The Cursed Blackblood Seguir historia

baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Un asesino a sueldo pasa sus días llevando la muerte en sus manos. Recibe el encargo de matar a una persona, al llegar, las cosas se tornan caóticas y ahora, debe salvar a la persona que debía asesinar.


Suspenso/Misterio Todo público.

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La Maldición

I


La llamada fue reportada a nuestra patrulla cerca de la media noche, llovía y dado el trayecto que hacíamos de rutina, éramos en ese momento quienes nos encontrábamos más cerca del lugar. Dirigí entonces mi viejo mustang hacía la esquina de Memphis y Octava. Al llegar, como era una costumbre entre Carol y yo, compañeros desde hace más de siete años, revisamos de forma superficial, pero eficaz, nuestro equipo, de manera tal que no nos tomaran por sorpresa en caso de meternos en problemas. Luego de corroborar el estado de nuestras armas y colocarnos los chalecos, nos abrimos paso hacia el apartamento 443, de edificio Malloreon.


—Dijiste que sería una noche tranquila...

—Sabes que siempre que digo eso, no es una noche tranquila —alegué de forma burlesca.

—Entonces deberías dejar de decirlo —dijo haciendo un sprint para llegar al cuarto piso.

—Lo tendré en cuenta, ¿quién entra, tú o yo? —pregunté en voz baja, pegado a la pared en corredor frente al apartamento 443.

—Me toca, tú entras te primero la última vez —respondió susurrando.

—Yo abriré, y has tu entrada, ¿entendido?

—¡Dale!

—¡Es la policía! Recibimos un llamado al sistema de emergencia pidiendo ayuda, ¿puede abrir la puerta? De no ser así tendré que tumbarla...


El silencio fue total, no hubo respuesta, sin embargo, si había alguien dentro. Unos segundos después de la advertencia se escuchó una persona mascullando algo que no pude entender. Observé a Carol, quien asintió, dándome el aval para abrirla puerta a como diera lugar, lo que se tradujo a una patada fuerte cerca de la cerradura, consiguiendo mi objetivo al primer intento.

Al hacerlo, tomé una posición que me asegurara estar cubierto, colocando una rodilla sobre el suelo y elevando mi arma a la altura de los ojos. Carol salió detrás de mí, cubriendo sus espaldas y verificando que nadie se escondiera en las esquinas. Una muchacha lloraba en medio de la habitación, estaba acurrucada en posición decúbito lateral, de espaldas a nosotros. Carol se acercó, llevaba consigo un pequeño botiquín de primeros auxilios, mientras yo, con el arma en mano, me dispuse a verificar que no hubiera nadie más en la cocina o alguno de los otras dos habitaciones.

Carol, intentó definir la razón por la cual estaba en el suelo, ya que daba la impresión de estar herida. No obstante no encontró respuesta, la muchacha seguía llorando, ignorando sus indicaciones. Con sumo cuidado, la volteó, de forma que su abdomen quedara al descubierto, efectivamente estaba herida. El color de su sangre era la última de mis preocupaciones, ya que al mismo tiempo, una ráfaga de disparos nos obligó a cubrirnos.


—¡Al suelo! —grité.

—Maldición, es munición de grueso calibre, los chalecos no soportaran un impacto.

—¡Central, estamos siendo atacados por munición mata policías, necesitamos apoyo en la dirección dada...! —dije por la radio mientras me escondía detrás de un sofá, luego de verificar que mi compañera estuviera segura.

—Los disparos vienen del otro lado de esa pared, ¿contraatacamos?

—¿Cómo está la chica?

—Bien, aunque su sangre es negra... ¿tiene eso sentido?

—No tengo ni idea, disparemos en ráfagas, comienzo...


Hale el gatillo de mi Glock 17 hasta descargar el cartucho, al realizar la recarga, Carol hizo lo mismo. Los tiros del otro lado de la pared se detuvieron luego del tercer cambio. Aproveché ese momento para tomar a la chica y la arrastré hasta la cocina.


—Realmente quieren matarnos, creo que seguirán disparando —dijo Carol.

—Sí, estaremos en problemas... Carol, déjame ver tu costado.

—Tan observador como siempre... Me dieron.


Al costado de Carol sangraba, la hemorragia era profusa y se encontraba a la altura del hígado, un escenario que no podía ser peor.


—¡Carajo! ¿la bala sigue ahí? —cuestioné a manera de mantener a Carol hablando conmigo, tomé unas mantas de una alacena y las utilicé para detener el sangrado.

—No, el disparo me atravesó. He sangrado mucho...

—Estarás bien... ¡policía herida! ¡le han dado a Carol!

—Aquí central, las patrullas estarán ahí en cinco minutos, aguanten hasta entonces... —respondió la agente del sistema de emergencias.

—Ya vienen en camino, ¿eh?

—Sí, estarás bien, quédate conmigo.

—Debí hacerte caso cuando sugeriste que nos fuéramos de vacaciones juntos el año pasado.

—No hagas esto, por favor.


Los disparos se volvieron escuchar por doquier. Eran pocos los que llegaban a la cocina, pero llegaban. A esas alturas me había colocado sobre Carol para protegerla con mi cuerpo si era necesario. No era la primera vez que alguno de los dos resultaba herido, pero no me gustaba como habían sucedido las cosas y sobre todo, porque el interés en matar a la chica.

Porque ese era su principal objetivo, acabar con la chica de sangre negra, nosotros solo acabamos en medio de todo por casualidad.

Los estallidos de las armas se detuvieron cuando las primeras sirenas de las patrullas empezaron a sonar a lo lejos.


—Creo que vendrán por nosotros, no tiene tiempo para esperar.

—Supongo que tienes razón... Estoy quedando dormida, tengo mucho sueño.

—Pues ese debe ser el sueño de los justos, si duermes no despertarás nunca, ¿entiendes? debes mantenerte despierta.

—Es más fácil decirlo que hacerlo... ¿escuchas pasos?

—Ahí vienen —dije, intenté arrastrando a la chica cerca de Carol, pero esta opuso resistencia.

—No podrás sobrevivir, si ellos te tocan, no sobrevivirás.

—¿Qué dices?

—¿Quieres salvarla? —cuestionó señalando a Carol, quien se observaba más pálida que hasta hace un rato.

—¿Qué debo hacer?


La chica tomó un cuchillo de la alacena y realizó un corte la palma de su mano derecha y la sangre negra empezó a brotar de ella, era una especie de runa de alguna lengua antigua. Luego, extendió la otra mano, pidiéndome que le entregara la mía. La duda y la incertidumbre me detuvieron, parecía que los tipos estaban a punto de entrar por la puerta, pero me encontraba paralizado. En cierto momento volví a dirigir mi mirada a Carol, había cerrado los ojos y su respiración era lenta.


—¡Haz lo que quieras! —exclamé.


Tomó mi mano y realizó un corte parecido, fue rápido y estaba tan preocupado por mi compañera que no sentí dolor. Segundos después recitó unas palabras, de nuevo, en un idioma antiguo que no entendía y colocó su mano sobre mi mano, compaginando ambas heridas como una sola.

Una extraña sensación recorrió mi cuerpo, y un fulgor negro emergió de nuestras manos sangrantes. El pacto había sido completado.


—Ahora la sangre maldita corre por tus venas, no será fácil matarte y serás más fuerte que cualquiera. Pero ellos te buscaran hasta encontrarte y beber de tu cuello esta sangre negra. He vivido por más de doscientos años huyendo, pero estoy cansada, es tu turno de llevar esa sangre en tus venas...


La muchacha cayó sin vida al suelo, entendí de manera superficial lo que sucedía y tomé acción al respecto. Carol aún respiraba y las patrullas estaban abajo, listos para subir. Pero debía eliminar a aquellos que habían entrado al apartamento 443.

Corrí fuera de la cocina, había cinco hombres vestidos con ropas oscuras, armados, menos uno al fondo. Mi velocidad los tomó por sorpresa y solo quedaban ocho balas, así que debía acercarme para no errar un solo tiro.

El primero no tuvo tiempo de reaccionar, prácticamente puse la boquilla de la pistola en su frente antes de disparar. El segundo y el tercero tuvieron un destino similar. Pasaron cinco segundos desde que salí de la cocina y solo quedaban dos atacantes.

Retrocedí unos pasos y puse esquivar una nueva ráfaga de disparos, con un rápido movimiento, logré reducir al cuarto, disparándole en el cuello antes de que tocara el suelo.


—Eres sorprendente, eres el mejor usuarios de la maldición que hemos visto. Entrégate y tendremos misericordia con tu mujer —dijo el quinto, quien parecía el líder.

—Carol es mi compañera, y ¿entregarme? eso te corresponde a ti hacerlo. No tengo idea que es eso de la maldición, pero definitivamente, no te saldrás con la tuya.


El quinto alzó un subfusil que escondía en sus ropas y disparó cuando me abalancé, impactándome al menos siete veces. Sin embargo, aquello apenas me lastimó. Me coloqué frente a él, disparando de lleno a su corazón. El sujeto cayó al suelo de forma pesada.

Al retirarme el chaleco, los disparos ya no estaban.


—¿¡Oficial Olivares!?

—¡Aquí estoy, todo despejado, Carol está en la cocina, tiene una hemorragia de importancia en su costado derecho!


Los paramétricos atendieron de inmediato a Carol, quien sobrevivió por muy poco.

Han pasado dos mese desde ese incidente. Mi compañera aceptó las vacaciones en el trópico y además matrimonio. La maldición corre por mis venas como dijo Susana, la joven que enterramos al día siguiente a los hechos, no tenía otra identificación aparte de un trozo de papel con ese nombre. Me preocupa terminar como ella quien sabe cuando, pero no importa, Carol me está llamando desde la alberca, supongo que averiguar que es la sangre negra puede esperar un rato.



1 de Junio de 2019 a las 20:06 2 Reporte Insertar 3
Fin

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Baltazar Ruiz ¡Hola! Soy Baltazar y este es mi espacio, acá encontrarán desde terror hasta ciencia ficción. Trato de dar lo mejor de mí en mis historia y me gusta ayudar a los demás, si puedo servirte en algo lo haré gustoso.

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K.H Baker K.H Baker
Wow! Espero que este reto siga porque me dejaste intrigada
2 de Junio de 2019 a las 01:37

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    He pensado en eso, las historias que queden inconclusas las terminaré haya reto o no, siempre y cuando eso no incumpla alguna norma de la copa 2 de Junio de 2019 a las 15:33
~