Khalid Cafiero Seguir historia

luisamarreyes Luisamar Reyes

Khalid Cafiero, líder de la mafia alemana, tiene varios secretos guardados, unos más peligrosos que otros; pero hay uno en particular que lo tortura cada noche: aquella mañana de San Francisco en 1996 cuando de niños fueron secuestrado él y una chica. Cada mafia tiene su poder, su esencia y sobre todo su imperio. Odette Gray se ve involucrada en un secuestro en donde es llevada a Honolulu, donde vivirá con personas peligrosas y se verá envuelta en grades guerras entre mafias. Tan solo la mafia alemana la protegerá, pero ¿por cuánto tiempo?


Acción No para niños menores de 13.

#peligro #amor #mafiosos #peleas #mafia #romance #drama
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Capítulo 1

—¡Te ves hermosa, Odette! —Exclamó mi dama de honor, Gabriela.

Al verme en el espejo, veo a una mujer delgada con la silueta bien marcada, con un vestido blanco ajustado a su cuerpo.

—¿Esta soy yo? —Pregunto al no reconocerme.

—¡Claro que eres tu tonta! —Gabriela se me acerca y mira el mismo espejo—. Esa mujer hermosa que ves eres tú, y está a punto de cumplir uno de sus sueños.

Y era cierto, hoy es un día especial para mí y para mis seres queridos.

—Estoy nerviosa —confieso—. Nunca me había sentido así.

Gabriela me sonríe.

—Es normal, es tu boda.

Al escuchar aquella palabra no llego a reconocerla, me cuesta trabajo creer que hoy me caso con el hombre que me hace feliz. Un sonido en la puerta hace que salga de mis pensamientos.

—Pase —dice Gabriela.

Al ver desde el espejo, veo a una mujer con pocas arrugas con un traje elegante de color durazno y en sus manos carga una tela blanca transparente.

—Madre —digo al voltearme y mirarla frente a frente.

Mi mamá por un momento se quedó sorprendida, pude notar en sus ojos como se cristalizan.

—Hijas… —su voz se va quedando sin palabras.

—Lo sé, mamá.

—No, basta señora Gray, tiene que estar feliz su hija se casará en unos minutos —comentó Gabriela—. Hoy no lloraremos.

Mi madre suelta una sonrisa del comentario.

—Tienes razón, hoy nada de lágrimas —dice secándose las lágrimas—. Mira lo que traje.

Extendió sus manos, veo el velo.

—¿De dónde lo has sacado? —Pregunto al tocarlo con cuidado.

Mi madre se ruborizo un poco.

—Era de mi boda con tu padre —respondió.

—Es hermoso madre —lo agarro y lo observo más de cerca.

—Ven, déjame que te lo ponga —se ofrece Gabriela, le paso el velo y me siento; siento como la tiara pasa por mi peinado hasta quedar ajustado—. Listo.

Me levanto del asiento y me doy un último vistazo al espejo. Veo como el velo cae por detrás de mí hasta el suelo.

—Te ves hermosa hija mía —comenta mi madre.

—Gracias. —Digo alegre.

—Es mejor que nos vayamos —dice Gabriela. Se me acerca y deposita su beso en mi mejilla—. Te veo en el altar.

Mi madre se despidió dándome un fuerte abrazo y luego las dos salieron de la habitación. Me miro de nuevo en el espejo, los nervios me están matando, respiro profundo; el sonido de la puerta me saca de mi mente.

Me acerco y giro la manilla; un hombre de traje negro entra con brusquedad empujándome hacia adentro.

—¿¡Pero que!? —Exclamo pero su mano me tapa la boca.

—Haz silencio —me dice el hombre, con su otra mano me apunta con una pistola.

Mi corazón late a cada segundo más rápido. En eso puedo detallar mejor al hombre, su traje es impecable, aquel hombre podría pasarme por uno de seguridad. Él cerró la puerta, le pasó seguro.

—Si gritas, te disparo —confesó el hombre.

No digo nada, él separa su mano de mi boca y lo lleva cerca de sus labios.

—Jefe ya la tengo —comunicó mientras que sus ojos no se separan de los míos—. Bien, lo haré —se alejó la mano de su boca—. Harás lo que te ordene, si gritas o le dices a alguien de esto matare a tu familia.

—¿Me amenazas? —Pregunto, y ni sé de donde he sacado la voluntad de decir eso.

—Claro querida —dice con una sonrisa de medio lado—, es un secuestro.

En eso la puerta suena con dos golpes. El hombre me dio la vuelta y se colocó detrás de mí, con el arma apuntando la parte de mi cadera.

—No abras —me dice en susurro.

La puerta volvió a sonar y con eso hubo un nombre.

—¿Odette estas bien? —Pregunta el hombre atrás de la puerta.

Al reconocer la voz de aquella persona, mi cuerpo se tensa y mis manos comienzan a temblar. Veo como mi papá gira la manilla de un lado a otro pero no tiene éxito en abrirla. Escucho como sus pasos se van alejando de la puerta.

—¿Qué quieren de mí? —Pregunto—. ¿Dinero? ¿Cuánto?

Pero el hombre no me da respuesta. Siento como se aleja de mi lado, giro un poco la cabeza para verlo y éste me está dando la espalda viendo por la ventana. Corro a la puerta quitando el seguro con un poco de dificultad, al abrir la puerta siento un jalón, de como el hombre tira del velo. Guio mis manos al gancho y lo suelto de mi cabello, comienzo a correr.

El pasillo se halla solitario, agarro a un lado mi vestido para poder correr con rapidez y en buscar ayuda. Miro a mis lados con desespero pero las puertas se hallan cerradas y no tenía tiempo de ir abriéndolas; el hombre seguía mis pasos a una distancia. En un letrero verde veo las escaleras que indican hacia abajo.

Comienzo a bajar las escaleras con dificultad, saltando algunos escalones, presiento como parte de mi peinado se desordena y la parte de debajo de mi vestido se ensucia. Escucho los fuertes pasos del hombre persiguiéndome, de cómo salta cada escalón.

Veo la puerta de emergencia y la empujo con brusquedad, siento el aire libre de cómo mis pulmones se llenan de aire y la brisa golpea todo mi cuerpo; cierro la puerta de emergencia y atravieso un trozo de metal en ella. Doy unos pasos hacia atrás sin quitar la mirada de la puerta, veo como el hombre empuja la puerta pero no tiene éxito, me giro pero mi cuerpo queda rígido; veo a otro hombre con un chaleco largo color negro, tiene un cigarro entre sus labios, su cabello esta peinado hacia atrás y utiliza guantes color negro. El hombre está apoyado en la pared con una de las piernas apoyada en la pared; tira el cigarro al suelo.

—Eres algo lista —confiesa mientras se acerca y deja una distancia—. Pero no lo suficiente para salvar tu vida.

—¿Qué quieren de mí? —Pregunto dando paso hacia atrás.

—De ti, nada —afirma—, para ser honesto es la primera vez que te veo.

Lo amenazo con la mirada.

—¿¡Entonces qué!? —Grito de frustración y miedo.

—Cosas de hombres, querida —dice.

Pero nada de aquello me convence, me doy media vuelta y comienzo a correr, pero a los segundos escucho un disparo que hace que me detenga y me agacho de miedo. Me tapo rápidamente los oídos. Mi respiración se vuelve conflictiva al respirar, todo en mi me tiembla y algunas lágrimas comenzaron a salir. Siento un fuerte jalón en mi brazo que me hace levantarme. No puedo dejar de llorar.

—Que sea la última vez —dice el hombre, pero aquellas palabras no son para mí, me giro un poco y veo al hombre que me perseguía antes al frente de mí—. Si quieres que tu familia no les pase nada, tendrás que venir con nosotros.

Al decir aquello, me arrastraron a la salida del callejón y a los segundos un auto apareció al frente de nosotros, nos montamos.

—¿A dónde vamos? —Pregunto al ver que el carro se mueve; no dejo de temblar.

—Ya lo veras —me contesta.

La mayoría de la trayectoria es en silencio y observando los métodos de salir corriendo o tratar de escapar; pienso en mi familia y en Julius que posiblemente, a estas alturas piense que lo dejé plantado.

—Esto no me puede estar pasando —susurro por muy debajo.

Miro a los dos hombres que tengo a mi lado, el hombre que me estaba persiguiendo tiene varios pasaportes en la mano, la cual le entregó dos al hombre que está a mi lado izquierdo. Él los comenzó a ver y de reojo pude ver el nombre de Khalid Cafiero; cuando abrió el otro para detallarlo, mi sorpresa es ver mi foto en ella y con un nombre Sara Cafiero.

—Eso debe de ser una broma —digo quitándole el pasaporte de la mano para detallarme—. ¿¡En serio!? ¿Tú esposa? —Pregunto asqueada.

—Esto no te incumbe, querida —dice él arrebatándomela de mis manos.

—¿Me piensas sacar del país? —Pregunto— eso será imposible.

Khalid se acomodó mejor en el asiento y sus ojos se posaron en mí.

—No me subestimes querida —me comentó y luego agarró mi barbilla con brusquedad— y espero que no abras esta pequeña boca, te ira muy mal si uno de los policías se enteran. ¿Entendiste?

Asiento.

—Así me gusta —respondió él.

Al llegar al aeropuerto, Khalid me bajó del carro a la fuerza, agarrándome por el abrazo y caminando hasta la entrada del aeropuerto. Mis pies en vez de cuando me fallan pero Khalid me agarra fuerte.

Veo a varios policías del estado rodando por la sala amplia, algunas personas me miran algo extrañadas al tener un vestido de novia. Llegamos a la taquilla y Khalid se encargó de hablar con la chica de la taquilla. Miro a mi alrededor en busca de algo o alguien, o ideando un plan de escape. Miro al hombre que me tiene agarrada.

—Necesito ir al baño —digo con resentimiento.

Pero no tuve respuestas de su parte. Suspiro fuerte.

—Dije que necesito ir al baño —lo repito de nuevo. Pero me siguió ignorando. Khalid regresa a nosotros, me ve y ve a sus hombres.

—El vuelo a… —dice él pero lo interrumpo:

—Necesito ir al baño.

Su mirada de odio va hacia mí.

—¿Te crees listilla? No, hazte en tu vestido de novia.

—Eres un maldito —digo lanzándome hacia él pero uno de los hombres de Khalid me sostuvieron.

De repente Khalid me sujeta fuerte el brazo y me aleja de sus hombres, la gente nos miran con extrañes.

—Si quieres vivir compórtate —me susurra con molestia.

—Si quieres que me comporte, deja que vaya al baño —digo—. Al vemos que quieras que monte una escena aquí a todo el público —subo un poco la voz al final.

—¿Te tengo que recordar que tu vida no es la única en peligro? —Me amenaza.

Lo miro con odio y él me mira.

—Pero está bien, te dejare ir al baño —dice— ¡Sebastián!

El mismo hombre que me acorralo en la habitación se acercó a nosotros.

—Lleva a la señorita Sara al baño —menciona él, posiblemente, el jefe.

—Mi nombre es Odette —digo mascullando.

—Sara es más bonito. —Menciona él colocando una sonrisa de medio lado.

—Eres de lo peor.

—¿Quieres ir al baño o no? —Pregunta.

Le doy una última mirada y camino hasta el pasillo donde se encuentra los baños. Siento la presencia de Sebastián a mis espaldas. Al estar en la entrada del baño de mujeres me detengo.

—¿También piensas acompañarme adentro? —Pregunto con sequedad y amargura.

Sebastián se hace a un lado y espera afuera del baño.

—Eso pensé.

Entro al baño y miro cada puerta por debajo en busca de una persona adentro. De repente oigo el sonido del inodoro y la puerta abrirse. Una chica de unos veinte y algo, sale y se va al lavamanos. En eso sus ojos se encuentran con los míos. Me acerco y me pongo de su lado.

—Necesito su ayuda —digo y miro hacia la entrada con miedo.

La chica me mira con miedo y asombro.

—No la quiero alarmar —menciono—, pero me han secuestrado y afuera hay hombres peligrosos; me puedes prestar tu celular para llamar a mi familia.

La chica sin decirme nada, pone su bolso en la cerámica y saca su celular.

—¿Hay alguien afuera? —Pregunta.

—Sí —afirmo—, un hombre de traje, tiene el cabello hasta los hombros color rubio y ojos azules.

—Bien haz tu llamada que yo distraigo al hombre —me dice de forma amable—, pero no tardes mucho.

—Gracias —digo en sollozo. Agarro el celular y la chica sale del baño.

Coloco el número de Julius y lo marco, repica y repica hasta caer en la contestadora, vuelvo a llamas hasta que pasa lo mismo; cambio de número al de mi papá.

—¿Aló? —Preguntó en la otra línea.

—¿Papá? —Digo a punto de llorar, el miedo me invade—. Soy yo, Odette.

—¿Aló? No se escucha bien —dice mi papá.

—Papá —subo un poco la voz—. Soy yo, Odette.

—¿Odette? ¿En dónde estás? —Pregunta con preocupación pero, a la vez ansioso de haberme escuchado— ¿En dónde estás? Dime y te busco enseguida.

—Me tienen secuestrada unos hombres —informo desde el celular—, ¿Aló? —Pregunto al no escuchar nada, separo el celular de mi oreja y veo la pantalla que muestra una batería en roja y de repente se apagó—. No, no, no —digo desesperada.

Al no revivir el celular camino hasta la entrada del baño, esperando que la chica se halla llevado al hombre. Al salir, no lo veo y comienzo a caminar con cuidado ocultándome de los hombres. Al llegar al final del pasillo, echo un ojo a la sala en busca de los hombres o de Khalid.

—Disculpe señora —dice alguien detrás de mí.

Mi cuerpo se puso rígido al escuchar aquello, me volteo lentamente. Es un hombre con camisa azul marina y pantalón negro, carga una linterna en su cintura y una porra.

—¿Necesita ayuda? —Me preguntó.

Es un hombre de seguridad.

20 de Abril de 2019 a las 20:46 0 Reporte Insertar 0
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