Una historia extraña Seguir historia

gardenia_07 Grace Kaspen-Drake

Si crees que es solo una historia romántica más, estás viendo la punta del iceberg. Con una jugada maestra: ¡Qué comience la batalla por el poder!


Drama Todo público.

#política
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Capítulo 1

El cielo estaba oscuro. Sí, oscuro. Las nubes escondían con fiereza el sol, parecía que estaba a punto de llover. Al parecer todo estaba en calma. Entonces estaba ella, echada boca abajo en la cama, las sábanas arrugadas se amontonaban a sus pies y sus ojos vacíos y somnolientos miraban las cortinas que bailaban al son del viento.

—Ay joder. –Exclamó al oír su celular y reconoció el tono de aquella llamada conocida.

Parpadeó, parpadeó, y dejó al teléfono seguir cantando.

Esperaba que todo fuera una mala, mala, malísima cinta juvenil.

Parpadeó y parpadeó hasta que sus ojos comenzaron a llorar.

—No es una pesadilla. –Suspiró y enterró la cabeza en la cama. —Quiero morir. –Se lamentó y tuvo un breve recuerdo fugaz que fue tan rápido que al oír el timbre de la puerta lo había olvidado de nuevo. —No estoy. –Murmuró como si la escucharían.

Los golpes en la puerta sonaban con más intensidad, y luego el celular. Entonces el celular y la puerta, y después el teléfono de la cocina. Entonces era la puerta y el teléfono de la cocina. Y después volvió el celular. Entonces era el celular, el teléfono de la cocina y la puerta.

—Oh por Dios, ahora soy famosa. –Murmuró a regañadientes. –Los vecinos se quejarán. –Dijo, pero no lo sentía como algo malo.

El celular seguía cantando.

Sabía quién estaba en la puerta.

—Vete ya. Vete ya. Vete ya. –Pero no se iría a algún lado hasta hablar con ella.

Resbaló hasta tocar con la punta de los pies la fría loseta que se mezclaba con las sábanas arrugadas. Apretó una vez más la cabeza contra la almohada y suspiró antes de levantarse.

La verdad es que, después de aquella fiesta nadie quisiera levantarse de su cama.

Tal vez lo mejor sería tomarse un viaje por el Caribe y dejar que el tiempo borre esa noche.

Aunque sea por un tiempo.

Sin embargo, la persona detrás de la puerta no opinaba lo mismo.

Nicolás Montgomery era de aquellas personas a las que difícilmente se le pasaban las cosas. No olvidó su primer aniversario de novios, pero su novia sí. Tampoco cuando a la abuela se le cayó un pendiente en la copa de vino y antes de que alguien pudiera advertirlo, la abuela se encontraba en el hospital. Tampoco se olvidó cuando su madre se despidió hace quince años la noche de navidad y no volvió a saber de ella.

Definitivamente no se le pasó que después de la breve entrevista que tuvo su madrastra con Amelié, esta se mantuviera callada y taciturna. Tampoco se le pasó que cuando él anunciaba su compromiso e intentaba mirarla a los ojos, bastó un segundo que parpadeó. Un segundo. Para que ella desapareciera.

—Un maldito segundo. –Apretó los dientes y golpeó su cabeza contra la puerta.

Probablemente era un tonto por aparecer después de que su novia huyera cuando anunciaba su compromiso, pero él pensaba que más tonto era si dejaba caer todo por lo que había luchado.

Oh sí, era un tonto.

—Un gran tonto. –Casi sin dejar escapar algún sonido murmuró Amelié, quien lo miraba detrás de la puerta.

Al escuchar el sonido del seguro de la puerta, Nicolás se apartó de esta para ser sentimentalmente acribillado. Apenas si pudo abrir la puerta y alejarse lo más rápido posible para no acercarse.

—Amelié. –Dijo él, pero ella no lo miró.

—No entiendo qué haces aquí. –Respondió ella evitando su mirada.

Así era Amelié, directa y clara. Tal vez un poco fría y a veces un poco terca, pero así era ella.

Claro que no siempre.

Nicolás cerró la puerta y se apoyó en ella. Conocía esta fase. Era no me toques. No me hables. No me mires. Vete. Vete. Vete. Vete ya.

—Amelié. –La llamó una vez más.

Ella negó con la cabeza.

Nicolás conocía el juego. Se acercó a ella y antes de que esta pudiera hacer algo al respecto, la atrajo contra sí y la apretó contra su pecho. Inmediatamente, Amelié peleó por zafarse de su agarre.

—Amelié. Amelié. Amelié.–No dejó decírselo, como si llamara a alguien más, como si buscara a alguien perdido.

Esto podía durar unos minutos, pero ella se sentía tan débil que no aprovechó la oportunidad de alejarse cuando él sostuvo su agarre con un brazo y apoyó su palma en su rostro. Cuando veías la veías de lejos, notabas a una chica seria y concentrada;te acercabas un poco más, un rostro amigable y algo infantil. Pero ahí no estaba el secreto.

Tenías que acercarte lo suficiente y ver sus ojos, eran de un marrón extraño. No los notabas hasta verla muy cerca, y cuando lo hacías, entonces no podías escapar del embrujo.

Nicolás apoyó su frente en la de ella y no dejó de mirarla. Ella estaba dispuesta a luchar y pelear y alejarse, pero sus ojos contaban otra historia. Sus demonios querían salir, querían destruirlo todo, pero sus ojos decían basta. Me rindo.

Me rindo.

—Amelié.

—¿Qué?

—Ríndete

Yo te sostendré.

Entonces ella pensó, es tan tonto.

6 de Mayo de 2019 a las 00:00 0 Reporte Insertar 2
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