No se lo digas a nadie. Seguir historia

narico410 Cori✨

Lidia, una niña antisocial que no tiene ilusión por tener una amistad con nadie, sin embargo, alguien llegará a su vida que lo pondrá todo patas arriba.


Ficción adolescente Todo público.
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Ella.

La rutina se repetía cada martes y viernes desde las 17:15 hasta las 18:00 de la tarde. Llegábamos a la consulta diez minutos antes, mamá decía que era por si acaso. Subíamos los siete escalones que dirigían a la entrada, las puertas correderas de cristal se abrían ante mi y ahí me estampaba con ese olor aborrecido, nunca supe definirlo. Después volvía a subir otras 17 escaleras que te dejaban en la primera planta, a la izquierda estaba psiquiatría infantil, y a mi derecha, mi segundo hogar. La mesita de plástico verde siempre estaba ocupada y garabateada, las plantas no cambiaban de lugar y las dos grandes ventanas seguían igual de sucias. Mientras yo me sentaba en el asiento 3, mi madre ocupaba el sitio de al lado, solía esperar a que entrara, y cuando me tocara, bajaba a la cafetería que hacía esquina de aquella calle. Faltaban tres minutos para que Martín, el niño que tenía seis años y aún no sabía pronunciar ni pío, saliera de la sala y que la vocecita de Julia me nombrara para que la siguiera hasta su cueva (así es como solía llamar a su despacho). El móvil de mi madre sonó, rápidamente lo cogió y se volvió hacia la entrada. No pasó más de dos minutos.

- Lidi, a tu tía se le ha averiado el coche y no puede traer a tu hermana, tengo que ir yo, y ya sabes como se pone Deli si tardo más del tiempo previsto. - Me miraba como si fuera a abandonarme y nunca regresaría. La particularidad de mamá eran sus ojos enormes, que hacían de ellos cualquier drama. Parecían que en cualquier momento iban a llorar y provocar una marea.

Asentí y me besó la mejilla, sus labios eran ásperos y untados de vaselina, mientras su cara era grasienta por culpa de las cremas que se echaba para rejuvenecer su tez. El taconeo de su baja suela desfilaba hacia la puerta y los ojos de las tres recepcionistas la perseguían hasta perderla de vista, que al segundo volvían a retomar su charla.

Eran y diecisiete, la cita se estaba retardando y eso quitaría más tiempo de confesar mi aburrido día y mi mente pordiosera. Perfecto.

Miraba mis uñas, bastante largas. Mamá trabajaba en una peluquería de esteticién, el lugar estaba en el pueblo de al lado, llevaba ahí desde que se inauguró, una fiel trabajadora solía decirle el jefe. El caso, mamá siempre quería experimentar con mis preciosas uñas, un día me pintaba animales, otro me ponía lacitos, una vez probó la extraña tendencia de meter una hormiga dentro de la uña de gel, lógicamente no duró mucho porque uno: me daba lástima y dos: me daba repelús. Aquél día las llevaba rosas metalizadas, una paranoia de visión si no tenías nada que hacer. Mientras mi mente estaba atenta a la manicura, alguien entraba en la sala. Levanté la mirada y una extraña carga eléctrica me sacudió el pecho, pero sin dar un respingo, era un Dèjá vu demasiado intenso. Eso me provocó una incomodidad eterna. La niña no parecía tener mucho más que mi edad, hasta pensaría que tiene mi edad, la tez era blanquecina, como si fuera la primera vez que saliera de una cueva. Parecía nerviosa, aún más que yo. Su mirada estaba perdida, las pecas le hacían parecer tener muchos menos años pero su gran estatura lo compensaba. Tímidamente se sentó en la silla 29, la que estaba en el centro a la izquierda. Sus pulgares jugueteaban entre ellos serenamente, para tranquilizarla, seguramente. Pasaron diez minutos y Julia seguía sin salir, apenas tenía batería en el móvil, el juego con el que me entretenía ya me lo sabía de memoria. Entonces, una sosegada voz interrumpió la partida.

- Perdona, ¿me puedes decir la hora? .- Me miraba con miedo. No sería más que otra antisocial rara.

-A tu derecha tienes el reloj. - Le contesté sin quitar los ojos del móvil, no quería mirarla.

Giró la cabeza a su izquierda.

-A tu otra derecha. - Espeté.

Se ruborizó e inmediatamente se fue al baño. 'Que tía más rara, me enerva' pensé hacia mi. Y antes de seguir jugando, Julia por fin sale con Martín y sus dos padres delante. Uno de los padres salió llorando, mientras Martín repetía muchas veces la palabra 'Mapa', el otro padre le daba mil gracias a la doctora que tenía una enorme sonrisa en la cara.

-Julio, ya sabes que dibujos ponerle para que esto vaya avanzando, y Mario, ya te dije que no te dieras por vencido. - Parecía más un regaño que ánimos, la verdad es que Julia parece que tiene la empatía metida por el culo, pero cuando la conoces, se te quita esa idea.

Julia me pidió disculpas por el retraso y me dio un par de caramelos, como si así se pudiera recuperar el tiempo perdido. La otra niña rara seguía sin salir del baño.

Al entrar, vi el paquete de pañuelos gastado y la papelera llena de ellos, un montón de palabras con dibujos y varios Cd's infantiles. Me volvió a pedir disculpas por el desorden y la ayudé a poner las cosas en su sitio. Las dos miramos el reloj a la vez y vimos que faltaban veinte minutos para acabar la consulta.

-¿Te parece si hoy te doy media hora y al siguiente día retomamos el tiempo? - Todo esto con una sonrisa en la cara. No era muy agradable su sonrisa, era muy forzada, como si yo fuera a darle consulta en vez de ella a mi.

Asentí y empezó la ronda de preguntas. ¿Qué tal? ¿Hiciste lo que te dije? ¿Y cómo lo llevas? ¿Has intentado hacerlo? No tienes que ser tan negada. Hizo un par de preguntas más y tocó el tema que tanto me saca de quicio.

-Lidia, en el grupo del centro ya sabes que hay plazas libres, deberías ir, te abrirá más la mente y verás que no eres la única que estás así. ¡Hasta podrías llevarte con ellos!

-Ya te he dicho que no, que no quiero estar en un grupo de gente con problemas que no me importan.

-Lidi, no seas tan dura con ellos, hacen lo que pueden para sentirse mejor... deberías aprender de ellos.

- No quiero ir por ahí contando mis penas para que alguien penoso intente hacerse mi amigo y así pueda dar pena conmigo. Que no, que me niego.

- Tienes que dejar todos esos pensamientos atrás y pensar más en ti, no en como vas a quedar.

- Eso hago, y de pensarlo me estoy dando pena.

Volvimos a hablar de mis pastillas, de mi familia, de mi poca empatía y de que debería pensarme lo del grupo.

Mamá estaba en la sala de brazos cruzados. Julia se acercó a ella y le hizo un resumen de mi negación, me sabía perfectamente el diálogo. 'Su hija debería ir a ese grupo, lo necesita'. 'Si lo sé, pero no quiero que esté donde no quiere estar'. 'A veces hay que arriesgar, Piedad.' Mientras charlaban, me dirigí a la máquina expendedora, pulsé al 39 y el muelle empujó la barrita de Chips Ahoy. Volví a mirar con la esperanza de ver a mi madre hacia mi y en cambio se quedó charlando con una de las recepcionistas. Abrí la envoltura y la tiré al cubo de la basura. Cuando miré otra vez hacia mi madre, me topé con la niña, tenía los ojos hinchados y la cara llena de agua, me embobé hasta que mi madre me dio el toque de atención para irnos.




6 de Junio de 2019 a las 14:45 0 Reporte Insertar 0
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