Las conjeturas de Manuel. Seguir historia

jesusoropeza027 Jesus Oropeza

Esta historia trata de un chico llamado Manuel, el cual no le va para nada bien en el amor, cada que le gusta un chico, sorpresa, es heterosexual. Manuel por consiguiente busca entender esta cadena de decepciones con preguntas para unos un tanto elaboradas, y obteniendo muchas conjeturas que a muchos de nosotros nos podría ayudar a cambiar nuestra percepción del mundo.


LGBT+ No para niños menores de 13.

#Humor #romance #filosofía
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1. La escalera social.

📷

—Manuel, bájate.

—¿Por qué?

—Nos van a llevar.

—Oh, pues está bien.

Manuel se levantó de su asiento tomando su bolso y salió disparado entre la multitud de gente que había, no sin antes despedirse de Renata, Ana y Fabián. Su felicidad no podría caer después de saber que se ahorraría una hora valiosa.

Mientras se abría paso entre todas las personas de pie que estaban atiborrando el autobús se encontró con esa mirada achocolatada, esa mirada lo hacía irse un poco más allá de la realidad, no sabía aún el por qué, pero sabía que era así, esto hasta que una mano se posó en su brazo y la jaló con fuerza hacia las escaleras del bus.

—Muévete Manuel, nos están esperando —protestó Lerimar, empujándolo más y más hasta salir del autobús en el que estaban a la noche que los rodeaba y acariciaba con su aire fresco, al salir Manuel ve un auto blanco, que reconoce casi al instante.

Lerimar fue de inmediato hasta el coche subiéndose en él sin pensarlo dos veces, a diferencia de esta Manuel se quedó parado en donde estaba, pero aun así comenzó a caminar despacio por lo contrariado que se hallaba en esa situación, cundo se puso frente a la puerta para entrar, vio que el auto estaba lleno de gente, el primer pensamiento que se le vino a la mente fue el de decir:

—Creo que no cabemos, aunque si me coloco encima de...

—No, no cabes —insinuó Tera, una chica de cabello oscuro y actitud creída la cual con su mirada encima de sus lentes purpura, tomó la puerta trasera derecha y la cerró estrepitosamente.

Manuel se quedó aun más contrariado de lo que estaba.

—¿Enserio? —Manuel estaba incrédulo, no sabía si lo que le decía Tera era en verdad en serio, o solo era sarcasmo.

—Sí chico, lamentablemente el auto no puede recibir mucho peso, luego las llantas del carro se dañan. —Definitivamente toda la felicidad que tenía en ese momento se había muerto y había reencarnado en ira, no era posible que lo trataran de esa manera, es decir ¿qué les había hecho?

La mirada de Manuel se tornó en una mirada de odio que dedicó con todas sus fuerzas a la madre de Tera, su aspecto gordo y asimétrico en esos momentos le causaba tal repulsión que Manuel quería tomar un arma blanca y desinflarla de toda la grasa y sangre que tenía en su cuerpo, dejarla absolutamente seca y sin vida. Pero Manuel cayó en que ese pensamiento lo podía llevar a la cárcel, mejor se quedaba tranquilo y descargaba su ira en pensamientos vengativos.

Al terminar de conversar la madre de Tera con Jorge, se montó en el auto, y se fue, cada vez haciéndose más chica por la lejanía y más borrosa por la oscuridad de la noche, Manuel no sabía que decir, ni que hacer, simplemente estaba impactado por todo, y furioso cabe recalcar.

Pues decidió volver al autobús, al subir por la puerta principal fue caminando de nuevo entre todos los que estaban levantados, varios de ellos le miraban con cierta confusión otros con fastidio, y Manuel solo sabía responder a eso con miradas de vergüenza sin saber tampoco cómo explicar lo que había pasado, que por si fuera poco cuando ya iba hacía al final con una sonrisa fingida, uno de sus zapatos se zafó de su pie, trató rápidamente de colocárselo de nuevo, mientras los que estaban al rededor se reían por eso, sin embargo fingió que no había pasado nada no y siguió adelante, se encontró más cerca que nunca con Colin, pero estaba apenado por tener que volver a subir al bus así que no lo miró, Manuel pensaba que de seguro Colin se había de estar riendo de él, Colin por su parte duró un buen rato mirando como Manuel caminaba hasta el final del bus, un poco confundido al respecto.

Al llegar al final vio a sus amigos, quienes le habían dado su puesto a una de las personas que estaban paradas, sin decir nada Manuel pidió por medio de señas a Ana que se prepara para llevar a Manuel encima. En el momento en el que se sentó sobre las piernas de Ana respiró profundamente para calmar la ira contenido y abrió su mente para poder escuchar todo lo que le estaban a punto de preguntar.

El ambiente no podía ponerse peor, se sentía furioso con esas personas, pero tenía que calmarse, en un intento fallido de respirar hondo pudo escuchar como lo llamaban de nuevo para ir hacia la parte delantera del autobús.

—¡Manuel el de viola!, te buscan —decían varias personas antes de que si quiera Manuel pudiera responder a una de las preguntas que le habían hecho, furioso Manuel se hallaba que estaba sentado sobre los pantalones color morado de su amiga, pensando en por qué no se fue caminando hacia su casa, después de todo, solo era una hora de camino a pie, desde la casa acústica a su hogar.

—Oye gay, te han dicho que te bajes, ¿en qué piensas, en penes? —vociferó uno de los tantos chicos que había en el autobús, haciendo que Manuel se sintiera peor, ya que todo el mundo estaba atento y silencioso a cualquier paso o palabra que dijera Manuel.

El expectante silencio duró menos de un segundo, porque Renata se molestó tan rápido como contestó.

—¿Gay? Gay el culo tuyo, porque primero que todo él a ti, no te ha hecho nada para que lo andes insultando. —salió al rescate Renata, haciendo que las pocas personas que estaban calladas en el autobús comenzaran a seguir a los demás y a prestar atención a lo que estaba pasando.

—Gay eres tú, porque que yo sepa él tiene muchas más pelotas que tú, que creyendo que puede insultar a una persona solo por una preferencia. —Sumó Ana a la discusión, y todas las personas estaban ya atentas a lo que estaba pasando, con sus ojos atentos a lo que ocurría.

—¿Cuál es tu problema con Manuel eh?, ¿acaso quieres unos buenos golpes por parte mía? Te recuerdo que lo que es con él, es conmigo. —berreó Fabián con una potencia en su voz capaz de asustar a cualquiera.

El chico se calló de inmediato y volvió a posar su mirada hacia delante, en ese momento llega un problema más hasta que Manuel, harto de todo esto miró con irritación a Jorge.

Estaba a punto de quererse salir del autobús y en verdad irse caminando por toda la basta oscuridad que había por las calles, sin si quiera temer a que es lo que pudiera pasarle mientras caminaba.

—Manuel, bájate.

—Yo, no me quiero bajar.

—Bájate Manuel, el señor está afuera.

—¿Cuál señor? —preguntó Manuel con desdén y con una mirada fría, «ha de ser Romina, quizás le afectó el remordimiento y se devolvió» pensó Manuel.

—El señor —Jorge alzó la voz un poco.

—No, no me voy a bajar.

—Manuel, en este autobús puede haber cien personas, pero el que manda acá, soy yo —gritó Jorge con furor, haciendo que hasta la persona que estaba hablando más alto, se callara.

Todos estaban callados y la tensión que había en el ambiente era demasiado notoria, se podría cortar con la punta de un papel. Tanto era el silencio, que por el corto momento que se quedó Jorge sin inmutar nada, se podían escuchar las oleadas de aire que emanaban las rentillas del autobús. Sumado a esto, el olor a sudor que había en el ambiente, mezclado con la furia de Manuel, daba sensaciones horribles.

—No me voy a bajar, porque están con un juego estúpido —gritó Manuel con una cólera bastante notoria, tanto, que muchos de los presentes estaban sorprendidos por el tono que Manuel le había dirigido a Jorge, pocos eran capaces de dirigirse así a Jorge—. Me bajé, y me dijeron que estaban llenos, me volví a subir con la humillación cubriéndome, ¿y encima me gritas? Vete a comer una mierda.

—¿A sí? Pues a tu madre la quiero acá a las dos de la tarde.

—Tranquilo, ella estará.

—Pero oye bien Manuel, no sabes con quién te has metido, con senda culebra.

—No te tengo miedo, sería lo que me faltara.

—¿Algo más qué decirme?

Renata lo miró rápidamente y le hizo una seña con la cabeza para que respondiera que no.

—No.

Jorge se fue hacia la parte delantera caminando entre todos los levantados, aunque cierto era que ellos les daban el paso y se apartaban. Manuel estaba aún estático en su puesto y viendo como aún había un silencio increíble en todo el autobús, las miradas que le dirigían eran en su mayoría de asombro, mientras que otras eran de disfrute, Manuel tenía ganas de golpear algo, o de llorar, o de gritar, no lo sabía exactamente, solo quería estar solo y no en este lugar tan lleno de gente que lo mirara, como atentos a cualquier cosa que hiciera.

—¿Manuel que ha pasado, por qué estás acá de nuevo? —preguntó en voz baja Fabián.

—Me bajé del autobús, por los vecinos que me iban a dar el aventón, pero me encontré con Romina y Tera, obviamente yo no sabía que eran ellas, yo pensaba que era Luis, ya que él al parecer no me odia. Ya saben el resto.

—Esas asquerosidades, se les va a devolver todo lo que te hicieron —dijo Fabián.

—Ahora me tendré que quedar cerca de que Renata, para que no tengan que pasar por mi casa.

—Yo te acompaño hasta tu casa —afirmó Renata.

Pasaron minutos hasta que el autobús estaba más vacío que antes, Manuel ya se había calmado más y decidió repartir los panqueques que había traído para combatir el hambre de la noche, partió en cuatro pedazos los dos panqueques que llevaba en su bolso, luego de comer los panqueques siguieron hablando de lo mucho que odiaban a Jorge.

—Se me hace que Jorge solo tenía ganas de discutir contigo, después de todo tú te metiste con su novia, así que puede que ya te tenga rencor, lo que no sé por qué te odian Tera y Romina.

—Claro que me tiene que odiar, sino no fuera hecho tal escándalo —respondió Manuel, estaba cansado de todo lo que había pasado, solo quería llegar a casa, aunque. Ahora que lo recuerda, en su casa ha de estar su mamá furiosa, ya que él sabía que lo más probable era que Jorge ya haya llamado a su madre, para la contarle la versión más conveniente para él—. Chicos, mi madre ha de estar furiosa ahora. Aunque no importa, yo le voy a contar la verdad, es lo mejor que puedo hacer.

—Muy bien dicho —dijo Renata.

—Yo también le voy a contar a mi madre, esto lo tiene que saber —mencionó Ana.

Al transcurrir otra buena cantidad de minutos y que el autobús estuviera casi vacío, lo que pasaba por la mente de Manuel iba tan rápido y tan contaste que se podría decir que estaba mareado, quería bajarse, y no dejaba de pensar en que ahora Colin lo recordaría como el chico problemático, que ahora su madre lo castigaría, o aún peor, lo desterrara y sacara de la casa.

El bus estaba en la parada de Renata, así que era la hora de bajarse, Manuel se despidió de Fabián y de Ana, luego fue junto con Renata hasta la salida del autobús y bajaron no sin antes escuchar como Jorge le decía a Manuel y claro, pero bajo recuerda que tenemos algo pendiente.

—Qué tensión. —Renata suspiró y siguió con su mirada al frente.

—Sí.

—Ahora solo queda hablar con el señor Isauro.

—Sí.

—Entiendo que estés furioso y que no te hayamos defendido contra Jorge, pero yo creo que te estabas defendiendo bastante bien considerando las palabras de Jorge.

—Sí.

Un silencio contemplativo habitaba en el ambiente y una sola persona estaba cerca de ellos, pero era irrelevante, así que Manuel duró unos segundos en silencio y luego decidió hablar.

—No estoy furioso, al menos ya no. Estoy asustado, no sé qué va a decir mi madre, me siento impotente, creo que dije muy poco, y siento que me merezco esto.

—No te lo mereces, esa basura cree que por tener poder puede tratar al más débil como nada, se convirtió en una persona miserable, por eso te trata de esa manera. —Manuel no pudo evitar abrazar a Renata, estaba decidido, no dejaría que ese tipo de cosas o personas le afectaran.

—Gracias por ser mi mejor amiga.

Llegaron juntos a la casa de Manuel, teñida de blanco y con las luces encendidas, de seguro su madre lo estaba esperando en la entrada.

—Adiós, ve con cuidado, te llamo luego de saber la respuesta de mi mamá, bien sea negativa o positiva.

Luego de otro abrazo, Manuel caminó hacia la puerta de su casa y al abrirla se consiguió con su madre sentada en un sofá de madera en la sala, mirándolo con una cara de hastío, digna de colocar en un cuadro.

—¿Qué pasó?

Manuel le contó todo lo sucedido, y la cara de su madre de a poco se volvió más serena.

—Yo sé porque ha de ser, la hija de Romina, te tiene rabia por eso que le hiciste.

—¿Qué le he hecho yo a esa niña?

—Pues que le querías quitar a su novio.

—¿Yo? Eso no fue así, sabes qué, no importa.

—Hijo, está bien que te hayas defendido, es más no te fueras bajado, tú sabes que yo no te permito irte con aquellas personas.

—Pero es que yo no sabía, si yo lo he de saber no me fuera bajado.

—Está bien —Jaque salió de la cocina y fue hasta el cuarto de su hijo.

Manuel caminó hacia su cuarto, entró, se cambió y al ver que su mamá estaba recostada en su cama llamando a alguien, su primera impresión fue que estaba buscando testimonios, para verificar si había dicho la verdad. Lo más seguro era que estaba llamando a Jenny, y ya que ella estaba en el lugar de los sucesos, su posible testimonio era el que Manuel había contado.

Manuel ya con un pijama de signos matemáticos azul, se adentró hasta el cuarto de su hermana, en el que dormía, y se acostó a su lado, cuando ella le preguntó qué había pasado, este le explicó su problema, al parecer iba a estar explicando y repitiendo ese problema por más de tres días. Al estar recostado de nuevo, sin que nadie lo molestara y pudiendo divagar entre todos sus pensamientos, cerró los ojos y pensó en todo lo que acaba de ocurrir, ¿cómo era posible que tantas cosas pasaran en tan poco tiempo?

¿Por qué Jorge tomó esa actitud?, no lo sabía, estaba pensando en lo poco que ayuda ser una persona así, una persona que tiene un alto estatus social, no tiene el derecho de tratar como quiera a una persona común, eso es de personas miserables, Manuel entiende que sí debió de haber respondido de manera más tranquila, pero también era destacable que Jorge estaba en ese momento prestando atención a la bronca que había tenido con Tera, así que no era justificado decir que no sabía lo que había pasado.

Es como si muchos de nosotros estuviéramos en una escalera, cada uno de nosotros pertenece a un escalón según nuestro estatus económico o social. Una persona que pertenece al estatus mediano, es decir una persona común, a menudo es pisoteada o ensuciada por una que busca siempre subir los escalones que están por encima de él. Aquellas pocas personas que están en el estatus más alto, suelen tener suficiente poder como para poder manipular a los que están por debajo y creer que con un poco de su dinero podrán subirlos a la cima en poco tiempo, sabiendo que, para poder subir a la sima, tiene que tratar peor a los que están debajo, y hasta posiblemente robarles, obteniendo beneficios para los que están en la sima. Está un escalón extra, en el cual están aquellas personas que tienen un nivel mucho más alto de comprensión y sabiduría, aquellos que suelen ayudar a los que están más abajo de una manera sincera, son muy pocos los que pertenecen a este escalón, pero son bastante buenos. Por último, están los de la parte más baja de la escalera social, aquellos que apenas pueden mantenerse de pie, siendo pisoteados por todos, recibiendo las peores cosas, las sobras, aquellos que no tienen una mano amiga, porque todos están ocupados de mantener su estatus o peor aún subirlo, sin darse cuenta que gradualmente dañan más y más con sus residuos a los que están debajo, recibiendo lo peor.

Manuel no quiso enredarse más y decidió dormir.

10 de Mayo de 2019 a las 17:10 0 Reporte Insertar 1
Leer el siguiente capítulo 2. Los problemas del balde de agua.

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