Utopía Clínica Seguir historia

joilengallardo Joilen Gallardo

¿Crees en tu cordura? Podría ser el primer paso a la demencia. Acompáñame a las profundidades de la mente humana... o animal, y descubramos la habitación a la que perteneces. Entre Delirios y Asesinatos, 4 hombres se verán involucrados en una ola sobrenatural en El Hospital Psiquiátrico New Garden para criminales de Winchester, un lugar con tantos secretos como trastornos sus habitantes. ¿Podrán escapar? ¿O decidirán quedarse en la Utopía?


Horror No para niños menores de 13.

#310 #376 #locura #378 #230
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Regresión

Creo recordar que fue aquella mañana gris de octubre, cuando nos mudamos a Winchester, que algo extraño despertó en él. Al principio pensé que no eran más que fantasías, que eran extraños recuerdos sacados de alguna pesadilla, pero, poco a poco, aquello fue volviéndose más real.

Alexander era un hombre tranquilo, cariñoso y sobre todo alegre. Fue precisamente esa última cualidad la que me cautivo al poco tiempo de conocerle. Siempre parecía estar de buen humor, incluso cuando la situación no era propicia, nos casamos a los dos años de relación y Patricia nació un año más tarde. Éramos una familia feliz, lo teníamos todo. Cuando el año pasado ascendieron a Alexander surgió la posibilidad de mudarnos a Winchester, para poder estar más cerca del trabajo.

La casa era preciosa y bastante más grande que la que teníamos, así que nos costó poco tomar la decisión.

Pero sucedió algo... algo con lo que no contábamos, algo que lo cambió todo para siempre. Primero fueron las pesadillas, Alexander hablaba y chillaba en sueños. Se despertaba envuelto en sudor, aunque rara vez podía recordar lo que había soñado. Otra cosa que desde un principio me llamó la atención, fue lo familiar que era para él aquella casa y aquella ciudad. Era como si hubiese vivido siempre allí, conocía perfectamente cada rincón de la casa y lo mismo le ocurría con la ciudad, de hecho, para su propia sorpresa, Alexander se dio cuenta que sabía el nombre de algunas personas del lugar; personas a las que jamás había conocido.

Fueron pasando los meses y la situación, lejos de mejorar empeoró notablemente. Ahora las pesadillas ya no se limitaban al estado de sueño. Incluso estando despierto Alexander tenía visiones sobrecogedoras que no podía explicar. En una de esas ocasiones le sorprendí chillando y llorando de rodillas en el sótano. Sólo hacía que repetir una y otra vez:

— ¡Dios, cuanta sangre! ¿Qué has hecho, qué has hecho?

Aquella vez me costó mucho hacerle volver en sí. Cuando recuperó la normalidad sólo recordaba una imagen. Según me contó, en su visión las paredes rezumaban sangre y un penetrante olor a putrefacción lo embriagaba todo.

Alexander no podía seguir así, aquello estaba acabando con nosotros. Esa misma tarde fuimos al centro a visitar a un psicólogo. Tras varias sesiones el Doctor Nolan decidió que, dada la extrañeza de aquel caso, era aconsejable probar con la hipnosis regresiva. A veces, tras esas regresiones la gente era capaz de encontrar en su interior la explicación a lo que estaba ocurriendo.

—Mire fijamente a este reloj y cuente conmigo hacia atrás. Treinta, veintinueve, veintiocho, veintisiete... —Alexander estaba bajo los efectos de la hipnosis.

—Ahora vamos a retroceder lentamente en el tiempo. Primero recordarás tu infancia y después iremos aún más atrás. —Tras recordar su quinto cumpleaños, su nacimiento e incluso el vientre de su madre, Alexander penetró en algo desconocido, algo que quizás hubiese preferido no saber— ¿Quién eres?

—Mi nombre es Mike Delaware.

—¿En qué año naciste Mike?

—En 1902

—¿Y en qué año falleciste?

—En 1973

—Dime, ¿quién eres? ¿dónde vives?

—Vivo en Inglaterra, en Winchester, en la calle St. Michael's número diez.

—¡Dios mío! —exclamó su mujer— Allí es donde vivimos ahora.

El doctor Nolan hizo un gesto de desaprobación— Silencio por favor —Dijo mirando a Emma. A continuación, siguió con su interrogatorio— ¿A qué te dedicas Mike?

—Trabajo en el sótano de casa: soy carpintero.

—Mike. Cuéntanos qué pasó en ese sótano —un silencio sepulcral se instaló en la sala— Mike, ¿Por qué hay sangre en las paredes?

—No voy a contarte nada... ¡Jódase cabrón!

Emma miró al doctor en busca de respuestas.

—Mike. Nadie te va a hacer daño, puedes confiar en mí.

—Lo que el ojo no ve, no existe, el corazón no lo siente.

—¿Cómo?

—A veces hay un rascar un poco más allá de lo real, para hallar respuestas doctor.

—¿A qué te refieres?

—Adiós doctor, un placer hablar con usted. —Alexander volvió en sí, pero esta vez, a diferencia de las anteriores, recordaba perfectamente la conversación— ¿Quién se supone que es Mike doctor? —preguntó francamente alterado.

—Mike eres tú, sólo qué en otra vida, en una que no puedes recordar. ¿Crees en la reencarnación?

Alexander se encogió de hombros. Jamás se había planteado esa cuestión. Jamás había tenido interés en cuestiones espirituales de ese tipo, su máximo acercamiento a tales temas eran los horóscopos del diario o las predicciones matutinas de la tv mientras cambiaba de canal

—¿Entonces...yo vivía aquí?

—Eso parece.

—Si eso es cierto, alguien tiene que acordarse de mí.

—Teniendo en cuenta tu fecha de nacimiento estamos hablando de personas que tengan ahora al menos 46 años o más y que hayan vivido siempre aquí.

—Cierto.

Aquella tarde, Alexander y Emma recorrieron los locales del centro en busca de respuestas.

—¿Mike Delaware? Mmmm... no me suena.

—¿Cómo dice? ¿Mike qué?

—Nunca he oído ese nombre

Tras varias respuestas negativas, por fin sonó la flauta. Fue en el Soccer's Bar. James, su propietario, llevaba toda la vida en Winchester y a sus sesenta y ocho años, era difícil que alguien le hubiese pasado desapercibido.

—Mike Delaware... sí, era un hombre extraño.

—¿Qué recuerda de él? —preguntó Emma.

—Yo debía tener unos treinta y pocos cuando él falleció. Era un hombre huraño, solitario, no creo que nadie llegase a conocerle bien.

—¿Recuerda algo más? —insistió Alexander.

—Recuerdo que trabajaba en su propia casa. Era ebanista y bastante bueno, por lo que he podido oír. Tan sólo recuerdo haberle visto un par de veces en el bar acompañado de la única chica que se le conoció. ¿Cómo se llamaba...? Mmmm... ¡ah sí!, Amanda Labtec.

—¿Sabe si su familia aún vive aquí?

—Es posible. Creo que su hermano Greg regresó con su mujer y los niños a la ciudad años después de la tragedia.

—¿Tragedia?

—Sí, Amanda desapareció a la edad de veintiocho años. Algunos culparon a Mike, pero nunca pudieron demostrar nada. Su hermano estaba muy unido a ella. De hecho, todos pensábamos que no iba a ser capaz de superar su pérdida.

—Gracias por la información. Le anotaré mi teléfono y si recuerda algo más...

—Sí, seguro. Y ¿Por cierto? ¿A qué viene ese interés?

—Bueno, es que como vivimos en la que era su casa... —contestó Emma con gran seguridad.

—Bonita casa, muy bonita.

—Sí que lo es. Bonita y grande.

Salieron del local y Emma vio cierto nerviosismo en los ojos de Alexander.

—¿Qué ocurre amor?

—¿Por qué siento tanta tristeza cuando oigo su nombre?

—¿Qué nombre?

—El de Amanda.

Emma miró a Alexander con temor.

—¿Recuerdas algo?

—No lo sé. Es todo tan difuso, tan borroso.

Regresaron a casa casi al anochecer. Sentados en el sofá del salón ninguno de los dos podía sacar aquello de su cabeza.

—¿Qué quisiste decir con "Lo que el ojo no ve, no existe, ¿el corazón no lo siente”? ¿Y con "A veces hay que rasgar un poco más allá de lo real, para hallar respuestas"?

—¡Ojalá lo supiese!

Emma se quedó pensativa durante unos minutos y entonces como poseída, bajó corriendo al sótano de la casa. Alexander la siguió.

—¿Qué haces? —preguntó él.

—¿En qué pared viste la sangre?

—¿Qué?

—¿Qué en que pared creíste ver sangre?

—En esa —dijo Alexander señalando la pared lateral del sótano.

Emma miró a su alrededor y sin dar explicaciones agarró el martillo que Alexander tenía entre las herramientas. Sin dar tiempo a reaccionar, Emma empezó a golpear la pared con fuerza.

—¿Estás loca?

—La casa es perfectamente simétrica, pero el sótano no. Esta pared está más cerca de la escalera que la que tiene en frente ¿lo ves? —exclamó golpeando con furia.

—¿Qué dices?

—Creo que esta pared es falsa.

Alexander tomó el hacha de encima la mesa y ayudó a su mujer. Golpeó con todas sus fuerzas y tras el cuarto golpe se abrió un gran boquete en la pared. Ambos se miraron y no sin un cierto temor, se acercaron, allí, ocultos entre los dos muros, se escondían los restos de un ser humano, posiblemente los de Amanda Labtec.

—¿Cómo sabías...?

—Até cabos. Tus frases aquí abajo, las que dijiste en el psicólogo, la desaparición de esa chica...

—¿Y ahora qué? ¿Y si la maté yo?

—No lo creo.

—¿Cómo puedes estar tan segura?

—Si la hubieses matado tú, al romper el muro tus recuerdos hubiesen sido muy fuertes. Mírate, estas tranquilo. Esa no es la reacción de un culpable.

—¿Y entonces?

—Tu debiste ver al asesino y seguramente creaste este doble muro para encubrirle. ¡Piensa!

—Lo siento Emma, pero no recuerdo nada.

A la mañana siguiente, ambos fueron a hacer una visita al hijo mayor de Greg. Esa era la última pista que les quedaba. Cuando Daniel Labtec abrió la puerta, la expresión en el rostro de Alexander, cambió por completo.

—¡Dios, eres igual que tu padre!

—¿Conocía usted a papá?

—Sí, y mucho.

Emma miró a Alexander completamente contrariada.

—Creo que venir aquí no ha sido una buena idea. Siento haberte molestado.

—¿está todo bien? —preguntó sin entender qué estaba pasando.

Alexander cogió a Emma del brazo y se alejó de ahí sin dar ninguna explicación.

—¿Puedes contarme qué está pasando?

—Ahora recuerdo todo. Mike no amaba a Amanda, era ella la que deseaba estar con Mike. Para Mike ella era tan solo una amiga. De quien Mike estaba realmente enamorado era de Greg. De hecho, llevaban tiempo viéndose a escondidas.

—¿Cómo?

—Aquella tarde estaban los dos en el sótano cuando Amanda se presentó en casa de Mike. Amanda pretendía chantajear a su hermano y en plena discusión el perdió los estribos y...

—¡Fue Greg!

—Sí, fue Greg. Mike se limitó a encubrirle. Le quería.

—¡Dios! ¿Y ahora qué?

—Pues tenemos un bonito jardín al que no le vendría mal un poco de abono. ¿No crees?

De regreso en casa, Alexander cogió a Emma por la cintura, estando ambos en el sótano para culminar su labor de jardinería y mirándola a los ojos exclamó:

—Por fin ha acabo esta pesadilla.

—Sí, por fin mi amor.

Mientras Emma subía las escaleras Alexander miró tras de sí a la pared abierta y con un tono irónico y frío dijo en voz baja:

—Nadie deja a Mike Delaware, ¿lo oyes zorra?, nadie.

24 de Mayo de 2019 a las 20:38 2 Reporte Insertar 1
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Gin Les Gin Les
¡Hola! Soy Gin, embajadora y parte del equipo editorial de Inkspired. He pasado a revisar tu historia para verificarla, pero antes de eso es necesario que corrijas los errores de ortografía, guiones largos y puntuación. Una vez hecho esto puedes responder este mensaje y yo volveré para verificarla, por el momento estará en revisión. Recuerda que el lograr la verificación te ayudará ya que presentas una obra de calidad y eso puede atraer más usuarios. Cualquier cosa estoy aquí. Saludos. :)

  • Joilen Gallardo Joilen Gallardo
    ¡Hola Gin! es cierto, gracias. Ya realice las correcciones. Un gusto que seas la primera embajadora en leerme, que emoción. Espero la historia te agrade, gracias. 3 weeks ago
~

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