La niña de la media noche Seguir historia

konanuwu shiny blood

Ella apareció de la nada en el patio de Adriana con una feliz sonrisa aunque no supiera donde se encontraba. Aquella sonrisa cambiaría la vida de Adriana. "—Voy a esperarte hasta el fin de los tiempos-Decía entre lágrimas. —¿Incluso si mueres? —Incluso si muero." ♡Historia original. ♡Capítulos cortos. ♡Actualizaciones irregulares.


Fantasía Todo público.
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Encuentro

"Los ojos miran, los labios hablan, pero los oidos... Los oidos no escuchan nada."


De los ojos de Adriana brotaban lágrimas de desesperación. La sangre corría por sus muñecas y no planeaba pararla, aún no.

Al secarse las lágrimas, tomó un paño humedecido y lo pasó por sus muñecas. Por el rabillo de su ojo logró apreciar una pequeña sombra que se dirigía a su patio trasero. Se apresuró en colocarse unas par de vendas y salir. La brisa soplaba, fría; justo como se esperaría en la media noche. La luna llena iluminaba tenuemente en pasto y las flores haciéndolas de un tono azulado. La risueña risa de una niña la sacó de sus pensamientos. Era una risa llena de alegría y despreocupación; la risa de un niño que no conoce lo cruel que puede ser la sociedad. Por un momento Adriana la envidió. Envidió, más que nada, el hecho de que no volvería a ser tan pura como esa niña para volver a reír así. La pequeña de cabello azabache correteaba entre luciernagas y dientes de león bajo la azulada luz de luna.

Adriana dio medía vuelta dispuesta a volver adentro, no pensaba interrumpir la alegría de la pequeña. Pero una pequeña y fría mano detuvo su acción. Un par de pequeños ojos azules la miraban.


—¿No te quedaras?


La voz de la pequeña era como un cálido susurro.

Después de un momento de vacilación Adriana respondió


—Me temo que no.


Hubo un silencio prolongado entre ambas hasta que Adriana decidió hablar.


—Hace frío, y tú solo tienes un vestido.


—Hace frío, y tú solo tienes un par de vendas.


—Ven conmigo.


Adriana llevó a la niña al interior de su casa, dejando que curosease cuánto quisiera mientras ella preparaba una taza de chocolate caliente. Al estar listo espero un par de minutos a que el chocolate se enfriara un poco, luego llamó a la niña.


—¿Estás muy lejos de casa?— Preguntó Adriana mientras tomaba asiento en una de las sillas alrededor de la mesa.


—Si, supongo.


La pequeña balanceaba sus pies en la silla mientras tomaba pequeños sorbos del chocolate. Los ojos zafiro de la niña se iluminaban más con cada sorbo que daba.




Hacía hora y media que las gotas de lluvia caían. Y hacía, también, hora y media que la pequeña de ojos azules dormía. Mientras que Adriana se encontraba en la silla mullida frente a su cama, con una manta que acogía a su cuerpo entero. Adriana miró el rostro de la niña con una expresión seria, intentando responder las preguntas que rondaban en su cabeza acerca de ella. Después de un par de minutos así, simplemente soltó un suspiro y cerró sus ojos con intenciones de dormir. La hermosa y despreocupada sonrisa de La niña fue su último recuerdo del día antes de caer en los brazos de Morfeo.

23 de Abril de 2019 a las 15:23 0 Reporte Insertar 2
Continuará…

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