La boca del lobo Seguir historia

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Un centro de estudios de arte elitista, acoge a una diversidad de alumnos que se verán envueltos en una serie de sucesos, provocados por el poder, el dinero y el amor.


LGBT+ Todo público.

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El aterrizaje

2 de septiembre, 2018. Tenerife.


Bienvenidos a bordo, les deseamos un buen viaje indicaba la megafonía del avión Iberia, que ese domingo viajaba para Madrid desde las Islas Canarias.


—¡Ay ay ay! ¡Qué ya nos vamos! ¡Qué nervios! —exclamaba Ana mientras miraba curiosa por la ventanilla.


—¿Nervios por qué gordi? —le preguntó su novio. —Si vamos los dos juntos, además allí, están Sergio y Silvina esperándonos.


—No sé amor... Es todo, el cambio de ciudad, los nuevos compañeros, el tema de que el nivel en esa Escuela esté muy alto, el hecho de volver a estar a unos kilómetros de mi madre... Me da todo un poco de miedo, tengo ganas, pero a la vez respeto por la oleada de cambios —le explicó de forma calmada a su pareja.


—Te complicas tú sola —refunfuñó Abraham.


—¿Queréis algo de comer chicos? —preguntó el padre de Ana desde el asiento delantero.


Ana no había podido dormir la noche de antes, estaba nerviosa, y aunque su padre siempre estaba a su lado para tranquilizarla y decirle que todo iría bien, ella tenía sentimientos encontrados a la hora de hacer este giro en su vida. No estaba completamente segura de que quería dedicarse a la música, sólo tenía algunas nociones de piano y sus familiares y amigos siempre le decían que cantaba muy bien. Pero el hecho de que Abraham quisiera estudiar en esa Escuela, junto con que tampoco había encontrado ninguna carrera universitaria que le gustara más, hizo que se decantara por matricularse en el famoso Colegio de artes de la capital.


—Papi, ve tú con Abraham a esperar las maletas, mientras yo voy a recoger a Bimba.


—Perfecto, llámanos ahora y nos encontramos en la salida del aeropuerto, que está un coche esperándonos —le respondió su padre.


Bimba era una de las tres perritas Pomerania de Ana, había decidido traer sólo a Bimba, porque aparte de ser su favorita, era la que soportaba mejor las horas de vuelo y a la que más iba a echar de menos, por eso había querido pasar estas últimas horas con ella.


—¿Quién va a dormir conmigo ahora Bimbita? ¿Con quién voy a jugar yo? —preguntaba Ana al canino sin esperar respuesta.


—¿Todo listo señorita? —dijo amablemente el chófer a Ana.


—Sí, podemos ir ya para la Escuela — respondió ella.

2 de Septiembre, 2018. Madrid.


—Hola niñas ¿Se puede pasar? ¿Estáis vestidas? —preguntaba de forma simpática Alicia a las chicas que ocupaban la habitación.


—Siii –respondieron al unísono Miriam y Mireya.


—Os traigo a vuestra nueva y tercera compañera —terminaba de decir Alicia antes de abrir por completo la puerta.


Fue entonces cuando una chica sonriente y temerosa, acompañada de sus padres entró en la habitación. Era una chica morena de pelo largo y liso, llevaba un recto flequillo, tenía unos expresivos ojos verdes y una nariz pequeña y pícara. Vestía un peto y unas zapatillas deportivas. Era muy guapa, además al ser bajita y delgada parecía una muñequita. Además, tenía un timbre de voz dulce e infantil, que transmitía diversión y simpatía.


—¡Hola! Soy Aitana ¿Qué tal?, Como ya os han dicho dormiré con vosotras —soltó con cara de circunstancia. —¡Ah! Y ellos son mis padres, que ya se me olvidaban –añadió divertida.


—¡Hola guapa! Encantada, sí, estábamos esperándote, Miriam y yo ya estábamos nerviosas hablando y diciendo ¿Cómo será? ¿Cómo será? — respondió con desparpajo al instante Mireya mientras la ayudaba a entrar la maleta y los múltiples bolsos que traía la chica.


—¡Ey! ¿Qué tal? Yo soy Miriam, bienvenida a tu nueva casa, no es un palacio, pero bueno lo imprescindible lo tenemos.


Al decir eso Miriam, Aitana miró a su alrededor y observó la habitación de su nueva academia donde iba a pasar una buena temporada. Las paredes eran blancas dando una sensación de limpieza y amplitud, los armarios eran de madera clara y nítida, había tres camas individuales, le llamó la atención los cojines con formas de nubes y estrellas, que estaban en la cama que tenía delante. La decoración era sencilla y moderna. Cajones y neveras pequeñas en cada hueco, todo perfectamente diseñado para aprovechar cada centímetro de espacio.


—Esa es tu cama Aitana, la que tienes justo detrás tuya —le indicó Miriam.


—Ahh genial, mamá ayúdame a poner las sábanas y la colcha porfa —pidió la chica del flequillo con gracia a su madre.


Tras deshacer las cuatro maletas que acompañaban a la catalana, vestir la cama y dejar colocada la ropa, el matrimonio se despidió emotivamente de su hija y de sus nuevas compañeras y puso rumbo de nuevo a Barcelona.


—¿De las dos es vuestro segundo año aquí? —preguntó Aitana con interés.


—¡Yasss! —contestó Miriam. —Somos veteranas, pero tranquila que aquí no hay novatadas ni mierdas de ese tipo, además, hay más chicos nuevos nos han dicho, y como ya sabrás cada uno se apunta a las clases, según el nivel y según en lo que quiera especializarse.


—Ahora cuando bajemos a comer, te enseñamos toda la escuela, o por lo menos lo que esté abierto y te decimos donde está todo —dijo Mireya incorporándose para ir al espejo a retocarse el maquillaje.


—Esta tarde ya para empezar hay una charla en el salón de actos, ahí estarán casi todos, así que los podrás conocer —la informó Miriam.


La Escuela de Artes "Superas" era una de las más prestigiosas de Madrid. Era privada y matricularte en ella era de todo menos fácil. A parte de que era inasequible para la mayoría de los bolsillos, el proceso de selección de los alumnos era estricto, ya que se evaluaban las tres disciplinas que se trabajaban es la escuela: música, baile e interpretación.


Pretendían dar una completa formación a las futuras promesas del país, para ello contaba con multitud de convenios con empresas accionistas y con un propio departamento de producción musical que fichaba a los alumnos más brillantes de la escuela para lanzarlos al estrellato.


Por tanto, esas posibilidades de crecimiento profesional, un claustro brillante y entregado, y sus atractivas instalaciones a las afueras de Madrid hacían de "Superas" la mejor opción para jóvenes decididos a exprimir su talento y luchar por su sueño.


—Yo todavía sigo flipada por la piscina, y con que haya helado de postre —comentaba alegremente Aitana. —No me esperaba que fuese todo tan guay, este curso va a ser el mejor de mi vida.


—A ver, a ver, sí, está bastante bien la comida, la piscina y todo lo que es el jardín... Además, cada dos semanas suele haber fiestas y demás, así que si te gusta salir... Pero no te flipes mucho que el ritmo entresemana si vas a muchas clases es duro, además los exámenes no son fáciles y a veces van a joder —respondió Miriam haciendo que Aitana pisara tierra.


Miriam tenía bastante experiencia en eso, en derrumbar los castillos que sus amigos se montaban haciéndoles en unos segundos volver a la realidad. Su tono de voz tajante y decidido, su seguridad y firmeza al decir las cosas y añadiendo su acento cerrado gallego ayudaban a ello. Además, cuando cogía algo de confianza le agregaba su ironía particular.


—¡Hoy nos hemos pasado con las conversaciones nocturnas amiga! –se quejaba Mireya, mirando a Miriam, la cual había hablado sola durante la noche.


A lo que Miriam contestó con una carcajada, escupiendo la Coca Cola que se estaba bebiendo.


Mireya era la mejor amiga de Miriam de la Escuela, llevaban a sus espaldas un año compartiendo habitación, en la que habían reído, llorado y trabajado día a día. Con una mirada se entendían, tenían opiniones y gustos muy similares, salvo para la ropa, ya que Mireya decía que Miriam vestía cómo si fuese a "marcarse un rap", y Miriam contraatacaba diciéndole que ella iba "de boda de pueblo". Tenían tanta confianza entre ellas que con mucha frecuencia pasaban esa fina línea que dio lugar a la frase: "la confianza da asco".


—Me ha escrito Ago, dice que a las ocho de la tarde en la recepción, para ir juntos al salón de actos, dice que está en Madrid con su nuevo compañero, que están comprando cosas para la habitación —les explicó Miriam a sus dos compañeras.


—¿Quién es Ago? ¿Es de los que vive en la Escuela o en Madrid? —preguntó la catalana.


—Vive aquí, igual que nosotras, él es becario, o sea, tiene la habitación aquí, es amigo nuestro, es gay, canario, fiestero y muy pesado cuando quiere —resumió rápidamente con gracia Mireya. —¿Qué te ha dicho del compañero Miri? ¿Cómo es?


—Nada, sólo que están en Ikea, y que es muy majo y que está como un puto tren —añadió la gallega poniendo los ojos en blanco.


—Ahh bueno, ya se entiende todo mejor, aunque para Agoney, todos están buenos o tienen algo atractivo así que no te puedes fiar —desconfiaba la andaluza.


La comida se alargó con helado y batido hasta casi las seis de la tarde, las tres chicas estuvieron poniendo al día a Aitana sobre el funcionamiento de la escuela, sus compañeros y los profesores. Aitana no paró de hacer preguntas y de reírse con las respuestas de sus nuevas compañeras.


Le habían caído bien y se había sentido muy cómoda con ellas, como si ya las conociese de antes.


A la gallega y a la andaluza también se les veía contentas con su nuevo fichaje. Tras las vacaciones de verano, habían llegado con ganas de empezar un nuevo curso y de seguir aprendiendo. En concreto Miriam, había estado contando los días las últimas semanas para volver y centrarse en su formación, ya que había tenido un verano algo complicado.


—¿De verdad para ir al edificio de al lado te vas a poner tacones? ¡Eres lo peor! —le recriminaba Miriam a su amiga.


—¿De verdad para la presentación del curso te vas a poner un pantalón corto vaquero y zapatillas? ¡Eso me lo pongo yo sólo para la playa! — contestaba con picardía Mireya.


—Chicas yo no sé qué ponerme, ¡ayudadme! —decía desesperada Aitana revolviendo algunas camisetas que aún tenía en la maleta.


Miriam finalmente sin hacer caso a Mireya como de costumbre, se puso un body rojo de Adidas junto con un short vaquero, zapatillas y unas gafas de sol redondas que se había comprado en las últimas rebajas.


—¿Vamos para la recepción y esperamos abajo a estos dos o les escribo? —preguntó la gallega.


—Vamos, vamos abajo si ya estamos listas las tres –puntualizó Mireya cogiendo su cartera de mano.



* * *


El trayecto del aeropuerto a la escuela fue breve. Unos 25 minutos. Pero a Ana le dio tiempo de peinar a Bimba y de repetirle unas diez veces "te quiero" a su padre y de decirle lo mucho que lo iba a echar de menos.


—¿Otra vez lo vas a decir Ana? –se quejaba Abraham dejando una expresión de desprecio en su rostro. —¡Pero si volverás el primer fin de semana que puedas! Además, sabiendo lo que te gusta la playa y tu casa, eso será cómo mucho en un mes.


—¡Déjame, claro como tú tienes a tu familia a una hora de la escuela, te da igual! —le respondió Ana.


—Llegamos señores —indicó el chófer, comenzando a sacar todas las maletas con las que la pareja viajaba.


Ana y su novio bajaron del coche, y cargando cada uno una maleta, subieron las escaleras que adornaban y dirigían hacia el hall de la prestigiosa academia que pudieron pisar, tras abrirse automáticamente una amplia puerta de cristal.


—Buenas tardes, bienvenidos chicos —saludaban con una amplia sonrisa Alicia y Franco. —¿Qué tal ha ido el viaje?


—Hola, muchas gracias —respondieron casi a la vez Ana y Abraham.


—Nos presentamos y así nos ponemos cara, yo soy Franco, el director, con el que hablásteis por teléfono para la entrevista y ella es Alicia, la recepcionista y mi mano derecha. Estamos encantados de teneros por aquí. Bienvenidos a vuestra casa.


—Espera Franco, que todavía faltamos Bimba y yo —dijo bromeando el padre de Ana que entraba junto al chofer y el resto de equipaje.


Franco era un hombre de unos 50 o 60 años, de apariencia formal, vestía un elegante traje de chaqueta y su cabello grisáceo lucía algunas canas. A pesar de tener una imagen seria, al trato era amable, educado y entregado a los alumnos de la su Escuela. Aquella Escuela para él, era el proyecto por el que había luchado toda su vida y que ya hacía nueve años había podido poner en pie.


—¿Quiénes son esos? —cotilleaba Mireya entre las finas columnas metálicas que separaban los asientos del recibidor dónde las tres chicas estaban, de la zona de entrada y la mesa de recepción.


—¿Son también nuevos? ¿Son novios no? —pronunció asomada Aitana hablando bajito.


—Eso parece... —le respondió Miriam que los observaba sin quitarse sus gafas de sol. —Y además tal y como los están recibiendo serán gente vip- añadió la gallega con rin tintín. —¡Anda si traen perro y todo! Lo que me faltaba ya por ver... —murmuró poniendo los ojos en blanco.


—¡Qué guapos son los dos! ¿No os parecen? ¿Serán actores o algo así?- cuchicheaba sorprendida la del flequillo.


—¡Pero si los has visto sólo de espaldas, no les has visto la cara!—dijo Miriam riéndose.


—¡Muy buenas! –saludó Gastón que se acercaba a la recepción sonriendo a los recién llegados —Es un absoluto placer tenerlos por aquí.


—¡Ah, os cuento! –interrumpió Franco—Este es Gastón, gerente y encargado de la escuela, cualquier duda o problema podéis contar con él, bueno corrijo, podéis contar con cualquiera de nosotros.


—Bueno ¿A qué esperamos?—preguntó simpático el gerente. —Vamos a enseñarles a estos chicos sus respectivas habitaciones, que dejen el equipaje y puedan venir a la charla de presentación.


—¡Sí, claro!–respondió de forma activa Franco. —Gastón sube tú con Abraham y el equipaje, y le muestras su habitación y después subo yo con Ana, y el señor Guerra, ya que todos no cabemos en el ascensor.


Así fue, Abraham y el gerente, cogieron casi todo el equipaje, y se dirigieron al ascensor, en los asientos que había junto a este, estaban Miriam y sus dos compañeras, las cuales disimularon con el móvil para no mirar descaradamente al chico nuevo.


Abraham era un chico de veintidós años, alto y con cuerpo definido. Llevaba su pelo rubio bien peinado hacia atrás con un poco de gomina. Las facciones de su cara eran perfectas y proporcionadas. Su nariz fina y sus ojos marrones y rasgados, junto con su blanca dentadura hacían de él un chico muy guapo con mucho éxito entre las chicas. "Pareces un príncipe" "Tienes cara de niño" le solían decir habitualmente. Además, para potenciar esa imagen de chico perfecto, utilizaba ropa impoluta y selectivamente elegida entre las mejores marcas.


Tanto él como Gastón, pasaron por al lado de las chicas con mirada de suficiencia, sin saludar y sin apenas mirarlas. Empujaron las maletas hacia el interior del ascensor y entraron.


—¿Este es el "casting selectivo" que hacéis para entrar? No sé, yo me esperaba otra cosa —dijo con prepotencia el rubio refiriéndose a la chicas.


—¿Vas a saco eh cabrón? —dijo entre risas Gastón.


—Me vendéis esto como una Escuela elitista, y nada más llegar me encuentro en la puerta a esas tres plebeyas ¿Qué quieres que piense? — respondía haciendo una cómica mueca.


—Tranquilo, ha dado la casualidad, que dos de esas tres chicas, Miriam y Aitana son becarias y la otra no es que provenga de una familia de dinero, pero hace dos años le tocó la lotería a su familia y decidieron invertir ese dinero en su hija que le gustaba cantar —le contó divertido Gastón. —Ya verás que el ambiente es bueno y te va a gustar y si no, me llamas a mí que estaré por aquí ¡Veo que eres de los míos! —le guiñaba.


—¡Menos mal, ya me había asustado!- respondió Abraham con suficiencia guiñándole también su ojo derecho.


Mientras Ana y su padre bromeaban con Franco en recepción, Alicia le entregaba la tarjeta que le serviría como llave para su habitación. Ana no compartiría habitación con nadie, ella tenía reservada una de las habitaciones más espaciosa y mejor equipada del edificio.


—Que ya bajan, me acaba de decir Ago —les estaba diciendo Miriam a sus amigas mientras le respondía al whatssap.


Un "ok" con un emoticono que indicaba desesperación por la espera, fue lo que Miriam escribió antes de levantar la vista de su móvil y mirar hacia su derecha al escuchar que las voces canarias de los recién llegados se acercaban a ellas.


Fue entonces cuando su atención la captó la chica de cabello largo y oscuro, era un prácticamente liso, pero con las puntas algo onduladas, que caía con elegancia por sus hombros.


Su piel morena y suave resaltaba con el mono blanco corto y ajustado que lucía. Estaba delgada, pero tenía marcadas las curvas de sus caderas y su estrecha cintura. Formando un precioso contorno. No era muy alta a pesar de llevar unas sandalias de piel de serpiente con tacón, aunque resultaba bastante estilizada. En su mano izquierda llevaba un enorme reloj blanco y dorado de Michael Kors, y en su otro brazo sujetaba a su perrita. Pero lo que le llamó más la atención a Miriam fue su mirada. No tenía unos ojos claros, o muy grandes, eran unos expresivos y brillantes ojos color avellana, que expresaban nobleza y dulzura, pero a la vez también intensidad y sensualidad. Completaban su rostro una puntiaguda y fina nariz y unos labios gruesos y carnosos perfectamente perfilados.


—¡Hola chicas! ¿Qué hacéis que no estáis ya en el salón de actos? —interrumpió Franco a las chicas que miraban atentamente a la nueva alumna.


—Esperando a Agoney y a su compañero, que tardan lo más grande—respondió con gracia Mireya.


—Mira Ana, estas son Miriam, Aitana y Mireya, tres chicas de este edificio con las que coincidirás en muchas de las clases —le indicó Franco a la canaria.


—¡Hola chicas! —saludó ella con una sonrisa, dando el paso de acercarse para darles dos besos.


—¡Vamos Ana, después las saludas! — exclamaron a la vez Franco y su padre al ver que la puerta del ascensor se abría.


Habían sido sólo unos segundos los que habían bastado, para que Ana se fijara en la melena rubia rizada y larga de Miriam. La gallega tenía unas duras y marcadas facciones, cara ancha, perfilada por una perfecta y llamativa mandíbula que no pasó desapercibida para Ana. No sabía si era el tono de rubio cobrizo, la cantidad o la ondulación del cabello, sus bonitos labios, su rostro en general o el rollo chulesco que le aportaban las gafas de sol, pero Miriam Rodríguez, había dejado a Ana hipnotizada y con ganas de seguir analizándola. Escuchaba de fondo las risas de Franco y su padre, pero fue el sonido del ascensor que indicaba que había llegado a su planta lo que le hizo dar un respingo, y salir de esa preciosa imagen y esa extraña sensación que le había dejado esa chica desconocida.


Ana entró a su nueva habitación, olía a limpio y a un suave ambientador de canela. Todo estaba nuevo y perfectamente en orden. Tenía dos plantas. La planta baja y principal era muy amplia, tenía una cama de matrimonio a la izquierda de la puerta, una pequeña nevera junto con un armario que contenía los principales utensilios de cocina, un sofá blanco con pinta de ser muy cómodo al frente de una fina y moderna pantalla de TV.


Franco descorrió las cortinas, y les descubrió una pequeña terraza, con vistas a la piscina y a la terraza/restaurante de la escuela.


Ana y su padre quedaron encantados con la habitación y sobre todo con la terraza, ya que Ana fumaba y le parecía perfecto poder hacerlo en su propia habitación y así no tener que bajarse al jardín.


Subiendo unas pequeñas escaleras de madera con barandilla metálica en forma de caracol, accedías a una planta alta, donde tenía un tocador, un nítido espejo y un amplio vestidor rodeado por armarios.


—¡Ellassss! —decía Agoney en tono divertido mientras por fin llegaba a la recepción.


—Sí, ellasss, las llevan media vida esperándote —exageraba Miriam.


—¿Qué tal chicas? ¡Qué guapas vais! — saludaba Ago a sus amigas mientras las besaba.


—Hola yo soy Aitana, encantada. Tenía ya ganas de ponerte cara —dijo mientras le sonreía al canario.


—¡Encantado! Os presento, este es Raoul mi nuevo compañero de habitación y vuestro nuevo compi de clase —explicaba el canario.


—¡Hola! ¿Qué tal? —saludó el rubio dando dos besos a las tres chicas.


—Oye vamos ya ¿no? —preguntó Mireya mientras que ya caminaba hacia la salida del edificio.


Entre bromas, e interrogando al nuevo integrante del grupo, los chicos atravesaron un amplio patio y subieron las escaleras de entrada del edificio de enfrente.


La escuela Superas contaba con dos edificios de clases, y habitaciones en sus plantas superiores. El salón de actos se encontraba en este segundo edificio y era usado para actos oficiales o conferencias que se daban a menudo en el centro.


—¡Tssss tssss Leona! —exclamaba un chico moreno desde uno de los asientos del interior del salón, mientras que levantaba su brazo, haciéndose ver.


—¡Allí están! —dijo Miriam al ver a los dos chicos, dirigiéndose a la fila de asientos donde se encontraban.


Los dos chicos eran Roi y Luis, dos buenos amigos que empezaban también un segundo curso en la escuela. Eran los dos gallegos y desde que se conocieron hace un año en el centro, se hicieron inseparables. Les gustaba mucho bromear, salir de fiesta, hacer el tonto y compartían su pasión por la música.


Tras saludarse con abrazos, les presentaron a Raoul y Aitana. Los chicos, a los dos minutos, ya estaban haciendo reír a Aitana, picándola con su forma de hablar y contándole anécdotas sobre los primeros días del curso anterior.


—¡Chico! ¡Sí Roi tú! –chasqueba Miriam. —¡Que no estamos en Malibú, que estamos en Madrid por si no te has enterado! —añadía entre risas señalando la camisa de flores hawaianas azules y verdes que llevaba el gallego.


—La leona quiere gresca Luis —dijo Roi en tono de broma reclamando la atención de su amigo que hablaba con Aitana.


—¿Por qué te dicen "la leona" Miriam? —intervino Aitana dando por finalizada la conversación de las camisas hawaianas.


—Por el pelo básicamente —respondió la rubia.


—¡Já! ¡Por el pelo sólo no es Miriam! Cuéntale a la chica, no la engañes, que es tu compañera —añadió Roi para picar a la gallega.


—¡Qué idiota! Aiti, tú no les hagas caso a ninguno de estos dos —respondió Miriam divertida a Aitana que esperaba expectante con sus ojos abiertos una explicación.


—Es porque es la reina de la selva — agregó entre risas Agoney.


—Anda el otro... —murmuraba Miriam poniendo los ojos en blanco.


Un aviso por la megafonía que indicaba que iba a dar comienzo la presentación interrumpió la conversación de los chicos. Bajaron la intensidad de los focos y tras una sintonía conocida para los ya antiguos alumnos, Franco el director subía la escalera que llevaba al escenario donde se encontraba el atril. Tras unos calurosos aplausos, se hizo silencio para escuchar las primeras palabras del director.


—Shhh no los veo. —le susurraba Abraham a Ana mientras entraban al salón de actos cuidadosamente.


—Da igual, vamos a sentarnos al final o donde sea para no molestar más. –le respondía la chica a su novio.


—¡Allí, allí están! —le indicó el rubio, que cambiaba de dirección para aproximarse a la fila de asientos dónde estaban sus amigos.


—¿Qué pasa chavales? —saludó Sergio, dándoles paso para que se acomodaran en los dos asientos que le habían guardado.


Abraham abrazó a su amigo de la infancia y le dio dos besos a Silvina, antes de presentarles a Ana. Sergio era de Madrid al igual que Abraham, y habían estudiado juntos en el mismo colegio. Ahora llevaban una temporada más distanciados debido a que Sergio estudiaba baile en "Superas" y Abraham viajaba constantemente a Tenerife para pasar tiempo con Ana.


Sergio estaba acompañado de Silvina, otra vieja amiga de Abraham, y novia de Sergio, una delgada y atractiva rubia a la que conocía desde la infancia y que llevaba dos años matriculada en la escuela.


—Cuéntame tío, que me interesa poco lo que diga este —dijo Abraham reclamando la atención de su amigo y lanzando una mirada despectiva a Franco que seguía en el escenario. — ¿Qué tal el verano? ¿Qué tal todo?


—Todo genial tío, sin parar, pasando unos días en Australia, después en Los Ángeles y con unos amigos en Islandia. Espectacular, tenemos que ir—respondía Sergio. —¿Tú? ¿Por Tenerife?


—No me ha quedado otra... —murmuró bajito para que su novia que estaba en el asiento consecutivo no se percatara. —Bueno ubícame, que ya estamos aquí —le indicó con una mirada de complicidad.


—Mira, están allí delante, la leona es la rubia del pelo rizado, y la de al lado más bajita morena, es Aitana —le indicó Sergio alzando su dedo disimuladamente.


—Vale, creo que ya las he visto ante entonces ¡Qué ascazo!


Tras la intervención de Gastón y las educadas palabras de Alicia la charla de presentación acabó y los alumnos poco a poco fueron abandonando la sala y dirigidos al patio exterior y al jardín que separaba los dos edificios principales, donde había una amplia barra de cócteles y mesas con apetecibles aperitivos para darles la bienvenida.


—Ana tú vente con nosotros, que aquí hay cada loco... Sergio y yo en un año que llevamos, no hemos podido conocer apenas a nadie, porque muy poca gente de por aquí está a nuestra altura —le advertía Silvina a Ana, la cual, miraba a su alrededor observando a sus nuevos compañeros.


—¿Sólo os juntáis vosotros dos? — preguntaba una Ana sorprendida.


—¿Y para qué quieres más? ¿Para qué quieres tanta mugre cariño? —le respondió su novio.


—Abraham, mi amor, te pasas... —le contestó la canaria. Aunque a Silvina y a Sergio pareció gustarles su comentario debido a la expresión de satisfacción que mostraban mientras miraban al chico.


* * *


Mientras, Luis y Roi, con ayuda de Agoney salieron empujándose entre risas del salón y se dirigieron junto al resto, a la barra para pedir bebida y probar los aperitivos. Fue en ese momento que Aitana se acercó por la espalda a ellos para preguntarles por Miriam.


—No sé, está con Mireya esperando a que llevemos las bebidas ¿No? —le respondió Luis.


—¡Qué va, allí sólo están Raoul y Mireya! Por eso he venido, por si estaba con vosotros. Qué raro... —agregó la catalana.


Ana miraba los aperitivos, no tenía mucho apetito después del viaje y el día tan intenso que había tenido, y buscaba algo ligero para no acostarse con pesadez de estómago. Iba a coger una pequeña bandeja para depositar los canapés de salmón que había elegido, cuando vio a Aitana junto a los tres chicos pasar cargados de bebidas y bandejas de comida para llevarlos a la mesa, dónde esperaban Mireya y Raoul. Ana se quedó quieta mirándolos.


Esas son las chicas que estaban en la entrada junto con la chica de la melena.

Pero ella no está ¿Dónde estará?

¿Qué más te da Ana? Estará en el baño o vete tú a saber...


Así sonaban los pensamientos de Ana mientras alzaba la cabeza observando. Al verla, Mireya y Aitana le sonrieron y levantaron la mano, gesto que Ana repitió con una sonrisa.

—¡Ana, cariño! ¡Estamos aquí! —le gritó Abraham desde unos metros.


—Voy —respondió la canaria saliendo de sus pensamientos y dirigiéndose hacia donde se encontraba su chico con sus amigos.

* * *


Mientras, en la habitación, Miriam sentada en su cama, con el entrecejo fruncido y un rostro serio, no le quitaba la vista a la pantalla de su Smartphone:


Pablo:
Estoy algo rayado Miriam 😞

Miriam🦁:
Vamos a darnos un tiempo como hablamos, a ver si puedo escaparme un finde y nos vemos para aclararnos.

Pablo:
Querer es poder.

Miriam🦁:
Sabes que no siempre es así...😢

Pablo:
Bueno voy a dormir, descansa. Te quiero 😘, aunque tú no a mí.

Miriam 🦁:
No digas tonterías. Buenas noches.

11 de Junio de 2019 a las 14:17 0 Reporte Insertar 0
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