Tu Lía Seguir historia

kstonegames Kevin Spierre Camacho Alamo

Lía es una chica joven de instituto, cayada pero muy lista e intuitiva. De naturaleza sencilla nos cuenta la historia de cómo paso de una vida aburrida a estar buscada por el asesinato de un hombre mayor. Sus demonios mentales, la vida que perdió. Una joven que de un momento a otro, todo su esfuerzo y futuro brillante se fue al tacho o al menos eso parece. Y todo simplemente por defenderse su integridad física. Esta historia refleja un lado con doble moral, y como muchas mujeres y niñas sienten terror al salir a la calle, las miradas de hombres que parecen depredadores y el falso apoyo que muchas veces termina siendo un dilema moral para muchas chicas.


Suspenso/Misterio No para niños menores de 13.

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Simplemente despertar

Alguna vez te despertaste temprano solo para recordar que no hay un lugar al que en realidad quieras ir.

Solo pensaste que tu día sería igual a los demás e intentaste darte ánimos a ti misma con la típica frase : “Estoy haciendo las cosas de la forma correcta", sintiéndote igual de insatisfecha al repetirlo en tu cabeza.

La misma ducha, el mismo café que bebo todas las mañanas en el silencio de casi oración, y luego esperando que haga su trabajo y me levante los ánimos o al menos me ayude a pasar la fría mañana, salí de casa con mucho cuidado de no hacer ruido con la puerta, me armé con las sonrisas de las que suelo usar en las tardes de Póker para fintar, y me aventure a la misma historia de todos los días en la misma vida aburrida de siempre.

Hoy tengo clases de estudios sociales y a pesar que no lo parezca soy muy buena en una carrera que demanda mucho altruismo y empatía con la gente.

Al pensarlo en serio me doy cuenta que esta parte de mi vida es casi una parodia.

No hay mucha gente tan sarcástica e inflexible como yo, al menos lo creo ya que mis mejores amigas generalmente me hablan solo al final del semestre por apuntes o cosas así; Por cierto olvide decir que nunca llego tarde o falto a una clase. Literalmente pienso que si hay alarma de sismo o de un desastre natural sin importar la razón, para mi cuerpo y mi mente que están programados para llegar a tiempo a todos los lugares sería casi un cuadro psicótico el que sucediera.

Estudio la misma carrera de un pariente que detesto por ser tan ególatra y pedante, tan patético al creerse tan sofisticado, mucha gente lo odia en silencio incluyendo en la familia, pero solo se pasan el trago amargo porque con él se ahorran mucho en consultas privadas y medicamentos.

Bueno ya son las 11: 25 am y salí temprano de clases, miro mi reloj y al parecer no llegarán los demás docentes. Sé que a la mayoría de mis compañeros les da un respiro para los deberes de la siguiente semana que el profesor Valdivia no se haya presentado pero para mí era otra oportunidad de vagabundear por las calles aledañas a la plaza San Martín, otra vez me veo sola caminando y no es porque quiera espiar a alguien, solo quiero presumir me a mí misma esos lindos y dolorosos zapatos que me compre del color verde igual al de las baldosas de un tramo de la calle y es que se me hacen muy lindas, siento que hacen contraste conmigo, y las casas antiguas e iglesias medio góticas siempre me hacen sonreír.

Solo salí para presumir me este lujo muy doloroso y mi más burda vanidad.

El dolor de mis tobillos que empieza a ponerse insoportable es mi alarma de hora de ir a casa, es la hora de seguir el mismo camino de siempre.

Sé que es temprano pero no me gusta estar fuera de casa muy tarde y menos con el uniforme del instituto el cual es muy revelador; estoy segura que lo diseño un hombre "calenturiento", bueno eso creo y si hay algo que detesto del día a día son las penetrantes miradas que me encajan tipos así a mis espaldas, peor aún al cruzar las calles esperando que cambien los colores de las bombillas del semáforo, la típica respiración de anciano en mi cuello que casi siento sus susurros en mi oído y no hay tan molesto como regresar a mirar y que te digan, "Hola preciosa", con un aliento desagradable y ojos fisgones y descarados.

En mi cabeza hay pocas cosas que realmente me interesan y mis expresiones en ocasiones no se adaptan a mi forma de sentir, quien podría imaginarse lo que siento si en mi cara no se ve reflejada absolutamente ninguna emoción, casi siempre agrego lentes negros a mi atuendo, y mi cabello corto es mi capa de invisibilidad en este mundo venéreo.

Un momento después Llegó a la casa, y antes de ponerle seguro a la puerta mis zapatos estaban volando hacia la alfombra, menudo alivio.

Casi trotando en las escaleras que dan al pasadizo donde está mi habitación, yo me encuentro medio desnuda y cantando para preparar la garganta para el conciertazo que voy a darme a mí misma en la ducha.

Espero unos minutos mientras que el agua caliente un poco, y al abrir finalmente la llave de la regadera pongo suavemente mi frente en la fría pared, mientras que el agua poco a poco a mi cuerpo le va a la temperatura y me relaja. Mi mente como si diera un brinco me hace percatarme de algo.

Tengo la impresión de que hoy vi una chamarra roja 3 veces, o dicho de otra forma, hoy vi a la misma persona 3 veces y pensé lo peor quizás alguien me estaba siguiendo.

Quizás otra persona solo se conformaría con el pensamiento de fue simple casualidad, pero en mi mente desconfiada y ciertas experiencias que tuve de niña, siempre pienso lo peor en esas presuntas casualidades.

Hoy mi mente divagaba, era apenas el segundo día de una semana muy estresante con los deberes y además tan solo pensar en supuestas explicaciones para tranquilizarme a mí misma, me parecía muy cansado.

No tengo mucho tiempo para mí misma y ahora debo preocuparme por algo de lo cual no estoy segura, quizás solo no debo pasar siempre por las mismas calles y esto sucedió porque siempre camino por ahí.

Siempre he tenido la impresión de que la gente sabe un poco de mí por mis hábitos y rutinas, no puedo evitar preguntarme, ¿qué tan predecible soy?, habrá personas que me conocen sin que yo me haya percatado de ellas, cuantos ojos me observan o que tanto saben de mí.

Con la cabeza fría quizás por la pared, salí de la ducha y en el abrigo seguro de mi suéter negro, tome la decisión de cambiar de rutinas un tiempo, al menos hasta sentirme más segura ,pero igual es como si me hubieran clavado una aguja en mi confianza, pero lo importante es protegerme.


TARDE DEL MARTES


Al transcurrir el día mis pensamientos cambiaron, al hacer los deberes simples como barrer, lavar ropa entre otras cosas deje de tomar le importancia, es más me di valor a mí misma pensando "Si alguien se me acerca me defendería, gritaría, yo sé cuidarme sola", luego sonreí y sentí una paz sin pensamientos y solo escuche música.

Más tarde el silencio y mi paz terminaron con una llamada, una compañera necesitaba ayuda con unos temas y el profesor le recomendó buscarme, incluso le dio mi número de telefónico… ¡JODER!

Odio ser incapaz de expresar mi carácter, quizás por eso la gente lo hace por mi falta de expresión. Después de coordinar con ella un breve encuentro para estudiar me di cuenta que mi fin de semana no sería lo que pensé, me lo cambio todo.

Encendí la televisión y con mi taza de té entre manos, encontré un programa donde enseñaban movimientos de defensa personal y era como una coreografía divertida.

En la soledad de mi sala le subí el volumen y me puse a imitar lo de la televisión y entre bromas se pasaron un par de horas en ello, y genial todo ese ejercicio me ayudo a dormir tranquila más tarde.


MIÉRCOLES


Desperté 4:15 de la mañana, aún estaba en mi sofá, dormí tan plácidamente en ese sofá que me sentía renovada. Pensé que era muy temprano para preparar un desayuno pero tenía mucha hambre así que hice muchos panecillos, llene un tazón con fruta y mi deliciosa taza de café.

Todos mis pensamientos que se habían esfumado regresaron con ese café, me sentí abrumada por todo lo que tenía que hacer en el día, pero con toda esa energía que me brindo el haber dormido tan bien que siendo apenas las 4: 30 de la mañana salí a correr un rato por las calles aledañas a la plaza.

Recordé que no había ido salido a correr hace mucho tiempo, es algo que disfruto mucho y hay lugares muy bonitos y alegres en mi ciudad, pero lo que más me agrada son las iglesias antiguas con ese estilo medio gótico y arquitectónico antiguo.

Su detalle, su color, su estilo. Para mí es como si en lugar de estar viendo un edificio ahí estuviera viendo a un tipo sofisticado y guapo que sutilmente me llama.

Entre bromas que me decía a mí misma y el pasar del tiempo me dieron las 6 de la mañana y regrese a casa, siempre mirando a cada esquina y observando al detalle a la gente que a esa hora pasaba por ahí.

En casa, la ducha y la botana para el camino, otra vez voy rumbo al instituto con una gran sonrisa y me dije a mi misma hoy será un día diferente y así fue. Sonreí mucho, platique y hasta coquetee un poco, no pude evitar notar que la gente me miraba como si fuera otra persona, casi como una nueva alumna y bueno hasta cierto punto eso me agrado.

Luego se me acerco Vanessa, la chica de la llamada, se acercó y me miró con un saludo y un beso en la mejilla, dijo en voz baja: No sabía que estabas en este grupo, pensé que eras de un semestre superior, el profesor Valdivia me recomendó buscarte.

Esas palabras me robaron bruscamente la alegría que con tanto esfuerzo había mantenido durante toda la mañana ¡Maldita!, no había notado mi presencia en 3 meses que ya teníamos compartiendo en clase y aun así me está pidiendo ayuda.

Bueno sentí ira, desprecio, humillación, mucha irá, pero mis ojos negros no lo expresaron. La gente solo ve a la chica callada. Con mi voz un poco más fuerte que de costumbre le dije nos vemos la tarde del sábado a las 6.

Al salir de clases como nunca termine caminando con otras chicas y charlando por las calles supuesta mente que ya no iba a pasar por seguridad.

Platicando con ellas y escondiéndome en el grupo casi como una situación de alerta, me puse a buscar con la mirada entre la gente esa chamarra roja o quizás marrón. Y al no ver a alguien con esa descripción la paz regreso a mí.

Ya en confianza y tranquila, y muy cerca de casa baje la defensiva y me sentí muy aliviada. Tanto que caminaba de lado y haciendo bromas, les dije unos chistes sin mirar el frente, sonreían y yo igual cuando de pronto choque con alguien, el golpe fue tan fuerte como hubiera chocado con una pared, pero la culpa fue mía por no mira, tirada en el suelo levanté la cabeza y era un tipo gigante y muy imponente con barba, de unos 50 y tantos años y tenía bajo el brazo una Chamarra roja que me dejo sin habla. Dueño de una figura fuerte y a la vez tétrica se hizo en mi cabeza el personaje de una pesadilla. Solo pensé, ¿él es el tipo que me seguía?, tartamudee un poco y con voz muy suave y entre cortada le dije discúlpeme señor, yo este...

5 de Junio de 2019 a las 18:15 0 Reporte Insertar 0
Continuará… Nuevo capítulo Todos los miércoles.

Conoce al autor

Kevin Spierre Camacho Alamo Ingeniero y apasionado por el arte. Amo el dibujo a carboncillo, los bocetos en la calle y sobretodo el arte en la luz y la sombra. Amo la naturaleza y el deporte. los dibujos e historias van mejor con café amargo.

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