La ciudad maldita Seguir historia

lucadomina Luca Domina

Conjunto de hechos fragmentados que se entrelazan y narran la historia de una ciudad en las garras del demonio.


Horror Literatura de monstruos Sólo para mayores de 18.

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Mente perturbada

Lo único que se escuchaba en el departamento era el ruido ensordecedor del televisor. —Las temperaturas descendieron cinco grados en comparación con las del año pasado. —promulgaba la presentadora. —En otras noticias, las bandadas de pájaros muertos hallados en…

Y para Mike eso estaba bien, estaba muy bien, extraordinario… cualquier cosa que le ayudara a opacar las voces, la voz… era un alivio.

Había comenzado como algo peculiar e intermitente. Escuchaba que lo llamaban desde la habitación; ¡Mike!

Por supuesto, nunca había nadie, era su imaginación…

Pero si era su imaginación, sin duda ahora se había vuelto completamente loco; ya no lo llamaba, le pedía, no, ¡le suplicaba! Un favor…

—Déjame solo, quiero estar solo, vete. —murmuraba Mike. Estaba acostado en la cama en posición fetal; sujetaba la almohada sobre su cabeza y se tapaba los oídos. —No, no, no… —repetía con un hilo de voz. Las lágrimas le empapaban la cara y manchaban las sabanas.

las inmediaciones de la ciudad, desconciertan a los científicos…—el volumen del noticiero era estruendoso.

Mike tembló y se comprimió aún más en sí mismo. La voz había regresado como en la última semana; penetraba en su oído como cuando falla un equipo de sonido, y le hacía doler los dientes. El dolor calaba en lo profundo del cráneo y la voz mutaba en palabras atronadoras como si alguien con un catarro terrible gritara hasta ahogarse.

Hazlo Mike, sé que lo quieres, hazme feliz…

—¡No, te dije que no! —respondió. Se levantó de un salto y corrió al baño. Abrió el pequeño mueble sobre el lavamanos, y con manos temblorosas, aferró un pequeño frasco. —venta bajo prescripción. —se leía. Lo destapó con cierta dificultad y tomó, no una, sino varias pastillas. Se las introdujo en la boca y bebió del grifo. Y después se empapó el rostro. Cerró la tapa del mueble y quedó frente a un espejo; la palidez de su rostro resaltaba las violáceas marcas bajo sus ojos, ojos dilatados y húmedos. Se llevó una mano a la cabeza; notó que varias canas blanquecinas brillaban entre los largos cabellos rubios.

Mike, es lo correcto. Sé un buen chico y hazlo…

El chico sintió que un escalofrío le surcaba la espalda. —¡No! —dijo, rompiendo en llanto. Y el espejo se astilló de un puñetazo.

quienes descartan que haya alguna relación con la onda gélida que azota a la ciudad. Seguiremos informando…

Se abrió paso entre la basura; hace una semana que no salía del departamento. Y fue hasta la cocina, donde abrió la heladera; vacía, nada. Se tomó el vientre ante un rugido de reproche.

Hazlo, hay cosas deliciosas esperándote…

—¡Cállate! —se golpeó la frente con la palma abierta. Y se desparramó en el sofá de la sala, no sin antes quitar alguna que otra bolsa de residuos y colillas de cigarrillo. Los filtros amarillentos le hicieron entrar ganas y se encendió un cigarro. Dio una pitada muy larga y tosió.

Es muy lento, hazlo más rápido, tiene que ser más rápido…

Mike se tiró el cabello y trató de subir más el volumen de la tele; ya estaba al máximo. Se refregó las manos; estaban heladas. Y encendió otro cigarrillo; hace una semana que fumaba. Antes era un atleta destacado, pero se había terminado con la llegada de la voz…

Hazlo, y el frío desaparecerá, te espera un verano eterno, hazlo…

—¡Cállate de una vez, estoy harto! —gritó. Sujetó el control remoto con todas sus fuerzas y lo arrojó contra la pantalla del televisor; hubo un ruido eléctrico cuando la pantalla explotó. El departamento quedó en completo silencio.

¿Quieres que me calle?

—Si, por favor. —suplicó Mike, y cayó de rodillas.

Entonces hazlo…

—Lo haré, ya no puedo más, lo haré. —dijo entre lágrimas, y apoyó la frente contra el suelo de madera; y la golpeó una, y otra, y otra vez.

Ya sabes que hacer, es lo correcto…

Mike se puso de pie, se secó las lágrimas, y se dirigió a la habitación. Rebuscó un objeto en su mesa de luz y regresó a la sala. Se sentó en el sofá con las manos entre las rodillas; y el objeto. Miró un retrato sobre la mesa frente a él. Un recuerdo de la graduación de hace unos años; su padre, su madre, y su querido hermano. Llevó una de sus manos al bolsillo del pantalón y sujetó el celular. Aprovechó el hermoso momento de silencio, que terminaría pronto si no lo hacía, y mandó un mensaje de texto. Dejó el celular en la mesa, y frunció el rostro antes de largarse a llorar.

Hazlo, o será mucho peor que hasta ahora, se buen chico…

Abrió las rodillas y dejó al descubierto la pistola en su otra mano. —¡clic! —la cargó, y se la llevó a la boca; las lágrimas y el sudor se le mezclaban en la cara. El corazón le palpitaba con fuerza, como el tambor de la banda en uno de sus juegos. Gritó con todo su aliento; un gemido atroz se escapó entre sus labios y el cañón del arma, y luego…

¡Boooooom! Bien hecho, era lo correcto…

29 de Mayo de 2019 a las 03:50 0 Reporte Insertar 0
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