Anthales Seguir historia

luciel Lucía Escoriza

Los dragones han despertado, el fin está cerca. La guerra podría ser evitada, o tal vez solo quedaría en un sueño. Wyrm los guiará con su luz y hará todo lo posible porque la leyenda se cumpla. Cuatro anthales, un dragón, y mil caminos. Solo uno, traerá con sigo la victoria.


Fantasía Medieval No para niños menores de 13. © El uso se reserva al autor

#magia #relaciones #aventura #antropomorfo #dragones #medieval #fantasia
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Prologo - El dragón eterno

Empezaron a caer las primeras hojas. Los ríos se cristalizaron. Los árboles murieron mientras el dragón se arrastraba lejos de ellos. A su paso, todo florecía bajo la espesa nieve que había ocultado la tierra húmeda. Hermosas flores de tallos tan verdes como las esmeraldas. Pequeñas hierbas que se abrían paso hacia la luz. Pero allí no había luz. Era una noche tan cerrada como el mismísimo infierno. El dragón había jurado ver una tenue luz en el horizonte, pero poco a poco, se había perdido junto a su esperanza. Estaba solo. Expuesto. Con las heridas sangrantes y las flechas perforando su piel. Ya no quedaba nada, y decidió cerrar los ojos cayendo sobre la nieve provocando un temblor en toda la tierra. Wyrm suspiró, expulsando humo desde sus pulmones. Miro al cielo, la hermosa luna y se preguntó ¿será el final? No estaba del todo seguro, esperó a recobrar fuerzas y se propuso seguir adelante.

Solo quedaba él, los demás, habían muerto. Cadáveres de un futuro incierto. Soledad, en un páramo tan profundo como oscuro. Una visión, que no estaba dispuesto a asumir. En cuanto salió del trance, lo vio todo claro.

Abrió sus ojos verdes. Seguía en casa. En el lago donde crecían las más bellas flores y los frutos con los sabores más dulces. El riachuelo cristalino ondeaba en silencio, y los peces pasaban frente a él a gran velocidad. Su cabaña, en lo alto de la cascada, relucía con el fulgor del sol. La había echado de menos los pocos minutos que había estado fuera. Pero aquellos minutos, fueron suficientes. Levantó su cuerpo pesado. Había ganado varios kilos desde la última vez que se miró en el río. Estaba gordo, sudoroso y ojos caídos no daban la imagen de un dragón. Pero es lo que era, y siempre había sido.

Cada vez que soñaba, Wyrm, veía el futuro. Posibilidades que debían ocurrir o que ocurrieron. Cientos de caminos que podían encontrarse, o podían desaparecer con el viento. Aquel efecto mariposa que él adoraba desde que tenía memoria. Jugar con el destino de otros, como si fuera un dios. Como era, un dios.

Se aproximó hacia la cascada, se bañó desnudo bajo sus aguas templadas, y se aclaró el rostro con aceite para dejar su piel tersa y suave. Se vistió con lo que era una túnica femenina que ocultaba sus piernas y dejaba anchura en sus brazos rechonchos. Removió su pelo verde con sus garras y pisó el suelo encharcándolo y dejando un rastro de agua hasta la cima de la cascada. Wyrm no tenía alas. No desde que se las cortaron. Tuvo que asimilar que había dejado de ser útil, y que solo podía moverse por el suelo como un mortal. Pero al menos tenía su magia, pensó. Algo bueno tenía que significar ser un dragón, existir eternamente, y controlar una estación. Pero la magia de Wyrm no servia para luchar. Su magia hacia crecer los cultivos, curaba las heridas, y dormía a la bestia más feroz. Era el único dragón, que no había nacido para luchar.

Por eso, pensaba que su visión era errónea. Él, en medio de una tumba de guerra, ensangrentado con flechas en su espalda. Nunca entraría en una batalla, ni hubiera dejado que las flechas lo alcanzasen. Hubiera usado un escudo, y hubiera curado sus heridas en lugar de huir. Esa visión, era algo más propio de Aurya. Un gélido aliento, la perseverancia de seguir bajo esas circunstancias… Wyrm comprendió entonces que no se trataba de una visión, si no de un suceso.

Aurya había muerto.

Lo supo al cruzar el jardín de su casa, para asomar la cabeza hacía la tierra del norte donde su hermana reinaba. Pero no había hielo, ni nieve, ni norteños ni rastros que no fueran sangre y cuerpos caídos. Lo vio tan lejos, que esperó que hubieran sido sus ojos los que lo engañaron. Debería viajar más de un mes para si quiera acercarse al lugar que había visto. Tan lejos, y a la vez tan cerca. Wyrm entró en pánico dejándose caer sobre la madera blanda que sujetaba el techo de su hogar. Como el norte había perdido a su deidad, él este estaba perdiendo a su dios. La flora se marchitó con el llanto del dragón. La fauna huyó lejos antes de caer muertos por su desgracia. Wyrm se encerró entre sus piernas y exclamó su pena hasta que lo hubieran escuchado. Pero allí no estaba nada más que él.

Velay, y Rathan, debían andar cerca.

26 de Mayo de 2019 a las 19:52 7 Reporte Insertar 5
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Maripi Mainar Maripi Mainar
Muy dulce el fondo. Está muy bien expresado.
Paola Stessens Paola Stessens
Ternura, eso me inspira este relato, un sentimiento que no se suele tener por un dragón, pero este es fuera de lo común y por eso me gusta.

Solange C Solange C
¡Me gustó mucho este comienzo! Amo las historias con dragones, y me pareció interesante que las habilidades de Wyrm no sean útiles para luchar, sino para cosas que tienen que ver con la naturaleza y la vida. Me pregunto si tarde o temprano se verá obligado a pelear, por más que no haya nacido para ello... Estaré esperando para ver más de tu historia <3. Yo recién me creé una cuenta acá, así que te agradecería si pudieras pasarte por mi novela :).

  • Lucía Escoriza Lucía Escoriza
    Muchas gracias, estaré encantada de leer tu historia. Te dejaré un comentario :) 3 weeks ago
Jabier Díaz Jabier Díaz
Hola Lucía.. Muy buen comienzo. Me gusta mucho la trama, aunque he visto algún fallo, por lo que te recomiendo que le des un repaso.. Algunos acentos y en algunas frases sobran palabras.. Aún así, bien escrito. Te seguiré leyendo..

  • Lucía Escoriza Lucía Escoriza
    Muchísimas gracias por la ayuda, lo tendré muy en cuenta. 4 weeks ago
~

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