El caso de Jon. Seguir historia

u15557836721555783672 Bruno Quiñónez

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Horror Sólo para mayores de 18.
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En progreso - Nuevo capítulo Todos los domingos
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Escena 1


Desde que era niño la vida siempre fue dura conmigo (como si no lo fuera con cualquiera); pero eso no importa, ¿verdad? Realmente nunca importa, porque la mínima acción puede producir una terrible tragedia, en este caso MI TERRIBLE TRAGEDIA.

Tenía cinco años, la edad donde por algún motivo nadie recuerda nada, pero en mi extraño caso lo recordaba todo. Vivía en una pequeña casa junto a una granja; por ese motivo me crie con animales, siendo ellos mis mejores amigos con los cuales disfrute la mayoría de mi infancia, aunque me encariñe demasiado con “oink-oink”, he ahí mi error.

Desde mi media década de vida, la pasaba con mi mejor amigo eso debió indicar lo alejado que estaba de tener contacto humano además de mí padre, pero nadie vivía cerca y además no iba a la escuela, debido a que él no lo consideraba necesario ya que terminaría siendo “un simple granjero” igualmente; por lo contrario nada de eso me preocupaba porque tenía a mi mejor amigo.

Vivimos muchísimas aventuras: desde baños de lodo hasta paseos en el espeso bosque, hasta que un día al ignorar la orden que le había dicho, le pegue un puntapié directo al estómago y eso produjo en él una convulsión tan terrible que elimino el mínimo rastro de ruido que había en ese momento, pero gracias al grito vociferado por mi querido amigo; mi padre nos encontró y lo cargo hacia la casa, curándolo instantáneamente. No se por qué nunca me pregunto lo que había ocurrido, solo me miró directamente sonriéndome y se dio la vuelta. Recuerdo que tenía ganas de llorar aunque todo fue reprimido al ver que mi gran amigo estaba bien, y al parecer todavía me quería.

Un día me levanté y cuando fui a verlo para tener nuestra charla diaria (si es que podría llamarse charla, ya que él solo me escuchaba) él ya no compartía la soledad que yo sentía, él…….me había traicionado.

No entendía como había muchos oinks, pero eran muy pequeños, mi gran amigo con el cual había vivido tantas cosas ya no estaba solo, tenía compañía……eso solo podía indicar que me iba a olvidar y de solo pensarlo me enfurecía. No pude aguantarlo y me fui corriendo a mi habitación.

Mi padre fue a verme a mi habitación después de haber pasado todo el día encerrado, para ver lo que me pasaba, al verme llorando en mi cama, me consoló y me pidió que le cuente lo sucedido, le dije todo y que no entendía de donde habían salidos esos pequeños oinks.

Al ver que no entendía lo ocurrido y que por eso había malinterpretado la situación, procedió a explicarme el maravilloso acto del amor y de cómo afectaba a todos por igual; además me dijo que algún día conocería a alguien y que tendría muchos oinks, solo que en ese caso se iban a parecer a mí. Luego de la charla, mi padre me dijo que fuera a cenar.

Así que baje y comí junto con mi padre, aquel plato era lo más delicioso que había probado en mi vida. No era propio de mí pero no deje ni una migaja, creo que hasta lamí el plato. Tanta fue mi satisfacción que lave los trastes y ordene la mesa.

Después de eso, fui a ver a mi querido amigo con el afán de poder conversar con él y decirle que lo perdonaba, aceptando el hecho de que ya no solo seriamos los dos, si no que habría de dar protagonismo a sus pequeños hijitos.

Pero para mi gran sorpresa no estaba…

Fui corriendo donde mi padre a decirle que oink no se encontraba y que solo estaban esos malditos personajes terciarios de sus hijos. Mi padre no pudo evitar la risa y dijo:

-Pero si hasta haz lamido el plato, hijo mío.

No había entendido lo que me había dicho, al principio.

Mi padre al ver que no comprendía señalo la pared que estaba atrás de mí, ahí se encontraba un cuadro recién colgado.

No podía entender lo que decían tantas palabras, ya que no sabía leer. Pero lo que si podía saber era que había una foto.

“Era mi padre con la cabeza de un cerdo en sus manos, ensangrentado y sonriendo como aquella vez”

Desde ese instante comprendí que no hay nada por hacer ante la inefable existencia de la muerte, ya que es definitiva.

Nunca podre aceptar que me hayan arrebatado lo único que me hacía feliz, pero no me dejare vencer. Por qué quizá ese haya sido el destino de mi mejor amigo, por más sanguinario que parezca y eso es irremediable.

El mundo me había arrebatado todo…

8 de Mayo de 2019 a las 01:11 0 Reporte Insertar 28
Continuará… Nuevo capítulo Todos los domingos.

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