Intermedio: Segundos Finales Seguir historia

bmr7 Baltasar Montenegro

"...Todo ahí, en esos segundos tan minúsculos que aprisionan el corazón. Lo atrapan como un puño y succionan el alma. Ese momento de soledad más diminuto que el dedo meñique..." "...Hablo de esos segundos en los que ya nada importa, en los que hechos y las consecuencias se mezclan en una masa homogénea y ya nada se puede divisar..." Unirse de manera definitiva a los Exiliados trajo consigo un nuevo camino a la vida de Edric y sus colegas. Aún así, la situación se complica llevando al grupo a investigar más a fondo un nuevo evento en el que parecen estar involucrados de alguna manera u otra. Una cuenta regresiva se ha iniciado. Quizás la última de sus vidas...


Acción Todo público.

#fantasía #intermedio #accion #juvenil #ciencia-ficcion
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Cap. 1: Los que quedan

La puerta de la cabaña nuevamente es abierta dejando ingresar el aire externo que parecía cargado de pequeños trozos de hielo que golpean el rostro y mueven el alargado y negro cabello de una Olvidada que recorrió kilómetros hasta llegar al lugar del que había salido la noche anterior. Su delgado cuerpo era un pétalo más de la flor que descansaba sobre su cabeza. Cubierta por las gotas de rocío ingresa haciendo que las tablas del suelo resuenen. En un escritorio, frente a una computadora de carcaza blanca y teclado desgastado, un ser de apariencia humana, pero que esconde como el resto su condición y cualidades nunca antes vistas, termina una llamada en el momento en el que la joven recorre la pequeña distancia que lo separaba de esa improvisada habitación de trabajo, donde algunos documentos se esparcían por todo el suelo, algunos de ellos con la palabra “Importante”. Varios proyectos y carpetas sobre un viejo estante de metal que todavía lograba imitar la bella figura del pétalo que cargaba con una flor. Y del traje que estaba utilizando. Sus palabras, pocas y apagadas, llegaron hasta el ser que estaba frente a la pantalla y que dejaba su celular sobre la mesa. Acaba de terminar una llamada. Un breve silencio recorrió los ojos de la joven.

-Informa al resto de las bases. La cuenta regresiva ha iniciado

La olvidada nuevamente sale del lugar.

El ser vuelve a recostarse contra la silla haciendo que esta suelte un ligero sonido. En la pantalla una ventana mayor al resto demuestra las próximas tareas a completar en la agenda.

-Sus horas de vida están contadas…


Cap.1: Los que quedan


Son pocas las veces en las que sostuve la desagradable sensación de despedirme, de dejar que las líneas dejaran de ser rectas, de hundirme en la melancolía que trae consigo un recuerdo. Por ejemplo, cuando abandone la casa de mi papá. Convivimos tanto, cultivamos un sentimiento de confort, de intimidad, de entendimiento que ahora ya se perdió en algún lugar del recóndito pasado, que nos cierra las cortinas impidiendo ver el interior de ese vacío que nos quedó en el alma. Superar el sentimiento de disconformidad, de anti naturalidad que queda luego de un pasaje, puede convertirse en algo más difícil. Todo depende de la persona, claro. Ese es mi defecto: no soy una persona y pretender serlo solo me lleva a recordar a los que se fueron, los que parecían verdaderamente personas. Solo un renglón bastaría para describir como de una tripulación solo quedó un pequeño grupo de oscilantes que todavía tratamos de buscar una misión para luego buscar otra más. Nuestro objetivo: detener el avance de los Olvidados.

El camino pareciera esfumarse a medida que avanzamos, este sendero de polvo y ramas secas aprisiona nuestro paso, las nubes se pintan de gris aunque el sol este en lo alto. Ya no se escuchan los sonidos de animales entre la vegetación. Asumo que por la época. Algunos me imagino se han de haber ido a invernar, marchando en manada, desprendiéndose de este territorio hasta que sea el momento de regresar. Muchas especies de esta región, más que nada aves, vuelan en grupo hasta el sur con un color rojizo que las convierte en seres oscuros, en sombras. Otros sin embargo, lo hacen sobre tierra, atravesando vegetación, llanuras y praderas. Pies libres y fugaces que hacen un estruendo al resonar todos juntos, o al menos eso me imagino: una enorme manada de búfalos, que no hay por aquí, claro. Imagino su figura, la manera en la que su contorno enrojece el lugar. Se fue… como el resto.

-¿En qué piensas?

Elías sostiene en su mano una lata de refresco, el cual derrama algunas gotas a causa de las pequeñas subidas y bajadas que el vehículo da. El peinado revuelto le da un toque similar a las plantas que crecen en estas épocas, siempre manteniendo su estilo desordenado y brillante. Me extiende la bebida y la acepto. Dulce gaseosa de naranja.

-Pensaba en la misión. Las últimas que tuvimos no presentaron ningún inconveniente

-¿Pero?

-Me parece extraño que tengamos tan buena racha. Y detrás de un cielo claro…

-“Hay una lluvia a punto de caer”. Nunca me dijiste quien te enseñó ese refrán

-Mi papá.

Bebe otro poco de la lata y mira al suelo por un instante.

-Deberíamos visitarlo

Lo miro fijo, sigue en esa postura tan calmado como siempre. Podemos ser amigos y haber estado en misiones de riesgo todo este tiempo, saber el color, preferencias o manera de actuar del otro, pero nunca supimos (o al menos yo nunca supe) dónde está el resto de su familia en este momento. Él en cambio conoce a mi papá… aunque nada sobre Alma. Es normal: yo apenas puedo seguir el rastro de un fantasma que ya no está más aquí. Lo último que logre saber de ella está en esa nota, junto al Prófeso. Quien sabe cómo fue que Alma terminó en posesión de tal escrito.

-¿Tus padres no viven en la ciudad?

-No. La verdad es que hace un tiempo que no los veo.

Algunas nubes grisáceas encontraron lugar por unos segundos en las claras pupilas de Elías cubriendo todo lo que resta de información. Está bien, no es necesario que continúe, no tiene por qué decírmelo. Supongo

-Sin embargo yo me preocuparía más por llegar que por el clima –sonríe y apunta con la cabeza a Dylan que conduce callado con las manos inamovibles, solo sus muñecas se inclinan para girar o doblar. De seguro escuchó nuestra conversación

-Dudas de mi capacidad, ¿no?

-Para nada, solo digo que hubiéramos llegado más deprisa si me hubieras dejado conducir

-¿Por qué no me fio de eso?

Elías le hace una lista de todos los inconvenientes que tuvieron hasta el momento: “Que tomaste la ruta contraria con tan solo dos caminos a elegir, que no vio la señal que advertía sobre las vías del tren y el tronco que (según Dylan) estaba demasiado camuflado con el ambiente para no golpearlo con el jeep”. Cuando discuten no pasan de molestarse entre ambos, es genial que convivan como si nada. Aunque por momentos noto en el carácter de mi colega al volante cierta incomodidad al recordar momentos pasados donde eso resultaba impensable para él. Quizás en el fondo todavía tenga sus dudas sobre si esto puede ser así. Espero que no. Con lo reducido del grupo, no tendríamos oportunidad de sobrevivir a un ataque enemigo con un conflicto interno.

Conflicto interno, así debe de sentirse Leila: en mitad de una lucha entre ella y el caos que puede desatarse si Leur continua golpeando las paredes de su alma tratando de demostrar que sigue allí. Con ella. Pero no es la única que le hace compañía; después de todo, Leon es quien verdaderamente puede ser el verdadero punto débil de Leila, y su arma más fuerte contra el poder que emana desde su interior. Cuando escucha la voz, quizás monótona y hueca para el resto, es capaz de calmarla y orientarla. Si él le dice que lo logrará, ella lo logrará, si hoy no puede, mañana lo hará. Si uno se aleja, el otro irá con él. Supongo que dos flores, aunque sean de distintos colores, pertenecen a una misma planta. Una vida, un anhelo, un deseo, un recuerdo… un amor. Últimamente estamos teniendo demasiados problemas con la petición a nuestros superiores para que ambos puedan quedarse con nosotros. Seríamos un equipo invencible: los Tres Secretos y el poder de Leur. Solo debe aprender a dominarlo. Pero se mantienen firme en la negativa a nuestra petición. No, es un muy valiosa, pero igualmente peligrosa para nuestra causa. Debe estar bajo vigilancia, no puede salir a donde quiera. Controversias, como no. Los que luchan para defender su especie, a todos y cada uno no pueden, sin embargo, permitirle esto a Leila que al fin y al cabo es una más. Nuestra rutina siempre tiene más de una, un círculo que no cambia de forma, una paradoja tan llena de causas no del todo justificadas que resulta vacía de razones. A veces pienso que somos más cercanos a los humanos de lo que aparentamos en nuestros actos. Ciclos y ciclos.

-Silencio, rufián. Yo estoy al volante, tú puedes pasarme una lata de refresco.

-Se acabaron. Falta mucho, necesito ir al baño.

-No lo sé, ¿Yaiza?

En el asiento del acompañante Yaiza, con un mapa enorme marcado de señales, puntos de interés y demás, le indica que dentro de unos minutos “deberíamos” llegar al lugar. A su lado descansa el Portador de Sombras. El Secreto con el que formó un vínculo. Los Anillos nos permitieron conservarlos, pero la verdad que implica un gran riesgo y no la tuvimos fácil. Sin embargo mi nuestra camarada demostró ser más que una rama delgada y sin fuerzas, sino un torbellino de furia y energía que en combate mantiene un equilibrio constante, desatando una verdadera tormenta demoníaca sobre sus rivales. Sumémosle a esto el caótico arma que maneja y tenemos a una verdadera pesadilla. Nuestra pesadilla. Porque detrás de todo ese verde destello envolvente y abrumador siempre la sonrisa y mirada tierna de Yaiza es lo que, en lo restante de nuestro grupo, más resalta. Y la demuestra aún más cuando está con Dylan, quien se encargó de entrenarla. Y no solo a ella, también mí. Recuerdo las palabras que me dijo ese día que practicamos, temiendo que quizás ya no podríamos conservar las reliquias. Acaricio a Colmillo despertándolo sin querer. Se sube a lo alto del vehículo y levanta sus dedos, como lo haría un perro que saca su lengua.

-Ponle correa

Salta sobre la cabeza de Elías y huele su bebida, luego se mete en su mochila y saca sus gafas de sol. Intenta atraparlo, pero colmillo es como el aire: una corriente que viene y va, que se despereza y duerme. Que vive detrás de esa coraza de acero forjada, de su malévolo ojo de gárgola.

-Dejen de hacer ruido, estoy descansando.

Del interior de la guantera emerge, en su tamaño miniatura, Esgrindel. La verdad que su actual forma es más chistosa y es difícil tomarlo en serio. Cuando toma ese tamaño es similar al “Pequeño diablillo” que todos tenemos sobre nuestro hombro izquierdo, con su cola que termina en una punta afilada, cuerpo delgado, rojizo y pequeños cuernos. Y ahora descansa sobre el hombro de Dylan. Aunque lo niegue, los sentimientos, emociones y costumbres humanas pueden llegar a confundirlo y provocarle incomodidad. He notado en ocasiones que inclusive la luz del sol llama su atención. En su rostro se siembra la duda, una mirada de niño aparece en ese pequeño ser que se desintegra al desatar su verdadero tamaño. Y Dylan, como no, lo tomo como su alumno. Igual que el resto, pero quizás es más que una mente que educar, alguien en quien construir ese sentimiento de pertenencia, de tener algo por lo que luchar… sino como un amigo. Alguien íntimo, quizás lo que Esgrindel no se anima a soltar ante nosotros, solo quizás, lo hace delante de mi colega.

-No querrás perderte la pelea, pequeñín.

-Silencio exiliada. Recuerda que puedo derribar un ejército sin esfuerzo alguno.

-Te aconsejo que te vayas preparando entonces, miren hacia adelante

De la vegetación escurridiza, viva y misteriosa la construcción que buscábamos aparece desdibujando el horizonte y agregando un toque gris y blanco donde solo debería de haber lo mismo que en los demás rincones de este verdoso sitio. Paneles de cristal parecieran alimentar el lugar, grietas nos sonríen y nos dan la bienvenida cuando nos acercamos, me es posible ver dentro de ellas un poco de moho y humedad. A su izquierda un estacionamiento con algunos camiones aparcados. No hay empleados, humanos u olvidados. Eso llega a preocupar.

Unión Silvestre, es una corporación perteneciente a los Olvidados. Dentro de estas instalaciones se cumple un propósito similar al llevado a cabo en las demás compañías que domina el grupo: creación y desarrollo de tecnologías y los tan temidos planes de conquista que pueden llegar a elaborar. Todo bajo un nombre que promete al mismo tiempo la preservación del medio ambiente brindando sin embargo aún más beneficios al papel y sin quitarle consistencia ni durabilidad a su producto. Está todo en el informe que Chris nos acercó hace unos días. Él es el predilecto de Los Leales para enviarnos la información. Por temor a que puedan detectarnos a través de las comunicaciones nos envían por medio de él las siguientes misiones a cumplir. No porque portemos los Secretos debemos dejar de trabajar.

Los Leales. Su rango se podría igualar al que poseen los Candelabrum. Cada grupo de Leales está integrado por tres miembros, los cuales no pueden dejar el puesto hasta que se cumplan diez años de servicio a la causa. Claro que si se descubre una traición o un robo de información inmediatamente se los baja del cargo. Muy pocas veces ha ocurrido, sin embargo entre las consecuencias pueden llegar incluso a optar por la muerte del individuo. Los que ocupan ese puesto controlan los movimientos y rutas más recomendables para avanzar en nuestra misión.

A ellos nos enfrentamos hace unas semanas.

El edificio está seco como una hoja, apagado y de aspecto tormentoso. Me recuerda a una mujer de ojos llorosos, que se fue apagando lentamente. Ahora los fuertes llantos del vacío comenzaron a inundar el lugar, girando en torbellinos de cálida tristeza que se desprende del roto jarrón que se impone ante nosotros. Tuvimos suerte en misiones anteriores, es cierto. Algunos pasos dados correctamente y bajo las órdenes de los Leales y acabamos por evitar altercados con nuestros enemigos reduciendo además el número de sospechas, que habían aumentado luego de nuestra… pequeña intromisión. De la que por suerte no se logró identificar a todos los responsables. Solo al líder que guio al resto: Teobaldo. Espero algún día volver a saber de él; quizás el movimiento liderado es actualmente uno de sus principales causas para evitar salir y demostrarse. Sin embargo sus movimientos dieron frutos: quitando la seguridad en aumento, el área que invadimos aquella noche quedo inhabilitada, proyectos e investigaciones que iban a ser llevadas a cabo fueron cancelados, documentos saqueados, próximos objetivos que tenían en su lista negra. Un golpe importante… pero no definitivo. Eso solo fue un grano de polen entre una multitud. Una zona asegurada; faltan otras cientos alrededor del mundo. Cada grupo ataca sectores específicos, desentrañando los planes del enemigo. O al menos, retrasándolos lo más posible.

Sí, todos tenemos esa sensación de que hay algo fuera de lo común, por eso informamos de la situación a Miley. Ella es Defensora de uno de los Leales. Su cabello rubio y rizado en conjunto a sus ojos grandes le da un aspecto de niña que se intensifica con su escasa estatura. Su principal misión es cumplir con misiones clave que solo ellos pueden asignarle. Y su actual trabajo: informarles acerca de todo lo que hacemos. Puede que suene molesto el tener una niñera a nuestras espaldas, pero Miley es buena colega y no sería producente para ella ni para el grupo darle dolores de cabeza ocultando nuestros pasos. Su voz resuena desde el otro lado del pequeño micrófono que tenemos en nuestros oídos. Luego de una breve espera, recibe la respuesta por parte de sus superiores, pero en el momento en el que nos iban a comunicar como proceder una interferencia se abre paso y no nos permite escuchar sus instrucciones.

-¿Entonces…?

-Ya estamos aquí, vamos a hacer nuestra labor

-Movernos sin órdenes no nos servirá si esperamos demostrarles que pueden confiar en nuestra constitución.

-Sí… pero igual voy a entrar

Y ahí va nuevamente Elías, dispuesto a todo para no aburrirse en horas de labor. Las puertas abiertas de par en par me hacen recordar las frías paredes de un congelador. El viento bajo su temperatura considerablemente y entre chirrido y chirrido viene a mi mente la imagen de pequeños pedacitos de hielo que se desprenden como si se trataran de grandes bloques y cubos. En un momento tratamos de llamarlo para que volviera pero se coloca su amuleto y nos hace imposible detectarlo.

-Maldición, para que se lo dimos

-¡No tengas miedo muchachos! Vinimos aquí para buscar información ¡Adelante!

La señal todavía no mejora y lo único que logramos escuchar es la interferencia- Un sonido constante, definitivo, incompleto y sin forma nos aturde. Un fuerte ruido se produce en la parte superior y Yaiza se propone investigarlo, quizás sea solo nuestro acelerado colega, pero es mejor asegurarnos. Dylan se ofrece acompañarla y yo iré con Colmillo en las primeras plantas. El lugar es verdaderamente enorme. Difícilmente puedo asociar esto a una desolación total; no es lo que se esperaría de una de las mayores compañías que hay en la región.

Antes la oscuridad me asustaba. Una vez, durante un juego con mi papá en medio del jardín recuerdo que el salto de los arbustos asustándome y haciéndome llorar. Recuerdo que trataba de aparentar mi tranquilidad, pero las lágrimas aparecieron en mi rostro. Mi papá me abrazo prometiendo que no lo iba a hacer de nuevo. No fue él quien me asustó, no fue su brusco movimiento, esa sorpresa. Fue esa sensación de no saber qué es lo que hay, qué provoca ese sonido, esa duda que entrecruza tus ideas, que no te deja pensar, que lleva tu consciencia a los escenarios más improbables, más tenebrosos posibles. Nunca imaginé que, de hecho, estaba tan familiarizado con ella. Todavía veo por momentos en mis manos esas llamas negras y recuerdo el poder que emanaba. Se sabe muy poco de ella. Los Lépiros apenas conocen su historia, pero se sabe que les fue heredada de un ser que no pertenecía a ningún grupo de criaturas conocidas. De lo que sí pueden estar seguros es que no era un ser de luz. Pero difícilmente un ser de sombras podría dominarlas. Hay historias que cuentan, dentro de su clan, como otros seres trataron de asimilarlo y probar de esa sensación. Algunos terminaron consumidos por ellas. Por la oscuridad de su brillo.

Por todo el lugar se escuchan ruidos que vienen de las paredes. Pequeños toques, un objeto que cae, goteras. Sin embargo no puedo detectar ninguna presencia. Desciendo por unas escaleras hasta llegar a una habitación donde se producen, me imagino, el papel de la compañía. Capas y capas de finas hojas que encubren un gran complot contra la humanidad. Debe de haber algún rincón donde los empleados guarden sus planes. Las maquinarias, blancas en su mayoría, todavía tiene el producto a medio terminar, algunas cajas llenas de repuestos de carpeta siguen en un rincón. Aguardando su uso, o quizás su estante en el que permanecerán durante un largo tiempo hasta que alguien no decida comprarlo. Hago pequeños golpecitos en las paredes con la intención de encontrar alguna puerta oculta, algún padrón a seguir. Esta habitación no parece esconder nada, abro una puerta que conduce a una oficina bien amueblada, abro cajones, muevo los muebles hasta que consigo, debajo del asiento principal detrás del escritorio, una llave se encuentra pegada con cinta. Desde la lejanía escucho como las puertas parecieran cerrarse, un fuerte sonido se produce cuando el acero choca contra el suelo. Pero no es todo. Una fuerte aura de energía se despliega sobre ellas. Pareciera consumir mi poder al acercarme, he visto esto antes.

Una cubeta es pateada por un pie que barre el polvo con impaciencia, tocando con su brillo la penumbra envolvente de una compleja red de oficinas donde las lapiceras siguen dentro de sus estantes, las computadoras en silencio, los asientos ligeramente descolocados y la silueta de cientos de personas aparecen en su mente. Con precaución Dylan ingresa, aun sabiendo que no hay personas, o seres de apariencia humana, acechando. O sí. Esto en inusual y, junto a la joven de cabellos brillantes y espada de un envolvente color verde, exploran la habitación. Ni la silueta de las sombras los acompaña en su pequeña exploración entre los casilleros apilados a los costados. Un ruido es perpetrado, ingresa como un ladrón, un silbido sin emisor que desprende un aire de duda entre los muchachos que se miran sin saber que ocurre. Algo cayó, un estante. O algo lo tiró. El brillo de sus ojos seguía hueco, no había alma alguna frente a ellos. El blanco sentimiento de desconcierto solo puede ser comparado con el cabello blanco de Dylan. Cada paso es un respiro apagado, una mueca de burla frente a lo intimidante del lugar, un desafío cumplido.

-Te cubro la espalda. Ve

El Portador de Sombras es nuevamente desenvainado aterrando el basto poder de la mañana que florece en el mundo exterior, pero que todavía no llega a atravesar las ventanas del edificio por alguna razón. Y ella se da cuenta. Un ligero movimiento que ella observo entre las computadoras. O un sueño. Advierte a su compañero, pero este no pareciera escucharla.

-Dylan, la luz.

Una voz. Alguien me llama por mi nombre. Una persona mayor, una mujer. Volteo para descubrirla y descubro que la puerta que tenía detrás desapareció. Las maquinarias no están por ninguna parte, la niebla me envuelve mientras el agua bajo mis pies provoca pequeñas ondas. Otra vez esa voz, más y más fuerte. Una persona se personifica delante de mí, cabello largo, rostro escondido por la penumbra y vestido de un color que no logro distinguir. Aunque suena más como una pena, una lágrima sin rumbo en el espacio. Alguien que no está aquí, pero a la vez sí. Se aleja dejándome parado sin poder moverme hasta que escucho como una puerta se cierra, avanzo hasta encontrarla, al abrirla un dolor atraviesa mi abdomen, una garra logra atravesarme desde atrás. Horribles seres me rodean, me intentan atrapar, hundirme en la pesada mirada del miedo. Avanzo con dificultad tratando de zafar. La chica sigue de pie delante de mí.

-Las manos del guerrero de figura tan noble e impenetrable como el frío empalidece como su cabello tratando de tomar la mano de una mirada que dejó de posarse sobre él años atrás, mientras el arrepentimiento y el odio aturden su mente. Está allí, tan dulce como ese día, esperándolo. Tratando de atraerlo con la mente.

-No, por favor ¡Detrás de ti!

-¿A quién le hablas exiliado?

El pequeño demonio sobre el hombro del chico trata de entender lo que ocurre hasta que logra ver lo que perturba a ambos. Un sable atraviesa nuevamente el pecho de la mujer, tal cual ocurrió años atrás. Y él no pudo hacer nada, ni en ese entonces ni ahora. La ira lo consume, pero la impotencia lo extingue. De las paredes resuenan voces familiares, una situación se hace presente. Hay varias personas en el lugar, todas vestidas de duelo. Allí en el centro de ese lugar decorado y luminosamente reconfortante un fuerte malestar enreda a Dylan, haciéndolo moverse entre las congeladas personas para abrir el ataúd. Tenía que verla, no pudo haber sido ella… porque tendría que serlo. Las sombras lo cubren en el momento en el que abre la gran caja de madera y descubre que ella no está allí.

-Fuiste tú. Tú me dejaste

La voz, que parecía más la melodía de un arpa tocando la risa de la naturaleza se desenlaza en el ambiente haciéndolo llevar sus manos a la cabeza. Tenía razón, él fue que se alejó, él fue cómplice de la muerte, él abrió esa posibilidad tomando una decisión de la que se arrepiente fuertemente. Ella estaba en el ataúd y no podía hacer nada para sacarla.

Una jovencita aparece detrás de él. Le susurra al oído.

-Fuiste tú…

Cada intento por escapar de esta oscura neblina con garras es un nuevo corte en mis brazos y piernas. Pequeños dientes comienzan a devorarme, la chica sigue de pie mirando la escena. Un moribundo que entró a las paredes de la soledad y terminó encerrado en la habitación de los calvarios mientras trata de contrarrestar el avance de sus depredadores. Sin embargo trato de estirar mi brazo mientras siento mi piel siendo cortada hasta ella. Pareciera decir algo, pero solo logro ver sus labios moverse. Empieza a esfumarse, casi la puedo tocar, está aquí… a dos pasos de mis dedos. Es Alma.

Quien sabe que estaba haciendo esa pequeña allí, mirando las estrellas sin nadie que la abrace. Quién sabe si alguien logró verla aquel día o simplemente no voltearon a verla. Un verde hilo se alzaba en las alturas, acariciando la mejilla de la criatura que no paraba de llorar. Pero no lloraba por la soledad, aunque tenía ganas. No lloraba por la penumbra, aunque de hacer lo haría…pero sus mejillas estaban ocupadas, cargando pesadas lágrimas que le mojaban el vestido, tiñéndola de pena y alargando sus chirridos que nadie recibía. Estaba allí, sin más. Ni el viento se detenía a preguntar por qué un diente de leche como ella, una semilla recién salida de la tierra estaba ahí. Varada en ese piso de piedra, mientras las personas se alejaban a donde ella no pertenecía. A donde las miradas no querían entenderla, donde el desprecio rezaba su nombre mientras ella, de rodilla se tapaba la cara con sus dos pequeñas manos. De hecho, había alguien a sus espaldas, pero no parecía sentirla. El filo de la angustia solo podía compararse con el filo de tan letal y pesado objeto que Yaiza sostenía en su mano, mientras la oleada de energía espantaba los insectos del lugar. Era el único faro que iluminaba esa anonadada joya de agua dulce que descansaba allí, donde todos iban y venían sin bajar la vista.

Un paso, dos pasos, tres… nada de lo que ella dijera movía a la niña de esa posición. Hasta que un persona se sitúa detrás de Yaiza y empieza a llamarla por su nombre. No, no era una persona, conocía esa voz. Ella responde, pero no es a ella a quien llama. Es la que está en el suelo. No se mueve, llora más fuerte. Detrás aparecen más voces que se chocan con las risas y murmullos. El lamento sin embargo, no participa de esa mutua broma y se aloja en la piel de la pequeña semilla.

-¿Qué fue lo que hiciste?

Ella ya había estado en ese lugar, ahí…de rodillas, pidiendo que no la regañaran y la miraran de esa forma. Que los planetas se alinearan y la dejar en paz. Que esa voz no vuelva a tocarla…o mejor dicho golpearla con crueldad.

-¡Muérete!

No le contesta

-¿Sirves para estar allí?¿Sin más? Defecto tras defecto

-Que te calles…

-Algún día espero que entiendas que no le sirves a nadie. Plaga…

-¡¡Voy a cortarte la cabeza!!

El Portador de Sombras dejó de emitir luz, el inquebrantable metal es nada más que aire que se deja ir entre la inmensa oscuridad que rodea a la joven y una sola voz hace que se altere al punto de golpear en todas las direcciones sin atinar a nada.

“Débil”

Una alarma. El sonido es fuerte, atraviesa las paredes acompañada de un potente luz roja que corta con la capa de sombras que empieza a separarse en trozos cada vez más pequeños hasta convertirse finalmente en criaturas pequeñas, de aspecto casi humano, envueltas en pelaje oscuro, rostro arrugado con un tono grisáceo, cortas piernas y brazos que terminar en garras puntiagudas. Parecieran irritarse con el sonido. Mi cabeza empieza a girar y luego de un breve mareo vuelvo a estar en la habitación con maquinarias. A la realidad.

Recostada contra la pared la joven portadora del Secreto trata de recomponerse mientras masculla una mezcla de odio y de una profunda pena que toma por el cuello y controla al observar como su colega estaba por caer al vacío.

Y sin saber en qué dirección, cuál era la finalidad y el deseo de avanzar siguió hasta llegar a donde estaba lo chica parada, allí donde cayó luego de ser apuñalada por la espalda. Donde ni el charco de sangre quedó. Antes de caer por al abismo un brazo lo toma por detrás alejándolo mientras un pequeño suspiro sale de su boca acompañado de un pequeño intento de soltarse

-¡Dylan, soy yo!

-No…¡Galaia!

Cae al suelo mientras el rojo techo emite un pitido rojo como la sangre que cayó del pecho de esa mujer. Allí solo quedaba un hueco donde debía de haber un ascensor. Las pequeñas criaturas van y vienen, son como cucarachas atormentadas por la luz y el sonido. Estás por todas partes, rodean las paredes y ventanas. Esgrindel toma su forma normal y comienza a golpear las pequeñas criaturas que lo dañan aún más.

-¿Qué son estas cosas Esgrindel?

-¡No tengo idea! No son de Atverno, jamás vi algo igual. Parecieran crear oscuridad.

Maldición, son demasiados. Tratan de rodearme y me los saco de encima como puedo. Abro a golpes la puerta por la que entre seguido de Colmillo que los golpea a medida que avanzamos. Será mejor reagruparnos. Escucho a Yaiza gritar por encima de mí. Deben de estar a tres pisos o más de distancia. Una voz robótica comienza a cobrar fuerza de entre los micrófonos. Las bestias se agitan, se tapan los oídos, tratan de golpearlos

“Secuencia de autodestrucción activada. Cuenta regresiva iniciada. Tiempo restante: 3 minutos”

Subo por las escaleras pisoteando y pateando estas cosas hasta llegar a Dylan y Yaiza, ambos todavía parecen algo alterados, todavía no veo a Elías por ningún lado

-¡Vamos! Saldrá de alguna manera, no perdamos tiempo

-Nos están rodeando, ¡deprisa!

Las paredes y puertas son derribadas por la horda que muerde el metal con sus dientes, cada vez queda menos tiempo.

“Un minuto para la autodestrucción”

Esgrindel abre un gran hueco en el techo por el que entra luz del sol que los ciega y afecta. Enviamos un mensaje tratando de ubicar a Elías, pero la señal es nula. Saltamos por la ventana cayendo al apagado césped que nos llena de polvo al caer. Miramos expectantes el edificio.

-Vamos chico, sal de ahí

-No está funcionando

-10 segundos

De entre los ductos y cables un olvidado sigue corriendo con una manada de seres pequeños que parecieran cubrirlo todo con oscuridad mientras corre por los pasillos bañados en rojo. Son un gran vórtice que se lleva todo lo que toca al avanzar. Elías escucha atentamente la cuenta iniciada luego de haberse introducido en el laboratorio y sacar esa extraña arma que quedaba. Junto a los registros de las cámaras de seguridad que estaban en una habitación contigua. La cuenta había llegado a diez cuando estaba en la última planta. Y cinco cuando logro llegar a lo más alto del edificio donde diviso a sus colegas que movían las manos llamándolo.

“Comenzando autodestrucción”

-Ahhh… divertido…

Allí está, en lo alto del edificio mientras la cuenta llega a cero. Toma carrera y se lanza al vacío al mismo tiempo que una gran explosión lo impulsa por los aires.

-¡Demonioooooooos!

Cae entre los árboles dejando una gran nube de polvo y destrucción a su paso. Con ayuda de Esgrindel logramos ubicarlo, quemado, con su ropa chamuscada, rodeado de rocas y envolviendo algo debajo de su chaqueta estaba Elías.

-Aquí, llamen a la ambulancia

-No la necesitas

- Jaja, era por ustedes. Parecieran haber sido atacados por perros salvajes.

Una vez que estamos los cuatro allí observamos como el resto del lugar explota y arde dejando solo restos de vidrio y rocas gigantes

-¿Qué fue todo eso?

-No lo sé.

28 de Mayo de 2019 a las 23:21 4 Reporte Insertar 6
Leer el siguiente capítulo Cap.2: Situación

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Paola Stessens Paola Stessens
la trama es muy buena y compleja; me gusta mucho el ritmo interno del texto que fluye al ritmo de los pensamientos y la acción.
Dani Franco Dani Franco
Super interesante!!
Allan Loppes Allan Loppes
No necessitas esta muy belissíma! me gusta mucho
Allan Loppes Allan Loppes
No necessitas esta muy belissíma! me gusta mucho
Corak Cárdenas Corak Cárdenas
Es bastante buena la historia, su trama y todo... solo que esta bastante larga, me tomo media hora leerla, te recomendaría sacarla en dos partes pero aparte de eso esta excelente.
15 de Junio de 2019 a las 14:51
~

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