocó vivir en un mundo tenebroso, cargado de maldad sin sentido, repleto de humanos.

17 de Junio de 2019 a las 03:48 0 Reporte Insertar 0
Fin

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Leonel Insfrán "Buscando todos los ángulos en las letras, todos los sinónimos en las imágenes, todas las notas en los paisajes y todo el aire puro en las canciones"

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