Hijos de la luz Seguir historia

meix13 Miguel Angel

Hijos de la luz es una historia de fantasía épica, basada en un mundo en el que la humanidad ha sido sometida por demonios. Hace mucho tiempo que la oscuridad invadió ese mundo. Unas estructuras antiguas, que los humanos relacionaban con sus dioses, se abrieron. Nadie sabe cómo, nadie sabe el porqué, se abrieron, y la oscuridad llegó. Y fueron sometidos, todos. Y así, en un detestable equilibrio, pasó el tiempo, mucho, mucho tiempo. Los humanos convivían con los demonios, bajo su dominio. La gente podía llevar una vida medianamente normal siempre y cuando acatase las reglas, siempre y cuando comprendieran su sometimiento. Como un mecanismo de defensa, como de la nada, nacieron los portadores de la luz. Humanos que tenían el poder de crear un determinado tipo de luz, un tipo de salvación. Pero los demonios los detectaron rápido, y se los comenzaron a llevar. No los mataban, simplemente se los llevaban. Los humanos empezaron a intentar protegerlos, a esconderlos, se crearon rebeliones, pequeños ejércitos, pero todo fue en vano. Los demonios mandaron a sus ejecutores, sus armas más poderosas, y todo fue controlado de nuevo. Hasta que llegó Lena.


Fantasía Épico No para niños menores de 13.

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Antes de la peregrinación

Alguna vez tuvo un nombre, sus padres se lo pondrían. Pero ya no se acuerda, y todos la conocen como Lena, nombre que ha sido adaptado de la pronunciación en demonio de lo que parece ser "pequeña", "enana", "cría" o algo parecido. Así dijo que se llamaba cuando despertó de pequeña de un coma de un mes, hace veintiún años, sin saber que había iniciado el hecho más importante en la salvación humana, la creación de la primera esfera de luz.


Veintiún años han pasado ya de eso, y poco a poco la humanidad se ha hecho un hueco, hay un mundo entre lo que había antes, y lo que hay ahora. Cúpula, la ciudad más céntrica en la esfera, rezuma vida, los edificios han sido restaurados, hay comercio, hay prosperidad. La humanidad, terriblemente mermada, respira un poco. Todo comienza a renacer, por lo menos, para los que están dentro de las esferas de luz, para los que están protegidos. Aunque aún están lejos de la recuperación total y de la paz, están más cerca que nunca.


La esfera de luz que cubre todo el terreno central y los protege, creada por Lena, parece no debilitarse. Pero sí se debilitan las "farolas", herramientas creadas por los humanos para expandirse, imitando el poder de la esfera. Estas farolas se alimentan de unos objetos llamados frutos de luz, que se crean de forma natural cada mucho tiempo en unas estructuras antiguas y, una vez arrancados, van perdiendo su poder hasta apagarse. Lo pierden muy rápido, a no ser que uno de los pocos humanos nacidos con el don de portar la luz esté cerca, manteniendo su energía hasta su destino.


Y de eso trata la peregrinación. Cada siete años las farolas se debilitan, y todos los portadores de luz tienen que recoger los frutos y llevarlos a las farolas, para cargarlas, y así continuar defendiéndose de lo que está fuera, de la oscuridad. Lena fue la primera portadora que se conoce, o más bien, que sobrevivió, porque antes de ella, todos los que podían llegar a ser portadores, eran llevados por los demonios sin dejarles desarrollar su poder y nunca más se sabía de ellos. Hay muchas teorías de cómo se salvó, es algo de lo que ella no habla. A sus cinco años, los demonios la encontraron y se la llevaron, pero vivió, y originó la esperanza de la humanidad creando la primera esfera. Los portadores aprendieron a dominar su poder, y son la mejor arma existente contra demonios, con un solo estallido de luz pueden convertirlos en piedra, pueden destruirlos. Aunque su poder no es inagotable, como una batería, se acaba, y recuperarlo cuesta tiempo. Con la ayuda de los portadores, se consiguieron hacer incursiones para encender farolas, y la humanidad se expandió levemente. Pero aún son pocos portadores, y necesitan tiempo para ser más y poder seguir el proceso.


Por todo ello la gente adora a los portadores, a Lena especialmente. Todos la adoran, no solo por su enorme belleza, si no por su actitud, porque todo lo que aporta al mundo, es luz, optimismo y bondad. Así, de los diez portadores conocidos, ella ostenta el título de "hija de la luz". Pero detrás de todo eso, sufre, pues el peso que lleva encima, aplastaría a cualquiera.


Hoy es el día del recuerdo. Una vez al año se realiza una fiesta general para recordar el día del renacimiento, en el que se creó la primera esfera. Esta fiesta es especialmente ostentosa en Cúpula, donde reside Lena. Feriantes y gente de todas partes vienen aquí a pasar el día, es un día donde la gente recupera la sensación de motivación, de esfuerzo y de salvación. Es un día alegre, excepto en la parte que Lena visita el núcleo. Cúpula está rodeada por un inmenso bosque, y a poca distancia, hay un enorme claro, al que todos llaman el núcleo. El claro contrasta con el bosque, parece que no debería estar ahí. Es donde se generó la esfera de luz. En todo el centro, hay un altar de piedra, sencillo, y con una sola inscripción: La luz necesita oscuridad, y la oscuridad necesita luz. Muchos dicen que guarda una tumba debajo, pero nadie lo asegura. En esa zona hay cientos de estatuas de piedra de demonios. Son las únicas que se han dejado intactas, que no se han destruido. Se han dejado para recordar, se han dejado para no olvidar.


Lo primero que hace Lena el día del recuerdo es ir ahí. Igual que todos los años, a la misma hora, se dirige allí. No desayuna, no habla, solo va al núcleo, al altar, acompañada por su guardia, la Guardia personal de la hija de la luz. Cincuenta soldados, de los mejores, forman esta guardia dirigida por Marduk. Estos soldados se dedican en cuerpo y alma a proteger, escoltar y cualquier necesidad que tenga que ver con la hija de la luz. Ahora forman todos un círculo para dejar intimidad a Lena, que está en el altar. La zona se llena de gente, gente que quiere presentarle sus respetos, que quiere oírla, verla, hablarle. Cientos de personas esperan, en silencio, a que Lena termine. Y ahí está ella, de rodillas, en el altar, nadie sabe qué piensa ni qué siente, pero es el único momento del año que no sonríe, que no transmite luz. Jaina está a su lado, desde hace años, Lena está muy unida a ella. Jaina es algo más mayor, y la trata como a una hermana pequeña, pero con la más completa admiración y devoción. Jaina es considerada uno de los mejores guerreros vistos, y nadie la separaría de su lado. Amiga, confidente y protectora, nunca la deja sola.


Lena se levanta, la gente aplaude, y la guardia hace un camino para que pueda salir. En su regreso hacia la ciudad, la gente le tira flores, la alaba, la adora. El capitán de la guardia, Marduk, va a caballo delante. Es difícil encontrar a alguien que no lo respete, a sus cincuenta y cuatro años se mantiene en una forma increíble. Un hombre alto, corpulento, moreno con canas, y de amplia barba cuidada, se había mantenido al lado de Lena desde que la encontró, poco antes de la explosión de luz que ella misma originó hace veintiún años. Nunca se lo había dicho, pero la consideraba una hija, y detrás de esa apariencia de seguridad y fortaleza, Lena encontraba siempre comprensión y dulzura.


A su lado, los guardias Liam y Derek cabalgan en silencio, hasta que Derek se atreve a preguntar a su capitán.

—Señor, ¿qué hay en ese altar? Se dice de todo, pero usted... usted estuvo ahí, ¿no? ¿Por qué afecta tanto a Lena?

El capitán sigue con la vista al frente.

—Eso te lo contará ella si quiere, algún día. —no dice más.


Derek mira a Liam como buscando un apoyo, que se encoge de hombros.

Las fiestas comienzan. La guardia acompaña a Lena a palacio, donde reside ella y el equipo de gobierno central. Lena y Jaina entran en su habitación.

—Vamos a por ese vestido, tienes visita. —La voz de Jaina tiene un enorme tono de burla.

—Se me había olvidado... —Lena se lamenta y se tira a la cama boca abajo. Grita a la almohada.

—Cual estará mejor... ¿Éste? —Jaina suelta una pequeña risa.

—¡Quiero dormir! —La voz de Lena suena apagada por la almohada, pero está gritando claramente. Se levanta—. Está bien...

Lena se viste, tiene numerosos vestidos, preciosos, regalados por los mejores sastres. Y le gustan, pero tiene poca ropa de la que realmente querría, que le permita saltar, correr, pelear y rodar. Dada la visita de hoy, y las fiestas, se pone un vestido, mientras refunfuña.

—Si tanto me adoran, me deberían dejar hacer lo que me dé la gana, para qué tengo que ir.

—Se llama educación. —Jaina le alcanza los zapatos—. Ha venido desde Tunesia y es alguien importante.

—Me da igual quien sea su padre y me da igual lo guapo que sea, que me dejen tranquila. Yo a lo mío, ¿quieren luz? Pues que me dejen tranquila.

—Haz lo de siempre, lo conoces, y lo mandas a casa educadamente, no hay que disgustar a la gente porque sí. Dentro de una semana tenemos la peregrinación, necesitamos toda la ayuda que podamos recibir.


Las dos salen por el pasillo, en el mismo pasillo ya están apostados algunos miembros de la Guardia de la hija de la Luz. Los siete que están ahí se enderezan, esperando a que su señora pase y la puedan acompañar, dejando una distancia de cortesía. Lena busca entre las caras según va pasando, y su gesto serio se convierte en sonrisa cuando ve a Liam, uno de los soldados. Liam se da cuenta de que ella le está mirando, e intenta aguantar la mirada al frente, pero, instintivamente, devuelve la mirada. Al darse cuenta de su error, vuelve a mirar al frente, rojo, avergonzado, pero ella sonríe y al pasar a su lado, le saluda. Jaina y Lena se adelantan.

—Qué bien, ¡le toca hoy!

—No te entiendo, ¿te gusta ese chico?, ¿sabes que tiene los ojos rojos no? No sería... —Jaina habla en voz baja para que no la escuchen.

—¿Gustar? Yo que sé, no sé explicarlo. Solo me gusta que esté, no sé, su presencia me agrada. —La sonrisa de Lena desaparece—. No como la visita de hoy...


Cuando bajan por las escaleras principales, un emisor sale a recibirlas.

—¡Mi señora!, ¡la hija de la luz!, es aún más bella en persona que en cualquier imagen —Un emisor de una familia influyente, se inclina. Muchos se dirigen a Lena como señora, aunque tenga veintiséis años, es un símbolo de respeto hacia alguien tan importante. Lena y Jaina saludan.

—Les presento a Alfonse, el hijo mayor de nuestra familia. —Un chico alto, guapo y muy bien vestido se adelanta, cogiendo la mano de Lena.

—Buenos días, os agradezco que me acompañéis en la visita por la ciudad en un día como hoy.

—Sí... De nada, vayamos. —Lena sonríe a Alfonse, mientras lanza una mirada fulminante a Jaina, una mirada que Jaina sabe interpretar como "sálvame", y a la que contesta moviendo su cabeza en tono de negativa.

Suben a un carruaje que les esperaba en la puerta. La guardia va a caballo, detrás, y delante.

—Tiene que ser muy tedioso tener que llevar a todos estos... sujetos, cerca todo el día, ¿no mi señora? —El tono de Alfonse indica superioridad y algo de soberbia.

—No te creas, me agradan, me gustaría que fuesen más libres, no me gusta que todos se preocupen por mí... aunque se lo agradezco.

—¿Agradecerles? Tienen suerte de poder estar cerca de un ser, tan increíble. —La mirada de Alfonse indicando que espera una contestación parecida da repelús a Lena, que se limita a sonreír y mirar por la ventana del carruaje.


Según pasa el carruaje mucha gente saluda, grita y alaba a la hija de la luz. Alfonse parece ajeno a todo eso, mientras le cuenta todos sus logros, habilidades y virtudes. Lena hace rato que había desconectado, aunque asiente periódicamente para no parecer descortés.

El carruaje para de repente, se escuchan voces fuera.

—¿Qué ocurre? —Alfonse parece algo nervioso, mientras la puerta se abre.

—Disculpadme. —El capitán Marduk se dirige a Alfonse—. Señor, lamento profundamente esta interrupción, pero hay una ... situación. Lena, por favor, si puedes venir.

—¡Voy! —Lena no sabe si sonreír por escaparse de Alfonse, o asustarse por que la requieran así—. Alfonse, agradezco mucho su visita, de verdad, y lamento no poder acompañarle más. Espero que disfrute de su estancia, seguro que encuentra compañía más... acorde a vos.


Se despide cortésmente y se baja del carruaje, mientras Marduk la coge del brazo, como cada vez que caminan juntos, y van dirección a un grupo de caballos donde esperan algunas personas y parte de su guardia.

—Siento tener que llevarte a esto, —Marduk mira al frente—, ojalá fueses libre y pudieses seguir divirtiéndote con ese chico.

—¿Divertirme? ¡Te besaría los pies por sacarme de ahí! —Sin mirar directamente a Marduk puede detectar su sonrisa, sonrisa que desaparece pronto al llegar al grupo de personas.

Unas cuantas personas, muy alteradas, que han venido desde Trale, un pueblo cercano, son retenidos por miembros de la Guardia. Junto a ellos está Gregor, uno de los científicos más expertos en luz y demonios. Es uno de los que ha desarrollado la tecnología para las farolas.

—¡Señora!, Tenéis que ayudarnos, es... es horrible. —Una mujer, medio sollozando, la mira como un cordero mira antes de morir—. Nuestros hijos... están infectados, están perdidos.

Gregor mira a Lena con cara de preocupación.

—¿Y a que estamos esperando? Salgamos ya. —El tono de Lena consigue que las personas que han venido a buscarla desde Trale sientan algo de esperanza—. Y por favor, que alguien me traiga ropa cómoda...



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En el camino al pueblo la ponen al día de algo espantoso: Hace unos días se detectaron casos de niños que se estaban transformando en demonios, y avanzaba rápido. Al ver que la cosa se contagiaba de unos a otros, un grupo se unió con un propósito, erradicar la amenaza de raíz. Y el pueblo se dividió en dos. Peleas, zanjadas ya con varios muertos, seguían dividiendo al pueblo. ¿Qué era lo correcto? Varias personas del pueblo, incluido el Alcalde, se habían atrincherado en el ayuntamiento con todos los niños que quedaban infectados. El dialogo se había agotado y los de fuera estaban amenazando con quemarlo todo, así que tenían que darse prisa. Lena va con toda su guardia a la zona. Todos van a caballo, pues un carruaje es lento.


Llegan de noche, y se pueden oír las voces desde lejos. Aldeanos con todo tipo de armas improvisadas, como azadas y rastrillos, gritan desde fuera. Jaina va al lado de Lena, y desde bien lejos ya lo ve. Un hombre enorme, el más grande que había visto, aguanta solo en la puerta.

—¿Alguno más quiere intentar entrar? —Tres hombres yacen tumbados cerca de él, inconscientes o muertos, no se sabe.

—¡No seas hipócrita, Gerd! —grita uno, con evidente miedo y sin acercarse a él—, hace poco tú estabas con nosotros, ahora que te ha tocado a ti ya no lo ves igual, ¿verdad?

—Si alguno quiere entrar a por mi hijo, ¡Tendrá que pasar por encima de mí! —Se ve que el hombre está fuera de sí, y, a la mínima saltaría a por quien fuera.

—¡Calmaos todos! —Lena grita según llega. La turba se calla, y la miran, asombrados, como si viesen un ángel. Baja de su caballo—. Esto es lo que quieren... esto es lo que buscan, ¿No os dais cuenta?


Algún miembro de la guardia quiere avanzar para ponerse entre ella y Gerd, pero ella se lo prohíbe con un gesto. Marduk conoce a Gerd del pasado, no por buenos motivos, y sabe que tener que enfrentarse físicamente a él puede suponer un problema, así que tanto él, como Jaina, se mantienen atentos, pero permiten que Lena se ponga delante, mirándole directamente a los ojos, sin pestañear, sin inmutarse por su tamaño, por su aparente ira o por nada.

—Y ahora, déjame pasar.

Gerd parece muy cansado, es más que probable que lleve más de un día ahí, de pie, aguantando en la entrada. Sorprendido, y dejando evidente su cansancio, se hace a un lado. La mayoría de la guardia se queda fuera, y el resto entran al edificio.


Cuando entran en la sala principal donde estaban todos, se hace un enorme silencio. Seis eran los niños ya infectados. El ambiente es desolador, se puede respirar miedo y tristeza. Lena se acerca a una madre, que sostiene, llorando en silencio, a su hijo, cuya piel ya es completamente negra, y sus ojos completamente rojos. Él fue el primero. Lena se sienta al lado de la mujer, ella no soltaría a su hijo, no lo soltaría, nunca. Lena pone sus manos en ellos, no solo en el niño, en la madre también, y se concentra. De ella sale algo de luz, el niño se tranquiliza, y poco a poco, se duerme. Sus ojos se han tornado menos rojos, su piel algo menos oscura, y aunque no parece curarse del todo, es suficiente para que la madre estalle en un llanto de despresurización.


Lena se levanta, rompiendo el silencio.

—No sé cómo han conseguido llegar hasta aquí, pero sí sé cómo se ha extendido, sé cómo se ha contagiado. Se ha extendido por el miedo, por el odio. Estos niños no necesitan el odio que aquí se respira, ni el miedo que se les transmite. Necesitan lo que esta madre le está dando al suyo, amor incondicional, seguridad, y apoyo. Trasladarles a Cúpula, a una enfermería. Dejad de pelearos, dejad de cuestionarlos, dejad de hacerles sufrir, y sanarán, tardará, pero sanarán.

Lena trata al resto de niños, y después se van juntos a otra sala del edificio, para tener una conversación privada.

—Sabes que nunca se recuperarán del todo, ¿verdad? —Gregor habla en tono bajo para mantener la confidencialidad de la conversación que van a tener.

—No lo sé, no lo creo, pero, ¿Qué es lo mejor?, ¿Me puedes confirmar que no puedan llevar una vida normal?, ¿Es mejor matar a unos niños que intentarlo? A veces creo que no somos tan diferentes a ellos.

—No estoy enteramente de acuerdo contigo, pero no es decisión mía. —Gregor tiene la mirada distante, como si estuviera a la vez pensando en algo más.

—Lo que me preocupa es quien ha traído esto aquí. —Interrumpe Marduk—. Estamos bastante en el interior de la esfera, no puede haber llegado ningún demonio.

—Es evidente, tenemos ratas. —Ethan está apoyado en la pared, con los brazos cruzados. Es la mano derecha de Marduk, el miembro de la guardia de Lena más capaz y respetado—. No entiendo como alguien puede colaborar con esos engendros.

—Hablaremos más de esto en Cúpula, habrá que ponerlo en conocimiento del ejército.

La noche pasa despacio, una caravana se prepara para llevar a todos los niños infectados y a sus familiares a Cúpula por la mañana. La guardia pasa la noche en Trale, Lena duerme en casa del Alcalde.



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¿Por qué sigues dormido?

Nieva, la temperatura no llega a los cero grados, pero Liam ya no siente frío, ya no siente dolor. No recuerda cuándo fue la última vez que comió. Y todo da igual, sigue adelante por inercia, no le importaría quedarse quieto, esperar, y que todo acabase, lo ha pensado tantas veces. Pero continúa hasta la puerta de la cabaña que ve en el bosque. Saca su pequeño hierro, y sin apenas esfuerzo, abre la cerradura. Lleva tanto tiempo vagando, que ha aprendido bastantes trucos, y se le dan bien. Pasa dentro, no parece haber nadie. Rebusca y encuentra un trozo de pan duro. Parece una casa de caza. La cama está hecha, pero hay suficiente polvo para indicar que hace algunos días que nadie viene. Coge la manta y se sienta en el suelo, no podría dormir en un colchón, nunca lo ha hecho. Cuando está quedándose dormido, escucha una voz ¡¿Quién demonios eres tú!?

—¡Liam!, despierta, te toca vigilancia. —Derek toca el hombro de Liam, sabe que para despertarle no hace falta mucho más. Abre los ojos, y ve a Derek, sonriendo.

—Es tarde, ¿Has hecho parte de mi turno? —Liam puede saber perfectamente la hora por la posición de las estrellas.

—Es para agradecerte que me salvaras el otro día, por dejarme la llave dentro de casa. Así es como entraste en la cabaña de mi padre, ¿Verdad?

—Tu no necesitas agradecerme nada. Descansa, voy ya a cubrir tu puesto, ésta te la devuelvo.


Derek y Liam se conocieron hace algunos años, y desde entonces han tenido una relación muy estrecha, casi de hermanos. La familia de Derek ha dado cobijo a Liam en Cúpula, hasta que ambos entraron en el ejército, y posteriormente en la Guardia de la hija de la luz. Liam pasó las pruebas sobradamente, Derek por los pelos.


La noche es cálida y silenciosa. Liam saluda a los dos guardias apostados en la puerta principal de la casa del Alcalde y se dispone a hacer su guardia en la puerta de atrás, puerta que, al poco rato, se abre.

—¿Vosotros cuándo dormís? —Lena sale, en pijama, y descalza. A Liam siempre se le hace tremendamente complicado pronunciar una sola palabra en presencia de Lena, se siente abrumado por ella. Es como si pensase que cualquier cosa que diga va a ser peor que estar callado, así que no contesta—. No puedo dormir, quería dar una vuelta, ¿Me acompañas?

—Por supuesto. —Liam duda si avisar a los otros guardias, pero Lena ya está caminando, así que se va con ella.

Andan unos minutos en silencio, hasta la orilla de un río, donde ella mete sus pies descalzos. Lena necesita desahogarse, no quiere preocupar a los más cercanos, así que aprovecha la presencia de Liam.

—Si te cuento algo, ¿Me guardarías el secreto? —El agua le llega ya por las rodillas. Liam no sabe qué hacer en base a su responsabilidad como guardia, si meterse o si quedarse quieto. Mira con cara de asombro, así que solo contesta.

—Claro. —Se ata más fuerte la espada a la cintura, por si algo pasase y tuviera que entrar al agua.

—A veces me gustaría desaparecer, ser otra persona. —Baja las manos para tocar el agua, haciendo círculos con sus dedos—. Lo pienso constantemente, y me siento terriblemente mal por ello. —Liam quiere contestar, quiere hablarle, pero le cuesta encontrar las palabras, hasta que Lena le fuerza— ¿Tú crees que tengo un don, o una maldición?

—Un don para los demás, una maldición para ti. —Es la primera vez que Liam habla a solas con Lena y le tiemblan las manos.

—Y aquí os tengo, a todos. —Lena sigue haciendo círculos con la mano en el agua, mirándolos abstraída. Se detiene y se da la vuelta para mirar a Liam—. Teniendo que acompañarme a todos lados porque alguien piensa que es necesario. —Se encoge de hombros—. Estarías mucho mejor en otra parte o durmiendo, que aquí aguantándome.

— No... no, para nada, me gusta estar cont... esto... aquí. —Una voz les interrumpe.

—¡Lena! Ya decía yo que donde estabas. —Jaina aparece, colocándose al lado de Liam y mirándole de reojo—. ¿Cómo la dejas venirse hasta aquí a estas horas?, ¿Y los otros guardias? —Mira de nuevo a Lena—. Te vas a acatarrar...

—Tu siempre tan divertida. —Lena vuelve a la orilla, y los tres regresan.

29 de Abril de 2019 a las 12:50 5 Reporte Insertar 11
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F. Ciamar F. Ciamar
Se ve bastante interesante, a ver como sigue..

  • Miguel Angel Miguel Angel
    Gracias! Espero que lo que sigue no te desagrade :) 3 weeks ago
Rodrigo Hernandez Rodrigo Hernandez
Me ha enganchado tu historia , felicitaciones !!!!😀
13 de Mayo de 2019 a las 23:09

  • Miguel Angel Miguel Angel
    Me alegro mucho! Gracias :D :D 14 de Mayo de 2019 a las 02:13
~

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