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LOS ASESINOS DE TINI STOESSEL





TINI STOESSEL Y LOS BASQUETBOLISTAS ASESINOS


Tini Stoessel se encontraba en un avión, que iba a realizar el trayecto entre Buenos Aires y Nueva York; próximo a despegar, se sentó junto a ella, a su izquierda, una anciana, con una extraña ropa que parecía como salida de una historia medieval. El avión despegó y una vez que se estabilizó el vuelo, la anciana comenzó a hablarle a Stoessel, en un extraño acento, dígamos rumano…

- ¿Tu eres Tini Stoessel, verdad, famosa cantante juvenil?

- Así es, señora…

- Dumitrescu, mi nombre es Antonea Michaella Dumitrescu, nací en un pueblo de Rumania, hace muchos siglos.

- ¿Siglos? ¿No habrá querido decir años?



- He dicho siglos, no años.

- No puede ser.

- Te aseguro que así es. Y sí quieres ser una gran cantante que tengas un éxito fenomenal tendrás que seguir mis consejos.

- Ya soy una gran cantante, el público me adora y tengo un éxito fenomenal.

- Tus productos musicales son una basura.

- ¿Basura? Me ofende que diga que diga eso. A la gente le gusta.

- Todo lo que haces es una basura. Y sí le gusta a la gente, basta ver como esta el Mundo. El fin se acerca.

- ¿El fin se acerca? ¿Qué fin?



- Escúchame Stoessel. Puedes hacerme caso o ser una mediocre. La elección es tuya.

- ¿Y en que debo hacerle caso?

- Es algo muy largo, que requiere varias etapas. Hoy solo te diré la primera etapa. La segunda será relevada cuando cumplas la primera.

- Digame la primera entonces.

- Debes de tener sexo con dos basquetbolistas a la vez. Olerles los pies, el Queso, eso será el comienzo de tu purificación, de tu camino al lugar de los elegidos, de lo contrario, te hundiras en el fango.

- ¿Sexo con basquetbolistas? ¡Ja, ja! ¿Olerles los pies?

- Chuparselos, lamerlos, olerlos, besarlos. Luego que te cojan como corresponde.

- Usted es una delirante.

- Soy Lady Dumitrescu. Siglos me avalan. Si no me haces caso te hundirás en el fango.

- Dígame la segunda etapa.

- Primero cumple la primera. Ahora duerme.





Stoessel empezó a sentir un profundo sueño. Cuando despertó el avión ya estaba empezando a entrar en el espacio aéreo de los Estados Unidos. Miró a su izquierda y el asiento estaba vacío. La extraña anciana no estaba. Pasó la azafata y Stoessel le preguntó:

- ¿Y la anciana que estaba aca?

- ¿Qué anciana? Este asiento estuvo siempre vacío. No se vendió.

- Pero… Lady Dumitrescu y… - Stoessel prefirió callar para no quedar como loca, y pensó “fue todo un sueño, no debo darle importancia”.

Pero ese fue el problema. No podía olvidar todo aquel dialogo, en especial aquello de tener sexo con basquetbolistas. Llegó a Nueva York, se registró en un Hotel ubicado en pleno Manhattan, a escasos metros de Times Square. La idea de tener sexo con basquetbolistas no se la sacaba de la cabeza. Estaba en los Estados Unidos, la tierra de la NBA, quizás no era difícil encontrar a aquellos dos basquetbolistas.

En el Hotel se alojaban también dos delegaciones deportivas, las Leonas, la selección argentina femenina de Hockey, y los “Carlos”, un combinado de básquet integrado por algunos basquetbolistas que ya superaban los treinta años. Sí, le llamaban los “Carlos”, porque todos se llamaban de este modo.

¿Algunos de sus integrantes? Los argentinos Carlos Delfino, Carlos Matías Sandes y Carlos Leonel Schattmann, más los españoles Carlos Suarez y Carlos Jimenez Sanchez.

Stoessel no pudo resistir la tentación y mientras se encontraba en el Lobby del Hotel vio a los “Quesos”, todos hombres muy altos y patones. El que tenía el pie más chico calzaba 48. Stoessel hasta ese momento jamás había sentido nada por los pies de hombres, pero al ver a aquellos basquetbolistas empezó a tener un deseo irrefrenable de tener sexo.

- Debo cumplir con lo que me dijo Lady Dumitrescu.




Los basquetbolistas se fueron, quizás a jugar algún partido en Brooklyn contra otro combinado el “Cheese Star” integrado por los ya retirados o veteranos Charles Barkley, Karl Malone, Charlie Villanueva, Carlos Boozer y Carlos Arroyo.

Pasaba una de las Leonas. Stoessel creyó reconocerla, se acercó y le dijo:

- Hola, ¿Vos sos una de las Leonas?

- Sí. ¿Vos sos Stoessel, no?

- Sí.

- ¿Qué haces por aca?

- Vine a cantar en el Madison Square Garden.

- Ja, ja, ja, solo en el baño podes cantar.

- ¿Porqué no ofendes a mí? Yo a ustedes las admiro.

- Pero nosotras representamos al país. Vos sos una artista mediocre.

- Bueno, por favor, me podes contestar una pregunta.

- Decime.

- ¿Porqué le dicen los Carlos a estos tipos?

- Porque se llaman todos Carlos, ¿Cómo les van a decir?

- Ah… ¿Es por eso?

- Por supuesto.

- Ví los pies que tienen, son impresionantes, como me gustaría tener sexo con alguno de ellos, o con dos de ellos a la vez.

- ¿En serio lo decís? Yo te lo puedo conseguir. Las Leonas somos muy amigas de los Quesones, perdón, de los Carlos. Ellos nos protegen, nosotras los protegemos a ellos.

- Estoy dispuesta a pagar lo que sea para lograr esto.

- De eso hablaremos después. Dime un horario y ellos estarán ahí en tu habitación.

- ¿Diez y media de la noche te parece bien?

- Sí, un horario razonable. Solo te digo que hace hora, estes con un camisón blanco, esperando a los Carlos, con tus pies desnudos al descubierto, y que sobre una mesa, haya dos enormes hormas de Queso Emmental, o Queso Suizo, como le dicen acá…

- ¿De donde los saco?

- Tranquila, alguien los llevará allí, solo espera…