El diablo de Vicús Seguir historia

ironlady Dama de Hierro

Cada pueblo, tiene su pequeña historia, cuento a leyenda; ya sean realidad a simplemente invenciones, forjadas por las mentes de nuestros antepasados, que se vienen heredando de padre a hijo. Algunos de estas suelen ser tan hermosos que te mantienen pegado a la silla hasta el final, otros en cambio con cierto misterio y rasgos terroríficos que te dan ganas de salir corriendo a esconderte bajo las sábanas de tu cama. Hoy, amigos lectores, voy a contarles una pequeña leyenda, que he recogido de las innumerables narraciones de mis abuelitos.


Cuento Todo público.

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El diablo de Vicús

Cada pueblo, tiene su pequeña historia, cuento a leyenda; ya sean realidad a simplemente invenciones, forjadas por las mentes de nuestros antepasados, que se vienen heredando de padre a hijo. Algunos de estas suelen ser tan hermosos que te mantienen pegado a la silla hasta el final, otros en cambio con cierto misterio y rasgos terroríficos que te dan ganas de salir corriendo a esconderte bajo las sábanas de tu cama. Hoy, amigos lectores, voy a contarles una pequeña leyenda, que he recogido de las innumerables narraciones de mis abuelitos.

*****Los compactados****


Fátima era un agraciada muchachita de 15 años que trabajaba desde muy niña en la chacra de sus padres, un día su padre enfermó y las necesidades aumentaron por lo que tuvo que ayudar a su madre a sobrellevar los gastos de la familia. Vivía en una choza muy pobre a las afueras del pueblo de Chulucanas por un recién poblado pueblito llamado Vicús.

Un día como al mediodía cansada de arriar ovejas empezó a lamentarse

— ¿quién pudiera ayudarme a sanar a mi padre? ¿Porque dios nos habrá abandonado?, somos gente buena no le hacemos mal a nadie, Dios esta sordo, nunca ha escuchado mis oraciones…—dijo enfadada— a ignorado cada lagrima que he derramado suplicando y suplicando —empezó a tirar palazos a las plantas fastidiada mientras caminaba— dicen mis abuelos que el único que anda vivo por aquí es el diablo. ¡Ay si pudiera ese señor ayudarme, daría lo que fuera con tal de salir de esta maldita pobreza!

Pateo una piedra con rabia y entonces de la nada escucho una voz a sus espaldas.

—Buen día niña

—Buen día señor —dijo Fátima impactada volteando.

Un señor alto vestido de blanco, con dientes de oro estaba frente a ella, se veía un señor de la ciudad, jamás lo había visto por el pueblito.

—Que haces por estos lares niña —dijo el extraño quitándose el sombrero—hace calor, tendrás un poco de agua para mi sed.

—Solo tengo este poquito —dijo sacando de su alforja una botella con un poquito de agua.

—Muy amable—dijo el hombre recibiendo la botella.

Bebió el agua y le sonrió entregándole la botella

— ¿Qué haces por acá sola?

—Tengo que arrias ovejas para juntar un dinerito para la casa —dijo apenada.

—Necesitas trabajo.

—Tengo arto trabajo, lo malo es que lo que gano no alcanza, a veces quisiera ser adinerada para ir a la escuela, para sanar a mi padre y que mis hermanos no pasen hambre.

—Cuantos hermanos tienes

—Somos 6 bocas que alimentar contando a mis padres.

—Una familia numerosa— Dijo el hombre rascándose la nariz — ¿Te gustaría tener dinero?

—Para sanara mi pá, está muy enfermo ya si no puede trabajar, creo que de este año no pasa, no sé qué aremos si se nos va.

—Yo puedo ayudarte Fátima

—Como sabe mi nombre—dijo asombrada, pero aun así no mostro temor a ese hombre extraño.

—No tienes miedo de hablar con un extraño.

—Mis abuelos me han dicho que a lo único que hay que temerle es a la muerte.

—Sabias palabras —la miro fijamente, Fátima no bajó su mirada—Yo se muchas cosas, sé muy bien lo que sufres, lo que vives, lo que maldices, he venido ayudarte.

— ¡A poco! Usted bromea señor—dijo inocentemente

—Mañana a las 6 quiero que me trigas a la persona que más daño te ha hecho. Y al volver a casa, tendrás lo que has deseado. Pero eso si hay dos condiciones que no debes romper.

1.-Jamás debes mencionar que me viste.

2.-Pase lo que pase, si quieres conservar lo que has conseguido, debes traerme cada año en un día como este a las 6 de la mañana a una persona, La que tu elijas—dijo mirándola fijamente, como adivinando la pregunta de Fátima.

Fátima lo miro extrañada. El hombre alto sonrió dejando destellar sus dientes dorados, levanto su sombrero y se despidió

—Hasta mañana. Ya tienes un contrato.

Aun no entendía lo que había pasado, solo noto un olor a azufre desprenderse por el aire.

Después de llevar las ovejas al rancho del patrón se dirigió a casa.

Fátima pensó en lo que le dijo el hombre y en lo que contaban sus abuelos. Antes ese cuento le parecía aburrido, el mismo señor alto vestido de blanco con sombrero del mismo color, sus dientes perfectos y dorados, con mirada profunda, intimidante, que te hacían temblar si lo mirabas fijamente, esa mirada tierna y diabólica que te paralizaba el corazón de miedo, pero Fátima no tuvo miedo, no demostró miedo, quizá porque estaba tan enojada con Dios o porque buscaba desesperada ayuda

— ¿contrato? Que significa—dijo rascándose la cabeza — Que se vaya al diablo — dijo enojada.

En cuanto lo menciono volvió aparecer ese señor alto, solo que ahora iba montado en su caballo blanco ¿de dónde salió? Frunció el ceño mirándolo.

—Hola niña— dijo levantando se gran sombrero— ¿te vas a casa?

—si patroncito, vivo cerquita, por allá —dijo señalando las casuchas del pueblito.

—Yo vivo pasando el cerro

Y embalo su caballo hasta que se perdió de vista bajo el sol abrazador.

—Si dios no quiso ser justo conmigo, buscare justicia por otro lado—dijo pensando en Eusebio, el hombre malo que la lastimo de niña.

Llegando a casa su abuelo estaba sentado en la amacha afuera tomando aire.

—Abuelito —dijo Fátima — desde que hora estas por aquí.

—Desde temprano mi hija, ¿Por qué?

—Alguien ha pasado para arriba al otro pueblo—dijo pensando en el señor de caballo que paso antes que ella.

—Nadie mi hija, hoy todos están encerrados, dicen que por que anda el diablo, alguien lo ha despertado, seguro ese ángel negro ya encontró sangre nueva, en cuanto la pruebe, ¡agárrate mi hija! ya no volverá a dormir. En cuando la gente tenga miedo y empiece a temblar al oír su nombre, el vendrá por almas.

— ¿Le tienes miedo abuelo?

—jamás le he temido, por eso sigo vivo. A las almas puras solo las huele, las saborea, pero no se las lleva pronto, a menos que cometan el error de compactarse con él —la miro fijamente mientras Fátima entraba a la casa.

La abuela estaba haciendo chica de jora. Era domingo día de venta para los chacareros, que salían de su faena muertos de cansancio.

Fátima salió atender pero no había nadie, si no había venta este día, no comerían toda la semana, era perdida lo que habían cocinado.

—Al diablo — dijo en voz baja Fátima

Al instante el abuelo apareció con artos clientes, muy bien vestidos, todos con casos y ternos. Y ahí estaba el señor alto con ese blanco caballo.

El abuelo dijo que no debo tener miedo, así que no le temeré.

—Buen día señor—dijo la abuela, saliendo de la cocina.

—Buen día adorable abuela, mis amigos y yo estamos sedientos y hambrientos, ¿Usted cree que pueda atendernos?

—Claro señor pasen están en su casa, acá afuera al aire libre pueden acomodarse—abriéndose paso al patio trasero frente a la chacra.

—Tiene una gran hacienda—dijo el señor alto.

—Pero la falta de agua y las plagas están matando el terrenito —dijo afligido el abuelo.

—No se deprima, mañana seguro será mejor —dijo mirando a Fátima.

—Bueno señores cuantas jarritas de chicha van a querer —pregunto la abuela sacando una jarra de barro.

—Mi adorable señora, tráiganos todos su cantaros, estamos sedientos

—Como usted diga patroncito—dijo el abuelo sin asombrarse.

Fátima se quedó pensando en “Tanta chicha de jora van a tomar”, más tardaron en sacar los os, que ellos en beberlos.

Al ratito pidieron comida.

—Solo tengo yuquitas con caballa —dijo la abuelita triste.

—Será un verdadero manjar —dijo el señor sonriendo

—Podría prepararles unas gallinitas —dijo el abuelo—Pero tardaremos un rato

—Está bien, además queremos que nos prepare ese pavo grande que esta allá—dijo señalando al corral.

—Está bien patroncito — dijo la abuela

La abuela quería arto ese pavo, era el más gordo y lo guardaba para el cumpleaños de papá, pero no dije nada.

Casi eran las 6:30 estaba entre oscuro y claro…después de comer empezaron a salir uno a uno. Al final salió el señor alto y les dejo a los abuelos 3 paquetes gordos de dinero.

—Este es por la chica y la comida, este por el sabroso pavo gordo y este por sus atenciones.

Se retiró y después de eso los abuelos llevaron los cantaros vacíos adentro de la choza, recogieron las fuentes y no había ni los huesos.

—Abuelo—le pregunto Fátima —ellos quienes eran, esos señores de trajes limpios y con carros

—El ángel negro está despierto, ellos trabajan para él, ahora el pueblo no estará tranquilo un buen rato.

Con esa duda me fui a la choza de mis padres estaban a unos metros de la abuela. Me eche a la cama y pensé en lo que había visto y en el contrato que había firmado. Era muy tarde, las lechuzas y los perros avisaban que era una noche pesada, así le decía el abuelo. Media noche, y no posea dormir.

“A mala hora se me quita el sueño” —dijo —Y ahora tengo ganas de orinar, ¡carajo!

Quiera o no quiera se levantó saco su bacín dejado de la cama y la cortina de que separaba la puerta se apartó, un hombrecito pequeño la miro sonriendo y la llamo con gestos de su mano.

Fátima lo miro extrañada, el hombrecito volvió a llamarla, pero Fátima solo lo miró y después de orinar se metió a la cama. La cortina volvió a su lugar, la luz que la iluminaba también desapareció.

Los aullidos de los perros eran ensordecedores, papá roncaba en la cama contigua, mamá y los niños también…se tapó de pies a cabeza pero aun así se oían los aullidos, luego se oyó el caminar de un caballo arrastrando cadenas, cosas extrañas se oyeron hasta muy tarde…por último se oyó el llanto de un bebé… y se quedó dormida.

Mientras tanto camino al pueblo un par borracho que salía de una fiesta se toparon con nuestros visitantes.

—Buenas noches señores —dijeron unos señores arreglados y en carro

—Buenas noches patroncitos—dio uno de los borrachos

— ¿A dónde van señores?, los podemos acercar a su destino.

—vamos a Vicús, está muy cerquita patroncitos, venimos de un fiesta acá donde mi compadre Elías.

—Suban los acercamos a su destino, también vamos para allá

—Muchas gracias—dijo uno de los borrachos feliz—mira compadre gracias a Dios vamos a ir en carro.

Antes de que subieran el carro desapareció.

— ¡Ay carajo!, era el diablo—dijo el otro borracho— ¡Hasta se me quito la borrachera! estoy helado compadre —dijo abrazando al otro borracho.

—Pues muévase compadre, vamos a casa rápido, porque si este canijo está aquí, no estamos a salvo compadre. Van a parecer más para rifarse nuestras almas.

—Que susto compadre, vamos, corra, corra —empujándose entre sí.

Los borrachos se fueron corriendo hasta que llegaron al pueblo.

A las 6 de la mañana Fátima salió en dirección al cerro, no había relojes pero el canto del gallo ya avisaba la hora.

— ¿Ahora como llevo a Eusebio al cerro? ese hombre es malo y quiero que muera ¡Diablos! ¿Cómo lo llevo para el cerro?

—Me llamabas—Se oyó una voz de tras— el cuerpo se le helo, pero volteo de inmediato.

El señor alto estaba ahí. Antes que dije algo más Fátima hablo.

—Eusebio está en su casa, no puedo llevarlo al cerro—dijo enojada.

—Solo quería el nombre, vuelve a casa.

Fátima lo miro enojada, pero obedeció, camino a casa vio a mucha gente correr, entre ellas a la mamá de Eusebio.

—Ayúdenme, socorro, ayúdenme, mi hijo, mi hijo —grito desesperada.

— ¿Qué pasó? — le pregunto a un campesino que estaba mirando.

—El diablo se llevó a su hijo. Ese muchacho bien se lo tiene merecido. ¡Pobre mujer! — bajo su sombre al pecho y volvió a ponérselo—ve a casa niña

Fátima era como todo los del pequeño pueblo ¡curiosa!, la gente estaba amontonada en la casa, cada uno entraba y salía horrorizado.

Estaba por entrar cuando una mano la jaló arrastrándola afuera, lejos de la multitud.

—No entres.

Era su madre, pero esa voz no era de ella, esa mirada tampoco lo era.

— ¿Má estas bien? —dijo pasándole la mano por delante de la cara.

—Hija, ¿Qué haces aquí, ve a casa? No veas, esta feo el Eusebio—la tomo de la mano y la llevo a casa

— ¿Qué le paso?

—Alguien le dio su alma al diablo, ese canijo volvió a despertar, mis abuelos decían que el diablo aparece cuando lo llamas, creí que solo me asustaban, pero es real. Vino por Eusebio.

— ¿Cómo lo sabe?

—Está seco, pero aún está vivo, puro esqueleto, con la piel pegada a los huesos, el señor cura vendrá a darle la bendición… ¡pobre la doña chávela!

—vamos a casa mamá. No te preocupes, todo está bien.

Llego a casa y no podía creer lo que miraba. Su papá estaba afuera sonriendo, se le veía mucho mejor, hasta más joven.

—Hija mira, ya me siento bien, fuerte como siempre y no vas a creer lo que paso

— ¿Qué cosa papá?

—La chachita esta reverdeciendo, se fue la plaga y escarbando hallamos agua, ahora tendremos un pozo—dijo feliz — le dije a mis compadres que me ayudaran a ver más, si encuentran uno más, pronto tendremos trabajadores —riego emocionado

Fátima lo abrazo llorando, era verdad, entregar a Eusebio estaba por cambiar su vida para bien, aunque era malo decirlo, el diablo ahora si la ayudo.

La familia de Fátima fue una de las familias compactadas con el diablo para cambiar su vida, no todos pagan el mismo precio, cada quien ofrece lo que puede, en el cerro de Vicús está la cueva del diablo y una huella grabada en una piedra, muchos dicen que no existe pero pregúntale a tus ancestros, los primeros pobladores de Vicús, la matanza, Chulucanas… cosas raras pasaban, con el tiempo dejaron de creer, dejaron de sentirle miedo, el diablo perdió poder y volvió a dormir. Pero si huele tu miedo y alma negra, despertará, como lo hizo antes de que tus abuelos te contaran esta historia para asustarte en las noches de apagón.

9 de Junio de 2019 a las 02:42 0 Reporte Insertar 0
Fin

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Dama de Hierro Hola Bienvenidos a mi Mundo de ensueño.Ven y comparte conmigo estas lindas historias de Amor, desamor y aventura.

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