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baltazarruiz154 Baltazar Ruiz

Una prodigiosa chef, un capo de la mafia demente y un corazón humano sobre la mesa... La muerte está servida.


Crimen Todo público.

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Le chef de cuisine

I


Siempre he pensado que mis cortes son los mejores. Quizás porque desde que recuerdo mi madre me dejó usar el cuchillo de la cocina y ayudarle con la cena. Supongo que en esa fue la manera en que poco a poco me enamoré del mundo culinario. Luego de terminar la escuela, decidí tomar clases profesionales en una escuela local, lo que pronto me llevó a estar presente en las cocinas de cruceros, hoteles y restaurantes de lujo. Conocí los cinco continentes antes de los veintidós años y Chef de cuisine antes de los veinticinco.

No existe nada en el mundo que pueda exaltarme tanto como la preparación de los platillos que he aprendido a elaborar durante mi formación. Es una pasión que me domina, lo que me mantiene en constante desarrollo y mejora de mis habilidades. Eso me ha traído hasta aquí, a la cocina del Saint Ferdinand, el restaurante más popular del bajo mundo.


—Chef, afuera la espera el caballero que le mencioné.

—Dile que estoy ocupada o algo —respondí sin voltear a ver a mi asistente.

—Lo haría si no apreciara mi vida —dijo con una sonrisa en el rostro. Ella no era cocinera, ni siquiera sabía lavar los platos, su trabajo consistía en ser un enlace entre la cocina y los comensales, criminales la mayoría—, le agradecería su presencia, aunque solo salga unos minutos.

—Monique, eres una molestia, ¿lo sabías?

—Me pagan para eso, señorita Chef.

—Es Chef de cuisine, o jefa si te cuesta decirlo.

—Le diré que irá en unos segundos —sin darme cuenta, la muchacha, que era más pequeña y delgada que yo, se acercó y tomó mi pañuelo con su mano derecha haciéndome agachar la cabeza, deseaba decirme algo al oído— Escuche, el caballero en cuestión es Gastone Luzzatto, por sus manos se mueve tanto dinero como el producto interno bruto de un país decente. Procure agradarle o ambas estaremos en problemas. ¿Entendió, Chef de cuisine?

—Si, ya entendí, no era necesario eso.

—Las paredes tienen orejas, perdone mi atrevimiento.

—Descuida. Dile que iré de inmediato, solo me arreglare el pañuelo, me lo arruinaste.

—Tiendo a ser brusca, ruego sus disculpas... le espero afuera.


Atrás de la cocina había una área común para los empleados, los muchachos no presenciaron la escena con Monique porque nos encontrábamos ahí. Frente al espejo me retoqué el poco maquillaje que podía permitirme al cocinar y volví a acomodar el pañuelo rojo que solía usar desde que era aprendiz. Al terminar, los chicos de cocina, cuatro de ellos, los otros dos ya habían terminado su trabajo, me informaron de forma precisa lo que hacían y cuánto les faltaba para que todo estuviera listo.

Tras empujar la puerta, Monique estaba frente a una mesa en medio de todo, en ella tres comensales y alrededor, unas siete personas más, todos con facha de guardaespaldas. Al centro de todo, casi iluminado de forma exclusiva por la lámpara principal del restaurante. Era un hombre fino y de apariencia elegante, vestía un traje hecho a mano azul y una corbata roja, como mi pañuelo. El señor Luzzatto terminaba de degustar un último bocado del platillo que preparé personalmente. Era un trozo de lomo en salsa de frambuesas, una de mis especialidades.


—Sé que es un cliché felicitar al chef, pero esta vez lo amerita. Esplendido, mi lengua tenía mucho de no disfrutar algo de tan alto nivel. Está más allá de cualquiera que haya conocido, Chef Castaneda.

—Es una alegría escucharlo de alguien que aprecia la buena comida —fue lo único que se me ocurrió responder— Se nota su conocimiento en artes culinarias.

—Estoy intrigado, ¿qué le hace pensar eso?

—La forma como sostiene el cuchillo al realizar los cortes, desea tomar un trozo sin exprimir los jugos a este, eso hace que deguste el sabor de la carne por completo.

—Aplaudiría de pie si no estuvieran estos hombres poco refinados a nuestro lado. Sabía que eres excepcional, ¿qué haces en un lugar como este?

—Las carnes —respondí de inmediato y sin pensar.

—Ya veo, aquí tienen carne de todo tipo, recuerdo que el chef que te precedió era famoso por su platillo de león a las brasas.

—Sí, escuché algo sobre eso.

—¿No te molesta? Muchos dirían que no es una práctica ética.

—Yo no entiendo sobre ética, mi único deseo es mejorar mis habilidades, ser la mejor a como de lugar.

—Creo que he encontrado a la persona indicada.

—No entiendo.

—¿Vendrías conmigo a Milán? Habrá una fiesta y quiero servir todo tipo de carnes.

—Yo... —mi primera idea fue una negativa, pero por el noto en como dijo esas palabras, sabía que no era pregunta, sino casi una orden— creo que sería una placer.

—Mañana pasarán por ti y te llevarán, por el trabajo aquí no te preocupes, hablaré con Richard en persona.

—Entiendo —si, a eso me refería.

—Espero mucho de ti, chef de cuisine.


Regresé a la cocina y terminé la noche sin más palabras que las necesarias. Había caído en las manos de Gastone Luzzatto, el jefe de la Sacra Corona. Sin embargo, al finalizar las labores, no podía borrar la sonrisa que se dibujaba en mi rostro, presentía que la oportunidad de ser la mejor estaba cerca. Monique se percató de ello y no dijo nada, estaba tan corrompida como yo. Tardé en llegar a casa apenas unos minutos, al llegar el baño de rutina y luego a leer post de cultura culinaria, quería idear un platillo exclusivo para la mafia. Algo para acceder a ese mundillo de excesos donde no existía límites a lo que podría cocinar, mi gran sueño estaba por cumplirse y estaba ansiosa, como no había estado en muchísimo tiempo.


I.II


—¿Úrsula, estas?

—¡Hola! Estaba en la cama, pensé que no vendrías —respondí.

—Si, la sesión terminó antes de lo pensado.

—¿Quieres que te prepare algo?

—¿Ya comiste tú?

—La verdad no...

—Entonces lo hago yo —dijo colocándose su delantal, luego sacó alguna cosas de la nevera.


Lo conocí durante un evento en Argentina hace ya cuatro años, Joaquín, alto y de semblante amable. Podría pasar por el protagonista de una telenovela, y de hecho ofertas para hacerlo no le faltaron. Le encantaba cocinar y ponía atención a lo que yo le decía, así que su sazón tenía. Mientras preparaba una ensalada de pollo con frutas y nueces, me contaba de su día y a su modo, intentaba averiguar sobre el mío, aunque yo no hablaba mucho de ello, él sabía que clase de lugar era el Saint Ferdinand.


—Sabes, me salió un trabajo exprés.

—¿Así?

—Es una firma italiana, iremos a una locación en Sevilla y sacaremos un catalogo, pagan muy bien.

—Joaquín, ¡eso es muy bueno!

—Tuve una mala racha, con campañas más bien pequeñas, pero esta es una marca emergente que promete, quien quita y me vuelva la imagen oficial —dijo, acercando un poco de ensalada a mi boca, el cual tomé, estaba delicioso.

—Yo... —iba a decirle lo de Gastone, pero sería preocuparle sin necesidad y además se veía animado por su campaña— mañana estaré en el Saint Ferdinand todo el fin de semana.

—¡Que conveniente! Yo estaré dos días en Sevilla, al menos no estarás sola.

—No te pienses en ello, ve y haz lo tuyo, sabes que eres el mejor.

—Oye, ¿aún sientes que no eres la mejor?

—No es algo que sienta, no sé como decirlo, simplemente quiero crear un platillo que cause algo en quien lo pruebe, de tal manera que todo lo que coma después le sepa a nada.

—¿Tanto así?

—Sé que soy capaz de ello, ¿por qué debería cruzarme de brazos y no intentarlo?

—Tienes razón, la impotencia de querer hacer algo es una cosa, pero saber que si puedes hacerlo y negártelo, es diferente. Solo los genios como tú entienden esa diferencia, los demás, solo podemos imaginarlo... Deseo probar ese platillo pronto.

—Lo harás, no descansaré hasta conseguirlo.


Terminamos la cena con una copa de vino afrutado de Merlot y luego, ya en la sala, conversamos hasta pasada la medianoche. Hicimos el amor de una forma que me causó un extraño sentimiento de melancolía. Al amanecer Joaquín se despidió con un beso y partió. Yo me terminé levantando luego de unos minutos, mi día apenas comenzaba.

Llevaba un tiempo pensando el platillo de mis sueños. Había intentado con todo tipo de carnes, desde una pierna de tigre hasta un sushi de calamar gigante. Sin embargo llegué a la conclusión que no era la carne el secreto sino la preparación, y que debía lograrlo aún con un pollo de granja cualquiera. Alisté mis cuchillos y demás utensilios personales, incluyendo un cuchillo medialuna que Joaquín me había obsequiado y esperé paciente a que llegaran por mí. La espera no fue mucha, una limusina llegó a la hora indicada.


—Chef Úrsula Castaneda, es un placer —el hombre realizó una leve reverencia, tenía una apariencia siniestra.

—Gracias por venir por mí.

—Soy Charles, seré su guía el día de hoy.

—¿Guía?

—Antes de llegar a la mansión del amo, debemos ir a comprar materia prima, ¿no es así?

—¿Me dejarán elegir los ingredientes? Espero que traiga una chequera, porque no escatimaré en gastos.

—El amo Luzzatto indicó que no temiera utilizar lo que fuera necesario.

—Eso me llena de alegría —dije con una marcada sonrisa en mi rostro, por un momento fui tan siniestra como el mismo Charles.


I.III


El lugar era un mercado negro en toda la extensión de la palabra. Desde animales exóticos, ingredientes escasos y carísimos. En la primera tanda de compras, llevaba conmigo Azafrán iraní, hongos matsutake japoneses, atún de aleta azul, carne de wagyu y de bisonte, sumando todo aquello los diez mil euros.


—Cuando dijo que no escatimaría en gastos, hablaba en serio.

—¿Algún problema, Charles?

—Espléndido, el amo no se equivocó con usted, lleve todo lo que piense que será necesario.

—Estaba tan emocionada que olvidé preguntar, ¿para cuantas personas cocinaré?

—Serán quince comensales.

—Perfecto, podré hacer algo más personal.


Ya con las cosas más claras, sin dejarme llevar por la emoción del inicio, obtuve todos ingredientes que deseaba. Ir al mercado y tomas lo que uno desee sin pensar en el dinero es un sueño para cualquier chef. Pensaba en que tipo de personas estarían presentes junto a Gastone, pero en realidad me daba igual, solo me interesa complacer a una sola persona: a mí misma.

Las puertas de la mansión eran de ébano, parecían talladas a mano. Al centro, las siglas S. C adornaban la entrada y dejaban ver en qué lugar me estaba metiendo, la casa de la Sacra Corona. Charles me llevó hasta la cocina, donde cinco cocineros me esperaban. Eran muchachos de mi misma edad, se observaban profesionales, acostumbrados al trabajo del nivel que una mafia requería.


—El amo vendrá más tarde, la única indicación que dejó para la cena es que deseaba algunas entradas sencillas y el platillo fuerte cuyo ingrediente traeremos luego...

—Espere, ¿no usaremos lo que compramos recién? —interrumpí.

—El plato fuerte es una fantasía que el amo ha tenido en mente desde años y sabe que solo usted puede crear un platillo como se merece. El ingrediente principal viene en camino.

—Entiendo... Chicos.

—¡Si, Chef! —dijeron al unísono.

—Vamos a preparar una entrada de atún de aleta azul con caviar alma... ¿tenemos caviar Almas, Charles?

—Casualmente, si.

—Perfecto, ya escucharon, a trabajar, son quince comensales.


Las manos de los cocineros eran laboriosas y exactas. Había mucha experiencia en ellos a pesar de ser jóvenes. Los entremeses estaban quedando según mis indicaciones y todo marchaba de maravilla. Un golpe en la puerta llamó mi atención. Era Charles, junto a Gastone.


—Chef de cuisine, es un gusto tenerla aquí.

—No podía perder la oportunidad de venir y cocinar a gusto.

—¿Que tenemos aquí? ¿el entremés?

—Si, ya están listos.

—Entonces iré a la mesa a esperarlo, mis invitados deben estar ansiosos. Por cierto, traigo algo que debe interesarle. Charles...


El sirviente traía consigo un recipiente metálico consigo, se acercó a la mesa y lo abrió para nosotros, se trataba de un corazón.


—Este es el ingrediente principal, lo que he soñado por años.

—Un corazón, desea que cocine un corazón de res...


Un escalofrío recorrió mi espalda, al verlo de forma detenida pude advertir que no era un corazón animal, sino que se trataba de uno humano, fresco y sano.


—Al parecer te acabas de percatar, es un corazón humano.

—Debe ser una broma —dije mientras me temblaban las piernas.

—Entiendo si esto es demasiado para usted...

—Lo haré —interrumpí a Gastone—, si esto me entrega al final el platillo que tanto estaba buscando, lo prepararé de tal forma que lamentará no poder comerse su propio corazón.

—¡Lo sabía! No eres como los demás chef que he conocido, tu obsesión va más allá que la de cualquiera. Solo borra esa siniestra sonrisa de tu rostro, asustarás a los demás.

—Lo siento —dije cubriendo mi boca con el pañuelo rojo.

—Esperé por el platillo que prepararás. Puede preparar cualquier cosa al resto de invitados, realmente solo vienen a presenciar el momento cuando cumpla mi sueño.

—Deme un poco de tiempo, haré algo digno a su paladar y también el de sus invitados.


Mientras los muchachos terminaban y entregaban los entremeses. El corazón humano apenas si llega a ser del tamaño de un puño y su consistencia es firme y posee una capa de grasa llamada epicardial que lo cubre, lo corté trozos pequeños gracias a la medialuna que me regaló Joaquín. Luego preparé una mirepoix y agregué aceite de olivo, tomillo, laurel, sal marina y concentrado de tomate. Luego frité los trozos de corazón en una tabla de sal.


—Pensé que se echaría para atrás...

—Charles... No noté que estabas ahí.

—Llevo un rato viéndola, pero está demasiado concentrada.

—¿Puedo preguntar de dónde sacaron este corazón?

—De un pecho, obviamente —respondió de forma burlona.

—Sabes a lo que me refiero.

—De un joven atlético y sano.

—Entiendo, imagino que dono sus órganos o algo así.

—No, el amo lo asesinó de forma personal, verá, la fantasía del amo no solo comer un corazón humano, sino comerlo después de darle cacería.

—No bromees con eso.

—No es broma, el joven que elegimos era un modelo que trabajaba para una firma de la Sacra Corona, tenía un currículum impecable y servía a la perfección a los intereses del amo, creo que se llamaba Joaquín...


Charles siguió hablando, pero ya no fui capaz de escuchar. En mis manos, estaba el corazón del hombre que amaba. Pero algo curioso sucedió, en lugar de llorar y maldecirme, maldecir a mi cocina y a mi obsesión, como el mismo Gastone llamó a mi deseo. Nació en mí una idea: Preparar un platillo tan delicioso, que los comensales murieran de placer...


De forma literal.


21 de Mayo de 2019 a las 12:38 8 Reporte Insertar 4
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Flor Aquileia Flor Aquileia
ay por dios!!! que impresión!! excelente relato!!
21 de Mayo de 2019 a las 12:40

Frank Boz Frank Boz
Estuvo genial el cuento corto Baltazar ¿no participa de la copa este cuento? Muy bueno realmente hermanazo y espero sigas escribiendo estas historias.
21 de Mayo de 2019 a las 10:41

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    Sí, esta historia está participando en el reto de copa Mente Criminal! Gracias por leerlo, los próximos capítulos estarán listos pronto. 21 de Mayo de 2019 a las 12:24
K.H Baker K.H Baker
¡¡¡Bravo!!! Es tan increíble que no tengo palabras ni para describirlo
21 de Mayo de 2019 a las 08:46

  • Baltazar Ruiz Baltazar Ruiz
    ¡Gracias! Estaba esperando que te gustara de forma particular 21 de Mayo de 2019 a las 09:25
~

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