El susurro de una mano Seguir historia

robertberl Robert Berl

La decisión de llevar a cabo un asesinato le hace comprender un estado de satisfacción, en el cual tiende a tener un comportamiento sin importarle ni un mínimo el hecho de matar a alguien. Solo se limita a no hacer caso de la realidad con una conducta de cólera y psicopático.


Cuento Sólo para mayores de 18.

#suspenso-misterio #assesinatos #killer
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Simplemente me hablaba

Viendo el cuerpo de ese miserable que me hacía contradecir mis pensamientos pude descargar mi furia encima su cabeza con un martillo. Estaba bastante nervioso pero cada vez me sentía mucho más aliviado. La verdad es que comencé a reír, de ese idiota, sin ninguna vergüenza. Por supuesto, el color de su sangre era la última de mis preocupaciones, en realidad poco me importaba.

Cansado de haber esforzado mi cuerpo durante unos minutos, pensé en mi psiquiatra que oportunamente me dijo que era un tipo nervioso y colérico con tendencia depresiva. Pero realmente de todo lo que me dijo en la última visita, es que tenía razón de que era un poco nervioso. Cogí el cuerpo manchándome de sangre y lo puse dentro la bañera. Limpie a conciencia, y dejé su cuerpo en el lavabo.

Ya eran las seis de la mañana y sólo faltaba una hora para ir a trabajar. Me fui al otro aseo y me duché con abundante agua fría. Me cambié de ropa y cogiendo el maletín me fui al trabajo. Por el camino tenía la satisfacción de haber hecho algo correcto. Me subí al coche y me dirigí hasta las oficinas de la empresa de automóviles donde trabajaba. Subiendo las escaleras, hasta la segunda planta, me encontré a varios compañeros que saludé cordialmente. Me senté en mi silla y comencé con mi labor.

Mientras estuve trabajando noté que mi mano derecha tenía un dolor en la parte superior y crujiéndomela vi que mi compañera le molestaba bastante. En ese momento me dijo:

—No hagas eso con la mano, que me molesta.

Sacándome de quicio pensé en destrozarle el cuello tan bonito que tenía. Ella me miraba cada cierto tiempo y es cuando decidí marcharme por no aguantar a esa mujer tan arrogante. Y fue cuando bajé por las escaleras, que me encontré con la policía en la entrada de las oficinas. Sólo verme uno de ellos se me tiro encima y me puso las esposas. Me levantó haciéndome daño en el hombro y sin ningún modal me hizo entrar en el coche patrulla.

A toda prisa me llevaron hasta comisaría y una vez dentro entré en una habitación con un espejo, una mesa y tres sillas. Me sentaron en una de ellas y entró un policía con otro tipo que iba de paisano.

—¿Sabe por qué razón esta aquí?

—No, sinceramente no lo sé—le respondí.

—En su casa se dejó el agua de la bañera abierta y no se sabe como la misma agua salió por la puerta de su piso de un color rojo. Entiende ahora de lo que le estoy hablando—me dijo con una voz autoritaria.

—Sí, claro. Me habla del colega que supongo que no habla.

—Muy gracioso.

—Que le vamos hacer, se lo merecía.

Riendo un poco los dos salieron de la habitación y me quedé solo. Y fue cuando sentado allí entró el mismo policía con una mujer, que era mi abogada de oficio.

—Hola mi nombre es Clara Stwyer, y seré su abogada.

—Esta bien, esto.

—¿El qué?

—Tener una abogada—dije riendo.

—No se haga el gracioso, piense que se juega su vida. Le pueden condenar a muerte.

Escuchando a esa mujer me quedé congelado de lo que me había dicho.

—Veo que a cambiado su cara. Me hará más caso ahora.

—Claro, sólo pensaba con el perro de la vecina—dije sonriendo un poco.

—¿Por qué lo hizo señor Thomas?—me preguntó cogiendo su carpeta y un bolígrafo.

—¿El qué?

—Señor Thomas, no se haga el loco. Entiende perfectamente lo que le estoy preguntando.

—Sí claro, la verdad es que no se que hacía en mi casa. ¿Es gracioso no?

—Dejémoslo…Para otro momento.

Cerró la carpeta y mirando al policía salieron de la habitación. Sin poder escuchar lo que decían me quedé observando el espejo. En ese instante, vi que tenía un grano en la frente y pensé que posiblemente estaban detrás mirándomelo. E intentando con las manos esposadas reventarme ese grano, lo pude lograr. Sonreí delante de ese espejo y recordando a ese idiota sabía que lo tenia que haber cortado a trozos…—realmente lo hice mal—pensé…

—Señorita, ¿me oye?—pregunté mirando la puerta.

Sin poder evitarlo el policía cerró la puerta y esperando que entrara otra vez, quería felicitarla por su trabajo por aguantarme, ya que solo hacía pocas horas me había despedido de un amigo muy íntimo y, agradecerle su paciencia, era como hablar con el psiquiatra, necesitaba darle las gracias...



* * *



—Este tipo tiene un problema mental, está totalmente ido. Necesito que lo valore un psicólogo para tener constancia de que esta mal de la cabeza.

—De acuerdo.

—¿Puede llamar, por favor al psicólogo que está de servicio en este momento?

—Sí, señorita. No se preocupe en media hora creo que podrá estar aquí.

—Gracias, capitán.

Durante un buen rato, la abogada esperó la llegada del psicólogo, se bebió un café en el pasillo de la comisaria hasta que más tarde llegó.

—Buenos días, ¿Usted es la abogada?

—Sí, me llamo Clara Stwyer.

—Mucho gusto. Me he preocupado de saber quien era el detenido y he conseguido los informes de su psiquiatra.

—Perfecto, piense que cuando entre en la sala se va a encontrar con un tipo bastante arrogante.

—No se preocupe, tengo bastante experiencia en ver casos similares.

Los dos esperaron al capitán y sin perder tiempo entraron otra vez en la pequeña sala.

—Hola Thomas—dijo el psicólogo al verlo.

—Hola ¿Qué tal?

—Bien—volvió a decir el psicólogo y continuó sentándose—.Explícame, ¿por qué razón, Thomas, mataste a esa persona?

—Era un impertinente, me ponía de los nervios, algunas veces me había sacado de quicio y, también por que era más guapo que yo—dijo riéndose.

—De acuerdo. Tengo en mis manos un dosier de su psiquiatra y pone que tiende a tener un estado de cólera y psicopático. ¿Sabe que si el juez ve que está mal de la cabeza no lo van a condenar a muerte?

—Eso es porqué no ha hablado con Richard.

—¿Quién es Richard?

—Es la víctima señor—dijo la abogada.

—¿Toma medicinas señor Thomas?

—Pues ahora que lo dice no me he tomado la pastilla anti-baby.

—Creo que ya tengo bastante, le haré el informe de su estado y podrá presentar la defensa—dijo el psicólogo.

—Gracias—contestó al abogada.

Pero antes de que marcharan Thomas les dijo:

—¿Sabe por qué lo hice?—esperó y pegando con la mano en la mesa antes que marcharan continuó—.Quien lo sabe es mi mano, por esa razón cuando le golpeaba con el martillo mi mano me hablaba.

—¿Y qué le decía su mano?—preguntó el psicólogo girándose antes de irse, al lado de la puerta.

—No pares aun escucho.

8 de Junio de 2019 a las 21:18 0 Reporte Insertar 0
Fin

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