Mi mejor primer beso Seguir historia

lorena-perez-nolasco1555134154 Lorena Perez

En ocasiones, aquello que más odias, puede suponer tu felicidad. Obra registrada en Safe Creative.


Romance Romance adulto joven No para niños menores de 13.
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Capítulo 1

Mi padre me dijo un día: toma las riendas e inventa tu destino. No dejes que la vida te dé las pautas porque entonces estarán eligiendo por ti.

Me gustaría decirle que es justo lo que él ha hecho conmigo y que por eso mismo voy camino a un futuro incierto, impuesto por sus precipitadas decisiones. Aunque tampoco puedo culparle por querer vivir su vida sin tener que ocuparse de una chica de veintiún años sin oficio ni beneficio. Que conste que esto último es una situación forzada, ya que encontrar trabajo hoy en día es un milagro. Pero, coño, soy su hija, no una pelota de tenis que pueda lanzar al campo contrario. Como habréis podido deducir, soy hija de padres separados, sin trauma ni valoración psicológica necesaria. A mis dieciséis años decidieron que habían dejado de quererse. Fue un divorcio amistoso, sin guerras de custodia; yo quería quedarme en la ciudad con mi padre y mi madre no opuso resistencia, alegando que lo hacía por mi felicidad. Que conste en acta que la creo, aunque albergo mis dudas. Pero se iba a trabajar de interna y cuanta menos carga llevara, mejor. Se llevó con ella a mi hermano de diez años. Eso sí me dolió, distanciarme de mi pequeño corazoncito. Mantengo contacto directo con él, con ella no tanto, ocasiones especiales y poco más. Sí que los he visto, aquí en la ciudad, en visitas cortas que saben a poco.

Pero la vida da muchas vueltas y a mí me toca pararme aquí, mareada y con cierto regusto salado por las ganas de llorar acumuladas que intento contener y tragar.

Fue mi padre quién me trajo aquí y tras un beso en la frente, un "te llamo esta noche" y un "sé buena con tu madre", salió de allí a toda velocidad, llevándose con él todas mis ganas de ser amable con nadie.

―Vamos ―dice mi madre ayudándome con las maletas―. Hoy descansarás, mañana ya veremos donde puedes ayudar. Esto no es un hotel, ni unas vacaciones, vas a tener que trabajar.

Este sitio es... ¿cómo definirlo? Desolador para alguien como yo: una urbanita en estado puro. El campo, para un día de barbacoa y poco más. Y puedo estar sin ello. Pero mi nuevo "hogar, dulce hogar", es un casoplón rodeado de naturaleza. Forma parte de un pueblo de esos que tienen una fuente en medio de la plaza mayor. Un pueblo no muy grande, donde todos se conocen. Pero esta casa está alejada del resto y solo se accede a ella por un camino lleno de baches que en cuanto atraviesas, acabas despeinada y de mala leche.

Pero la cara y el humor me cambian en cuanto veo a Ian, mi hermano, sentado en una silla en su cuarto de espaldas a la puerta, jugando al Fortnite on line, concentrado y hablando con alguien a través del micrófono incorporado en los cascos que lleva puestos y que, por cierto, le regalé yo este año para Reyes; por lo que no se da cuenta de que he llegado.

―¡Cara huevo!

Le grito acercándome y él da un brinco con una sonrisa en los labios, porque sabe que soy la única que lo llama así. Esto también tiene una explicación: somos fans incondicionales del nuevo Pennywise, y hay una escena en concreto en la que nos descojonamos de risa. Cuando la comentamos por teléfono, al día siguiente de ir a verla al cine, ambos coincidimos y desde entonces le llamo así. Eso sí, con cariño, jamás me burlaría de él.

―¡Charlotte!

El abrazo que nos damos es mi lugar más bonito. Saber que vamos a vivir juntos es lo único que me da fuerzas para quedarme en este lugar y no salir corriendo aun sin tener ningún lugar al que acudir.

―Estoy tan contento de que estés aquí.

Deja la partida a medias sin importarle guardar sus avances ni despedirse de nadie, porque tiene muchas ganas de enseñarme el lugar. Al parecer, podemos pasear por toda la finca y el único sitio al que no podemos acceder sin permiso, es la casa principal. Ni a la del resto de trabajadores, claro.

Este sitio es enorme. Me alegro de haberme decidido por unas deportivas y no haberme puesto unas sandalias. Solo faltaba que me hubiera llenado los pies de tierra.

―Sé que no quieres estar aquí ―comenta mi hermano con voz triste―, pero yo me alegro de tenerte aquí. Ahora todo es perfecto.

Yo sonrío, aunque mi definición de perfecto dista mucho de la suya. Este lugar no es el idóneo para mí, pero sé que él es feliz aquí y por eso, solo por eso, haré un esfuerzo.

――¿Quieres ver el sitio al que voy cuando quiero estar desconectar?

―¿Un rincón secreto? Claro que sí ―exclamo con entusiasmo.

―No es secreto, pero ahí me siento en paz. Ya verás por qué.

Caminamos un poco más y llegamos a lo que, claramente, distingo como las caballerizas. Entramos y mi sonrisa se ensancha, porque si hay algo que me gusta más que vivir en la ciudad, son los animales.

Hay siete caballos, entre hembras y machos que a simple vista y sin acercarme, no distingo. Nos acercamos a una de las cuadras donde veo a una yegua con su cría. Me enamoro al instante.

―Ay, por favor, qué preciosidad.

―Tiene dos meses ―me informa mi hermano.

El potrillo se protege tras su madre de nuestras miradas curiosas. Un relincho me hace girarme y veo a un equino enorme de pelaje negro muy brillante.

―Madre mía ―susurro encandilada―. Es... majestuoso.

―Ese es Dalton. Es un semental.

Me acerco con prudencia para no exaltarlo. Una voz que no es la de mi hermano me hace frenar en seco.

―Ten cuidado. No confía en los desconocidos.

24 de Abril de 2019 a las 13:48 0 Reporte Insertar 0
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